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¿Nuclearización
de la Guerra Convencional? Ante
los avances tecnológicos de la industria bélica, probablemente
en el corto plazo vaya a ser necesario actualizar el léxico político
internacional mediante la reconceptualización de expresiones
tales como “guerra nuclear”. Esta idea surge de concatenar una
serie de eventos que parecen indicar que una de las variantes de
la nueva estrategia militar estadounidense consiste en la
nuclearización de las guerras convencionales. Para
comprender esto en primer lugar debemos considerar el National
Missile Defense (NMD). El escudo antimisil estadounidense tiene
como objetivo alcanzar la capacidad de destruir en el aire,
misiles balísticos intercontinentales de cabezas múltiples
(ICBM-MIRV por sus siglas en inglés) que sean disparadas por países
hostiles. Así pues su intención de fondo es la anulación del
equilibrio nuclear basado en la disuasión (mejor conocido como
Destrucción Mutua Asegurada) que salvo algunos periodos (como la
Crisis de los Mísiles) fue la constante que “garantizó”
durante la Guerra Fría la supervivencia de la vida en todo el
globo. Desplegar el NMD significaría adquirir la capacidad de
lanzar un ataque nuclear y neutralizar un contraataque de la misma
naturaleza, es decir, adquirir la posibilidad de agredir
nuclearmente de forma impune a cualquier pueblo de la tierra. Es
esta la razón que explica el abandono unilateral estadounidense
del tratado ABM. Aunque
si bien es cierto el NMD ha presentado muchos más problemas técnicos
de los que se tenía previsto en su despliegue, lo cierto es que
de forma paralela (para tener la estrategia completa y en caso de
que el NMD falle) se han venido desarrollando intentos para llevar
las “virtudes” bélico-nucleares del armamento estratégico al
armamento convencional; y este el segundo punto al que tenemos que
prestar mucha atención. Un primer intento en este sentido es la
utilización del uranio empobrecido para optimizar la perforación
de blindajes de misiles anti-tanque. La utilización de misiles
con estas características no es nueva aunque causo revuelo
durante la agresión de la OTAN a Kosovo durante la última guerra
balcánica del siglo XX. Queda claro que en el caso del uranio
empobrecido sus “virtudes” derivan más de las características
del material per se que de la energía que se desprende por la
descomposición del átomo (el Uranio empobrecido es dos veces más
denso que el acero y es lo que resta del U-238 una vez que se ha
extraído el U-235 para la confección de dispositivos nucleares),
sin embargo, por si mismo es preocupante el nexo cualitativo que
demuestra la utilización del desecho de la producción de
armamento estratégico habilitado como “tecnología de punta”
en el siguiente escalón, el armamento convencional. Esta primera
integración vertical en la utilización militar del desecho
nuclear puede ser la próxima veta a explotar en el desarrollo del
armamento convencional, ¿cómo? buscando la posibilidad de
adaptar la tecnología nuclear a este tipo de armamento. Esto daría
origen a un nuevo tipo de guerra: guerras limitadas, en la que se
utiliza unilateralmente armamento convencional equipado con
tecnología nuclear. El
escenario, aunque escalofriante, no resulta tan disparatado a la
luz de los hechos. En 50 años, el armamento nuclear ha sido
utilizado en un par de ocasiones con los resultados por todos
conocidos: después de estos trágicos episodios, la disuasión
nuclear ha sido utilizada como mecanismo de negociación política
y de terror psicológico, pero no como instrumento militar en
alguna conflagración. Dentro de la lógica que opera en las
cabezas de los halcones en Washington, esto es equivalente a
desperdiciar todo ese potencial (llevan 40 años gastando
presupuesto en armamento que caduca y requiere altos costos de
mantenimiento y actualización), de tal suerte que es necesario
“hacer factible” la utilización de la energía nuclear en las
guerras convencionales (en las que los Estados Unidos siempre están
involucrados). Un
salto cualitativo tecnológico militar de este tipo de las fuerzas
armadas de los Estados Unidos significaría la consagración
inigualable del primer sitio que ya ocupan en este rubro. Los
“bombardeos periódicos” a Irak y Afganistán y las posibles
futuras agresiones a Libia, Siria e Irán (o a cualquier otro) serían
lo suficientemente devastadores como para poner de rodillas a
cualquiera por cientos de años, pero no tan devastadores como
para llegar a una destrucción total del globo. Así pues, en lo que a armamento nuclear se refiere, Estados Unidos están emprendiendo tres tipos de acciones diferentes, todas congruentes con sus intereses particulares: 1) En lo global, Estados Unidos está tratando de desarticular la defensa nuclear mundial de todos los demás Estados mediante la manipulación de tratados como el NPT y los START; 2) para contrarrestar la influencia de aquellos Estados que no se apeguen a “su orden” nuclear estructurado en los mecanismos que se dictan en el inciso anterior, están desarrollando la capacidad de contrarrestar contraataques nucleares mediante el NMD; 3) finalmente, están buscando controlar la capacidad destructiva de la descomposición del átomo para hacer factible la utilización de la energía nuclear en guerras limitadas. Como es claro, los tres objetivos aquí descritos son congruentes única y exclusivamente con los intereses de superioridad militar estadounidenses, ya que, como se puede observar, los incisos dos y tres ponen al descubierto la falsedad del argumento humanístico que podría esgrimir la élite política estadounidense de invocar los tratados y acuerdos a los que hacemos referencia en el primer inciso. Por todo lo anterior, las perspectivas nucleares militares del mundo entero no son muy agradables. ¿Qué es preferible, que existan varios Estados con capacidad nuclear en permanente estado de tensión pero que garanticen un equilibrio nuclear basado en el terror; o que se desnuclearice el mundo entero salvo un estado que no solo tendría el monopolio ilegítimo del arma nuclear sino que también la posibilidad y disponibilidad a utilizarla?. Durante la guerra de Bosnia, mucho se argumentó respecto a la necesidad de levanta el embargo de armas que pesaba en la zona con la intención de que no se acrecentaran las hostilidades, sin embargo, las tropas del ejército serbio utilizaban la superioridad militar que tenían frente a sus adversarios para cometer todo tipo de atrocidades contra civiles desarmados (atrocidades que es justo decir también padeció la sociedad civil serbia de forma importante a manos de milicias contrarias), ¿qué hubiera sido mejor? ¿dar armamento a quienes no lo tenían para su defensa?, y en tal caso ¿cómo se garantizaba que sería utilizado para defensa y no para ataque? Esta cuestión, como la de la desnuclearización global a la luz de lo aquí descrito, no es fácil de resolver, pero aunque encontrar una respuesta a estas preguntas es imperativo, nunca nadie dijo que el camino sería sencillo. LA ONDA® DIGITAL |
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