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Decime que sí
La patria, uruguayos,
la vamos a encontrar

por Raúl Legnani

El país perdió sus sueños, los uruguayos perdimos nuestras alegrías, en pocas horas. Vimos en las pantallas de televisión a compatriotas pobres, asaltando a comerciantes pobres, reprimidos y custodiados por policías pobres.

Más tarde vimos al secretario Leonardo Costa del Presidencia de la República corriendo despavorido hacia la Cámara de Diputados, para retirar la ley de estabilidad del sistema financiero (extraño nombre cuando se cierran cuatro bancos) para que el Presidente la firmara, luego de mostrársela al embajador de los Estados Unidos.

Muchos después, el lunes en la mañana, los uruguayos amanecimos mirando al cielo, como las viejas tribu, para ver si desde el cielo bajaban los aviones con 1500 millones de dólares "donados" por el Tesoro de Estados Unidos.

Como trasfondo de estas imágenes, la certeza de que estábamos entregando la mayor construcción histórica de nuestro pueblo en materia bancaria, desde el momento que la nueva ley lanzaba al Banco República a competir, con una camisa de fuerza, contra los bancos extranjeros, esos mismos que durante años se llevaron de nuestros ahorros mucho más de lo que ahora nos "donan".

"La suerte ya está echada", como dijo Alfredo Zitarrosa alguna vez, quien también nos avisó con su voz de uruguayo que "un traidor puede con mil valientes". Y este es el caso: los uruguayos conformamos un pueblo de valientes, pero aquí hubo un política económica instaurada por un gobierno de coalición que fue errática, que mostró irresponsabilidades por doquier, pero que fundamentalmente apostó a destruir el aparato productivo nacional, mientras que en décadas el clientelismo político - sosten de los dos viejos partidos tradicionales- debilitó al Estado, exhibiéndolo como el responsable de todos los males.

Nos son horas de lamentos. Son momentos de serenidad, de no olvidar a las conductas de los responsables, pero también de reconstruir un sueño que deberá ser sobre nuevas bases. Un sueño, por cierto, que estará marcado por el dolor y el sufrimiento de hoy.

Hay que poner en marcha todas las energías humanas, para ya comenzar a trabajar dentro de la legalidad en un Banco República que a pesar de la camisa de fuerza que le han impuesto, pueda salir a competir que la salvaje banca extranjera.

Hay que poner en marcha el aparato productivo, con políticas que reactiven el mercado interno, en tanto se desata una agresiva política exterior para colocar nuestra producción.

Hay que crear un amplio movimiento solidario que permita aliviar el dolor de los más humildes, porque con una sociedad fracturada socialmente se es imposible comenzar a andar, pero también porque fundamentalmente no podemos perder la capacidad de ser solidarios, cuando hermanos nuestros se debaten entre el hambre y la miseria y miles de otros se aprestan a perder sustancialmente su calidad de vida.

Hay que encontrarle una rápida solución a los trabajadores bancarios desempleados, los nuevosa desempleados del Uruguay, a quienes desde el poder se les querrá transformar en culpables de todos los males, como aquel portero del Banco Central, que nunca supimos si existía, y que el Presidente tomó como imagen de las injusticias del Estado, sin hacerse la necesaria autocrítica de la responsabilidad de su colectividad política en lo que tiene que ver con el acomodo y el trabajo fácil.

Hay que volver a creer, buscando soluciones para los miles de ahorristas, la gran mayoría de ellos estafados luego de que por muchas décadas construyeron el futuro hoy perdido para sus familias, sin desconocer, claro está, que también hubo un sector especulador que vivió la orgía del atraso cambiario, al grado que hoy conoce más islas del Caribe, que barrios de Montevideo.

Hay que sentir - será fácil- que otra vez vuelve a latir la patria artiguista que es democrática, pacífica, digna y solidaria y que habrá que encontrarla como a una aguja en un pajar.

No es fácil. Personal y colectivamente no es fácil. Pero ya una vez salimos de la trampa de la Cisplatina. ¿Por qué no podemos ahora? Decime que sí. LA ONDA® DIGITAL


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