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Diálogo
con María Elena Walsh
"A los
chicos se los ha ido
despojando de curiosidad"
por Máximo Soto
María Elena Walsh
acaba de publicar un nuevo libro para chicos «Hotel Pioho's
Palace». Luego
de años de no hacer literatura infantil, la poeta y narradora
tuvo un primer regreso en 1997 con “Manuelita ¿dónde vas?”. A continuación el
dialogo con M.E.W
-
¿Cómo aparece en usted el deseo de contar historias para chicos?
-
Hace
mucho, cuando escribía las letras de canciones, estaba
atravesando épocas personales muy dramáticas, de modo que puede
ser una vía de escape. Pero, aparte de eso, de pronto surge la
necesidad de contar una historia o cantar una canción
determinada, sencilla, para los chicos, no para otra gente, aunque
la otra gente se cuele. No es porque esté contenta que voy a
escribir para los niños, es como contraste.
-
¿La crisis que vive el país lleva a imaginar otros mundos?
-
También
las situaciones personales. Recuerdo cómo trabajaba durante la
enfermedad y muerte de mi madre, en situaciones realmente dramáticas.
Las exteriores lo son, pero las íntimas son las más graves.
-
Se dice que «la depresión se pasa creando»...
-
Pero
cuando la depresión es tan grande no deja crear. Y cuando se crea
algo, por mínimo que sea, se está saliendo, es el primer paso a
la salud.
-
¿Qué apareció primero de su nuevo libro?
-
Los
personajes. Dalila, el personaje central, es una chica que está
en otros cuentos con otro nombre. Los pajarracos, los Tutías de
la historia, eran una imagen que me daba vueltas, que había visto
en cuentos ajenos: pájaros muy graciosos, muy tiernos. Después
comencé a jugar con algunos personajes que había en otros libros
y me daba lástima que no siguieran viviendo. Manuelita siempre se
mete, es un comodín y es cosa de ella meterse a solucionar temas,
ya está quijotesca. Tiendo a formar grupos y a que haya
solidaridad en lo pequeño, no es que vayan a solucionar el hambre
en el mundo. Son el grupo barrial, esas pequeñas sociedades de
socorros mutuos. Lo tengo muy incorporado.
-
También aparecen las metamorfosis, por caso: el cantor de tangos
que se vuelve un sapo...
-
Juego
con un código clásico. Desde ese muchacho Ovidio, las
metamorfosis están en todos los cuentos que nos apasionan.
-
A esto suma un lenguaje poético...
- Hay
algo deliberado en eso. Tengo muy poca deliberación al escribir
para chicos: no quiero ser docente, no quiero ser un montón de
cosas. Lo que es deliberado es un lenguaje cuidado pero no neutro.
Yo no escribo para que me entiendan en España, aunque mis textos
son perfectamente inteligibles. Y si incluyo elementos de la
cultura y del arte es por que creo que es algo que se les roba a
los chicos. Nadie les habla que hay un señor que se llamaba
Mozart, o que San Martín vivía acarreando libros y leyendo, me
gusta incluir esos elementos. Y también el toque local o folclórico
en el lenguaje.
-
¿Empieza sabiendo que va a pasar en su historia?
-
Uno
conoce los personajes, los une, los separa y va tejiendo la
historia. Y en un momento comienzan a hablar y a vivir por su
cuenta.
Empobrecimiento
cultural
-
¿Cómo une cultura popular con alta cultura?
-
En
mí es natural, mi formación es así. Cuando era chica y mi papá
escuchaba ópera por radio, no me decía esta es alta cultura, y
ante una rancherita, es baja cultura. No existía eso. Absorbí
todo lo que estaba en mi casa, en la escuela, en el barrio. Ahora,
en la era de las comunicaciones, un chico está empobrecido,
recibe poca cosa, los medios le dan rock o pop y nada más. Ni
siquiera tienen la opción para decir: «ufa, que aburrido es esto».
-
Parecen cantar canciones en inglés...
-
No
saben, corean por fonética. En mis libros, y en los de otros, se
proponen cosas descontando que va a haber un mayor que oriente a
los chicos, aunque no hay tanta comunicación ahora. Sería bueno
que los estimularan a preguntar: ¿Quién ese Mozart? Y contestar:
¿lo buscamos en el diccionario?, ¿vamos a ver si hay un disco?,
¿y si nos fijamos en la radio si pasan algo de él? En Buenos
Aires hay 3 emisoras de música clásica, 3, en Alemania ninguna.
Es bueno que lo chicos aprendan a pedir ayuda en lo que no saben,
porque lo grandes también lo hacemos. Sorprende que cuando los
chicos tiene más facilitada la vida, con diccionarios, CD-Rom,
internet, tienen menos curiosidad.
-
¿Lo fundamental es estimularlos?
- Estimular,
dar otra clase de datos. Ahí nos metemos en problemas que quien
trata de escribir buenos libritos no puede solucionar, adonde va a
parar lo que uno hace, como es usado. A veces hay reflejos muy
interesantes: chicos que escriben imitando, que siguen las
aventuras de los personajes, ilustran, etcétera. Yo recibí un «Manuelita
¿dónde vas?» hecho por chicos de una escuela de La Pampa donde
le habían agregado aventuras en Santa Rosa. Si una escuela o un
hogar pueden facilitar esos estímulos, sensacional.
-
¿Le criticaron que uno de sus personajes es una mujer policía?
-
Resulta
que una policía no puede ser simpática, tiene que ser mala. En
un café vi una muchacha policía, gorra, lentes, estudiando y
escribiendo. Me causó mucha gracia, era el personaje. Si después
es buena o mala es su problema. Yo pretendo, y me sale del alma,
romper con toda discriminación.
-
¿Cómo ve la literatura argentina?
-
No
quiero tocar de oído. Veo que se sigue publicando. La literatura
no es algo que se debilite con las crisis. Ahora no existe el
golpe muy duro de la censura, ahora es un golpe muy duro pero se
sigue escribiendo y, como siempre, habrá pocas cosas buenas. Lo
grave es cuando se reduce el grupo de autores de calidad. Si se
reduce el mundo editorial, se irá cuerpeando. Pero cuando se
tiene una lista de los 10 poetas más notorios y son todos malos,
no hay mejora económica que lo remedie.
-
¿Y nuestra literatura para chicos?
- Aparecieron
muchísimos autores con la democracia, editores, libros, una
producción importante que supongo que seguirá. Si hay un parate
en las garndes editoriales, saldrán por las chicas.
-
¿Luego de un libro empieza a pensar en otro?
-
Incluso
al estar escribiendo uno puedo estar pensando en otro, que por ahí
me lleva 10 años. Pero el gran estímulo es leer. No leer el
propio género, no es que yo lea literatura infantil y me inspire
en eso. La lectura es siempre un estímulo y un detonante, da
ganas de escribir cosas que pueden tener o no que ver con lo que
uno lee. Una vez me volví tan loca que quería hacer una serie de
escenas de Proust para niños. Me tentaba traducir y adaptar esas
páginas donde habla de los sonidos de París. Me dije: qué lindo
sería esto para los chicos. No lo haré, es muy difícil.
-
Dos preguntas al estilo de Benard Pivot. Si hubiera tenido que
elegir otra profesión, ¿cuál sería?
-
Tendría
que haber elegido entre las permitidas a las mujeres, si no me
hubiera gustar ser marino, navegar. Entre las permitidas, hubiera
elegido arquitectura. Nunca letras, jamás.
-
¿Si Dios existe, que le gustaría que le dijera al llegar?
-
Acá
tenés una buena biblioteca.
Esta
entrevista fue Publicada inicialmente en el periodico Ámbito
Financiero de, Argentina.
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