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La prensa europea y las medidas contra la emigración

“La inmigración se debate porque Europa está preocupada por las repercusiones sociales que están provocando las masivas entradas ilegales de ciudadanos extracomunitarios y las dificultades de integración en los valores propios de cada sociedad. Los movimientos de opinión en torno a la inmigración se han reflejado en los últimos resultados electorales de Holanda y Francia, pero son más fidedignas, si cabe, las orientaciones de los Gobiernos europeos en sus ámbitos internos y de los Quince en el comunitario, como quedó constancia en las conclusiones de las Cumbres de Tampere y Laeken “ Diario ABC- 9-06 -02

Italia

La nueva ley de inmigración italiana, pendiente de ratificación en el Senado, simplifica todos los trámites y controles, haciendo más sencilla la inmigración legal y persiguiendo con más medios la ilegal. La ley concederá permiso de residencia de dos años a todos los inmigrantes con un contrato legal de trabajo. Si lo prorrogan, pueden obtener un permiso de residencia definitivo al cabo de cinco años. Además, cada familia italiana puede legalizar a una empleada doméstica o personas que ayudan a ancianos. Las cuotas de inmigración las decide cada año el Gobierno según las solicitudes de cada región.

Al mismo tiempo, simplifica la expulsión con reenvío al país de origen y penaliza con cárcel la entrada ilegal después de haber sido expulsado. El sistema pretende desarticular las mafias de tráfico de inmigrantes

Portugal

El Consejo de Ministros portugués aprobó el pasado jueves un anteproyecto de ley que impide la entrada de ilegales mientras se garantiza la integración social de los regularizados.La ley entrará en vigor este año y atribuye a los municipios la función de establecer el número de inmigrantes necesarios en la zona, según la demanda de mano de obra y la capacidad de respuesta a sus necesidades sociales. Los inmigrantes que no consigan demostrar que poseen un contrato de trabajo anterior a noviembre de 2001 (fecha de la última regularización extraordinaria) recibirán en breve una notificación de expulsión. Para luchar contra el tráfico de clandestinos y los explotadores de mano de obra ilegal, las sanciones se «agravan significativamente».

 

Alemania y Austria

Después de 40 años de fuerte inmigración y con más de 7 millones de extranjeros oficialmente residentes, Alemania aprobó por fin hace tres meses su primera ley de inmigración. La nueva normativa ha sido polémica en el contexto de un país cuya economía necesita emigrantes, pero cuya población no quiere más extranjeros. La ley establece cupos de mano de obra inmigrante, por primera vez desde los años 70, cuando el paro hizo interrumpir la importación de trabajadores turcos; en su espíritu busca rescatar una economía estancada proporcionando un marco legal para la incorporación de decenas de miles de trabajadores cualificados en determinadas áreas industriales y tecnológicas. Al mismo tiempo, pretende mejorar y regular el estatus de inmigrante y especialmente de asilado, proporcionándoles visados y documentación legal. La agilización de trámites y promoción de la integración social y lingüística de las personas forma parte de un enfoque más buscadamente humanitario y un intento de sacar a decenas de miles de extranjeros de un aislamiento que contrasta con largos períodos de residencia.

A la preocupación austríaca -con un porcentaje de inmigración que alcanza el 10 por ciento de la población total y con el hecho de poseer la mayor frontera extracomunitaria de la UE y ser muy permeable a la infiltración de otras lenguas y culturas- se une la circunstancia única de tener a un partido anti-inmigración sentado en la coalición de gobierno.

La coalición cree que Austria tiene ya dentro prácticamente toda la inmigración que puede absorber y establecerá cuotas para extranjeros con determinadas cualificaciones profesionales. En tanto, ha reforzado la lucha contra la inmigración ilegal en su frontera. Al mismo tiempo, el Gobierno busca preservar de algún modo la cultura y la lengua, por lo que en breve elaborará una ley por la que los inmigrantes deberán atender clases de ciudadanía, cultura y lengua, con restricciones de atenciones sociales y derechos, incluido el de residencia, si no cooperan.

Bélgica y Holanda

La ley de extranjería aprobada en diciembre de 1999 ha cambiado sustancialmente la caótica situación de la inmigración y el asilo en Bélgica. Por una parte, se abrió un proceso de regularización de inmigrantes sin papeles, del que se beneficiaron las personas que residían en el país desde antes del 1 de octubre de 1999, carecían de antecedentes delictivos y llevaban esperando tres años la resolución de su petición de asilo, siempre que esta última estuviera motivada, o bien demostraran que llevaban más de seis años residiendo en Bélgica. Al mismo tiempo, se endureció el proceso de expulsión de clandestinos, que son recluidos en un centro cuando se niega su petición de asilo.

En Holanda, la inmigración ilegal y la criminalidad fueron el caballo de batalla que propulsó al líder populista Pim Fortuyn, asesinado el pasado 8 de mayo a una semana de las elecciones. Su partido negocia en la actualidad la entrada en un Gobierno de coalición con democristianos y liberales.

Entre tanto, las autoridades holandesas han endurecido las acciones contra los clandestinos e intentan cerrar el coladero que durante muchos años fue el procedimiento de asilo político. El 22 de mayo, el Servicio de Inmigración y Naturalización fletó un vuelo chárter con 53 inmigrantes ilegales a bordo con destino a Bulgaria y Rumanía. Se trata del noveno vuelo de estas características en lo que va de año, una medida impulsada en febrero por el Gobierno anterior de centro izquierda, que decidió organizar estos vuelos con una frecuencia de dos al mes.

Suecia y Finlandia

Suecia, paraíso de la inmigración y con una población que cuenta con el mayor número de extranjeros del mundo, presenta hoy dos caras en su política de inmigración. El Gobierno socialdemócrata de Göran Persson maneja este tema tan hábilmente como las cuestiones relacionadas con la Neutralidad o la Moneda Única. Así, mientras se critican las reformas a la inmigración adoptadas por países como Dinamarca o Gran Bretaña, el primer ministro propugna una «minipolítica de corte sueco» (que presentará en Sevilla) cuya estrategia es cerrar sus fronteras a la inmigración y obligar a las naciones con bajos índices de asilados a acoger mayor número.

Por otro lado, la resaca producida por la aparición de partidos de extrema derecha en las naciones hermanas nórdicas no ha gustado al Ejecutivo, que ya ha tomado serias medidas para dificultar el constante flujo de solicitantes de asilo. Se han endurecido las anteriores leyes de Extranjería y se han proclamado otras que posibilitan la inmediata puesta en la frontera de ilegales, criminales, «sospechosos» y de todos aquellos que no solicitaron el asilo «desde fuera».

Finlandia, muy a la «chita callando», ha mantenido una política de Extranjería férrea que poco tiene que envidiar a la danesa. No acoge a ningún expatriado «sin papeles» o sin «un pasado comprobable». Si algún extranjero comete un crimen, por pequeño que sea, se le pone «ipso facto» en la frontera o en la cárcel.

Dinamarca y Noruega

Dinamarca asombró al mundo recientemente al enmendar su anterior Ley de Extranjería. Esa legislación, calificada como el «nuevo telón de acero de Europa», constituye un instrumento para reducir la inmigración radicalmente: todos los solicitantes de asilo tendrán que esperar 7 años antes de conseguir el permiso de residencia. No recibirán en ningún caso el permiso de residencia si no dominan la lengua danesa, conocen bien la sociedad y tradiciones nórdicas y no han sido capaces de integrarse en aquellas. También se prohiben los matrimonios entre danés y extranjero si ambas partes son menores de 27 años y que los inmigrantes traigan a Dinamarca a sus familias. De ser así, el Estado exigirá una 50.000 coronas por cada familiar expatriado. La nueva legislación entrará en vigor el 1 de julio.

En Noruega, el Gobierno conservador -influido por el partido del Progreso, que es el mayor del reino, y la presión popular- se las arregla de forma que el nivel de inmigración sea menor que el del año anterior. Sin haber dictado leyes rígidas de Extranjería, la concesión de asilo es pura lotería.

Gran Bretaña
En la política británica resulta a veces muy complicado separar la realidad de la ficción, de manera que aún no sabemos si los buques de guerra al servicio de Su Majestad se vendrán de veras al Mediterráneo para hacer un trabajo (interceptar barcos con inmigrantes clandestinos) que los países ribereños, desde el punto de vista de Londres, no son capaces de resolver de forma satisfactoria.

Por ahora, este plan de policía marina es sólo una idea cuya evaluación se ha solicitado al Ministerio de Defensa. Lo mismo sucede con el resto de las «medidas»: expulsión de refugiados cuya solicitud de asilo haya sido rechazada, con independencia de que recurran; creación de nuevos campos de concentración, o suspensión de las ayudas que reciben países que no hacen nada para frenar el fenómeno migratorio en su origen. Todo esto son planes, no disposiciones concretas. Por supuesto, es ésta la intención, pero los británicos prefieren dar la apariencia de ser los más decididos y efectivos en Europa.
Diario ABC- 9-06 -02

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