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Los Estados Unidos y la política
exterior de Rambo

Luiz Alberto de Vianna Moniz Bandeira (*)
Doctor en Ciencia Política

Henry Kissinger, a pesar de todas las acusaciones que se le puedan hacer por causa de su respaldo al golpe militar en Chile, realizó, durante su gestión como secretario de Estado, importantes hechos, tales como el fin de la guerra en Vietnam, el reconocimiento de China por los Estados Unidos, el Tratado ABM y el acuerdo con la URSS en torno a Berlín, lo que permitió el relacionamiento entre los dos Estados en que Alemania, hasta entonces, se dividía y despejó de nubes la Guerra Fría.  Con ese sentido de Realpolitik, en su última obra - Does America need a Foreign Policy? (Simon & Shuster, 2001) - el advirtió que, no importa como los propios norteamericanos perciban sus objetivos, "una explícita insistencia en la predominancia unirá gradualmente al mundo en contra de los Estados Unidos y los forzará a imposiciones que eventualmente los dejarán aislados y agotados". 

El presidente George W. Bush, con un año y medio de gobierno, está realizando ese maravilloso emprendimiento, o sea, incompatibilizar los Estados Unidos con todo el resto del mundo, lo que ni siquiera consiguió toda la propagando comunista centrada en el "imperialismo yanqui" a lo largo de más de 40 años de Guerra Fría.  La exigencia de Washington de que las tropas norteamericanas y el resto de las fuerzas de paz no sean sometidas a la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, entrando en discrepancia con los demás miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, tiende a agravar cada vez más las divergencias con la Unión Europea, cuyas relaciones con los Estados Unidos ya fueron alteradas por la denuncia del Tratado ABM, el rechazo al Acuerdo de Kyoto y el aumento de las tarifas del acero. 

El clima de solidaridad creado luego de los atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001 ya se desvaneció. La guerra contra el terrorismo, concentrada en fuertes bombardeos de Afganistán, matando civiles y destruyendo el medio ambiente, no alcanzó el objetivo de liquidar a Osama Bin Laden y al movimiento Al Qaeda. Tanto Jordania y Egipto como Arabia Saudita, aliados de los Estados Unidos, cuestionaron la propuesta de Bush para la creación de un Estado palestino provisorio y se oponen a la ocupación de los territorios palestinos por Israel como represalia a los nuevos ataques suicidas. Ni el rey Abdullah, de Jordania, ni el presidente Hosni Mubarak de Egipto, ni el príncipe Abdala de Arabia Saudita, todos aliados de Estados Unidos, concuerda con la condición impuesta por Bush (como ventrílocuo de Ariel Sharon) para la creación de un Estado palestino, o sea, con el alejamiento de Yasser Arafat, pues entienden que corresponde a los palestinos escoger su propio lider. 

La actitud de Bush fortaleció aún más a Yasser Arafat, quien enfermo y cercado en Ramalah, gana cada vez más estatura a los ojos de la masa árabe, porque se lo ve como víctima de los norteamericanos e israelíes, según informe de Tel Aviv el periodista Nahum Sirotsky, observando que el hecho de que Israel se este preparando para evitar ataques sorpresa como le sucedió en 1973, solo puede ser entendido como incredulidad en la posibilidad de paz, de manera que, sin una solución política, la confrontación decisiva entre israelíes y árabes se vuelve una cuestión de tiempo y los arsenales existentes garantizan que habrá una tragedia de inmensas proporciones, en la que todos perderán. Ese es el temor de la Unión Europea, pues existe la posibilidad de que Saddam Hussein ya posea un arma de destrucción masiva que no se anima a usar, pero podrá hacerlo contra Israel, si fuese atacado por los Estados Unidos. 

La posición de los Estados Unidos en América Latina no es muy diferente de la que se observa en el resto del mundo.  The Washington Post y The New York Times recientemente se refirieron al desgaste al que está sometiendo la administración de George W. Bush a los Estados Unidos en la región. En tal sentido, la declaración del presidente Fernando Henrique Cardoso al periodista y escritor mejicano Héctor Aguilar Caminde fue bien sintomática, según la cual George W. Bush "nada sabe de América Latina", al contar que, cuando le pidió reiteradas veces que ayudara a la Argentina él simplemente "demostró una actitud completamente hand soff (se lavó las manos)" y "después vino con el asunto del terrorismo y ahí paró todo completamente". También el presidente de Argentina, Eduardo Duhalde dijo algo parecido. 

Los Estados Unidos necesitan, con seguridad, una política exterior de acuerdo con la cuestión sostenida por Kissinger. Pero, de acuerdo a una exposición del académico norteamericano Lars Schoultz  en National Security y U.S. policy toward Latin America (Princeton University Press, 1987), "ninguna nación que aspire a liderar Occidente puede permitirse una imagen de vecino matón, de una nación ruda, que resuelve los problemas por la fuerza.  Rambo es cine, no una política exterior".  Infelizmente, George W. Bush no piensa así.  El se imagina el propio Rambo en lucha contra el eje del mal.

* Luiz Alberto de Vianna Moniz Bandeira, graduado en Ciencias Jurídicas, con doctorado  en Ciencia Política por la Universidad de Sao Paulo, es Profesor Titular (Catedrático) de Historia de la Política Exterior de Brasil, en la Universidad de Brasilia (jubilado) .

Moniz Bandeira ha recibido muchos scholarship grants, tales como el post-doctoral fellowship del Social Science Research Council e do Joint Committee on Latin American Studies of the American Council of Learned Societies, New York, para conducir en los Estados Unidos y en Europa la investigación sobre el rol  de Brasil en la Cuenca del Plata (1977-1978).

También fue invitado para dar conferencias en Estados Unidos, Inglaterra, Escocia, Italia, França, Holanda, Alemania, Suecia, Luxemburgo, Uruguay, Argentina, Cuba, Brasil. 

Profesor Visitante en la Universidad de Heidelberg, donde ha trabajado como Investigador Asociado en el Proyecto Cooperación y Conflict en la Cuenca del Plata, dirigido por el  Professor Dieter Nohlen en el Instituto de Ciencia Política (1980-1982); fue también  Profesor Visitante en el Instituto de América Latina en la Universidad de Stockholm (1989); e en el Departamento de Historia de América Latina, en la Universidad de Colonia, en la Alemania (1994). 

Después de ser Director-Superintendente del Instituto Estadual de Comunicación y de la Radio Roquette Pinto, del Gobierno de Rio de Janeiro (1983-1987), Moniz Bandeira, en 1987, se ha mudado para Brasilia para ejercer la cátedra de Historia de la  Política Exterior de Brasil en la Universidad de Brasilia. 

Luiz Alberto de Vianna Moniz Bandeira fue Su-Secretario del Gobierno de Río de Janeiro, como representante en Brasilia (1991-1994), y Attaché Cultural en el Consulado de Brasil en Frankfurt (1996-2002).

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