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Reproducción asistida:
la necesidad de legislar (2)

por Fernando Rama

En un artículo previo nos referimos a las repercusiones que en nuestra sociedad suelen generar proyectos como el que pretende regular la práctica de la reproducción asistida o la despenalización del aborto. Nos pareció necesario referir, antes de entrar en materia, algunas consideraciones generales en torno a los factores ideologizantes, en el peor sentido del término, que generan un ruido disonante de dogmatismo e intolerancia que acaban por ocultar la discusión seria de los problemas.

Mencionábamos luego algunos datos relacionados con características, en principio de índole biológica, propias de la reproducción humana.

La ocurrencia natural de un alto número de abortos espontáneos - detectados por medio de observaciones clínicas o mediante estudios endócrinos más refinados que no son de práctica corriente - , indica que sin mediar la actividad humana la propia naturaleza desecha en forma permanente vidas humanas en sus etapas precoces. El conocimiento científico avanzado de la fisiología de los gametos de diferentes especies, la humana entre ellas, ha permitido manipular dichas células con creciente seguridad.

Este conocimiento permitió el diseño de métodos anticonceptivos, posibilitó la fecundación in vitro , la obtención de embriones viables, la implantación de los mismos en la mucosa uterina, el aislamiento de células pluripotenciales a partir de las cuales se trabaja en terapias que harán posible el tratamiento eficaz de enfermedades tan frecuentes como el Parkinson y otros trastornos motores y muchas otros resultados prácticos. Cada una de estas manipulaciones motivó, en su momento, una paralela reflexión bioética y es evidente que no todas las técnicas susceptibles de ser utilizadas se justifican éticamente.

La discusión bioética se ha tornado un tema permanente en las más prestigiosas revistas científicas del mundo, en un proceso permanente de debate, reflexión colectiva.

En algunos casos estos procesos de confrontación de ideas toman cuerpo en algún código normativo, que sirven como referencia para los profesionales que actúan en determinada área. No todos los procedimientos justificables éticamente, por otra parte, pueden ser objeto de legislación, por lo menos durante un cierto tiempo.

En el caso de la reproducción asistida se hace necesario legislar con el propósito de lograr tres objetivos:1) proporcionarle un marco legal a quienes aplican tecnologías cuyo valor esencial es contribuir a la salud reproductiva de la especie humana, solucionando un cierto porcentaje de casos de esterilidad; 2) evitar o prohibir la práctica de técnicas no morales, es decir procedimientos que responden a una racionalidad científica y técnica pero no a una racionalidad ética, como es el caso más o menos notorio de la clonación humana; 3) asegurar que la práctica de la reproducción asistida emplee sólo manipulaciones artificiales que la propia naturaleza emplea a través de mecanismos biológicos conocidos.

Existe, obviamente, la opción de solucionar el problema de esterilidad de una pareja a través de la adopción legal de bebés cuyos padres biológicos no desean o no pueden sustentar por motivos diversos. Pero plantear esta otra opción como una alternativa absolutamente contradictoria es por cierto una postura no moral, que impide el ejercicio de la libre elección de las parejas, que siempre padecen un monto de sufrimiento emocional muy importante ante la realidad de la esterilidad, en torno a opciones que suelen ser valoradas subjetivamente de manera muy diferente en cada caso.

Acusar a los equipos de técnicos que practican la reproducción asistida de actuar motivados por el afán de lucro es una argumentación en extremo tramposa. En la medida que dichas técnicas no pasen a formar parte de los procedimientos financiados por el Fondo Nacional de Recursos seguirán siendo un ejemplo más de la gran cantidad de procedimientos médicos marcados a fuego por la inequidad en el acceso por parte de toda la población. No se puede esgrimir un argumento que nada tiene que ver con el fondo de la cuestión. Menos aún cuando el procedimiento de la adopción ha generado una infame compra-venta de bebés en la que intervienen muchas personas que lucran con el problema de la esterilidad de las parejas, siendo éste un comercio que sólo un procedimiento de adopción legal menos burocrático e inseguro podría atenuar.

La otra cuestión que forma parte de la reflexión ética es el intento de definir en qué momento un embrión humano puede considerarse persona, conciencia o individuo. Algunos centran la cuestión en este punto, lo que es, desde mi punto de vista, erróneo. El cigoto o célula que resulta de la unión de los gametos es la primera manifestación fenoménica de una vida. Es más, estudios muy recientes indican que ya en esta etapa inicial, cuando el embrión es apenas una única célula, ya están definidos los ejes y planos principales de su futura anatomía.

Es muy probable que también en la especie humana, como en otros especies donde este hecho fue demostrado hace tiempo, los diferentes puntos del cigoto tengan un destino predeterminado, contengan concentraciones diferenciadas de moléculas proteicas en vías de identificación, etc.

Hay otros momentos del desarrollo que son críticos y que pueden adoptarse como referencia. Entre ellos podemos señalar la compactación - proceso de reorganización de las células que componen el embrión precoz durante el cual se establece el adentro y el afuera del futuro organismo de una manera definitiva -, la gastrulación ( período durante el cual se organizan los tejidos básicos del futuro organismo) -, la delimitación - período donde se establece el plan anatómico fundamental del futuro individuo- y otros.

Mucho más difícil será definir en qué momento surge la conciencia, entre otras cosas porque primero habría que ponerse de acuerdo qué significa la conciencia. De todos modos, tratar de tomar estos momentos críticos como referencia para establecer normativas éticas o legales parece un camino inútil ya que la vida como tal comienza en el momento de la formación del cigoto. LA ONDA® DIGITAL


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