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María
Eugenia,
la poesia y la soledad
por Julia Galemire |
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No
se ha podido confirmar aún la homosexualidad de William
Shakespeare |
María
Eugenia,
la poesía y la soledad
por Julia Galemire
Raúl
Montero Bustamante señala en la nota que acompaña a la publicación
de unos poemas de María Eugenia Vaz Ferreira (1)que esta discípula
de Heine y que inspiró su estilo en el "oscuro germanismo
del poeta de Dusseldorf", por su naturaleza poética
"pertenece a la raza de los sensitivos y, sin duda, en su
emotividad de apasionada, hay una mórbida aspiración de ´más
allá´".
UNA EDICIÓN DE
1905
En los poemas publicados en ese volumen, puede apreciarse que en
la creación de María Eugenia hay una fuerte nostalgia, una
sensación de tristeza, una vaga apetencia de lo eterno, de lo que
es irreparable, envueltas esas ideas en un manto de soledad:
"Pesan
las penas
sobre mi alma, mi alma mustia y doliente;
Sobre mi vida pesan las horas de angustias
llenas;
Sobre mi mano pesa mi frente" . (Rimas)
Puede
entonces aceptarse que ese era su mundo, como lo demuestra otro de
sus poemas, "¿ Por que ?".
"Ha
llegado el crepúsculo,
Se oscurecen la sombras,
Los ruidos que se duermen, me parecen
un arrullo lejano de palomas.
y
concluye con esta estrofa:
"La
mañana es espléndida,
En colores y en luz todo florece...
Y ahora, me pregunto,
¿ Por qué no estoy alegre ?
En
la revista que fundó y dirigió hasta su muerte Susana Soca y en
el número dedicado precisamente a la autora de "La isla de
los cánticos", hay un juicio que me interesa subrayar,
porque luego de clasificarla como "esa wagneriana",
apunta que "predomina en su poesía, el deseo de no
sobrevivir que es la acabada voluntad de morir, la forma viva del
aniquilamiento".
Bastaría
para certificarlo, reproducir un simple fragmento de "Fantasía
del desvelo":
"
Alma mía ¿ que velas ?
en la nocturna hora, como los centinelas,
con los ojos abiertos para mejor velar
sino tienes ningún tesoro que guardar ?
Que
velas, alma mía,
mientras que asordinados en su funda sombría
redoblan sin cesar
tambores misteriosos!".
MARIA EUGENIA Y
SUSANA
Confieso que ambas, María Eugenia y Susana son dos de las
poetisas de nuestro país que me han atraído muy hondamente por
sus vidas y por lo que han escrito. Por la cierta rebeldía que
encarnaron dentro de una sociedad cerrada -especialmente en la que
le tocó vivir a María Eugenia- y, por que dieron testimonios
fieles de intentar evadirse por el camino de la creación
literaria y del inconformismo social.
Porque
actuaron en un medio no siempre fácil para exteriorizar sus
inquietudes. Porque construyeron un destino poético, un universo
propio el que ha persistido hasta nuestro tiempo.
Algunos
críticos y no tanto críticos han señalado que la poesía de María
Eugenia -y por extensión la de Susana Soca y por cierto la de
muchas otras creadoras- adolecen de un hermetismo que las hace difíciles
de entender, olvidando que
se puede gustar una poesía sin entenderla, por la musicalidad de
sus estrofas, por la belleza de sus estructuras. Con ese concepto,
por sólo citar un ejemplo, sería muy difícil, gustar un cuadro
abstracto de Picasso.
Susana,
estudiosa dedicada a analizar los poemas de amor de María
Eugenia, halló que en los mismos hay, "gracia irónica,
melancólica o alegre: Pero-agrega- el elemento trágico está
ausente del sujeto que la inspira".
Por
el contrario -prosigue
en su trabajo titulado "Memoria"- predomina
cuando habla consigo misma, a la noche, a la poesía, a todas las
formas de la soledad".
En
esa convicción, Susana reproduce uno de los poemas más profundos
y mejor logrado de María Eugenio, el que encierra un misterio
intimista porque en la realidad, es una confesión amorosa
dirigida a alguien que hasta ahora ha sido imposible señalar a
quien era dirigido, quien era, en definitiva, el protagonista.
"Señor,
te diré que la sabrosa belleza
de esa tu carne pálida, me hace llorar de amor;
lloro por la magnolia de tu cara, por esa
cara desnuda sobre su tallo en flor.
Laureando
con tu gracia mi gloriosa tristeza,
con hojas de tus ojos de cambiante verdor,
vas hasta el fondo arcano de mi naturaleza
por todos mis jardines y siempre vencedor.
Señor,
quizás tu eres suavemente fuerte,
quizá tu caliz dona consolación de muerte
a tiempo que florece tu espléndido fervor;
también yo soy ambigua, por eso es que te siento
y lloran, cuando abres bajo mi pensamiento,
mi aurora y mi crepúsculo su rocío de amor".
LA SOLEDAD Y LAS
CONTRADICCIONES
Susana encuentra que..."A veces, la claridad del poema de María
Eugenia coincide con la oscuridad entrañable del
sentimiento". Esta reflexión tiene como base un hecho cierto
que ya hemos anotado: la claridad de la exposición, no tiene
relación con el misterio ¿a propósito? que rodea, al
destinatario final del poema.
María
Eugenia era una mujer envuelta en perspectivas brumosas, que la
llevan a incurrir en contradicciones vitales, pero que siempre
eran en pos de una victoria existencial que la afirmaran en sus
realizaciones. Tenía una personalidad fuerte que trascendía en
el universo montevideano que habitaba. Parra del Riego, por ello,
pudo decir:
"
Oh la intensa mujer y la fina y profunda poetisa que es María
Eugenia Vaz Ferreira; Oidlo bien, señores de las copiosas y
tercas orejas de eruditos: no quiero escribir por ella, ¡ quiero
cantar por ella ! ".
Algunos
críticos que han analizado la obra de María Eugenia y su propia
vida, han puesto de relieve que otra de las contradicciones que
pueden hallarse en ella, se refleja en el hecho de que por un
lado, era una persona solitaria y que por el otro, gustaba de la
amistad, de la conversación y como afirma Susana, "daba la
impresión de un ser solitario de pureza intocada, así sus
poemas, con inteligibilidad y su oscuridad, con su ´claridad difícil´,
con su ir y venir de la realidad al sueño, de lo concreto a lo
abstracto".
Tuvo
una vida intensa y generosa, procurando a cada instante vencer lo
negativo, el orgullo estéril, la melancolía y lo superfluo,
afirmando por el contrario la trascendencia de su bella alma, del
heroísmo y del amor, aunque a instantes surgiera la angustia.
1)
Raúl Montero Bustamente: "Parnaso Oriental: Antología de
poetas uruguayos", edición Montevideo, 1905. págs.305 a
314.
2)
"Entregas de La Licorne", Nº 3, mayo de 1954,
Montevideo, págs. 5 a 14.
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