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Embrión es vida y no
importa la religión

por Carlos Zapiola

Decir que una célula humana es vida pero no un ser humano, es una muy fácil forma de escapar al centro de la discusión. 

Si de lo que se habla es de cuando un feto o un embrión puede ser considerado ser humano, podemos poner la fecha que queramos y más nos guste. 

En el momento de la concepción, en la semana siguiente, a los catorce días, a los dieciséis, al nacer. 

Pero que se descarten embriones a gusto y placer de los investigadores, que se vendan los mismos para lograr la fertilización asistida, que se elijan "los mejores", es toda una discusión que va mucho más allá de creencias religiosas o posturas morales. 

Creemos que la discusión pública es necesaria, que todas las campanas merecen ser escuchadas, pero nunca nos apartaremos de la lucha por la Vida, y no aceptaremos jamás pasivamente que se diga que un embrión no es vida, y si hay vida humana a partir de él, hay ser humano desde ese momento. 

El de la concepción

Pero para que no se diga que nos estamos salteando temas, también diremos que quienes defienden el derecho de la mujer a disponer de su propio cuerpo, y por tanto de abortar si no quieren o no pueden ser madres  están contando de la misa la mitad. 

En defensa del ser humano en formación, de su vida, y también de sus derechos, que los tiene aunque aún no posea voz para defenderlos, es que nos oponemos a facilitar la desaparición de otros, por la razón que sea. 

Alguna vez podremos ver si seguimos por este camino, la búsqueda de la purificación no ya de una raza sino, globalizado como esté el planeta, de toda la humanidad. 

Y para finalizar, también nos pondremos siempre del lado de quienes hacen una denuncia penal contra una hija - de profesión Nurse -, con un yerno Anestesista que la dejaron en el mayor abandono hasta que ocurrió lo inevitable. 

Una muy alta y no descubierta diabetes, sumada a una profunda deshidratación y una no menor falta de alimentación, le terminó con la vida. 

Porque estamos con la Vida no dejaremos que este caso, que ha asombrado a la pequeña comunidad que es un par de cuadras del Cordón montevideano, quede impune. 

Llenarle la heladera y pagarle las cuentas no era mucho, pero ayudaba. El dejar de hacerlo, y no permitir siquiera la visita de los nietos a su abuela - y no entraremos aquí a averiguar si ésta se lo merecía o no - es un acto no propio de una sociedad civilizada. 

Es un acto propio de los tiempos que estamos viviendo. LA ONDA® DIGITAL


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