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de abril Día del Libro Federico
Mayor Zaragoza, ex Director General de la UNESCO, escribía:
"La cultura da forma a nuestra visión del mundo. Puede dar
lugar a los cambios de actitud necesarios para garantizar la paz y
el desarrollo sostenible". Sin embargo, cuando se habla de
elementos estratégicos de la política, aún pensamos en sistemas
de defensa o de ataque, en artillería o en secretos militares. No
nos parecen estrategias de crecimiento humano la imaginación, el
conocimiento, la creatividad, la sabiduría ni la sensatez que se
cosen entre las tapas de una novela. Desde
el Libro de los Muertos, papiro milenario del antiguo Egipto,
hasta el último Premio Pulitzer, los libros han ocupado el papel
central en la transmisión de las ideas, los conocimientos y, en
definitiva, la cultura entre personas y pueblos. Son, por así
decirlo y no sin ironía, el equivalente a las armas en los ejércitos
y en los sistemas de defensa. Así
lo entiende la UNESCO cuando en sus recomendaciones a los Estados
para que creen una Política Nacional del Libro señala
"la voluntad política de considerar el libro como elemento
de un sector cultural estratégico desde el punto de vista económico".
A menudo esta institución utiliza el término "estratégico"
para referirse al sector editorial. En
su empeño por el fomento de la lectura, la UNESCO hace tiempo que
parece haber renunciado a las declaraciones románticas. Ya la
redacción del Acuerdo de Florencia en 1950 se elaboró con la
supervisión del GATT. El Acuerdo respondía a uno de los pilares
constitucionales de este organismo de Naciones Unidas:
"Fomentar el conocimiento y la comprensión mutuos de las
Naciones (…) a este fin, recomendará acuerdos internacionales
que estime convenientes para facilitar la libre circulación de
las ideas por medio de la palabra y de la imagen". Y
actualmente, una vez asumidos por la Organización Mundial del
Comercio las competencias sobre productos protegidos por la
propiedad intelectual, tanto los postulados del Acuerdo como los
del Protocolo de Nairobi que, desde 1976 desarrolla los términos
de aquél, han sido actualizados de acuerdo a pautas comerciales
internacionales. Las
últimas medidas de promoción de las políticas editoriales a
escala universal tratan de hacer ver como elemento fundamental e
incentivador de las implicaciones económicas de la industria
editorial. Así, tanto Acuerdo como Protocolo, ponen énfasis en
la repercusión favorable que la industria editorial produce en la
balanza comercial o en el producto interno bruto de los países
con un fuerte sector editorial. En
España, por ejemplo, quinta potencia editorial, se factura
alrededor del 0’6 % del PIB en producción de libros. En números
absolutos, se elevan a casi 5.000 millones de dólares las
exportaciones españolas de este tipo de productos al mundo y, en
especial, a América Latina. De
momento, si no se evoluciona hacia algo mejor, el libro es la
herramienta más importante en la instrucción de los pueblos y en
la comunicación de sabiduría. Por eso es alarmante que en muchos
países, sobre todo en los industrializados, bajen los índices de
lectura. Y más alarmante aún es la caída de estas cifras entre
los menores. Además,
es un contrasentido si se compara con las cifras de las industrias
editoriales que no dejan de crecer en la mayoría de los casos.
Por seguir con el ejemplo español, desde 1996 hasta el período
actual, la cifra de facturación de la industria editorial ha
crecido alrededor de un 25 %. Estos datos nos permiten deducir que
también el desequilibrio es enorme en esta materia entre unos y
otros países. En unos, las bibliotecas públicas no se llenan y
se hacen campañas de recogida de libros sobrantes en las casas
para su donación o su reciclado. En otros, la escasez y los
elevados precios hacen que ciudadanos se vean incapacitados para
acceder a los libros, ni siquiera a libros comunitarios situados
en bibliotecas públicas. Es el caso de la mayoría de países
latinoamericanos, con poblaciones enteras formadas, pero
impotentes ante la imposibilidad de acceder a las herramientas
culturales. La
misma UNESCO, en cooperación con la Federación Internacional de
Asociaciones e Instituciones de Bibliotecas (INFLA), preparó en
1994 el Manifiesto de la Biblioteca Pública como apoyo, incentivo
y aguijón a las políticas nacionales del libro en lo referente a
"extender la red nacional de bibliotecas y organizar campañas
de lectura". En el Manifiesto queda patente que el acceso
gratuito y en igualdad de condiciones a la información, al
conocimiento y a la cultura es un "agente esencial para
alimentar la paz y el bienestar espiritual" y deja bien clara
la "responsabilidad de autoridades locales y nacionales"
en el asunto. Federico
Mayor Zaragoza, todavía como Director General de la UNESCO,
escribía en el Prefacio del Informe Mundial sobre la Cultura:
"La cultura da forma a nuestra visión del mundo. Puede dar
lugar a los cambios de actitud necesarios para garantizar la paz y
el desarrollo sostenible". Sin embargo, volviendo al
principio, cuando se habla de elementos estratégicos de la política,
aún pensamos en sistemas de defensa o de ataque, en artillería o
en secretos militares. No nos parecen estrategias de crecimiento
humano la imaginación, el conocimiento, la creatividad, la
sabiduría ni la sensatez que se cosen entre las tapas de una
novela. *
Esta nota fue prusida por el “Centro de Colaboraciones
Solidarias”. LA ONDA® DIGITAL |
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