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Medio
Oriente en sangre: No somos el centro del universo, ni siquiera más modestamente, el ombligo del mundo. Somos un pequeño país y dentro de él, alguno de esos seres que reflexionan y no aceptan las cosas como ineluctables sino que creemos que todo es opinable y transformable a través de la discusión, la diplomacia y que la paz es siempre mejor que la guerra o el enfrentamiento. Cuestionarse si el culpable o el más asesino, o el que no sirve o no quiere detener un enfrentamiento o conflicto es Sharon, Bush, Arafat, la ONU, los países árabes, los israelíes, los palestinos, puede ser bueno. Lo dramático que llegar a un acuerdo sobre quien es el mayor o menor culpable, no le va a devolver la vida a los cientos de muertos en el Medio Oriente, a los cientos que van a seguir muriendo y a los cientos o miles que nunca van a nacer por culpa de un conflicto que no arranca ayer y no termina mañana, hablando de 24 horas hacia atrás y adelante. Defender la existencia de un estado o de dos, no puede pasar por hacer arrodillar o desaparecer al otro. Si fue bueno o malo que se creara el Estado de Israel, hecho con el cual tuvo mucho que ver Uruguay, y que decidió la ONU en 1948, no puede ser motivo de discusión en el 2002. Pero tampoco puede serlo la existencia del Estado Palestino, que no llega a conseguir una existencia plena ni un territorio demarcado en forma definitiva. Mucho agua corrió bajo los puentes, muchas invasiones y guerras cortas y largas, larvadas o frontales, se llevaron a cabo por 6 días o por años. Algunos de los guerreros de antes ahora son palomas. Otros lo fueron un tiempo. Estos jamás dejaron de serlo tanto palomas como guerreros. ¿Quiénes?. ¿Importa definirlo?. Pero hay que parar las muertes. Parar las masacres. Parar los tanques y las pedradas. Parar los atentados suicidas y los ataques a civiles, sean de la nacionalidad que sean. Nadie puede apoyar a los que quieren ser impunes porque son o se creen pueblo elegido. Nadie puede apoyar a los que no encuentran su lugar en el mundo y se llevan con ellos a otros que deberían ser sus iguales y no consiguen verlos así. La Paz, la verdadera Paz, no es la de los cementerios, por más que varios de los líderes políticos y no solo del Medio Oriente aún no lo haya descubierto. Vamos a tener que enseñárselo. Porque en ello va también la Paz, para otros muchos lugares del mundo por ahora lejanos de nuestro pequeño país. Pero tan lejanos como éste del ombligo del mundo. LA ONDA® DIGITAL |
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