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BHU
en crisis: el fracaso ahora no tiene padres *
Al igual que en el BROU, donde por esa causa renunció el contador
García Peluffo a la presidencia, en el BHU imperó la politiquería. *
Las refinanciaciones al barrer intentaron beneficiar a los
deudores, pero su ineficiencia quedó demostrada cuando los mismos
volvieron a caer de inmediato en mora, en una operación que le
costó al banco U$S 265 millones. *
En 1999, con Salomón Noachas, el BHU era «exitoso» y su «éxito»
se asociaba –en la propaganda del banco– a los candidatos de
su grupo político. *
Se le baja la cortina a los préstamos futuros y el aumento
dispuesto por el BHU para los ya autorizados duplicará los
intereses. En agosto de 2001 fue aprobado por el directorio del BHU un Plan
Estratégico que ponía en práctica medidas para reencauzar a la
institución, muchas de las cuales fueron propuestas por Aebu.
Este plan tenía como causa fundamental las pérdidas registradas
en los balances del banco, motivadas en lo coyuntural por el
desfasaje entre la evolución del dólar y la de la UR. Mientras
el banco tomaba (y sigue tomando) dinero en dólares para
financiar sus operaciones, los clientes del banco le pagan en
otra moneda vinculada con el índice medio de salarios: la UR.
Como se sabe, los salarios cayeron en los últimos años respecto
al dólar y lo harán más aceleradamente aún este año según
las previsiones del gobierno, quien prevé una devaluación del 35
%. BANCA
POLITIQUERA Pero,
como decíamos, este desfasaje entre el dólar y la UR que
produce pérdidas al banco es circunstancial, porque anteriormente
se daba una situación inversa por la cual la institución ganaba:
era la época del denominado «retraso cambiario», en la que
nuestra moneda aparecía sobrevaluada respecto al dólar. Lo
importante en la situación de fondo del BHU no eran –ni son
actualmente– los vaivenes de las políticas económicas que, en
el largo plazo, terminan compensándose. El problema estaba en la falta
de criterios técnicos para manejar a la institución y en la
utilización de la misma como plataforma política. Aebu
denunció desde hace más de una década toda una serie de medidas
de carácter político –adoptadas en forma irresponsable por los
directorios y el Parlamento– que afectaban directamente a la
economía del BHU, medidas cuyos costos no los financiaba el
gobierno, sino que los enfrentaba el propio banco. Era
comprometida la situación de miles de promitentes compradores del
BHU que habían caído en la morosidad. El gobierno pudo hacer
algo al respecto, buscar recursos en alguna parte y votar su
recaudación para dárselos al BHU y subsidiar a estas familias
para ayudarlas a recuperarse. Sin embargo no fue este el
camino elegido, sino la ruta fácil de decirle al banco acreedor:
«cobrá menos y cargá con las pérdidas». Esto no
sucedió una sino varias veces, pero la aprobación de
refinanciaciones al barrer no solamente no benefició a los
deudores –quienes volvieron a caer de inmediato en mora– sino
que hirió de gravedad al banco.
Entretanto sus autoridades se dedicaban a multiplicar
mediante artilugios imaginativos los apartamentos construidos
durante un período de gobierno y asociaban escandalosamente los
supuestos éxitos del banco a la figura de sus candidatos. Ahora
estos «éxitos» quedan al desnudo y no tienen
padres aparentes. VICIOS
SALOMÓNICOS Los
políticos que condujeron al BHU durante los últimos años hacen
ahora un listado de los errores cometidos, pero no es –como podría
pensarse– un análisis sincero, sino la consecuencia de un tirón
de orejas recibido del FMI. La verdad es que no habrá
prestamos para Uruguay si se continúa manejando al banco con
criterios demagógicos. Esto quedó formalizado por escrito en la
carta de intención firmada por Uruguay con el FMI el 25 de marzo
pasado que, in English, se puede leer en la página web del
FMI. A
raíz del llamado de atención del Fondo surgió la presentación
forzada de un diagnóstico de parte de este gobierno que, no lo
olvidemos, fue el mismo que designó hace dos años a Salomón
Noachas, símbolo del clientelismo y del acomodo, para que
iniciara un segundo período al frente de la institución. (Luego
tuvieron que sacarlo por el escándalo de los apartamentos que se
autovendió y entregó a sus familiares.) Es
entonces que –por factores externos y porque la crisis de la
región no deja margen para sacarle la nalga a la jeringa–
que se realiza este diagnóstico, presentándolo como si la
situación descrita se debiera a la gestión de políticos de
otros partidos y no a la de los propios. Un
punto en el que cabe hacer hincapié es el hecho de que el manejo
demagógico de la herramienta BHU envió un claro mensaje a sus
deudores: «todas las situaciones tienen arreglo»; «si no pagás
no pasa nada»; «ya vendrá una refinanciación que arregle el fato».
Esta sucesión de medidas irresponsables desde el ángulo
del manejo bancario, llevaron a que en 2001 el 42 % de los
deudores del banco no estuviera al día con sus pagos y que el 18
% fuera directamente moroso, constatación que figuró en el Plan
Estratégico. EN
EL CONFESIONARIO Los
reconocimientos públicos del gobierno comenzaron en la Memoria
2001 del BHU, presentada por el gobierno al Parlamento en marzo de
este año. Allí –narró el semanario Búsqueda el jueves 4–
se afirmó que el banco estaba en una «situación crítica» como
consecuencia de tener una «desequilibrada estructura
financiera». Y a ello se había llegado por el hecho de haber
actuado durante 30 años «con un subsidio generalizado en la tasa
de interés». Es de anotar que mientras la tasa promedio que el
banco cobra a sus deudores es de 4 %, la institución está
pagando en la plaza para captar recursos el 6,5 %. La
consecuencia de la ya señalada demagogia en el manejo de la
institución fue descrita en el Plan Estratégico 2001-2005
como causante de una «negativa afectación de la propensión de
pago» de los deudores. LA
CUENTA DE LA DEMAGOGIA El
47% de los deudores del banco se benefició con una rebaja del 1%
de la tasa de interés, bajas adicionales del 20% de la cuota por
la aplicación del concepto de “buen pagador” y retasaciones
de las fincas con posterior rebaja de las cuotas.
El 25 % de los deudores paga tasas inferiores al 3,5 %
y el 37 % de ellos tiene créditos cuyo plazo supera los 20 años,
sin contar que el 15% de los clientes le acumula al banco deudas
por un monto de U$S 8,5 millones anuales por concepto de
colgamentos. Estos
hechos que se suman a la elevadísima morosidad antes anotada
desembocan en la producción de pérdidas –calculadas por
el banco en U$S
1158 millones entre 1985 y 2001– que en forma
autocomplaciente el BHU atribuye en sus documentos al cumplimiento
de la «función social» del banco y al «desarrollo de
actividades no bancarias de apoyo a la política económica».
Entre estas pérdidas está incluida la ya legendaria de U$S 500
millones con el BCU (que si fuera entre particulares ya estaría
prescrita); la de U$S 265 millones por planes de refinanciación;
la de U$S 196 millones de subsidios no compensados en
las tasas de interés;
U$S 90 millones no cobrados por colgamentos y U$S 40
millones de juicios perdidos con inscriptos en el RAVE. Esta es la
cuenta de la demagogia, que no termina aquí, porque el mundo
sigue andando, y los técnicos del BHU estimaron que en los años
próximos el banco perderá como mínimo U$S 367 millones. NO
SE DA LA CARA Las
nuevas medidas elevadas como proyecto del ley por el BHU al
Parlamento parten de la consideración de que la institución está
«técnicamente quebrada», expresión que Búsqueda atribuyó a «autoridades de
gobierno». En este caso nadie da la cara para afirmarlo y asumir
la responsabilidad que le cabe a la coalición de gobierno quien
conduce al país desde hace 17 años. Luego
de presentar muy asépticamente la situación, con un amplio
aporte de información documental, cualquier lector esperaría que
el semanario Búsqueda hubiera incluido un reportaje sobre el
punto a las autoridades del BHU o del Ministerio de Economía. Es
evidente que el mismo fue solicitado, pero que se prefirió
entregar solamente los números duros y puros, junto a las
meditadas palabras con que los informes evitan decir las cosas por
su nombre. Es que hay explicaciones que son dolorosas. Estamos
ante hechos como los que el ex presidente del BROU, contador Juan
Ignacio García Peluffo, intentó controlar en su banco y
frente a cuya concreción debió renunciar. Hechos que el mismo ministro de
Economía, Alberto Bensión, en aquel caso, dijo que «hubiera
preferido» que no sucedieran, como la refinanciación impuesta
por el Poder Ejecutivo para el agro a costa de la descapitalización
del BROU. Estas
políticas son las que luego terminan por inutilizar las
herramientas con que cuenta el Estado para cumplir con sus
funciones. Políticas que, además, generan desigualdades, porque
algunos de los actuales deudores quedan objetivamente en una
situación de privilegio respecto a otros grupos de deudores, en
detrimento también del numeroso grupo que aún no ha accedido al
crédito ni a la vivienda. Debe saber el contador Alberto Bensión
que los uruguayos también «hubiéramos preferido» que el BHU,
al igual que el BROU, fueran manejados con criterios técnicos
y defendidos sus patrimonios de manera adecuada, cosa que también
«prefieren» nuestras leyes, dicho sea de paso. Y cabe agregar
–como corolario lógico– que, por hacer lo que no preferimos
ni él ni el conjunto de la población durante todo el tiempo de
su mandato, le va a costar al contador Bensión volver a ser «preferido». +
Los cambios proyectados Entre
las medidas propuestas para estabilizar al BHU encontramos
innovaciones destinadas a salvar el descalce que se produce al
tomar fondos en dólares y prestarlos en UR. En este caso se
propone crear la Unidad Indexada a la inflación (UI), una nueva
unidad de préstamos y pago por la cual la relación entre las
salidas y los ingresos del banco no se vería afectada por las
oscilaciones de la moneda. La captación de fondos se haría
emitiendo títulos a 20 años nominados en UI, de manera de
acompasar el ritmo de los ingresos a los plazos de los préstamos.
El BHU ya decidió aumentar radicalmente, a partir de esta semana,
las tasas de los nuevos préstamos, con valores que podrían
alcanzar un monto del 15 % anual. También se propone aumentar el
capital de la institución pasándolo de U$S 500 mil a U$S 2 mil
millones. Todas estas medidas –salvo la elevación de los
intereses a números que parecen excesivos– suenan como
aceptables, pero hay un hecho preocupante y este es la parálisis
que se plantea para la institución, materializada en la suspensión
del plan de obras 2000 -2005, de la cual quedan exceptuadas apenas
las obras ya aprobadas. Las
operaciones anteriores, estipuladas con las muy bajas tasas antes
indicadas, pasarán a contrastar con las nuevas que puedan
formalizarse a altísimas tasas, y esta diferencia será la
demostración más cabal de los efectos del desgobierno sufrido
por el banco en las últimas décadas, por más que se lo
califique de atención de una «función
social». * Tomado de la página web de la Asociación de Empelados bancarios del Uruguay. LA ONDA® DIGITAL |
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