|
¿Es
viable la democracia participativa?
Es lugar común decir que asistimos a una pérdida de valores. Creemos sin embargo que estamos ante una sustitución de ellos, por otros que no nos gustan. ¿De que hablamos? Hablamos de la visión de las relaciones humanas desde la óptica de la satisfacción personal fácil e inmediata: ¿qué hay en ello para mí? repiten las películas que vienen de afuera, presuponiendo un "qué hay" que además exige satisfacción directa e inmediata. Aquello de sentir satisfacción por el deber cumplido, por haber podido hacer feliz a otro ser humano, por haber dado algo que no nos sobraba, cosas todas que también implican un enorme grado de satisfacción personal para aquellos que han sido formados en esa base, han sido sustituidas por un concepto de placer, absolutamente desvinculado de valor alguno, de categoría ética alguna; es un placer, yo diría que primitivo, fácil, que no exige elaboración; un placer simple, inculto, en su sentido literal. Por eso, creo, es que nos están ganando esta batalla. A los portadores de esta nueva visión del mundo, les basta con apelar a lo más primitivo de la gente, para generarles satisfacción. Es como una vuelta atrás en la evolución. Y quede claro, que todo esto no es en vano, que no es casual. Los fenómenos resultantes inmediatos: no pensar, no actuar, son funcionales al statu quo. La actitud imperante, pasa por la desinformación (informarse no produce placer inmediato) y la abulia a la hora de hacer (para hacer y que eso de placer, hay que saber hacer, aunque sea un poquito y eso cuesta trabajo, que no produce placer). Me recuerda un poco el volleyball. Es un juego en el que para poder empezar a disfrutar, es necesario un proceso previo de aprendizaje, que puede llevar meses de frustrantes imprecisiones, dependiendo de las características del que aprende. El resultado es que casi nadie juega al volleyball y que los que juegan son enormemente entusiastas al respecto, porque han recorrido el camino que los lleva a disfrutar intensamente de ese deporte. Pero es muy difícil inducir a un joven de hoy a transitar ese camino. Para qué, si hay otros placeres mucho más inmediatos, menos trabajosos. Parece sin embargo, que estos placeres, no son muy intensos, ya que la búsqueda de placeres distintos, nuevos, es también una constante. Es probable que este sea uno de los caminos que llevan a las adicciones, como forma de la cacería de placeres fáciles. Y este es precisamente el sentido del esfuerzo porque la gente y en particular los jóvenes, participen del quehacer del país. Tratar de encontrar la forma de que nuestros hijos transiten el esfuerzo de hacer más compleja su búsqueda de placer, bajo la convicción de que estos placeres más elaborados, serán a la larga más satisfactorios y permanentes. Aquí pretendemos que encuentren placer en el quehacer colectivo, en el premio para el equipo, en la identidad y sentido de pertenencia a grupos de actividad creativa, positiva y de espectro múltiple, evitando las visiones maniqueas de la realidad (hago esta aclaración porque también sé que se puede tener sentido de pertenencia cuando el mundo se divide en "faloperos" y "caretas"). No dejamos de preguntarnos, a cada paso, si tenemos razón en esta postura ante las cosas. Parece fácil subir al podio y dictar: "nuestra visión del mundo es la correcta". Pero también es posible que haya quien se pregunte si la vieja actitud de "primero el deber y después el placer", o el poner el tesón y la consecuencia, como valores básicos a cultivar, no son sino cosas aprendidas por nuestra generación, junto con la leche materna y que por tanto a esta altura no es ya una forma de pensar, sino una forma de sentir. Y tal vez haya quien piense que es una forma un poco masoquista de hacerlo. Esos largos trayectos de insatisfacción, que buscan el instante de placer al llegar a la meta, pueden ser muy bien, puestos en tela de juicio como alternativa de vida. En fin, no nos creemos dueños de verdad alguna y estamos convencidos de que estas opiniones aquí vertidas, poco van a incidir en la marcha del mundo. No obstante la forma de vida que hemos elegido es transformar la realidad en beneficio del futuro, así que en síntesis, seguiremos dando la pelea. Creemos que no podemos quedarnos de brazos cruzados, viendo como nos matrizan las cabezas y las emociones de nuestros hijos. Y creemos, que para ser coherentes, es un trabajo que debe atender no sólo a los hijos de cada uno, que también, sino al conjunto de los jóvenes, porque de nada sirve "salvar" a mi hijo, si este después deberá relacionarse con un mundo que porta y practica valores tan distintos. Pero lo que sí me queda claro, es que toda la propuesta política de la democracia participativa, la idea de que podemos lidiar con la tentación de la corrupción, en base al control popular, a la disgregación del poder de decisión en las bases de la sociedad, es una propuesta vana si no contamos con un proceso educativo que combata fehacientemente este estado de cosas. Los jóvenes que mañana estarían llamados a ser los actores de la democracia popular, no quieren saber nada de complicaciones de ese tipo. LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |