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23 de abril Día del Libro
La estrategia de leer
por Cristóbal Sánchez Blesa *
cristobalblesa@tsai.es

Federico Mayor Zaragoza, ex Director General de la UNESCO, escribía: "La cultura da forma a nuestra visión del mundo. Puede dar lugar a los cambios de actitud necesarios para garantizar la paz y el desarrollo sostenible". Sin embargo, cuando se habla de elementos estratégicos de la política, aún pensamos en sistemas de defensa o de ataque, en artillería o en secretos militares. No nos parecen estrategias de crecimiento humano la imaginación, el conocimiento, la creatividad, la sabiduría ni la sensatez que se cosen entre las tapas de una novela.

Desde el Libro de los Muertos, papiro milenario del antiguo Egipto, hasta el último Premio Pulitzer, los libros han ocupado el papel central en la transmisión de las ideas, los conocimientos y, en definitiva, la cultura entre personas y pueblos. Son, por así decirlo y no sin ironía, el equivalente a las armas en los ejércitos y en los sistemas de defensa.

Así lo entiende la UNESCO cuando en sus recomendaciones a los Estados para que creen una Política Nacional del Libro señala "la voluntad política de considerar el libro como elemento de un sector cultural estratégico desde el punto de vista económico". A menudo esta institución utiliza el término "estratégico" para referirse al sector editorial.

En su empeño por el fomento de la lectura, la UNESCO hace tiempo que parece haber renunciado a las declaraciones románticas. Ya la redacción del Acuerdo de Florencia en 1950 se elaboró con la supervisión del GATT. El Acuerdo respondía a uno de los pilares constitucionales de este organismo de Naciones Unidas: "Fomentar el conocimiento y la comprensión mutuos de las Naciones (…) a este fin, recomendará acuerdos internacionales que estime convenientes para facilitar la libre circulación de las ideas por medio de la palabra y de la imagen". Y actualmente, una vez asumidos por la Organización Mundial del Comercio las competencias sobre productos protegidos por la propiedad intelectual, tanto los postulados del Acuerdo como los del Protocolo de Nairobi que, desde 1976 desarrolla los términos de aquél, han sido actualizados de acuerdo a pautas comerciales internacionales.

Las últimas medidas de promoción de las políticas editoriales a escala universal tratan de hacer ver como elemento fundamental e incentivador de las implicaciones económicas de la industria editorial. Así, tanto Acuerdo como Protocolo, ponen énfasis en la repercusión favorable que la industria editorial produce en la balanza comercial o en el producto interno bruto de los países con un fuerte sector editorial.

En España, por ejemplo, quinta potencia editorial, se factura alrededor del 0’6 % del PIB en producción de libros. En números absolutos, se elevan a casi 5.000 millones de dólares las exportaciones españolas de este tipo de productos al mundo y, en especial, a América Latina.

De momento, si no se evoluciona hacia algo mejor, el libro es la herramienta más importante en la instrucción de los pueblos y en la comunicación de sabiduría. Por eso es alarmante que en muchos países, sobre todo en los industrializados, bajen los índices de lectura. Y más alarmante aún es la caída de estas cifras entre los menores.

Además, es un contrasentido si se compara con las cifras de las industrias editoriales que no dejan de crecer en la mayoría de los casos. Por seguir con el ejemplo español, desde 1996 hasta el período actual, la cifra de facturación de la industria editorial ha crecido alrededor de un 25 %. Estos datos nos permiten deducir que también el desequilibrio es enorme en esta materia entre unos y otros países. En unos, las bibliotecas públicas no se llenan y se hacen campañas de recogida de libros sobrantes en las casas para su donación o su reciclado. En otros, la escasez y los elevados precios hacen que ciudadanos se vean incapacitados para acceder a los libros, ni siquiera a libros comunitarios situados en bibliotecas públicas. Es el caso de la mayoría de países latinoamericanos, con poblaciones enteras formadas, pero impotentes ante la imposibilidad de acceder a las herramientas culturales.

La misma UNESCO, en cooperación con la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones de Bibliotecas (INFLA), preparó en 1994 el Manifiesto de la Biblioteca Pública como apoyo, incentivo y aguijón a las políticas nacionales del libro en lo referente a "extender la red nacional de bibliotecas y organizar campañas de lectura". En el Manifiesto queda patente que el acceso gratuito y en igualdad de condiciones a la información, al conocimiento y a la cultura es un "agente esencial para alimentar la paz y el bienestar espiritual" y deja bien clara la "responsabilidad de autoridades locales y nacionales" en el asunto.

Federico Mayor Zaragoza, todavía como Director General de la UNESCO, escribía en el Prefacio del Informe Mundial sobre la Cultura: "La cultura da forma a nuestra visión del mundo. Puede dar lugar a los cambios de actitud necesarios para garantizar la paz y el desarrollo sostenible". Sin embargo, volviendo al principio, cuando se habla de elementos estratégicos de la política, aún pensamos en sistemas de defensa o de ataque, en artillería o en secretos militares. No nos parecen estrategias de crecimiento humano la imaginación, el conocimiento, la creatividad, la sabiduría ni la sensatez que se cosen entre las tapas de una novela.

* Esta nota fue prusida por el “Centro de Colaboraciones Solidarias”.

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