2a. Parte En la edición
anterior de La ONDA digital, nos referimos a la primera parte de un
reportaje que Francisco Urondo, de la redacción de la revista argentina
"Panorama", le efectuara en noviembre de 1970 a Julio
Cortazar, y en la que habría de ser su última visita a Buenos Aires.
Hoy entregamos la segunda parte de esta entrevista, que, nos permitirá
conocer como pensaba por entonces en cuestiones literarias e LAS ANDANZAS DEL
CORTAZAR JOVEN "Afectivamente -expresó a Urondo- sigo estando tan vinculado con la Argentina como cuando me fuí. De aquí se podría inferir que cuando me fuí yo no estaba muy vinculado, y es verdad en alguna medida; yo me creo un argentino y he tenido siempre con la Argentina una relación de tipo amoroso, esa clase de vínculo con una mujer con la cual se tienen relaciones difíciles, profundamente amorosas, pero difíciles, continuos choques, continuas repulsas". "Me siento como si mañana tuviera que ir a dar examen en el Mariano Acosta", apunta recordando al instituto normal donde se recibió de maestro, para luego lamentar la desaparición de una confitería de su juventud, lo que lo lleva a volver al terreno de la nostalgia: "Tengo que hacer un esfuerzo para aceptar que la confitería London ya no está como estaba, porque en el fondo, me sigue pareciendo que está". Seguidamente dijo que "lo había entristecido verla así", porque "es el café de mi juventud, ese café donde me juntaba con todas mis novias y donde me encontraba con mis amigos y donde todos los mozos eran mis amigos. Y no se, había una cosa en ese café que me gustaba". Para Cortazar, entonces, existía una especie de magia, de duende en los cafés. "Ese café y el Boston que desapareció antes; bueno, y que sé yo, y algunos Paulistas. Son los ´cafés´ y los cafés son un poco para mí como las galerías cubiertas en mis cuentos y en mis novelas;lugares mágicos de pasaje". ¿ Porque ? . Porque "uno entre en un café y es una tierra de nadie, un punto donde uno va a encontrarse con alguien o a buscar algo, y cuando se sale siempre ha sucedido algo o puede suceder algo; los cafés son para mí una especie de puente". La ciudad porteña fue el escenario de sus andanzas juveniles, una ciudad que para Cortazar encerraba muchas cosas: a su regreso, percibió que "la estructura general de la ciudad, me ha parecido la misma". A esa urbe multitudinaria le debía su diploma de "tipo auténtico de barrio", según lo calificó Urondo. Para lograr ese mérito se crió en un suburbio, "en Banfield y me eduqué en el barrio del Once; viví en Villa del Parque y en Villa Devoto, que eran bastante espesos en esa época. He sido tipo de andar por los cafés de La Paternal y de Villa Urquiza que tienen lo suyo. Son esas zonas de Buenos Aires que conozco mejor. Y el centro también UNA MEMORIA
LITERARIA Refiriéndose a sus principios como narrador y poeta, señalaba que en sus inicios de creador todo "era una cuestión de instinto, mucho antes de tener conciencia política cuando escribía mis primeros cuentos, cuando era el joven liberal antiperonista, bastante exquisiro, totalmente alejado del destino de América Latina e incluso de mi propio pueblo". El lenguaje "de mis primeros cuentos es un lenguaje de contacto en un plano estrictamente literario". "Un cuento al que le guardo algún cariño, ´Las puertas del cielo´, donde se describen aquellos bailes populares del Palermo Palace, es un cuento reaccionario; eso me lo me han dicho muchos críticos con cierta razón, porque hago allí una descrpción de lo que se llamaban los ´cabecitas negras´ en esa época, que es en el fondo muy despectivo; los califico así, hablo incluso de los monstruos, digo "yo voy de noche ahí a ver llegar los monstruos". A pesar de ello, cuando escribía el cuento, escrito según él, sin ningún cariño, "yo creo que inconscientemente en ese momento me estaba rescatando por la vía del idioma; ahí, en mi terreno, en el terreno del escritor, porque yo entablé un contacto con ese cuento". Ese texto lo conectó con la realidad argentina, mientras Eduardo Mallea "seguía escribiendo para las señoras con sombrero, es decir, haciendo una literatura clacista de la que no podrá salir jamás. Porque ha no ha nacido para salir; a mi me tocó, por caminos misteriosos, abrirme paso en ese sentido" Reconocía más adelante Cortazar que "hubiera sido muy fácil, por ejemplo, haber estado bajo la influencia de Elías Castelnuevo y Roberto Arlt y hecho así cuentitos que transcurrían en los cafés o en los peringundines". Pero eso no era lu suyo. Había un camino más trascendente, ´dado que él, a su propio juicio "tiraba para todo lo alto. He tirado -afirmaba- siempre así, para arriba y, sin embargo, por la vía del lenguaje sé que tuve una conexión"; en realidad, Cortazar se refería a un compromiso, a una conexión con los problemas latinoamericanos, al lenguaje vigente de lo argentino. "UNA
ESPECIE DE SÍNTESIS..." " Por ejemplo -prosiguió el entrevistado- por un lado, los cuentos, por otro lado ´Rayuela´y por otro lado una novela muy discutida y discutible como ´62´. Una síntesis que me reflejaría a mí como escritor que se va a morir sin aflojar una pulgada a cualquier demagogia en el terreno literario que pretendan hacerme, y creo que va a dar la medida del compromiso como yo lo entiendo". Preguntado sobre si la mencionada sintesis, sería una especie de anti-Rayuela, en el entendido de que ´Rayuela´expresaba una suerte de escisión del escritor con la realidad argentina y latinoamericana, respondió laconicamente que si. Por lo tanto,
Urondo preguntó si esa nueva novela que pensaba escribir
"tendría el signo de las integraciones", el escritor,
dijo: "Si -respondió Cortazar poniendo fin al reportaje-. El
signo de integraciones. Está muy bien esa fórmula. Si, una
integración polémica, si usted quiere. Una integración tal vez
a niveles críticos muy debatibles. Pero integración, si:
exactamente. Yo creo que sí". Reportaje 1º Parte: http://www.uruguay.com/laonda/LaOnda/76/Cultura1.htm |
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