Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

LA OPINIÓN DE AEBU
Sistema financiero: todo lo que está en juego

Documento  de la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay. Durante los meses de enero y febrero los retiros bancarios –como lo informó el ministro de Economía– aumentaron de manera alarmante como consecuencia de la crisis desatada en Argentina y afectaron especialmente al Banco Galicia Uruguay, cuyos 1500 millones de dólares de depósitos pertenecían casi en su totalidad a argentinos atrapados por el «corralito» de la vecina orilla. El desfalco realizado por los hermanos Rohm al Banco Comercial agregó un nuevo toque de incertidumbre que potenció los efectos de la situación anterior. La desconfianza sobre estos dos bancos derramó luego sus efectos sobre el conjunto de la plaza financiera, de modo que por unos días los demás bancos, en mayor o menor medida, se vieron afectados por los retiros. Durante los dos meses citados cerca de mil millones de dólares salieron de nuestro país a causa de los sucesos generados en Argentina o por argentinos, y recordaron a los uruguayos lo que nuestro sistema financiero significa para el conjunto de la economía. Cuando las horas de incertidumbre van quedando atrás, los episodios vividos nos reiteran un hecho a veces olvidado y es que la confianza está en la base de todo sistema financiero y especialmente en la del

nuestro, dado su alto componente de ahorristas extranjeros.

 

Uruguay no tenía solamente que preocuparse por la confianza de los uruguayos, sino también por la de los argentinos, quienes son los responsables de la amplísima mayoría de los depósitos de no residentes. Si los argentinos (no solamente los ahorristas del Banco Galicia, que estaban en una situación muy particular) hubieran visualizado que la economía uruguaya estaba en un trance similar a la de su país, no hubieran retirado 600 millones de dólares sino que habrían intentado llevarse 6000, que era el total de los depósitos de no residentes al fines de 2001, y los bancos uruguayos estarían hoy como los argentinos, con el dinero acorralado. Pero no fue así, la ola de desconfianza amainó y los ahorristas extranjeros comprendieron que Uruguay no es Argentina.

 

Pero cabe plantearse qué ocurriría aquí si padeciéramos una crisis como la del país vecino. Mientras tocamos madera sin patas preguntémonos: ¿Quién atendería a los productores rurales si se produce una nueva debacle como la vivida días pasados en Canelones? ¿Qué banco prestaría a los industriales para financiar sus proyectos generadores de mano de obra? ¿Cómo se financiarían servicios básicos como la salud? ¿De dónde saldrían los fondos para financiar el gasto de los uruguayos a través del préstamo social del BROU? ¿Quién devolvería a un jubilado los ahorros de toda una vida, enterrados en una cuenta bancaria congelada? ¿Qué pasaría con los ahorros de las AFAP si fueran sometidos a la pesificación como en la Argentina?

 

Lo que el sistema representa

Estos episodios conducen a Aebu a profundizar sobre la situación y la importancia de este sistema financiero, cuya lógica no se comparte pero con el cual tenemos que vivir hasta poder cambiarlo y colocarlo al servicio del país.

 

Una primera reflexión que debe hacerse es que los damnificados en el caso de la caída de los sistemas financieros son los pequeños ahorristas, dado que los grandes –siguiendo el dicho de que «el capital es cobarde»– se alejan al menor signo de complicaciones y escapan a las situaciones riesgosas.

 

Otro hecho que cabe destacar es que el sistema financiero no está aislado del país, sino que está en el centro de su economía. Si el sistema cae se corta la cadena de pagos, porque quien no cobra no  puede pagar a su vez. De un día para el otro la economía cae en la parálisis: las fábricas no tienen dinero para pagar a sus trabajadores; los consumidores se quedan sin fondos para comprar los más elementales bienes de consumo y el Estado no recauda impuestos. Como consecuencia, las exportaciones se minimizan, las posibilidades de importar para un país que ha cesado sus pagos quedan canceladas y el prestigio del país se viene al suelo. Estos hechos implican la destrucción del capital instalado en las fábricas, al volverse estas improductivas, sin importar cuánto se haya invertido en las mismas y cuán competente sea su personal.

 

Algo más que empleos en juego

Por estos motivos, se impone asumir la lucha por la estabilidad del sistema como una ineludible responsabilidad del sindicato y de cada uno de sus integrantes. Porque para pensar en cambiarlo debemos tener un sistema en funcionamiento, dado que el mismo presupone un país en marcha. Sería cosa de tontos pensar que Aebu se limita a defender la estabilidad del sistema considerando solamente los empleos de los 15 mil bancarios, sin tener en cuenta que están en juego cosas más grandes y más amplias, como el mantenimiento de los sectores productivos en funcionamiento y la conservación de sus cientos de miles de puestos de trabajo. Esta preocupación por el país en su conjunto condujo a Aebu a mantener un permanente contacto con las principales figuras del gobierno y la oposición política, teniendo en cuenta la necesidad de actuar de manera vigilante y decidida en defensa del país y con conocimiento de causa. Esta actitud fue entendida y compartida por los principales actores políticos del país, a los cuales el sindicato mantuvo al tanto del problema planteado y sus implicancias más profundas. Es de destacar que en consonancia, todos estos sectores actuaron con la debida mesura frente a los sucesos que el país vivía.

Es un error pensar que la banca oficial escapa a esta temática por el hecho de que sus trabajadores son funcionarios públicos. Si la crisis hubiera sido mayor y el país hubiera sufrido un corte en su cadena de pagos, también nos hubiéramos quedado sin bancos oficiales, y sus trabajadores serían simplemente unos más entre los funcionarios públicos que no cobrarían sus sueldos porque la caja del país estaría vacía.  De manera que nadie puede considerarse a salvo en situaciones como las descritas.

 

Para ver hasta dónde pueden alcanzar las proyecciones de una crisis –y por referirnos a otro componente del sistema financiero hasta ahora no nombrado– también se vería afectada la Caja Bancaria en la continuidad de sus pagos. ¿Quién pagaría las jubilaciones de los bancarios públicos y privados de ayer y de hoy? Nadie. Esta constatación –que parece obvia–fue tenida en cuenta en general con madurez, aunque algunos actores políticos y sindicales optaron por mirar a través del estrecho orificio de su interés político y se manifestaron partidarios de «dejar caer» a dos bancos en problemas, como si se pudiera poner límites a las crisis de confianza y decir «hasta aquí los dejamos que desconfíen y de aquí para adelante no». Estas demostraciones de ignorancia y aventurerismo deben ser combatidas con firmeza, con la consolidación de la posición definida por el gremio de tratar con seriedad y en forma responsable la delicada materia que tiene entre manos.

 

Un solo sistema financiero

El sistema financiero cumple el papel de un colchón amortiguador, que absorbe las tensiones de la economía y fluctúa en sus depósitos, pero que siempre se mantiene alimentando a la industria, al comercio y al consumo. Es cierto que sus créditos son caros, que sus tasas y cargos excesivos agobian a los consumidores y este es el sistema financiero que tenemos que cambiar, pero –reiteramos– para hacerlo debemos primero mantener su vitalidad. Para bien o para mal, sucede con el sistema financiero algo parecido que con el cerebro. Debemos ser cuidadosos. En él están los centros nerviosos de la economía y una acción errónea sobre los mismos es fatal para el organismo entero.

 

'Despacito por las piedras', entonces. Es hora de unidad entre los trabajadores de la banca oficial y privada; de recordar que el sistema financiero es uno solo –como también lo es el sindicato–; que la lucha es única; que la misma incluye –más que nunca ahora– la preservación de los valores que hacen a la vida sindical y entre ellos, fundamentalmente, la disciplina y el acatamiento de las mayorías.

 

La crisis que vive el país nos tiene que hacer a todos responsables y conscientes, porque ella no termina con este episodio de los bancos Galicia y Comercial. Argentina ha continuado devaluando su moneda por encima de lo anunciado por su gobierno de emergencia, y creó una situación no prevista por el nuestro cuando aceleró la pauta devaluatoria y formuló su ajuste. Esto implica que inevitablemente deberá caer nuestra moneda frente al dólar para recuperar la competitividad y que deberá darse en forma disciplinada una batalla política para que los ajustes no continúen recayendo sobre el pueblo. Adelantarnos a estos acontecimientos –y hacer conciencia de los mismos– nos hace más fuertes para enfrentarlos, al considerar, además, que por estas mismas horas se está generando una confluencia inédita entre sindicatos, productores rurales y los industriales pequeños y medianos alrededor de una serie de reclamos en materia de reactivación económica. LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Inicio

Un portal para y por uruguayos
URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital