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Mirada
apasionada sobre Corea-Japón 2002 Terminó
el Mundial de Fútbol de Corea-Japón. Brasil fue lógico campeón
- penta dicen al norte del río Yaguarón y tienen derecho -.
Uruguay estuvo presente después de doce años, regreso rápido,
no pasó de la primera ronda, previsible. El país lo vió por
televisión en horas de antípodas, mal dormir y peor vigilia. Los
3 millones de directores técnicos que acredita el Uruguay sacaron
sus conclusiones. Uno
de ellos, suscritor de esta nota, nunca jugó fútbol, pero ha
sido apasionado del balompié‚ toda la vida. Su
número perfecto de 22 protagonistas para la coreografía y
acrobacia atléticas en espacios abiertos; las ideales dimensiones
de estadios y canchas; el talento, destreza, a veces magia y genio
de algún agonista y el sugestivo imprevisto del azar, esquivo con
el mejor, certero con el torpe, confiriendo mayor pathos al
resultado injusto, lo hacen el más bello de los deportes y fiesta
del aficionado. En
Corea-Japón hubo fiesta, pero sólo en la maravilla de canchas y
estadios multimillonarios en dólares y en el
colorido enfervorizado de las tribunas, en particular de
Corea del Sur vistiendo de rojo el aliento al equipo de sus
amores. Y también de brincos alborozados, los triunfos. El resto
fue tristeza y mediocridad de juego y pocos momentos de emoción y
belleza deportiva.
Los
negocios del señor Blatther La
FIFA, con sus torneos y certámenes alrededor del mundo, es un
enorme poder financiero de muchos miles de millones de dólares,
se sabe. El
par deporte-negocios se desequilibra cada vez más hacia el factor
dinero, muy conocido. Pero, los negocios del señor Blatther,
dirigente máximo de la institución, llegaron en Corea-Japón
2002, a develarse con una impudicia de voracidad económica y
arrogancia de poder, pocas veces vista. Lamparones
de la FIFA Aparte
de la elección, sin duda justiciera, de los exóticos escenarios
de Corea y Japón, en el mundial aparecieron elementos chirriantes
que explican en gran medida la pobreza del certamen y despiertan
la suspicacia, licita, del más inocente de los aficionados. En
principio, conspira el propio calendario de partidos de la FIFA en
la temporada 2001-2002, casi pegados al inicio del mundial, y en
particular en Europa ( ligas nacionales, torneos UEFA,
eliminatorias del mundial ) donde se dan cita los grandes
jugadores del mundo, en realidad los mejores de la casi totalidad
de los 32 equipos del mundial. Calendario reflejo de la codicia
dolarizada extendida a todo lo ancho del mundo en derechos de
televisión y ampliada, a los efectos del mundial, en desaforada
merchandise de todo tipo y objetos imaginables, y otros etcéteras
económicas. Entonces,
el negocio es el negocio, aunque implique descuido insensible y
criminal de la mano de obra calificada del fútbol, el jugador,
que da de comer a toda la FIFA. Ni hablar en Corea-Japón 2002 del
famoso fair play o defensa del habilidoso, tan pregonada y nunca
cumplida, simplemente señalar que los jugadores, en particular
aquellos de las ligas europeas, llegaron "muertos" de
fatiga física y estrés mental. Sin dudas, esa fue causa decisiva
para la pobreza del certamen. Sin
magia, con lesiones
Así,
se perdió buena parte de la magia y de la fiesta de los Zidane,
Figo, Owen, Verón, Totti, Mostovoi, Hassan Sukur, Kanu, Berkham,
etc. Incluso los decisivos Ronaldo o Rivaldo jugaron con medio físico
y cuarto de magia. Dio pena ver a todos ellos no jugar, hacerlo
infiltrados, deambular por la cancha, correr a bajas revoluciones,
viniendo de una lesión, yendo hacia otra en una mera práctica,
calistenia o ejercicio de calentamiento. En
segundo término, conspira, acaso en más de un sentido, la
supuesta "democratización" del señor Blatther en la
elección de árbitros y líneas con la designación de
representantes de insólitos países que de fútbol apenas
transitan el A del alfabeto. Y vinieron los errores de sana
incompetencia o no, la sospecha es más que licita. Cierto, en
todo mundial de fútbol hay penales mal cobrados y goles peor
anulados de evidente injusticia deportiva, como también sospechas
de fictures m s o menos acomodados pese al neutral sorteo.
Pero,
lo ocurrido en materia de arbitrajes en Corea-Japón, rebasa toda
historia anterior. Sí, las casualidades existen, incluso
digitadas, cuando son demasiadas. Y no hay incompetencia
profesional o golpe de dados que las explique. Entonces, se piensa
en brujas, que las hay, incluso contratadas. Difícil de probar, fácil
y útil de sospechar. Goles
no, penales si
No
es moco de pavo anular 5 goles en 3 partidos a Italia para tirarla
al out-ball del campeonato, aunque fue la mezquindad especulativa
de su técnico Trappatoni, quien la eliminó. Estafar con 2 goles
mal invalidados en partido decisivo a España, que marchaba bien
hacia el trofeo con Camacho de entrenador ( otro mezquino ).
Favorecer a Brasil, Alemania, Corea, perjudicar a Estados Unidos,
Portugal, Bélgica, Turquía, etc, con falsos penales a favor, en
contra, no cobrados o goles lisitos sin validar. Equipos
ofensivos Entre
los 32 equipos de Corea-Japón, 6 de ellos, Argentina, Francia,
Turquía, Corea, Estados Unidos y Senegal, fueron siempre
ofensivos, salieron a ganar desde el primer minuto de cada
partido. No tuvieron suerte, no llegaron a la final. Argentina y
el último campeón, Francia, ambos grandes favoritos, fueron la
extrema decepción. Argentina no jugó mal, quedó fuera en la
primera ronda a ley de juego, con Bielsa, un técnico ganador y
capaz demasiado tozudo con su sistema, probó todas las variantes
posibles de lo mismo, no cambia la estrategia ni tuvo fortuna.
Francia, con muchas estrellas, los tres mejores goleadores de
ligas europeas, no convirtió ni un gol y demostró que sin Zidane
o con él a medias, no es un equipo y quedó en la primera ronda. Turquía
salió tercera, no fue sorpresa si se piensa que su club
Galatasaray se entrevera muy bien en la más alta competencia de
la UEFA, mostró un fútbol rápido de alto nivel. Corea tuvo la
arrolladora adhesión de su público, el impresionante despliegue
de velocidad y derroche físico de un equipo humilde, capaz de
arrasar con todo, y
las buenas enseñanzas holandesas de Hiddink, un gran técnico,
llegaron al 4§ puesto con ayuda referil innecesaria. El debutante
Senegal, lo mejor de Africa con el fracaso de sus afamados Nigeria
y Camerún semi-ofensivos, de fútbol veloz y ataque de belleza y
síntesis, alentó la esperanza de todos con el mejor gol del
campeonato, los fulgores deslumbrantes de Diouf y Fadiga, cumplió
de a ratos. Estados Unidos mostró un fútbol con buenos
progresos, buen fútbol, un técnico, Bruce Arena, acaso el de
mayor interés técnico-estratégico y dos jugadores revelación
Donaban y Beasley, quedó por ahí pero bien.
Equipos
especulativos En
el resto de los equipos todo fue especulación. Aparte de la
generalidad de cansancio y lesión de los jugadores, hubo indecisión
entre atacar o defender ( México, Costa Rica ), desastre futbolístico
( Portugal ), conservadurismo idiota de mantener el golcito a
favor ( Paraguay de Maldini ), convencional disciplina colectiva (
Dinamarca y Suecia ). De los especulativos importaron tres
equipos: Inglaterra, Alemania y Brasil. Inglaterra
pintó para campeón ganándole bien a la Argentina, murió con
los ojos abiertos de impotencia e impavidez ante un Brasil con 10
hombres. Alemania llegó a gatas al mundial ( repechaje ), anduvo
a los tumbos, algún juez la ayuda, llegó a la final con su clásica
potencia física, el enorme oficio de mundiales, perdió bien el título
con un equipo joven casi sin estrellas. Brasil anduvo mal en las
eliminatorias, no convencía en la primera ronda, era candidato a
quedar afuera, por una defensa de manteca que lo obligó a
especular y un ataque, aunque siempre vertical al arco, jugando a
media m quina. Hasta que, contra Inglaterra y con 10 hombres,
el corajudo y notable técnico Scolari saca a su mejor jugador de
ese encuentro, Juninho, y pone a Kleberson, gran revelación en el
mundial, la manteca defensiva se hizo muralla y la verticalidad
atacante se adorna de la magia y talento de Ronaldinho, Ronaldo y
Rivaldo, siempre a media campana, pero suficiente para seguir
hasta el justo penta campeonato mundial. Uruguay
previsible Equipo
irónico y paradojal, Uruguay no pasó la primera ronda. Ya fue
todo un triunfo clasificar el último en el repechaje de las
eliminatorias después de 12 años de ausencia. Y en ese sentido,
por el bajo nivel habitual de su juego en el país, porque nunca
jugó a nada coherente de alguna forma, ni fue jamás un equipo,
salvo 11 individuales de ratos con brillo, talento y regularidad,
Uruguay cumplió en las eliminatorias y en la primera ronda. Era
lo previsible. Cierto, sus jugadores pusieron ganas siempre, sin
retaceos, a veces se olvidaron del individuo, jugaron a algo y
bien, con Brasil, Australia, en parte en otros partidos
eliminatorios que pudieron ganar, empatar, en lugar de perder. Eso
también pudo ocurrir en la primera ronda contra Francia, con un
hombre de más, contra Dinamarca con más cuidado atrás y con el
acicate de la avergüenza deportiva contra Senegal, en el segundo
tiempo llevando al equipo de la humillación a la esperanza de
gloria. Asustaron a los ponchazos a los senegales con un juego de
dientes apretados, que en otro partido hubiera terminado con
goleada en contra. La ironía y paradoja estuvo en que si el
Chengue Morales emboca el cabezazo final, no se sabe hasta donde
hubiera llegado Uruguay, la mediocridad del campeonato favorecía
su juego. Pero los "si" terminan presos y son la
desgracia del mundo.
Ahora están de moda las resonancias de la eliminación. Todo eso de un director técnico timorato, indeciso con los cambios necesarios de jugadores en tiempo, nombre y apellido, y no respetado, de rencillas entre jugadores y otras yerbas más o menos oscuras de comportamiento, conocidas de todos los mundiales, etc., incluyendo algún Paco. La realidad es que se trata de un plantel muy joven, al que el tiempo, pero sobre todo, un buen rapapolvo disciplinario, técnico-táctico y de humildad puede hacerlo funcionar en el futuro, acaso mundialista. LA ONDA® DIGITAL |
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