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¡Vamos Uruguay!
Quedamos fuera del mundial,
pero no nacimos para perder:

por el Doctor Carlos Moyano

Marchamos y estamos dolidos. Es un dolor sano, ese que es medio pariente de la rebeldía, del no entregarse, del no aflojar. No habría nada peor que aceptar la derrota sin lágrimas, sin apretar los puños, sin sentir que la humanidad se te viene encima.

Quedamos afuera del mundial de fútbol, luego de empatar con un fútbol emergente como el de Senegal. Pudimos ganarle a Dinamarca, a Francia, a los mismos africanos. Pero nos debimos contentar con dos empates, a pesar de que en tres partidos hicimos cuatro goles.

Seguramente vendrán los análisis, los reproches, la búsqueda de responsables, todas actitudes muy humanas, pero muchas veces poco constructivas.

En materia de fútbol, como en muchas cosas de nuestra vida individual y colectiva, hay que mirar un poco más lejos, sin dejar de marcar responsabilidades coyunturales y permanentes.

1) Lo primero de todo que hay que plantearse es que nuestro fútbol, como expresión colectiva de un deporte que parece haber sido inventado por los dioses para que los hombres jueguen, está sumamente estancado.

En el mundo todos jugamos con una pelota, once jugadores, tres jueces, dos arcos y el que gana es el que mete más veces la pelota en el arco contrario. Eso lo hacemos todos, pero no todos lo interpretamos y lo ejecutamos de la misma manera.

En Europa, en Africa y en Sudamérica, hay países que han hecho de la combinación de la velocidad y de la técnica, junto a una preparación física ideal, la mejor materia prima para que el fútbol sea eficiencia y arte.

En cambio nosotros, desde 1954, hemos perdido la técnica y jamás logramos esa velocidad que nunca tuvimos. Junto a esta deficiencia nuestro esquema de juego, influido por esas carencias sustanciales, es absolutamente anacrónico.

La explicación de un fútbol que no se desarrolla en toda la cancha, que no puede transitar el medio campo con tranquilidad y dinámica, que termina siempre en el pelotazo desde los defensores a los delanteros, hay que buscarla por el lado de esa carencia técnica (falta de fundamentos) y física, que nos lleva a estar siempre con la figura táctica fracturada, desequilibrados, regalados en el fondo cada vez que se intenta una propuesta ofensiva.

Esto lleva a que jugadores de primer nivel como Alvaro Recoba, nunca lleguen acompañados por medio campistas que por lo general son de marca, sin capacidad de sacarse a una marca de arriba, de hacer un desborde o de llegar con posibilidades de rematar al arco contrario.

2) En segundo lugar quedó demostrado que los jugadores que juegan (¿o viven?) en el exterior del país, están entre los mejores, pero que presentan la limitación de tener pocas horas de juego. Esta es una contradicción que en el futuro será imposible de sortear con facilidad, debido a que los jugadores seguirán emigrando muy jóvenes (demasiado) por razones estrictamente económicas, pero con muy pocas posibilidades de tener una permanente práctica de juego, debido a que en el exterior les cuesta ganarse de entrada la titularidad.

3) Otro de los temas es la estructura de poder de nuestro fútbol-negocio, donde el empresario Francisco Casal es, a la vez, lo bueno y lo malo de lo que ocurre. Casal le ha dado al fútbol uruguayo dinero, canchas nuevas, promoción y educación de los jugadores, pero al mismo tiempo ese exceso de poder lo ha hecho incursionar en áreas que no le corresponden, como es su excesiva influencia sobre la dirección técnica. Sabemos de que Casal influyó decididamente para recuperar el estado anímico de los jugadores después del partido con Dinamarca, superando con su accionar el peligro del colapso del grupo humano. Pero a la vez fue responsable de que Gustavo Méndez debutara como titular ante Dinamarca y que se demorara la inclusión de Diego Forlán, quien no pertenece a su grupo empresarial.

4) El otro punto crítico fue la actuación de Víctor Púa al frente de la dirección técnica. En las divisiones menores Púa ya había mostrado sus carencias como conductor de cancha, que reaparecieron en el momento de parar al equipo en la cancha, de realizar los cambios que siempre llegaron tarde. Pero fundamentalmente mostró una falta de personalidad total para encabezar, ante todo, a un equipo humano joven, mareado por sus éxitos económicos, donde primero se consulta al empresario y después al técnico. La inclusión de Méndez en el primer partido fue imperdonable. Lo mismo pasó con Forlán que tuvo que esperar cinco medios tiempo para pisar la gramilla de Corea.

5) Este mundial, que está para cualquiera y que en materia futbolística ha mostrado muy poco, ha dejado a un grupo de muchachos muy jóvenes, con un relativo futuro. Y decimos relativo porque nadie puede pensar que Darío Silva va a aprender a parar una pelota, que Recoba va a ganar en mejor estado físico y anímico, que Regeiro aprenda a pegarle con la derecha, que Marcelo Romero sepa sacarse a un hombre de arriba y desbordar. Puede ser que Gustavo Varela aprenda algo, fundamentalmente en como ejercitar sus neuronas, que Darío Rodríguez mejore en el trato de pelota, que Carini agarre experiencia, que Lembo se transforme en el gran capitán de la última zona, que Sorondo madure y se tranquilice, que Forlán tenga continuidad y así adquiera mejor fútbol.

Ya se habla de Hugo De León como técnico. Tiene personalidad, sabe tratar a los jugadores con firmeza y lealtad, maneja ideas de un fútbol moderno, pero habrá que ver quien puede más: si su personalidad o la fuerza de su socio, el empresario Paco Casal.

Pero lo más difícil será transformar a nuestro fútbol como empresa moderna, sin monopolio y sin caciquismos que son elementos contrarios a cualquier modo de gestión de tipo capitalista. Junto a ello deberá asumirse, de una vez por todas, que hay que ir a un fútbol de primer nivel con pocos equipos en primera división, a la vez que se crea una amplia red de organizaciones y asociaciones futbolísticas, que deben manejarse dentro de un profesionalismo austero y realista.

Nos duele. Perdimos. Nos da bronca. Somos un pueblo que siente, que está para más en todos los órdenes de la vida donde, en definitiva, se juega el bueno de los buenos, la verdadera final. ¡Vamos Uruguay! ¡Vamos, vamos, vamos! LA ONDA® DIGITAL


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