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Embrión
es vida y no Decir
que una célula humana es vida pero no un ser humano, es una muy fácil
forma de escapar al centro de la discusión. Si
de lo que se habla es de cuando un feto o un embrión puede ser
considerado ser humano, podemos poner la fecha que queramos y más
nos guste. En el momento de la
concepción, en la semana siguiente, a los catorce días, a los
dieciséis, al nacer. Pero
que se descarten embriones a gusto y placer de los investigadores,
que se vendan los mismos para lograr la fertilización asistida,
que se elijan "los mejores", es toda una discusión que
va mucho más allá de creencias religiosas o posturas morales. Creemos
que la discusión pública es necesaria, que todas las campanas
merecen ser escuchadas, pero nunca nos apartaremos de la lucha por
la Vida, y no aceptaremos jamás pasivamente que se diga que un
embrión no es vida, y si hay vida humana a partir de él, hay ser
humano desde ese momento. El
de la concepción
Pero para que no se
diga que nos estamos salteando temas, también diremos que quienes
defienden el derecho de la mujer a disponer de su propio cuerpo, y
por tanto de abortar si no quieren o no pueden ser madres
están contando de la misa la mitad. En
defensa del ser humano en formación, de su vida, y también de
sus derechos, que los tiene aunque aún no posea voz para
defenderlos, es que nos oponemos a facilitar la desaparición de
otros, por la razón que sea. Alguna vez podremos
ver si seguimos por este camino, la búsqueda de la purificación
no ya de una raza sino, globalizado como esté el planeta, de toda
la humanidad. Y
para finalizar, también nos pondremos siempre del lado de quienes
hacen una denuncia penal contra una hija - de profesión Nurse -,
con un yerno Anestesista que la dejaron en el mayor abandono hasta
que ocurrió lo inevitable. Una muy alta y no
descubierta diabetes, sumada a una profunda deshidratación y una
no menor falta de alimentación, le terminó con la vida. Porque
estamos con la Vida no dejaremos que este caso, que ha asombrado a
la pequeña comunidad que es un par de cuadras del Cordón
montevideano, quede impune. Llenarle
la heladera y pagarle las cuentas no era mucho, pero ayudaba. El
dejar de hacerlo, y no permitir siquiera la visita de los nietos a
su abuela - y no entraremos aquí a averiguar si ésta se lo merecía
o no - es un acto no propio de una sociedad civilizada. Es un acto propio de los tiempos que estamos viviendo. LA ONDA® DIGITAL |
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