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La crisis argentina y los
objetivos de los EE.UU.

por Dr. Luis Alberto Moniz Bandeira*

Es posible, según la hipótesis levantada por un académico norteamericano, que la abrupta retirada de apoyo a la Argentina por parte del gobierno de Washington, haya estado influenciada por la oposición de los EE.UU. al crecimiento de la economía brasileña y al propósito de Brasilia de participar de las negociaciones para la formación del ALCA en posición de fuerza, basada en el Mercosur. El debilitamiento de la Argentina representa una forma indirecta de retardar el crecimiento del Brasil. La percepción en el exterior es de que Brasil y China son los dos únicos grandes países que más resisten en la actualidad la hegemonía de los EE.UU. Y, actualmente en Washington, no hay ilusiones en cuanto al alejamiento cada vez mayor del Brasil, "discreto en la apariencia, peligroso en la tendencia", según la expresión usada por Oliveiros S. Ferreira, al analizar las tendencias del régimen militar, en 1967, al final del gobierno del Mariscal Humberto Castelo Branco (1).

Desde la caída del gobierno de Juan D. Perón en 1955, los EE.UU. trataron frecuentemente de instrumentalizar a la Argentina contra el Brasil, sobretodo durante el gobierno de la dupla Carlos Menen-Domingo Cavallo. Y una de las preocupaciones de los formuladores de la política hemisférica norteamericana es la de que la crisis en la Argentina venga a reforzar la tendencia para el proteccionismo, que puede no existir en el gobierno brasileño, pero avanza en la conciencia nacional, lo que dificulta las negociaciones para la creación del ALCA. Este es el principal nervio del conflicto entre los EE.UU. y el Brasil.

El ALCA, de acuerdo al embajador Samuel Pinheiro Guimarães, uno de los responsables por la negociación de los acuerdos de integración Brasil-Argentina en 1986/1987, varias veces denunció, constituye parte de la estrategia de mantenimiento de la hegemonía política y económica de los EE.UU., "que realizarían su designio histórico de incorporación subordinada de América Latina a su territorio económico y a su área de influencia político-militar" (2). "El ALCA conducirá a la desaparición del Mercosur", advirtió Samuel Pinheiro Guimarães (3). Y poco tiempo después, en un seminario realizado en la Asociación Brasileña de la Industria de Máquinas Equipamientos (ABIMAQ), afirmó que la decisión de Argentina de eliminar las barreras aduaneras para bienes de capital, ignorando el arancel externo común, le daba la oportunidad al Brasil de evaluar, por anticipado, los efectos del ALCA (4).

El gobierno brasileño sabía que la percepción del embajador Samuel Pinheiro Guimarães era correcta. Sin embargo, una vez que muchos países estuviesen ilusionados con el ALCA imaginando aumentar sus ventas a los EE.UU., prefirió otra táctica para que el Brasil no fuera acusado de sabotear las negociaciones. Juzgó mejor continuar las negociaciones y lanzar sobre los EE.UU. la culpa por el fracaso, ya que ellos no irían a atender las exigencias ni del Brasil ni de la Argentina ni de los demás países de América del Sur, como lo demostró el Trade Power Authority (TPA) aprobado por la Casa de los Representantes. Los EE.UU. nunca tuvieron realmente condiciones - ni la intención - de abolir las barreras proteccionistas ni arancelarias, sobretodo contra los productos agrícolas, debido a los enormes intereses económicos y políticos que éstas involucran internamente.

No sin razón, el presidente Fernando Henrique Cardoso declaró que, "si las condicionantes se tomaran al pie de la letra, significa que no habrá ALCA". Si, seguramente, no habrá ALCA. El Congreso norteamericano mantuvo los subsidios a la agricultura y la legislación antidumping que tanto afecta las ventas de productos manufacturados, entre los cuales los productos siderúrgicos, exportados por el Brasil y que ya fueran obstaculizados por el aumento de tarifas impuesto por el presidente George W. Bush. Los EE.UU., por lo tanto, no harán las concesiones esperadas ni el presidente Fernando Henrique Cardoso ni cualquiera que sea su sucesor aceptará negociar un área de libre comercio con los EE.UU. en términos que no sólo no atienden, sino que contrarían los intereses económicos, comerciales y estratégicos del Brasil. También por motivos similares el TPA no sólo no beneficia, sino que tiende a perjudicar a la Argentina, así como a los demás socios del Mercosur, el Paraguay y el Uruguay, que aún tenían ilusiones en el ALCA.

El objetivo de los EE.UU., con la formación del ALCA, es consolidar las medidas ultraliberales, forzar una apertura unilateral de las economías latinoamericanas, de modo de obtener más ventajas comerciales, mayores reducciones de barreras a sus exportaciones y a sus capitales, i.e., obtener concesiones GATT-plus. De esta manera podrá fomentar sus exportaciones en 30% e asegurar el crecimiento de su PBI a una tasa de 4 a 4,5% anual, como compensar el déficit comercial con otras regiones, a costa de los países latinoamericanos, induciéndolos gradualmente a adoptar el dólar como la única moneda en el hemisferio, cuya emisión y circulación estarán sobre su exclusivo control. Como consecuencia, el acceso privilegiado a los mercados de la región, mediante el establecimiento del ALCA, podrá compensar perjuicios derivados de la pérdida de competitividad de los productos norteamericanos, que en varios renglones, no están en condiciones de competir directamente con los exportados por la Unión Europea que suplantan a los EE.UU. en el comercio con los países del Mercosur, o por el Japón y la China.

El mayor interés de los EE.UU. para la formación del ALCA se concentra principalmente en el Mercosur, que tiene un PBI de u$s 1,0 trillones, equivalente a más de la mitad del PBI de toda la ALADI, de u$s 1,7 trillones en 1999 y representaba 10,3% del mercado de las Américas. Sin el Mercosur y, en especial, sin el Brasil, el ALCA representará un lucro relativamente pequeño de mercado para los EE.UU. El propio embajador Robert Zoelick, US Trade Representative, al declarar que uno de los objetivos de la administración del presidente George W. Bush era forjar el libre comercio con todas las naciones del hemisferio, a través del ALCA y de otros acuerdos que estaban siendo negociados, citó que "el Brasil, por ejemplo, tiene la mayor economía de América Latina y nuestro comercio refleja eso". Y adujo que el presidente George W. Bush destacó que "América está segura de dar la bienvenida al comercio con China, pero exportamos más para el Brasil".

De hecho, las exportaciones de productos norteamericanos para Brasil se triplicaron en los 90', saltando de u$s 5,0 billones en 1990 a u$s 15,3 billones en el 2000, valor equivalente a ¾ de las exportaciones destinadas a todos los demás países de América del Sur, incluyendo Guayana y Suriname, y tres veces mayores que las exportaciones a la Argentina, que pasaron de u$s 1,1 billones en 1990 a u$s 4,6 billones en 2000 (datos de la ALADI). Pero a lo largo de esos cinco años, de 1996 a 2000, el Brasil acumuló un total de cerca de u$s 18,6 billones de déficit en la balanza comercial con los EE.UU., con un promedio de u$s 3,7 billones al año, con un pico de u$s 6,3 billones en 1997, de acuerdo con los datos del Departamento de Comercio de los EE.UU. divulgados por la Embajada de Brasil en Washington. En el año 2000, el déficit de Brasil fue de u$s 1,5 billones y, la razón principal por la cual viene ocurriendo sucesivamente a lo largo de seis años, ha sido el aumento de las importaciones de productos norteamericanos por parte de Brasil sin un correspondiente aumento de las exportaciones de productos brasileños para los EE.UU.

Frente a esto, mientras que acumularon un saldo negativo en la balanza comercial con China del orden de los u$s 391 billones entre 1995 y 2001 (6 años), los EE.UU., en el mismo período, obtuvieron un superávit de u$s 22,2 billones con el Brasil, u$s 16,6 billones con la Argentina, u$s 4,5 billones con Paraguay y u$s 1,7 billones con Uruguay, o sea, un superávit de cerca de u$s 45,0 billones con todo el Mercosur, superávit este que aumentó a aproximadamente u$s 51,8 billones, sumado al de intercambio con Chile y Bolivia, sus asociados. Lo que los EE.UU. pretenden no es propiamente fomentar el comercio, sino ampliar su superávit a costas del Brasil y de los demás estados de América del Sur.

La implantación del ALCA solo tiende a agravar esa situación, pues para los EE.UU. su éxito económico implica la conquista de mayor acceso al mercado brasileño y las porciones de mercados latinoamericanos ocupadas por el Brasil, que destina 23% de sus exportaciones, sobretodo de manufactura, a los países de la ALADI. Y el texto del proyecto del Trade Power Authority es bastante restrictivo y demuestra que los EE.UU. no levantarán las barreras, ni la aplicación de cupos, sobretasas arancelarias, derechos antidumping, restricciones fito-sanitarias y otras medidas que afectan las exportaciones del Brasil, de la Argentina y otros países sudamericanos. Por el contrario, deberá aumentarlas, debido a las presiones de los sectores más ineficientes de la economía americana, de los sindicatos de obreros, así como de decisiones unilaterales del propio gobierno norteamericano o del Congreso norteamericano que, nuevamente, aprobó subsidios para la agricultura.

El principio subyacente de la política comercial de los EE.UU. , de acuerdo a Charlene Barshefsky, antecesora de Robert Zoellick como USTR, declaró, explícitamente, es "sustentar la prosperidad de los EE.UU., los empleos y riqueza de las compañías norteamericanas". No es, por lo tanto, propiciarle saldos positivos al Brasil ni a los demás países de América del Sur.

(1) Ferreira, Oliveiros S. - A crise da política externa - Autonomia ou subordinação?, Río de Janeiro, Revan, 2001, p.123 (2) Entrevista del embajador Samuel Pinheiro Guimarães a Valor Económico, 2.2.2001. (3) Ibid. El periodista Larry Rohter escribió algo similar: "But will Mercosur survive long enough to celebrate a 20th anniversary? The answer, trade analysis say, probably depends on the outcome of the American-led effort to create by 2005 a Free Trade Area of the Americas, which seems intended to swallow up Mercosur". Rohter, Larry - "South American Trade Bloc Called Mercosur Under Siege", in The New York Times, New York, 24.3.2001. (4) O Estado de São Paulo, 28.3.2001

* Luiz Alberto Moniz Bandeira es cientista político, profesor jubilado de la UnB y autor de Brasil-Estados Unidos no contexto da globalização

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