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IRP,
transitoriedad La
utilización extendida del Impuesto a las Retribuciones Personales
a lo largo de veinte años, y el abusivo aumento de sus tasas,
lejos de responder a “coyunturas
circunstanciales adversas derivadas de la situación externa” como
se insiste en justificar, obedece
sin duda alguna, a una expresa y consciente estrategia impulsada
por los encargados de la conducción económica del país,
avalada por los gobernantes de turno. Desde
su creación por la dictadura en 1992 – y a pesar de su
recurrente presentación como una contribución patriótica y
transitoria ante procesos de crisis - ha sido específicamente
utilizado en su doble función de: fuente de recursos para
desequilibrios fiscales, y como variable de recorte salarial y del
consumo interno, “responsables
de los procesos inflacionarios.” Tomando
el pasado gobierno del doctor Julio María Sanguinetti, por
ejemplo, tenemos que su ajuste fiscal de mayo de 1995, por el que
se elevaban a tres las franjas de contribuyentes al impuesto, y se
llevaban sus alícuotas hasta el 6%, fue presentado como la solución
al “déficit fiscal
heredado de la administración anterior” y para “ contrarrestar el efecto de la situación internacional, a partir de
la crisis mexicana.” Su
vigencia sería transitoria y el art. 29 de la Ley 16.697
encomendaba al Poder Ejecutivo que “cuando
la situación presupuestal lo permita, proponga prioritariamente
al Poder Legislativo la disminución de las tasas del IRP.” Se
establecía además, la obligación del Poder Ejecutivo de “informar a la Asamblea General acerca de los resultados obtenidos
antes del 31 de marzo de 1996.” Al
respecto, la Ley 17.736 de Presupuesto Nacional, en su art. 693
estableció la obligación del Poder Ejecutivo de incluir en el
Proyecto de Rendición de Cuentas del Ejercicio 1995, la información
correspondiente y,
“atendiendo a la situación presupuestal”, proponer
”las fechas posibles de
reducción del aumento de las tasas del IRP.” Esta
normativa sellaba el pacto alcanzado entre el Poder Ejecutivo y su
socio de la coalición, Manos a la Obra, que votó el impuesto “solamente como una herramienta transitoria”, conforme anunciaba
entonces su líder, el Dr. Alberto Volonté. Pero,
al tiempo que asumía
este compromiso de transitoriedad del IRP y en el mismo proyecto
presupuestal, el doctor Sanguinetti desnudaba su intención de
mantener el adicional creado por todo su período de gobierno,
fijando una idéntica recaudación prevista de u$s 259,12 millones
para cada año. Revisando
las disposiciones de la Ley 16.904, votada durante su administración,
encontramos además, que el doctor Sanguinetti ya preveía
una nueva distribución de las franjas del impuesto, que comprendía
una categoría para quienes percibieran más de 12 Salarios Mínimos
mensuales. Asimismo,
por el art.2 de esa ley, se desembarazó de la responsabilidad de “informar
a la Asamblea General acerca de los resultados obtenidos” y
quedó facultado para determinar por sí mismo la rebaja o supresión
de las alícuotas del impuesto. Al
final de su mandato, la recaudación total del IRP, había
superado ampliamente las previsiones y se ubicaba en u$s 350,1
para el año 1999, con una recaudación total de u$s 1.620,2 en el
quinquenio. Como
puede apreciarse, nunca estuvo en la intención del doctor
Sanguinetti y de su equipo económico, considerar la
transitoriedad del impuesto, a pesar de sus compromisos asumidos
en tal sentido. ¿Y
qué decir del actual gobierno del doctor
Batlle? En
noviembre de 1999, suscribe un Compromiso de Gobierno con el
Partido Nacional – su socio en la instancia del balotaje –
comprometiéndose a la “reducción
hasta la supresión definitiva de las sobretasas del IRP.” En
el curso de la campaña electoral, afirmó ante las cámaras de
televisión que “el
Uruguay no necesita de ningún ajuste fiscal”, y que “el
único que habla de ajuste fiscal es Vázquez.” Se
comprometió a rebajar y suprimir impuestos, y cuestionó
severamente la propuesta de Impuesto a la Renta del Encuentro
Progresista Frente Amplio, porque “representa
la LIQUIDACIÓN DE LA CLASE MEDIA URUGUAYA.” “Con este
impuesto, paga más el que tiene menos” y “lo pagarán 700.000
personas entre trabajadores, jubilados, profesionales, pequeños
ahorristas y pequeños empresarios. Uno de cada tres jubilados se
verá obligado a pagarlo.” Pero
mientras esto decía, su pensamiento volaba hacia otros
horizontes. Porque,
al igual que su antecesor, desnuda sus reales intenciones en la
instancia presupuestal, cuando fija una previsión de recaudación
para el I.R.P. – que supuestamente iba a eliminar – de u$s
441,45 millones para el año 2004, con un total de u$s 2.092,9
millones para todo el período, o sea un incremento de más del
30% respecto de la recaudación efectiva del gobierno del doctor
Sanguinetti. Y
es así que, en mayo pasado, descarga su mazazo impositivo sobre
trabajadores y jubilados, estableciendo nuevas franjas para el IRP,
y elevando sus tasas hasta el 20% para los ingresos superiores. Por
si alguna duda quedara de sus reales intenciones, su Ministro de
Economía nos anuncia ahora que esta realidad habrá de mantenerse
más allá del año 2003, expresamente fijado por ley como tope
para su vigencia. Al
igual que su antecesor, y en contradicción con su promocionado
discurso electoral, tampoco el doctor Batlle consideró la
posibilidad de “reducción
hasta la supresión de las sobretasas del I.R.P.” ¡Cuánta
distancia entre lo que se dice y lo que se hace! ¡Cuánto de
doble discurso! Más
que promociones de “cantar
la justa”, lo que la reclamada credibilidad política
requiere, son actitudes claras y respetuosas, de frente a la
ciudadanía. LA ONDA® DIGITAL |
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