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Escraches, denuncia
pública e insultos

por Carlos Zapiola

El 12 de junio fue una jornada muy especial.

Es el día en el que los fieles de San Pancracio visitan el templo de la calle Inca en Montevideo, pidiendo por salud y trabajo, y en el cuál el Pit -Cnt resolvió realizar un paro general con una concentración final a dos cuadras de esa iglesia.

El apoyo al paro contra la política económica del gobierno de coalición fue significativamente grande en Montevideo.

En Las Piedras, mientras tanto, integrantes de la Radio Comunitaria 1811, una de esas hasta hace un tiempo perseguidas "radios piratas" pensaron en copar no ya el éter sino la calle, para expresar su descontento con la actuación del diputado forista Tabaré Hackenbruch, hijo del Intendente canario, con una concentración frente al domicilio de éste.

Al acto no le quisieron llamar escrache sino "denuncia pública", porque lo otro tiene algunas connotaciones sociales y políticas que no pueden asociarse al acto de un legislador en funciones, nos parezcan correctas o no sus decisiones parlamentarias.

Mas estamos escribiendo desde un país donde funciona la democracia representativa, y la directa se ejerce también mediante las urnas en plebiscitos debidamente reglamentados.

Legisladores y políticos básicamente colorados, aunque cabe mencionar también la presencia del diputado blanco electo por el lacallismo y hoy escindido de ese núcleo, Julio Lara, decidieron concentrarse también, pero en apoyo de su par.

Así se vio a Pablo Millor, Daniel García Pintos, Julio Sanguinetti (h), Washington Abdala, Norberto Sanguinetti, Oscar Magurno, Guzmán Acosta y Lara, Fernando Alvez y algunas figuras más aunque de menor destaque público, se ubicaron tras el vallado que a unos 200 metros de la casa de Hackenbruch había instalado la policía cerrando el paso a los manifestantes.

Quienes pretendían llegar hasta la casa del legislador no llegaron a reunir 200 personas, y la separación solamente por un vallado entre ambos grupos, pudo verse y oirse a través de la televisión que no fue cariñoso ni de epítetos muy académicos o aceptados sin molestia en ámbitos culturales.

Gente que protesta por la crisis pero que siente la ausencia de apoyos políticos y se hace llamar "Los Nuevos Caudillos", no pudo atravesar la calle frente a la casa del legislador que no les gusta. Parece poco creíble que sea el único.

O sea que es de esperar que hechos como este se repitan frente a otras residencias más adelante.

Y es a esto que nos queremos referir. Nadie los eligió para hacer "una denuncia pública", y probablemente nunca serán electos para regir los destinos del país.

Y no porque sean marginados sociales, que "rascan la olla en verdad", como dijo uno de los voceros al referirse a los que acompañaron a los "caudillos".

La convocatoria parece fuera de lugar. Fríamente pensado debió haber dos vallados para separar a ambos grupos, y al no existir esa distancia la reacción de los políticos "institucionales" tan cercana a los convocantes, debe ser adjetivada de la misma forma: fuera de lugar.

Hay juegos que no deben jugarse.

Hay instituciones y organismos que deben velar para que cosas como ésta no ocurran.

Recordamos con tristeza como el Dr. Batalla, luego de una definición política que puede ser muy criticada, comenzó a recibir insultos e injurias que lo llevaron a abandonar su barrio de siempre.

Si una excelente campaña publicitaria "lávese las manos", evitó la penetración del cólera al país, estando amenazado por todas partes, tratemos de pensar que en un país sin piqueteros, sin saqueos y sin violencia propiciada por ningún bando, no hay que abrirle la puerta a la misma.

No está prohibido pararse frente a la casa de un enemigo personal o político para manifestarle que no me gusta. Pero salvaguardar la tranquilidad de todos los ciudadanos es parte del sistema que nos dimos los uruguayos. No nos gusta la censura ni las prohibiciones, pero no se puede construir una casa en Plaza Independencia porque no tengo techo y la Constitución dice que tengo derecho a una vida decorosa.

Las zonas de exclusión que hubo que crear en derredor de los estadios de fútbol, no pueden llegar a los barrios de todas las ciudades uruguayas. No nos parecen ideales, porque todos tendrían derecho a hacer lo mismo frente a la casa de cualquiera, y la anarquía destrozaría el entramado social.

Es deber de todos reaccionar. Hacerlo ahora, en el momento en el que se vivió un episodio aislado.

"Caudillos" a casa, y a esperar el veredicto de las urnas. Legisladores y gobernantes a legislar y gobernar, recogiendo como experiencia lo que vivieron, que significa que no hay unanimidad en la calle y que la representación popular que poseen aquellos que fueron electos es a término, y renovable cada cinco años.

El no a la violencia, aún cuando ésta no haya pasado de algunos insultos, debe resonar muy fuerte en el espíritu de todos los que deseamos que la crisis se termine.

Todo tipo de violencia debe ser erradicado, pero mejor es prevenir que lamentar. Y muchos están dando pasos que alguna vez nos llevaron a un oscuro precipicio. Pensemos ahora, que aún hay tiempo para hacerlo. LA ONDA® DIGITAL


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