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Los peligros nucleares no radican
solamente en los armamentos

por Rubén Arvizu*

Creemos que con el fin de la llamada Guerra Fría ya hemos superado el status de ruleta rusa en que el mundo ha vivido en los últimos 50 años.

Que podemos dormir tranquilos, ya que las dos super potencias, los Estados Unidos y la ex-Unión Soviética han dejado de amenazarse con una total destrucción.

Buenos deseos pero muy lejanos de la realidad. Todavía existen los elementos para destruir a este bello planeta azul, no una sino varias veces. En varias de las nuevas repúblicas que han surgido después de la caída estrepitosa del comunismo soviético, se almacenan cientos y aun miles de ojivas nucleares, proyectiles, generadores nucleares, material radiactivo, etc. El terrible estado económico de varias de ellas, y aún de Rusia hacen que esos armamentos y materiales se deterioren y los accidentes pueden estar a la orden del día.

Además, con la amenaza que representa ahora el terrorismo internacional, parte de ese material nuclear está sujeto a caer en manos criminales. Decenas de películas se han filmado con ese tema y no dejamos de horrorizarnos ante esa inminente posibilidad.

La proliferación de armas nucleares no ha cesado. La India y Pakistán representan en este momento el mayor peligro de una hecatombe nuclear debido a un mal cálculo político. En pocas palabras, la pesadilla de una devastación nuclear sigue pendiendo sobre el mundo como la espada de Damocles.

Pero nuestras preocupaciones no se detienen ahí, hay que agregar otro peligro latente: las instalaciones de energía nuclear.

En la terrible catástrofe de Chernobyl el 26 de abril de 1986, errores humanos, equipo anticuado y las eternas burocracias causaron lo que es hasta ahora el mayor accidente de radiación nuclear en la historia del hombre. Cifras que empecinadamente no quieren ser reconocidas como oficiales, pero sí científicas, nos hablan de decenas de millones de habitantes de toda esa región y de Europa, que fueron expuestos a esos tremendos niveles de radiación que escaparon al explotar los reactores de la planta. Las consecuencias se seguirán registrando en estos años y los próximos decenios, ya que sin duda ocurrirán mutaciones así como el incremento del cáncer que desde hace años ocurre ya entre los desafortunados habitantes de esa región del planeta.

Esos peligros también están presentes en varios niveles en nuestro continente. En Estados Unidos ya se tuvo una experiencia escalofriante en la planta de Three Miles Island, Pensilvania. A pesar que durante mas de dos años ciudadanos conscientes habían advertido a las autoridades correspondientes que la unidad 2 del reactor sufría de graves fallas, sus voces fueron calladas con los comentarios de que esos grupos eran "personas escandalosas que estaban gritando sin razón FUEGO en un teatro repleto de público". Pero el 28 de marzo de 1979 estuvo a punto de ocurrir una verdadera pesadilla nuclear. Los administradores de la planta aseguraban que todo estaba bajo control, cuando ocurría todo lo contrario; el centro del reactor estaba casi desprotegido ante el escape del agua pesada enfriadora, el combustible se derramaba hacia el centro del reactor, los operadores de la sala de control no sabían que hacer y se estuvo a TREINTA MINUTOS de haber ocurrido un cataclísmico derretimiento como el de Chernobyl.

Mas recientemente, en Takaimura, Japón, el 30 de septiembre de 1999, unos trabajadores de esa planta nuclear mezclaron "por error" más de ocho veces la cantidad normal de uranio en un tanque de almacenamiento ocasionando una reacción en cadena que liberó niveles de radiación más de 15,000 veces lo considerado normal. Debido a ello, miles de residentes en áreas cercanas fueron obligados a permanecer a puerta cerrada y hasta la fecha se ha registrado un aumento de cáncer en la región. Este no ha sido el primer accidente de la planta, el 11 de marzo de 1987 un incendio seguido por una explosión ocasionó serias heridas a 37 trabajadores y el escape de radiación.

En la costa este se registra el mayor número de plantas nucleares en la Unión Americana, aunque también hay varias de buen tamaño en el oeste, como la de San Onofre, en California. Además de los posibles peligros de un accidente, existe el dolor de cabeza de qué hacer con los desechos nucleares. En estos días ha habido en Estados Unidos grandes protestas ante el hecho de que MILES de toneladas de plutonio enriquecido, el desecho de las plantas nucleares, será almacenado en unas enormes cavernas en Yucca, Nevada. Los defensores del proyecto "aseguran" (de nuevo ese ASEGURAR) que el material no causará problemas al menos por mil años. La logística de transportar ese mortal cargamento es enorme, ya que provendrá de casi toda la Unión Americana.

Es una bomba de tiempo -como la llaman científicos y organizaciones no gubernamentales- a la que también se agrega el peligro de accidentes en el transporte y posibles ataques terroristas. Es un asunto muy controversial que hará correr mucha tinta y horas de transmisión en los medios informativos. Pero, también en nuestros países latinoamericanos existen esos peligros. México cuenta con una planta nuclear en el estado de Veracruz, en Laguna Verde, la cual ha sido objeto de muchas críticas debido a malos manejos de seguridad y contaminaciones en los delicados ecosistemas de ese estado mexicano. Uruguay -en forma modesta- también participa en esta escalada de problemas. En la zona de Malvin Norte en Montevideo, hay un pequeño reactor destinado para fines científicos pero desde hace mucho tiempo se dice que no cuenta con la seguridad necesaria y se habla de la necesidad de que sea trasladado. El crecimiento urbano rodea el entorno del edificio donde lo instalaron. Ya no es un sitio aislado sino bullente de actividad humana y por lo mismo, bajo una terrible amenaza. ¿Está haciendo algo al respecto la Comisión para la Energía Nuclear? Es la autoridad para supervisar estos asuntos. En el año '90 y 91 se habló de instalar una central nuclear en la Ciudad de Paso de Los Toros, para la producción de electricidad, los habitantes de aquella ciudad y algunas organizaciones sociales hicieron varias manifestaciones en contra denunciando los peligros que ello traería para los habitantes. El gobierno de la época suspendió el plan. Pero la pregunta es: ¿ese plan ha sido abandonado por completo?

Estos temas - que desgraciadamente a algunos les parecen aburridos o no tan importantes como saber los altibajos de la bolsa de valores, deberían ser discutidos más abiertamente por la ciudadanía ya que, al final de cuentas, somos quienes pagaremos las consecuencias de planes hechos sobre las rodillas o intereses bastardos que se sobreponen a los derechos de los que vivimos ahora y de las generaciones futuras.

* Rubén Arvizu es Coordinador General para Latino América de la Nuclear Age Peace Foundation (Fundación Era de la Paz Nuclear) una ONG dedicada a promover iniciativas para eliminar la amenaza nuclear en nuestras vidas, por medio de leyes universales y preservar el legado de paz por medio del apoyo a la educación y el conocimiento.

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