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El
juego electrónico en el mundo infantil
Si pensamos en nuestras propias infancias, esta realidad virtual no se esbozaba ni siquiera en nuestra capacidad imaginativa; hoy día, sin embargo, desde la misma vida intrauterina es común que los chicos pasen tiempo (con sus mamis, obviamente) frente a una pantalla electrónica. Estamos en condiciones de afirmar, entonces, que un buen porcentaje de niños habitantes de nuestro medio occidental tiene conocimiento de ellos. Y es claramente visible a nuestros ojos la admirable habilidad que comúnmente tienen para desarrollar esas actividades: ¿a cuántos de nosotros no nos ha pasado de asombrarnos al ver con qué soltura se maneja un niño frente a una pantallita electrónica? Y ni qué hablar del interés con que lo hace. Es que el avance tecnológico de que estamos siendo partícipes nos sumerge a todos, pequeños y adultos, en una serie de cambios de consideración que no podemos negar. Pero al mismo tiempo, estos avances son resistidos por buena parte de los seres humanos; tengamos en cuenta que nuestra propia estructura de personalidad nos hace vulnerables a las nuevas situaciones, nos movilizan afectivamente y es imprescindible entonces que transitemos por un período de adaptación, de acostumbramiento. Y así todo sigue evolucionando. Son muy frecuentes y válidas, por cierto, las dudas acerca de la incidencia negativa de los juegos electrónicos en el desarrollo del niño. Creemos que merecen ser atendidas. Pensemos primeramente lo siguiente: para que un niño se desarrolle sanamente será necesario que se vaya adaptando a las diferentes situaciones en que se encuentre, y para ello tendrá que ir poniendo en práctica todas sus potencialidades tanto afectivas como intelectuales, espirituales, y biológicas. De esta manera, y en el intercambio social, se acomodará al mundo exterior, e integrará a su persona las variables que provengan desde allí, ejerciendo al mismo tiempo sobre su contexto socio-cultural sus propias influencias. De allí entonces este paulatino proceso de adaptación que va siendo decisivo en su vida. Y este avance del mundo electrónico no queda fuera de su realidad. Entendemos entonces que evidentemente tendrá que ir participando de él. Si atendemos al desarrollo perceptivo motriz, podemos afirmar que el manejo de un juego electrónico es una actividad que lo favorece, ya que será imprescindible ir coordinando el movimiento fino manual, dándole precisión junto con el estímulo en casi permanente movimiento que se está viendo a través de la pantalla. Vale decir, para que el personaje salte de un nivel a otro eludiendo un obstáculo, por ejemplo, habrá que hacer un sutil y preciso movimiento con el mouse o control para lograrlo. Esto requerirá primeramente la capacidad mental de reconocer cuál es el movimiento adecuado, para qué y por qué, y luego, la coordinación manual correcta para realizarlo a través del comando. El juego electrónico por ser sistemático, obliga al participante a ensayar reiteradas veces los movimientos tanto mentales como perceptivo-motrices, y a ejercitar la capacidad de memorización inherente a toda persona. La atención deberá estar operando a un nivel máximo, podríamos decir, pues de lo contrario, se correrá el riesgo de perder el juego (o las posibilidades de ganar, etc.). Y por consiguiente, el nivel de ansiedad que tendrá el participante será también elevado. Es muy frecuente ver a chicos (y no tan chicos), enfrascados en una competencia o pelea con un "personaje electrónico", acelerar su propio ritmo y mover su cuerpo, rezongar, festejar, y hasta gritarle en algunos casos. Evidentemente se están expresando también, a través de este tipo de juego, emociones, sentimientos, fantasías, deseos irrealizables en la vida real. Tengamos presente además, que no todos los juegos electrónicos son de enfrentamientos, de competencia, de destrucción, etc.; los hay didácticos también. Es así que pensamos que el desarrollo de una actividad lúdica electrónica, no necesariamente tiene que ser perjudicial para el crecimiento de un chico; sino que muy por el contrario, y dentro de ciertos parámetros, puede ser favorecedor del mismo. Consideramos que como toda actividad que exija un elevado nivel de tensión, debe desarrollarse durante un tiempo limitado; no es lo mejor que un chico permanezca horas frente a una pantalla electrónica, en tanto le generará un elevado desgaste, y lo cansará en todo sentido, además de poder afectar su estado anímico. Es real además, que por lo general, es posible que juegue una persona sola por vez. De esta manera, mientras está participando de esa actividad, está medianamente desvinculado de su entorno; a veces uno le habla a los chicos y es como si ni se enteraran. ¿Cuántos jóvenes o adultos no eligen un juego electrónico para "desconectarse" de la rutina? Creemos que todo ser humano tiene derecho a mantener cierta privacidad, a darse un tiempo de esparcimiento, de disfrute, y no por ello pierde contacto con su realidad. Bien sabemos que en el correr de nuestros días, tanto las computadoras como otros dispositivos con juegos electrónicos están poblando buena parte de casas de familias, de instituciones educativas y sociales. No desconocemos que en torno a los lugares públicos de juegos electrónicos, donde es escasa la asistencia de niños, se entretejen importantes conjeturas: se habla del ambiente negativo, de las malas influencias, etc., etc. No es tarea nuestra emitir juicios de valor. Sin embargo, abordando este tema desde el punto de vista de la infancia, entendemos que la palabra y el ejemplo de cada padre, madre y/o educador será fundamental en el desarrollo del chico. Somos nosotros quienes, de acuerdo a nuestro sistema de valores, a nuestros conocimientos, a nuestra experiencia de vida, y a nuestros anhelos, debemos tomar decisiones por nuestros niños, pues bien sabemos que nos necesitan para irse formando y lanzarse a la vida. Es tarea nuestra protegerlos e instrumentarlos para su futuro. Citemos a Raimundo Dinello: "Es a través del juego que el niño se conoce a sí mismo y conquista el mundo". LA ONDA® DIGITAL |
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