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Científicos uruguayos trabajan en un tema
frontera de la ciencia, plegamiento de proteínas,
formación de priones, vaca loca

por Patricia Linn

El actual Decano de la Facultad de Ciencias recientemente renovado en su cargo, el Dr. Ricardo Ehrlich, es un científico con formación en bioquímica. Comenzó sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, trabajó como investigador en el Instituto de Investigaciones Clemente Estable y luego en el año 1974 viajó a Francia continuando sus estudios en la Universidad Louis Pasteur de Estrasburgo donde obtuvo su Maestría en Bioquímica y Biología Molecular y luego su Doctorado en Ciencias. De allí pasó a trabajar en el CNSR (Centre Nationale de la Recherche Scientifique). 

En 1980 fundó, junto a otros cuatro investigadores, un grupo de trabajo denominado “Estructura y dinámica del genoma”, nombre muy premonitorio ya que en esos años recién se estaba concibiendo el Proyecto Genoma. El tema de la vaca loca, que apareció a mediados de los 80, sorprendió al grupo de Ehrlich en medio de un estudio del plegamiento de proteínas en la célula. Los temas estaban vinculados ya que la enfermedad de la vaca loca ocurre cuando ciertas proteínas no se pliegan correctamente y forman los llamados priones. El plegamiento erróneo hace que las proteínas se aglutinen impidiendo el correcto funcionamiento de las mismas y de las células dónde se aglutinan. 

El grupo de Ehrlich planteó una hipótesis para explicar la formación de plegamientos anómalos, hipótesis que actualmente se maneja a nivel internacional en la comunidad científica, pero que aún no ha sido probada. 

Durante una presentación de su trabajo a los periodistas y estudiantes de Ciencias de la Comunicación que asistieron al curso-taller de periodismo científico organizado por la Universidad de la República en diciembre de 2001, Ehrlich relató brevemente la historia del desarrollo de los conocimientos en el tema. 

PROTEÍNAS. Durante todo el siglo pasado, es decir durante el siglo 20, la comunidad científica hizo un gran esfuerzo para aislar y caracterizar todos los constituyentes de la materia viva, y de estudiar su funcionamiento. Muy particularmente protagonizaron una gran cantidad de actividades las llamadas macromoléculas biológicas, moléculas muy complejas y de gran tamaño que cumplen funciones diversas dentro de los organismos vivos. En la primera mitad del siglo fueron rápidamente identificadas las moléculas responsables del almacenamiento de la información, los ácidos nucleicos, el ADN en particular. Al mismo tiempo se describieron otros tipos de macromoléculas, entre las cuales se encuentran las proteínas. “La historia de las proteínas en el siglo pasado es realmente muy interesante” dijo Ehrlich “es apasionante por cómo se van produciendo una serie de avances conceptuales, rupturas conceptuales, y también rupturas metodológicas que permitieron descubrir y explorar territorios nuevos.” A principios de mil novecientos, se describió por primera vez la estructura química de una proteína, cómo está constituida, cómo están enlazados entre sí las diferentes unidades que la constituyen, pero no se veía claramente qué interés podía tener este conocimiento. 

Un científico chino observando la coagulación de la clara del huevo cuando esta se calienta se planteó preguntas acerca de los mecanismo que provocan este fenómeno. Las proteínas son macromoléculas, o polímeros, que están formados por una sucesión de unidades llamadas aminoácidos las que se unen como las perlas en un collar con la diferencia que las perlas pueden ser diferentes, con diferentes propiedades, algunas se pueden atraer entre sí, otras repeler, y que serían cientos de perlas. El científico chino planteó que era muy posible que esas macromoléculas estuvieran plegadas de alguna manera determinada en el espacio y que al calentarlas (o cuando se les agrega sal, o cuando se acidifica) se rompieran vínculos entre los distintos constituyentes de la cadena que las mantenían plegadas y que por ello el “collar” comenzaría a desplegarse. Lo que ocurre al desplegarse, se explicaba, es que se ponen en contacto algunos de los constituyentes de estas moléculas que anteriormente estaban ocultos o inaccesibles debido al plegado, algunas “perlas” se enfrentan produciéndose nuevas interacciones, algunos constituyentes se empiezan a pegar entre sí, y al final forman un agregado y precipitan, coagulan como la clara de huevo cuando se la está cocinando. Es posible, se decía además, que las proteínas tengan lo que se llama un estado nativo, es decir una estructura tridimensional natural, como si el “collar de perlas” quedara arrollado de una sola manera siempre que se lo pusiera en una caja pequeña. 

A partir de esta simple observación se disparan una gran cantidad de estudios sobre la estructura de proteínas. “El momento más notable” opinó Ehrlich “fue tal vez aquel en que se las empieza a estudiar con una herramienta que se pensaba que era aplicable únicamente a moléculas pequeñas, la cristalografía de rayos X”. Esta técnica se puso a punto para pequeñas moléculas, es una técnica que se puede asimilar a un microscopio si se compara la acción de los lentes, que son las herramientas que permiten ver la imagen, con cálculos matemáticos que son las herramientas que usa la cristalografía para hacer “visible” la imagen obtenida por difracción de rayos X. Cuando John Desmond Bernal, un científico inglés, postuló que era posible aplicar esta técnica a macromoléculas biológicas la mayoría de los científicos pensó que era una locura, el tamaño y la complejidad de las macromoléculas harían la tarea imposible. Pero a mediados del siglo se logró resolver las primeras estructuras de proteínas. Fue sin duda un avance notable ocurrido por una ruptura metodológica. A partir de ahí empieza a estudiarse cómo estas cadenas, estos “collares de perlas”, se pueden plegar en el espacio. 

DOGMA  “A principios de los años 60 se hizo una experiencia increíble” dijo Ehrlich “con una proteína en un tubo de ensayo”. En lenguaje técnico lo que se hizo fue desnaturalizarla por calentamiento, desplegarla, lo que cambiaba sus propiedades, y luego enfriando lentamente, volviendo a las condiciones iniciales, se vio que la proteína recuperaba la función que tenía al principio. Esta experiencia además de hacerle merecedor del Premio Nobel a su autor, Christian Anfinsen, permitió idear el siguiente concepto: Toda la información necesaria para que una proteína adquiera su estructura tridimensional está en la sucesión de aminoácidos, en las propiedades, las características de cada uno de los elementos de ese collar de perlas. 

“Eso se transformó en un dogma hasta hace poco tiempo” explicó Ehrlich “a pesar que la naturaleza es porfiada y no hay ningún dogma en las ciencias naturales que resista por mucho tiempo – aunque” agregó “algunos resisten décadas y algunos han resistido algunos siglos y generalmente hacen bastante daño.” El dogma recién se conmovió con el primer brote de la encefalitis espongiforme bovina (la enfermedad de la vaca loca) a mediados de los años 80, porque el agente que produce la enfermedad de la vaca loca, el prión, no es un microorganismo, una bacteria o un virus, es un constituyente normal de la célula, es una proteína cuya anomalía está en la estructura tridimensional. La única diferencia entre lo que sería el agente de la enfermedad y la proteína normal es la estructura tridimensional. Esto mostraba que aunque la proteína se forme con la misma información genética y su estructura química sea la misma, es posible que se pliegue de formas diferentes, que la información acerca de cómo plegarse no está únicamente en la serie de aminoácidos que forman la proteína. 

Inmediatamente se empieza a revisar una cantidad de información, y aparece el mismo tipo de problema en una gran cantidad de enfermedades conocidas desde hacía mucho tiempo pero que no tienen el componente infeccioso que tienen las enfermedades a priones (como la de la vaca loca). En todas ellas hay proteínas anormales que, como la clara de huevo cuando la calientan, forman coágulos dentro de las células o fuera de ellas lo que causa una gran cantidad de patologías. Se encuentra este fenómeno en la enfermedad de Alzheimer, la de Parkinson, en la esclerosis lateral amiotrófica,, en una gran cantidad de enfermedades que los médicos llamaban enfermedades amiloidóticas por el tipo de precipitado que se forma en los tejidos, y que ahora se están llamando enfermedades conformacionales, haciendo alusión a la estructura tridimensional, a la conformación de una proteína. Este descubrimiento hacía urgente la revisión de los conocimientos sobre la estructura de las proteínas y averiguar a qué se debe un plegamiento anómalo. 

HIPOTESIS. “La idea que teníamos” dijo Ehrlich, “la hipótesis que planteamos era que la velocidad con que se iba produciendo esta proteína podía ser importante, podía servir de puntuación para las etapas del plegamiento, y esa velocidad pensamos que depende de la velocidad con que los aminoácidos se van trayendo al lugar de producción”. En el código genético, el que codifica qué “ladrillos” se tienen que ir poniendo cuando se constituye una proteína, hay repeticiones de la información, codifican para el mismo tipo de “ladrillos” pero cambian la velocidad con que se traen dichos “ladrillos”. 

El Dr. Ehrlich explica la hipótesis planteada asemejando el código genético con una partitura. “La partitura puede ser tocada a velocidades distintas entonces pueden tocar la marsellesa con ritmo de tango - que hay una preciosa versión - y no reconocen la melodía de la marsellesa. Entonces la idea nuestra era hacer mutaciones que llamábamos silenciosas cambiando ese ritmo y nos pasó lo que a la marsellesa en tiempo de tango”

El grupo de Ehrlich trató de cambiar la velocidad de formación de la proteína sin cambiar el mensaje y ver si se alteraba el plegamiento de la proteína. Lograron que de la información necesaria para elaborar proteínas perfectamente solubles salieran proteínas insolubles. “En eso estamos” dijo Ehrlich “Nuestro trabajo pretende comprender qué reglas controlan que una proteína se pliegue y adquiera su estructura tridimensional en forma correcta en una célula”.  

Esta es una investigación básica en búsqueda de conocimiento sobre la elaboración de proteínas en los seres vivos a partir del código genético. Gran parte de la investigación básica es posteriormente aplicada. En este caso en particular las aplicaciones están esperando el conocimiento ya que urgen soluciones en el área de la salud y la alimentación. LA ONDA® DIGITAL


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