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Mi
perra y los bancos
Tengo un hermoso animal con orejas, hocico, patas, cola, que ladra y es avisador no guardián. Se acuna en mis brazos cuando le escribo desde mi computadora, pide y da cariño, necesita que se le de alimento, no sabe manejarse sola en la calle y pide para ir a ella cuando lo necesita, no importa la hora que sea. Como tiene diez años, le cuesta subir el entrepiso en el que poseo mi dormitorio, tuvo una parvovirosis que casi la mata el año pasado, pero con muchos cuidados se recuperó, y cuando llega cualquiera de sus padres adoptivos es capaz de arriesgar un golpe bajando esa empinada escalera para recibirlo con una sonrisa en sus labios. La gente que nos conoce la llama Lully y dice que es perra, un cuarto de pomerania, blanca y marrón, porque ese es su nombre, el que le puso su primera dueña, la que un auto mató y la hizo viajar en ambulancia con sirena abierta, sonido que le sigue asustando en este momento. Como la gente tiene razón acepto que ese es su nombre, su raza y su color. Le encanta comer huevo frito, arvejas, dulce de leche, chocolate, chantilly y no le hace asco a la comida para perros. Pues bien. Ahora piense el lector en lo que ocurre con los bancos gestionados, la plaza financiera y compárelo con mi perra. Muchos bancos necesitan no ya cariño sino asistencia. Deberían ser guardianes de nuestros ahorros y a lo más son avisadores que la crisis es grave. Necesitan que se los alimente para poder funcionar. No son capaces de moverse por sí mismos en la plaza o la calle, y necesitan del auxilio estatal. No alcanza con la colaboración de una buena veterinaria y algunos remedios para mejorarlos. Necesitan más. Algunos porque se denuncia fueron vaciados desde dentro, sus directores están presos y ahora prestan a sus ahorristas dineros públicos, porque los propios no existen. Dineros que si son liquidados deberán devolver si pueden, los que lograron juntarse con algunos miles de dólares. Otros porque pretenden ser capitalizados por los propios ahorristas en cantidades mucho menores a lo que valen las propias instituciones, jugando con la necesidad de AEBU de defender las fuentes de trabajo para más de 2000 funcionarios y la sensibilidad de una sociedad que no soporta un crecimiento de la desocupación, pero que no puede aceptarla a cualquier precio. Mi perra sigue ladrando y como no muerde, no sabe hacerlo ni para defenderse, cuando aparece en el baldío de la esquina esa ovejero enorme que la mira y se le cae un hilito de baba, pensando en el manjar que una y otra vez vuelvo a alzar en mis brazos para esquivarla, pienso en como se hará la reactivación económica que necesita nuestro país, la que traerá tranquilidad a la plaza financiera, en qué terminarán los bancos, los ahorristas, las empresas que en ellos tienen sus depósitos y de las que depende tanta gente. Pienso y mientras tanto acaricio a mi perra que comienza a lamerme, porque es cerca del mediodía y hace rato que no me demuestra que me quiere, que sabe que la quiero. Como quiero al país y a su gente. Como sé que la gente buena de este país quiere al mismo y sabe que hay otra gente buena que intenta buscar lo mejor para todos. Pero que debe ser entendida aunque no hable, aunque otros hablemos y decidamos por ella. LA ONDA® DIGITAL |
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