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El
sentido religioso de la Semana Santa
Más de 2000 años atrás nacía Jesús, hijo de José, un carpintero según los malos traductores de la Biblia, un siete oficios para los que saben algo de Historia y Lingüística, casado con María, una casi niña que para los católicos fue madre siendo Virgen. Se mezclan pues, tradiciones, textos sagrados, otros profanos, aquellos de más allá apócrifos, y alguna mención de historiadores contemporáneos o muy posteriores, sobre un hombre nacido en Belén, y que se transformó en un verdadero hito para la cronología occidental, que habla de un antes y un después de su llegada al mundo. Fue un libre pensador, fue un maestro, aprendió técnicas de curación en alguna parte de Oriente en los años de su vida de los que no hay registro, fue el "hijo de Dios", el Mesías esperado por los judíos, es Dios Verdadero, encarnado y hecho hombre, que en una semana como la que pasó fue recibido con olivos en Jerusalén, apresado, rápidamente juzgado, ejecutado y resucitó para la Salvación de todos los hombres, incluso de aquellos para los que todo esto aparece como una fábula o una fantasía inconcebible. Y la conmemoración de esa Semana Santa, es la que vivimos en estos días, con homilías o sermones de la máxima autoridad de la Iglesia en Uruguay que causaron, como viene sucediendo desde hace bastante tiempo, aplausos y críticas. Por eso, ese pedido a quienes esperan esta semana para organizar jineteadas, hacer turismo, hacer ciclismo y se dicen cristianos, a que no participen de esas actividades sino que hagan un alto para reflexionar sobre todo lo que significa serlo, y no solamente llamarse de ese modo. De ahí la seguridad de quien es además de Arzobispo de Montevideo, miembro de la Comisión por la Paz, para expresar duramente "Sara (Méndez) no hizo turismo estos años cuando debió buscar a su hijo Simón". Y en ese ser y no solamente llamarse cristiano, Monseñor Cotugno recordó, ante los actos de algunos sacerdotes en EE.UU. acusados de pedofilia, que es con la "Gracia de Dios", que el compromiso del celibato se puede llevar adelante por parte de hombres como uno, que aceptaron el mismo para cumplir con su misión. Sobre el mismo tema se refirió, con tristeza podría escribirse, el ya muy avejentado Juan Pablo II, el Papa, que faltó o no pudo completar varios de los rituales típicos de esta Semana, ya que su salud al menos este año, no se lo ha permitido. Y la Iglesia Católica en Uruguay, a través de varios voceros recordó que cada vez más personas buscan su ayuda para su supervivencia diaria, porque las condiciones económicas y sociales en las que desarrollan su vida se deteriora con prisa y sin pausa. "La marginación es evidentemente un estado de injusticia. Vive o subsisten en la marginación aquel que en primer lugar no tuvo derecho a nacer, o a nacer bien, no tuvo derecho a crecer, a comer todos los días, a ir a la escuela, a tener documentos, a la salud, a ir al liceo, a la UTU, a la Universidad, no tuvo derecho al trabajo, a la casa, a salarios, a seguros de ninguna especie, a vacaciones, viajes, a comprar ropa, a diversiones o espectáculos, no tuvo derecho al matrimonio, a casarse, a la jubilación, y no tiene derecho a servicios públicos. Existen estas personas negadas como ciudadanos, y son miles. Este es un estado de injusticia donde hay un agresor y un agredido, un causante y una víctima. ¡Basta ya de hablar del destino o peor aún del "Dios lo quiere", "Dios lo dispuso así"¡ Dios quiere que los hombres sean iguales y libres!", palabras del Padre Cacho, o Padre Alonso como se le conoció en su vida ya terminada. Palabras de agosto de 1990, que aunque tengan doce años siguen golpeando como si hubiesen sido escritas hoy. Esta es la Iglesia que conmemora las tribulaciones de Jesús, la discutida y discutible, pero siempre presente en la vida de los compatriotas. LA ONDA® DIGITAL |
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