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María Eugenia,
la poesia y la soledad

por Julia Galemire
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María Eugenia,
la poesía y la soledad

por Julia Galemire

Raúl Montero Bustamante señala en la nota que acompaña a la publicación de unos poemas de María Eugenia Vaz Ferreira (1)que esta discípula de Heine y que inspiró su estilo en el "oscuro germanismo del poeta de Dusseldorf", por su naturaleza poética "pertenece a la raza de los sensitivos y, sin duda, en su emotividad de apasionada, hay una mórbida aspiración de ´más allá´". 

UNA EDICIÓN DE 1905
En los poemas publicados en ese volumen, puede apreciarse que en la creación de María Eugenia hay una fuerte nostalgia, una sensación de tristeza, una vaga apetencia de lo eterno, de lo que es irreparable, envueltas esas ideas en un manto de soledad:
 

"Pesan las penas
sobre mi alma, mi alma mustia y doliente;
Sobre mi vida pesan las horas de angustias

                                                       llenas;

Sobre mi mano pesa mi frente" . (Rimas)
 

Puede entonces aceptarse que ese era su mundo, como lo demuestra otro de sus poemas, "¿ Por que ?". 

"Ha llegado el crepúsculo,
Se oscurecen la sombras, 
Los ruidos que se duermen, me parecen

un arrullo lejano de palomas.
 

y concluye con esta estrofa: 

"La mañana es espléndida,
En colores y en luz todo florece...
Y ahora, me pregunto, 

¿ Por qué no estoy alegre ?
 

En la revista que fundó y dirigió hasta su muerte Susana Soca y en el número dedicado precisamente a la autora de "La isla de los cánticos", hay un juicio que me interesa subrayar, porque luego de clasificarla como "esa wagneriana", apunta que "predomina en su poesía, el deseo de no sobrevivir que es la acabada voluntad de morir, la forma viva del aniquilamiento". 

Bastaría para certificarlo, reproducir un simple fragmento de "Fantasía del desvelo":

" Alma mía ¿ que velas ?
en la nocturna hora, como los centinelas,
con los ojos abiertos para mejor velar
sino tienes ningún tesoro que guardar ?

Que velas, alma mía,
mientras que asordinados en su funda sombría
redoblan sin cesar

tambores misteriosos!".
 

MARIA EUGENIA Y SUSANA
Confieso que ambas, María Eugenia y Susana son dos de las poetisas de nuestro país que me han atraído muy hondamente por sus vidas y por lo que han escrito. Por la cierta rebeldía que encarnaron dentro de una sociedad cerrada -especialmente en la que le tocó vivir a María Eugenia- y, por que dieron testimonios fieles de intentar evadirse por el camino de la creación literaria y del inconformismo social.

Porque actuaron en un medio no siempre fácil para exteriorizar sus inquietudes. Porque construyeron un destino poético, un universo propio el que ha persistido hasta nuestro tiempo.

Algunos críticos y no tanto críticos han señalado que la poesía de María Eugenia -y por extensión la de Susana Soca y por cierto la de muchas otras creadoras- adolecen de un hermetismo que las hace difíciles de entender, olvidando  que se puede gustar una poesía sin entenderla, por la musicalidad de sus estrofas, por la belleza de sus estructuras. Con ese concepto, por sólo citar un ejemplo, sería muy difícil, gustar un cuadro abstracto de Picasso. 

Susana, estudiosa dedicada a analizar los poemas de amor de María Eugenia, halló que en los mismos hay, "gracia irónica, melancólica o alegre: Pero-agrega- el elemento trágico está ausente del sujeto que la inspira". 

Por el contrario -prosigue en su trabajo titulado "Memoria"- predomina cuando habla consigo misma, a la noche, a la poesía, a todas las formas de la soledad". 

En esa convicción, Susana reproduce uno de los poemas más profundos y mejor logrado de María Eugenio, el que encierra un misterio intimista porque en la realidad, es una confesión amorosa dirigida a alguien que hasta ahora ha sido imposible señalar a quien era dirigido, quien era, en definitiva, el protagonista.  

"Señor, te diré que la sabrosa belleza
de esa tu carne pálida, me hace llorar de amor;
lloro por la magnolia de tu cara, por esa
cara desnuda sobre su tallo en flor.

Laureando con tu gracia mi gloriosa tristeza,
con hojas de tus ojos de cambiante verdor,
vas hasta el fondo arcano de mi naturaleza
por todos mis jardines y siempre vencedor.

Señor, quizás tu eres suavemente fuerte, 
quizá tu caliz dona consolación de muerte
a tiempo que florece tu espléndido fervor;
también yo soy ambigua, por eso es que te siento
y lloran, cuando abres bajo mi pensamiento,
mi aurora y mi crepúsculo su rocío de amor".
 

LA SOLEDAD Y LAS CONTRADICCIONES
Susana encuentra que..."A veces, la claridad del poema de María Eugenia coincide con la oscuridad entrañable del sentimiento". Esta reflexión tiene como base un hecho cierto que ya hemos anotado: la claridad de la exposición, no tiene relación con el misterio ¿a propósito? que rodea, al destinatario final del poema.

María Eugenia era una mujer envuelta en perspectivas brumosas, que la llevan a incurrir en contradicciones vitales, pero que siempre eran en pos de una victoria existencial que la afirmaran en sus realizaciones. Tenía una personalidad fuerte que trascendía en el universo montevideano que habitaba. Parra del Riego, por ello, pudo decir: 

" Oh la intensa mujer y la fina y profunda poetisa que es María Eugenia Vaz Ferreira; Oidlo bien, señores de las copiosas y tercas orejas de eruditos: no quiero escribir por ella, ¡ quiero cantar por ella ! ". 

Algunos críticos que han analizado la obra de María Eugenia y su propia vida, han puesto de relieve que otra de las contradicciones que pueden hallarse en ella, se refleja en el hecho de que por un lado, era una persona solitaria y que por el otro, gustaba de la amistad, de la conversación y como afirma Susana, "daba la impresión de un ser solitario de pureza intocada, así sus poemas, con inteligibilidad y su oscuridad, con su ´claridad difícil´, con su ir y venir de la realidad al sueño, de lo concreto a lo abstracto". 

Tuvo una vida intensa y generosa, procurando a cada instante vencer lo negativo, el orgullo estéril, la melancolía y lo superfluo, afirmando por el contrario la trascendencia de su bella alma, del heroísmo y del amor, aunque a instantes surgiera la angustia. 

1) Raúl Montero Bustamente: "Parnaso Oriental: Antología de poetas uruguayos", edición Montevideo, 1905. págs.305 a 314. 

2) "Entregas de La Licorne", Nº  3, mayo de 1954, Montevideo, págs. 5 a 14.

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