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La
polémica encuesta en la enseñanza media
Es aceptado que una encuesta sirve para conocer la opinión de un grupo determinado de personas, en un momento dado y en ciertas circunstancias. Si la forma de recabar los datos es metodológicamente acertada, el universo a cubrir realmente representativo del segmento de población que se quiere investigar, y el proceso posterior se hace sin sesgos subjetivos, una encuesta a estudiantes es una herramienta válida a utilizar para conocer su opinión. En estos días ANEP planteó a estudiantes liceales una encuesta con preguntas abiertas -en las que el entrevistado contesta lo que piensa, sin opciones preestablecidas por el organizador de la encuesta- y otras "cerradas" donde el interrogador quiere saber qué se opina entre algunas respuestas ya seleccionadas. Toda encuesta al realizarse el cuestionario lleva una cuota de subjetividad implícita. Muchas veces las preguntas, y esto pasa consciente o inconscientemente, se hacen para convalidar o rechazar una hipótesis previa de trabajo. Cuando se cuenta como en este caso, con preguntas del tipo "abiertas", el espacio dado para responder será más o menos amplio, de acuerdo al criterio y expectativas de respuestas diferentes que se esperan del encuestado. La encuesta de ANEP, y centralicemos en ella el análisis, puede ser pues, buena o mala. Dejemos de lado por ahora, las ulterioridades que pueden darse sobre la enseñanza en general a partir de las resoluciones que se tomen una vez leída la información recabada y efectuados los procesos correspondientes. Esa declaración de Javier Bonilla manejando que son 13 los liceos en los que la resistencia a la realización de la encuesta hizo imposible efectuar la misma, contradicha por Jorge Carbonell, presidente de Secundaria, que señala la imposibilidad de dar una cifra definitiva por ahora, hace que la polémica se haga aún más grande a nivel de opinión pública. Los docentes y estudiantes que se niegan a la aplicación del formulario, muchas veces con argumentos que nada tienen que ver con el contenido del mismo, sino a lo más sobre su forma "nos dan dos renglones para escribir que queremos aparte de las actividades curriculares y eso no da para nada", dice en TV un alumno. "Todo esto está hecho para intentar no recibir directamente a los estudiantes o profesores y hacer lo que ellos quieren, tratando de evitar otro 96" dice un dirigente gremial estudiantil. Quienes no aceptan contestar algo cuantificable desean que sus ideas - y uno tiene derecho a preguntarse ¿representativas de qué?- cuestionan la metodología de la investigación, sin estar capacitados para hacerlo. Pero cuestionan también a las autoridades por no recibir sus propuestas. Las autoridades de la enseñanza van a manejar muchísima información, y si uno lee al mismo Javier Bonilla diciendo que se espera que la semana que viene ya se tengan ideas cualitativas sobre los resultados, piensa que hay un error de quien escribió la nota de El Observador del sábado 11, o del linotipista si este sigue existiendo en los diarios. Al menos se le puede achacar el error al duende de las imprentas. Porque lo que se podrá quizás tener en pocos días, cuando mucho, será el resultado cuantitativo, pero nunca el cualitativo, que significa la codificación manual de frases escritas por miles de estudiantes, que lleva mucho más que una semana en una encuesta del volumen de la que manejamos. Para finalizar. Siempre hablamos de encuesta porque ese es el término manejado por las partes, cuando uno podría pensar que en verdad estamos en presencia de un Censo, donde se interroga a toda una población, y no a una muestra que sea representativa de ella, como en una encuesta. Lo que sí se sabe, que esto trajo polémica y que la misma no se terminará por muchos motivos en el corto plazo. Es a todo eso que nos seguiremos refiriendo en la próxima nota. LA ONDA® DIGITAL |
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