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Reproducción
asistida
El fracaso en establecer el ambiente que ayude a fortalecer el hábito de la discusión basada en datos de la realidad y en argumentos que tengan en cuenta el carácter ético fundante de la razón humana, se extiende a la imposibilidad de debatir seriamente las reformas de los subsistemas de educación y de salud nacionales, dos verdaderas catástrofes cuyas respectivas problemáticas no hacen más que agravarse año tras año. En mi opinión existen dos actores sociales que deben asumir, de una vez por todas, que tienen un rol importante a jugar en la solución importante en este tema. En primer lugar, los medios de comunicación, que debieran abandonar una pasividad consistente en recoger sin criterio propio cualquier opinión, por disparatada que sea; que debieran abandonar, asimismo, la lamentable costumbre de creer que el escándalo y los enfrentamientos inconducentes pueden substituir el auténtico debate. En segundo lugar, es hora de que los partidos políticos profundicen en el significado de la tarea legislativa y la comprendan como un acto de racionalidad, que debe alejarse del intento de ser una especie de promedio ecléctico de intereses corporativos, confesionales, indefectiblemente teñidos de intolerancia y dogmatismo. En el caso particular de las leyes sobre reproducción asistida y despenalización del aborto el mecanismo idóneo para lograr que la razón se fugue rápidamente a otra galaxia parece ser el siguiente: 1) la autoridad eclesiástica emite una opinión, por lo general argumentada con seriedad en el contexto de un presupuesto confesional; 2) una serie de personas, apasionadas por sus convicciones religiosas se dedican a ignorar que hace por lo menos dos siglos la reflexión ética ha abandonado los prejuicios de la metafísica y la religión para basarse en la racionalidad científica y tecnológica. 3) Si algún legislador dice o escribe seudoargumentos que nada tienen que ver con la cuestión, entonces uno puede percibir la emergencia de un oscurantismo que asusta. Durante muchos siglos España y Portugal fueron países donde la opinión de un obispo tenía un alcance digno de admiración; cuanto más ignorante fuese el emisor de la opinión, mejor. Hoy, esas sociedades han logrado emprender un rumbo de laicismo que para nada es ajeno a los avances que han logrado en materia de bienestar económico y social, en el montaje de sistemas de ciencia y tecnología avanzados y en aspectos de desarrollo cultural. Da la impresión de que el Uruguay se empeña en recorrer el camino inverso, para colmo de nuestros muchos otros males que tienen, por cierto, otro origen. La propuesta legislativa del senador Cid no es más que una adaptación de la legislación europea, en especial la española, sobre la práctica de una serie de adelantos científico-científico técnicos que tienden a resolver un problema concreto, cual es la esterilidad de la pareja humana, que en nuestro país siempre alcanzó niveles altos. Esta circunstancia desgraciada provoca un sufrimiento emocional muy importante en muchísimos matrimonios. En un 20 % de casos, la aplicación de técnicas de reproducción asistida permiten resolver el problema de manera muy satisfactoria y contribuyen, por lo tanto, a fortalecer la vida familiar. La alternativa de la adopción también contribuye a solucionar el problema, más allá de lo absurdo de los mecanismos instituidos y de los intereses espúreos que, al igual que en el caso del aborto, se han montado en torno a esta opción. La naturaleza carece, por otra parte, de intenciones y es un hecho perfectamente comprobado que la especie humana posee un altísimo porcentaje de fracaso reproductivo. Sin que intervenga ninguna causalidad humana más del 50% de los embriones que se forman naturalmente no se implantan en la mucosa uterina y son desechados, sin que nadie se percate. Entre los embriones abortados espontáneamente el 10% posee malformaciones de origen genético, lo que aunado a problemas fisiológicos del organismo materno explican el fracaso reproductivo, más allá de la voluntad de alguien que quiera atentar contra la familia, la vida o cualquier otra noción digna de valoración especial. LA ONDA® DIGITAL |
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