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La
guerra contra el terror: "En
las esferas de gobierno, debemos cuidarnos "En
materia de petróleo, todo lo que nuestra imaginación
El
terrorismo siempre constituyó un acto político de naturaleza
instrumental3, practicado tanto por organizaciones
revolucionarias o contra revolucionarias, por los radicales de
izquierda o de derecha, o fundamentalistas religiosos y grupos étnicos,
como por los servicios de inteligencia de casi todos los estados,
no siempre con objetivo militar en tiempo de guerra. Los
movimientos de liberación en los países de África y de Asia, o
de resistencia contra dictaduras en América Latina, apelaron
muchas veces al terrorismo, así como los gobiernos a los cuales
ellos se oponían y que pretendían derrocar. Y Adolf Hitler acusó de terroristas a los miembros de la
resistencia a la ocupación de sus países, como Francia e Italia,
por las tropas de Alemania4.
Sin embargo, el terrorismo, elevado a la condición de
amenaza internacional, comenzó a configurarse en la retórica de
los gobernantes norteamericanos después de la revolución islámica5,
que en 1979 derrocó al Shá Mohammed Reza Pahlevi y llevó al
poder al Ayatollah Khomeini6, líder espiritual de los
chiitas7, contrario a la occidentalización de Irán,
hasta entonces importante aliado de los EE.UU. en el Oriente Medio
por tener la mayor parte de su territorio estratégicamente
enclavada entre el mar Caspio y el Golfo Pérsico.
A pesar de no haber sufrido ninguna influencia socialista
en aquel contexto del conflicto Este-Oeste, la revolución
liderada por el Ayatollah Khomeini asumió, mientras tanto, un
acentuado carácter nacionalista, antiamericano, exprimiendo una
antigua revuelta con raíces en la Operación Ayax, coordinada en
1953 por el servicio secreto británico MI-6 y por la CIA, contra
el gobierno de Muhammad Mossadeq, que nacionalizara las empresas
de petróleo. Esa revolución configuró la primera gran manifestación de
los pueblos islámicos contra la creciente presencia de los
EE.UU., cuyos intereses económicos, políticos y militares
violaban su cultura, costumbres y aspiraciones, amenazaban
potencialmente las monarquías vecinas asociadas a los intereses
de Occidente e inspirando movimientos fundamentalistas en toda la
región de Oriente Medio. El
conflicto entre los dos países se agudizó después que
Washington autorizó al Shá Reza Pahlavi (cuya extradición
reclamaba el Ayatollah Khomeini) a realizarse un tratamiento médico
en los EE.UU. El 4 de
noviembre de 1979, estudiantes chiitas indignados ocuparon la
Embajada Americana en Teherán y mantuvieron como rehenes a 90
personas entre las cuales 65 eran norteamericanas.
Al imponer entonces el embargo a las exportaciones de petróleo
de Irán, como represalia, el presidente Jimmy Carter, el 11 de
noviembre de 1979 declaró que “rechazamos
el uso del terrorismo y la toma y mantenimiento de rehenes como
forma de imponer demandas políticas”8. Poco
tiempo después, el 27 de diciembre de 1979, la URSS intervino
Afganistán a fin de salvar el gobierno comunista, enlodado en una
guerra civil que día a día se expandía.
Frente a tal situación, los EE.UU. se dieron vuelta para
Irak, la única potencia militar de porte medio en aquella región
estratégica9 y su gobernante Saddam Hussein (de la
secta Sunni, adversaria de los chiitas10), solicitó a
los agentes norteamericanos, con los cuales se encontró
secretamente en Amán (Jordania) en 1979, soporte económico y
militar para desatar una guerra contra Irán, asegurándoles que
en tres semanas invadiría Teherán.
El imaginaba provocar en Irán un clima de descontento que
acabaría con la caída del gobierno chiita de Khomeini.
Y, al
aprovechar la fragilidad política en Irán, desató el conflicto
en setiembre de 1980, con la excusa de que la presencia iraniana
en el canal de Chatt-el-Arab (donde estaban las reservas de petróleo)
era ilegal11. Al mismo tiempo la CIA, empeñada desde
1978 en derrocar el régimen del gobierno comunista de Kabul, trató
de movilizar 100.000 freedom
fighters (combatientes de la libertad), oriundos de los países
islámicos de Africa del Norte y Oriente Medio, con el objetivo no
sólo de combatir a las tropas soviéticas que invadieron Afganistán,
sino para desestabilizar a la propia URSS a partir de sus
repúblicas orientales, formadas por una población musulmana, de
acuerdo al plan de Zibigniew Brzezinski, entonces asesor de
seguridad del presidente James Earl Carter12.
Esa operación, ejecutada con la colaboración de los
servicios secretos de Paquistán (el Inter-Service Intelligence
ISI) y de Arabia Saudita, contó con los recursos del comercio de
drogas y reclutó, en los países islámicos, millares de
marginales a fin de que recibiesen entrenamiento en campos
especiales de la CIA. El
millonario saudita Osama bin-Ladin fue uno de los organizadores de
ese reclutamiento y obtuvo la licencia para convocar 10.000
musulmanes entre militantes anti-occidentales, anti-americanos,
especialistas en guerrillas, sabotajes y acciones encubiertas, a
fin de combatir las tropas soviéticas en Afganistán.
Los talibanes fueron reclutados en los orfanatos
fundamentalistas de Pakistán y la CIA invirtió en esa campaña
cerca de u$s 50 millones por año para entrenar y armar a esos
empobrecidos guerrilleros mujahidin,
proporcionándoles una significativa cantidad de armamentos de
alta tecnología, inclusive stinger
misiles anti-aéreo y todo el material para establecer campos de
entrenamiento, arsenales y bases13. El
fiasco de la tentativa de rescatar los rehenes en la Embajada
Americana en Teherán, contribuyó para que Jimmy Carter no fuese
reelecto en 1980. Fue
Ronald Reagan quien, luego de asumir la presidencia de los EE.UU.
(1981-1989) escapara de un atentado (30.03.1981) de carácter no
político14, el que debió continuar con esa operación,
estimulando la formación de la green
belt, cinturón islámico contra el comunismo, con la
colaboración de Paquistán y de Arabia Saudita.
El fundamentalismo islámico, por motivos religiosos, se
oponía por entonces a la civilización capitalista, cuyas
costumbres y productos fueron siempre percibidos por los
musulmanes como pecado, contrarios a los principios del Corán y
esa fue una de las razones, inter
alia, por las cuales se resentían y resistían contra la
presencia de los EE.UU. por ser, inclusive, el sustento del Estado
de Israel. El
antiamericanismo expresado en Irán por el derrocamiento del Shá
Reza Pahalavi, se manifestó de la misma manera en Libia, donde el
1° de setiembre de 1969 el coronel Mu’ammar al Qadhafi
derrocara al rey Muhammad “Idris I” al-Saousi y pretendía
organizar lo que se llamó Jamhiriyat
(estado de masas), una especie de democracia directa, basada en el
poder del pueblo, “sin sustituto ni representación”15,
pues consideraba al partido político una “máquina de gobernar
de la dictadura contemporánea”16.
“La sociedad gobernada por un partido único es, bajo
todos los aspectos, similar a la gobernada por una sola tribu o
una sola secta, porque el partido, como ya fue dicho y subrayado,
es la expresión de las concepciones, de los intereses, de las
ideologías y de los orígenes de un solo grupo de la sociedad”
– proclamó en el Libro Verde17.
Al-Qadhafi tomó de modelo al coronel Gamal Abdel Nasser
(1918-1970), que gobernó Egipto entre 1954 y 1970, luego de
derrocar al rey Faruq al-Awwal en 1952, junto con el general
Muhammad Neguib. El
no era ni fundamentalista islámico ni comunista.
Consideraba el marxismo y el capitalismo como “dos caras
de la misma moneda”18 y fundió el socialismo con el
islamismo a lo que llamó “Tercera Teoría Universal”.
La nacionalización de las compañías de petróleo y de
los bancos, promovida por al-Qadhafi a partir de 1970 como el
respaldo financiero dado por él a los diversos movimientos de
insurgencia y organizaciones terroristas en varias partes del
mundo, llevaron a Libia a confrontarse con los intereses de EE.UU.
que pasaron a hostilizarla. El
6 de mayo de 1981, pocos meses después de la inauguración de su
gobierno, Ronald Reagan cerró la misión de Libia en Washington y
expulsó a sus diplomáticos, en base a los informes del servicio
de inteligencia, según el cual al-Qadhafi tenía planes de
asesinar diplomáticos americanos en Roma y París.
Tres meses más tarde, Reagan ordenó que los jets de la
Marina americana ultrapasasen la line
of death (creada por al-Qadhafi para delimitar las aguas
territoriales de Libia extendidas a más de 100 millas)19
y dos aviones SU-22 de la Fuerza Aérea de Libia fueron derribados
sobre el Golfo de Sirte a 60 millas de la costa.
Casi en la misma época, con el probable apoyo de la CIA y
del servicio de inteligencia de Francia, se dio y fracasó la
tercera tentativa de derrocar a al-Qadhafi del poder.
Pero en octubre, durante un desfile militar, un soldado
egipcio fundamentalistra ametralló a Muhammad Anwar al Sadat20,
el primer gobernante árabe que había establecido la paz con
Israel firmando con el primer ministro Menachen Begin el 17 de
setiembre de 1978 los acuerdos de Camp David mediante los cuales
Egipto volvió a adquirir el control del Sinaí, ocupado por los
israelíes desde la guerra del Yom Kippur (1973). Hasta
entonces el más grave acto de terrorismo contra norteamericanos,
fuera de América Latina, ocurrió dentro de los EE.UU.
En diciembre de 1975 una bomba explotó en el aeropuerto de
La Guardia (New York), matando 11 personas e hiriendo 58.
Fueron raros los ataques en Europa y en Oriente Medio.
Además de la captura de los rehenes en la Embajada
Americana en Teherán (1979), la Rot-Armée Fraktion (Fracción
del Ejército Rojo), organización terrorista que actuaba en la
República Federal de Alemania, explotó en 1981 una bomba en el
estacionamiento de coches de la USAF, en la base de Ramstein
(Alemania), hiriendo a 20 personas y, poco tiempo después, fue
disparado, sin éxito, un cohete contra el automóvil del general
Fred Kroesen, comandante del ejército norteamericano en Alemania.
Sin embargo, el 10 de abril de 1982, Ronald Reagan firmó
la National Security Decision
- Directive N.30, creando grupos de trabajo para coordinar
y supervisar el combate al terrorismo21.
El combate al terrorismo, que Reagan trató de implementar,
no se relacionaba tanto con los posibles ataques a ciudadanos o
instalaciones militares de los EE.UU. en Europa. Lo que más se ubicaba en el centro de sus preocupaciones no
era ni siquiera la URSS, a pesar de agudizar la guerra fría, sino
la amenaza a las fuentes de petróleo en el Oriente Medio, debido
a la expansión del nacionalismo islámico, con la revolución en
Irán que rompió prácticamente el aislamiento de Libia.
Con esa perspectiva, los EE.UU. aceptaron, tácitamente,
que las fuerzas de Israel invadiesen otra vez el Líbano en 1982,
para atacar los campamentos de la Organización para la Liberación
de Palestina (OLP), lo que resultó en la muerte de más de 20.000
civiles22, así como en el cercamiento y la ocupación
de Beirut hasta 1983. Y
no se limitaron a participar de la Fuerza Multinacional de paz,
con 800 efectivos de la 32d Marine Amphibious Unit (MAU), enviada
al Líbano (1982), para asistir a la evacuación de las fuerzas de
la OLP. Los
americanos intervinieron en la guerra civil del Líbano, no sólo
entrenando y armando el ejército del presidente cristiano Amin
Gemayel, sino respaldando militarmente las falanges cristianas que
combatían a los musulmanes.
En 1983, el USS
Jersey, uno de los navíos de guerra norteamericanos
estacionados en frente al litoral del Líbano, disparó decenas de
bombas de 40 milímetros contra las poblaciones musulmanas Druze y
Shia, en las montañas en torno a Beirut, destruyendo villas y
aldeas. Ese
involucramiento en una guerra civil, que mató cerca de 30.000
personas, devastó Beirut y dejó más de 500.000 personas a la
intemperie, permitiendo incluso que Israel continuase ocupando el
sur del Líbano contrariando la resolución del Consejo de
Seguridad de la ONU, destruyó la poca credibilidad23
de la que aún disfrutaban los EE.UU. en el Oriente Medio y
sobrevino el recrudecimiento de la Jihad24 contra los propios gobiernos considerados como
corruptos y contra los extranjeros que ocupaban territorios
musulmanes: los israelitas en Palestina, los soviéticos en
Afganistán y, a partir de allí, también la sucesión de
atentados terroristas contra los norteamericanos.
El 18 de abril de 1983, un coche bomba dirigido por un
suicida Jihad, embistió
contra la Embajada Americana en Beirut y explotó, matando 63
personas, inclusive el director de la CIA para Oriente Medio. Algunos meses después, el 23 de octubre, el cuartel de los
marines en Beirut fue bombardeado, al mismo tiempo en que un camión
bomba atacó el establecimiento de los EE.UU., matando 242
americanos y una bomba explotó en la base militar francesa y acabó
con la vida de 58 soldados. Otros
atentados ocurrieron en Grecia y en España y el secretario de
Estado, general Alexander Haig, anunció que el combate al
“terrorismo internacional” sustituiría, en la agenda de los
EE.UU., la promoción y defensa de los derechos humanos. Dentro
del contexto de Oriente Medio, el gobierno norteamericano, se
dedicó, no ya a las organizaciones responsables por los
atentados, sino a ciertos estados (state-sponsored
terrorism), acusados de patrocinar el terrorismo. El 3 de abril de 1984, Reagan firmó la National Security
Decision Directive 138 – Preemptive Strikes Against Suspected
Terrorists, en la cual dispuso, no sólo de la recolección de
inteligencia, sino también de sanciones contra los Estados que
apoyaban o exportaban terrorismo, de acuerdo al informe elaborado
por el Consejo de Seguridad Nacional, con algunas de sus
provisiones: “Los estados
que practican terrorismo y lo apoyan en forma activa, deberán
atenerse a las consecuencias”. Dentro de esa orden secreta
(nunca esclarecida en forma total), promulgada luego del secuestro
de William Buckley, jefe de estación de la CIA en Beirut (16 de
marzo de 1984), Reagan remarcó que los EE.UU. “resistirán
el uso del terrorismo con todas las armas legales disponibles” y
que los “los actos o
amenazas terroristas patrocinados por algunos estados, serán
considerados actos hostiles”25.
Y, según se informa, autorizó (en partes aún no
desclasificadas) a la CIA y al FBI a realizar preventivamente o
como represalia, acciones
encubiertas y otras operaciones militares especiales, del tipo
de la guerrilla, para combatir “hostile”
guerrillas, matando guerrilleros, y a promover sabotajes y
ataques aéreos contra los state-sponsor
del terrorismo, identificados como Irán, Libia, Siria, Cuba,
Corea del Norte, así como Nicaragua y la URSS.
En otras palabras, Reagan autorizó a la CIA y al FBI a
restablecer la práctica de actos terroristas, que ya no eran
permitidas desde que el Select Committee, instituido en el Senado
norteamericano bajo la presidencia del senador Frank Church, reveló
en 1975/1976 que la CIA desde 1970, no sólo comenzó a organizar
el golpe de estado en Chile, con el objetivo de derrocar al
presidente Salvador Allende considerado inaceptable para los
EE.UU.26, como participó, al tiempo del Presidente
John F. Kennedy de los asesinatos de Leónidas Trujillo (República
Dominicana), Patrice Lumumba (Congo), general Ngo Kinh Diem y su
hermano (Vietnam del Sur), así como de por lo menos ocho complots
para matar a Fidel Castro entre 1960 y 196527.
De hecho, de acuerdo a lo resaltado por Arno Mayer,
profesor emérito de la University Princeton, los EE.UU., desde
1947, se convirtieron en “los
principales autores del terrorismo de estado”,
exclusivamente en el Tercer Mundo y, por eso mismo ocultado,
promoviendo subversión y derrocamiento de gobernantes, asesinatos
políticos, escuadrones de la muerte y “freedom
fighters” no propios (ej. bin-Ladin); en síntesis,
practicando “acciones
temerarias” que agravaron las condiciones económicas y políticas
de diversos países, junto con bloqueos inescrupulosos, embargos,
intervenciones militares, ataques aéreos (misiles) punitivos y
raptos, siempre en nombre de la democracia, la libertad y la
justicia28. La
CIA tenía, efectivamente, un enorme “know-
how” en materia de terrorismo, definido por el propio FBI
como “el
ilegítimo uso de la fuerza o la violencia cometida por un grupo o
individuo, que tiene alguna conexión con un poder extranjero o
cuyas actividades trascienden los límites nacionales, contra
personas o propiedades para intimidar o coaccionar un gobierno, la
población civil o cualquier otro segmento de esta índole, en
nombre de objetivos políticos o sociales” Esta
definición, aunque procurase describir simplemente actos de
terror dirigidos contra los EE.UU., abarcaba evidentemente los
propios actos de terror practicados por la CIA, que poseía una
vasta experiencia en asesinatos, atentados con bomba, sabotaje,
guerra química y biológica, tortura, etc., practicados en América
Latina, especialmente contra Cuba, durante los años 60 y 70. Para Reagan, mientras tanto, no bastaba apenas con autorizar
a la CIA y al FBI a retomar sus prácticas terroristas con el
objetivo de sofocar las tentativas de insurgencia en los más
diversos países del Tercer Mundo.
Mas allá de reavivar la Guerra Fría, amplió la dimensión
de amenaza terrorista, vinculándola, en parte, al tráfico de
drogas, a las guerrillas y a los gobiernos de izquierda,
especialmente en Cuba y Nicaragua.
Esa conjunción posibilitó que el aparato de seguridad
nacional de los EE.UU. (Pentángono, CIA, DEA29, los
servicios de inteligencia militar y el Consejo de Seguridad
Nacional), desviara el foco de la Guerra Fría hacia la guerra
contra las drogas, el terrorismo, racionalizara el mantenimiento
de los enormes gastos militares, sobretodo a fines de los años
80, cuando el anticomunismo se desvanecía con la desintegración
del Bloque Soviético y permitió que el Gobierno Reagan, en la década
de 1980, promoviese un aumento de los gastos militares sin
precedente en tiempos de paz.
Esos gastos y los programas internacionales saltaron de u$s
146.7 billones en 1980 a u$s 293.6 billones en 1987 (dólar
corriente), lo que significó que, en términos reales, el
presupuesto militar de la administración Reagan para 1987
representó más de lo que los EE.UU. habían gastado previamente
en cualquier año, aún cuando intensificaron la guerra en Vietnam30.
Durante el año fiscal 1989, los gastos militares
ascendieron a u$s 376 billones, lo que representó un incremento
del 25% sobre los gastos en los años de paz, del orden de u$s 275
billones aproximadamente, a lo largo de la Guerra Fría31. A
fin de justificar el gasto de billones de dólares con la
fabricación de armas nucleares, misiles Minuteman, aviones F16,
F111, A10 y U2 (de espionaje) y otros armamentos, el gobierno
Reagan, en lugar de las organizaciones consideradas responsables
directas por los atentados, trató de por en foco, como los
principales enemigos, a los estados del Tercer Mundo que,
supuestamente o no, apoyaban el terrorismo.
En 1984, el secretario de estado, George Shultz, declaró
que los estados que apoyan o patrocinan las acciones terroristas
iban a complotar y manejar ese fenómeno en función de sus
propios objetivos estratégicos, usándolo para “sacudir
la autoconfianza occidental y debilitarla para resistir la agresión
e intimidación”. Y
de esta manera surgirían los nuevos enemigos, presentados como rogue states (estados irresponsables), tales como Libia e Irán.
Los ataques terroristas contra los escritorios de la compañía
aérea israelí EL AL en Roma y Viena (diciembre de 1985) y la
explosión de una bomba en la discoteca La Belle en Berlín
Occidental (05.04.1986) matando tres personas, entre ellas dos
soldados americanos e hiriendo más de doscientas, sirvieron como
pretexto para que los EE.UU. responsabilizaran a Libia y tomaran
represalias con el bombardeo de Tripoli y Banghazi (14.04.1986),
que acabó con la muerte de más de 15 personas, incluso la hija
menor de Mu’ammar al Qadhafi.
Fuera o no culpa de Libia, los EE.UU. ya habían preparado
para atacarla. Cerca
de 100 aviones F111 y misiles de tres portaaviones de la Fuerza
Deber de la Sexta Flota, estaban estacionadas en el Golfo de Sidra
(Operation El Dorado Canyon)32. No obstante la reacción de Reagan, atacando a Libia, y del inaudito aumento de los gastos militares, los atentados no disminuyeron sino que recrudecieron luego de los ataques contra Libia y alcanzaron, entre 1985 y 198 cuando el promedio anual fue de 630, alcanzando, sobretodo, ciudadanos norteamericanos en el exterior33. Solamente en 1987, hubo 665 atentados34. Y, en ese mismo año, dos misiles Exocet, disparados accidentalmente (según se supone) por Irak que era aliado de los EE.UU., alcanzaron la fragata USS Stark, matando 37 personas, lo que colocó súbitamente a Washington en una situación difícil al tener que proteger sus intereses en la región no sólo contra los enemigos, sino también contra los supuestos aliados. Los atentados, sin embargo, no se restringieron a los países del Medio Oriente. En 1988 un Boeing 747 de PanAm, exploltó sobre Lolckerbie, en Escocia, al volar de Londres a New York, matando 270 pasajeros, atentado éste que fue atribuido, principalmente, al agente del servicio de inteligencia de Libia Abdul Basset al Megrahi y, en 1989, otro avión, éste de la compañía aérea francesa UTA, explotó sobre Nigeria, incidente en el que murieron 171 personas, inclusive seis americanos35.
Figures
from U.S. Department of State El
número de atentados terroristas disminuyó sensiblemente en 1989.
La situación en el Golfo Pérsico se agravó, mientras
tanto, cuando Saddam Hussein, luego de acusar a Kuwait,
responsable del 10% de la producción mundial de petróleo, de
aumentar su producción para bajar el precio y perjudicar aún más
la economía de Irak, ordenó que sus tropas invadiesen su
territorio el 2 de agosto de 1990.
Los EE.UU. hasta entonces percibían a Irán, en virtud del
fundamentalismo chiita y el apoyo a las acciones terroristas, como
la principal amenaza a sus intereses en la región, y por ello,
entre otros motivos, favorecieron a Saddam Hussein, a pesar de que
no le tener simpatía, debido a la nacionalización del petróleo, por el promovida, en 1972, cerca de cuatro años
después de la revolución que ha llevado el Partido Bath al poder
en el Irak, bajo el comando del general Ahmed Hassan Bakr. El
miedo de los EE.UU. fuera de que la enorme poplación chiita (Shi’i)
del Irak derribara a Saddam Hussein, que era Sunni e se les pareció
un mal menor, e se
alineara con los mullahs de Teheran[1](a).
Estancar la expansión del fundamentalismo islámico constituyera
la principal meta de la política norteamericana para la región.
Y los EE.UU. decidieron que se tornara imperativo impedir que la
influencia de Irán se extendiera a los otros estados del Golfo Pérsico,
productores de petróleo, razón por la cual la Defense
Intelligence Agency (DIA) le proporcionó a Saddam Hussein toda la
asistencia, inclusive fotografías de satélite, no obstante
sabiendo que éste iba a usar armas químicas en la guerra contra
Irán. Esa asistencia
fue prestada al mismo tiempo en que Reagan y sus colaboradores, el
secretario de Estado George P. Shultz, el secretario de Defensa
Frank C. Carlucci, el general Colin L. Powell (entonces asesor de
seguridad), iban a condenar públicamente a Irak por emplear gas
venenoso al atacar a los kurdos en Halabja en marzo de 198837.
Esa condena no pasó de lip service. Desde 1985 hasta noviembre de 1989, empresas americanas
exportaron para Irak, con la anuencia del Departamento de
Comercio, bacterias y otros ingredientes biológicos, como el Bacillus anthracis (ánthrax) y muchos otros38, estando
en conocimiento, no obstante, de su uso en la guerra contra los
kurdos e Irán, y la política oficial de los EE.UU. continuó
siendo cordial y favorable a Saddam Hussein que les servía como
ancla de estabilidad regional39.
Su rationale , así
como para el fortalecimiento de los lazos con Arabia Saudita
durante las administraciones de Reagan y George Bush (1989-1995),
fue proteger el petróleo y contener la militancia islámica,
representada por Irán40.
Israel, entretanto, ya identificaba a Saddam Hussein como
su mortal enemigo, y no sólo bombardeó el reactor nuclear de
Osirak que el construía, sino que respaldó desvergonzadamente al
Ayatollah Khomeini en la guerra Irán-Irak (1980-1988).
El CENTCOM J-2 (United States Central Command), por su
parte, previó en 1989 que Irak, luego de la guerra contra Irán
(1980-1988) y la derrota de la URSS, constituiría probablemente
la próxima amenaza para los intereses americanos en el Oriente
Medio, sobretodo por causa del desarrollo de su capacidad militar.
De hecho, Saddam Hussein se esforzó considerablemente para
desarrollar misiles balísticos (en la guerra contra Irán disparó
350 misiles de todos los tipos, principalmente SCUD) y una fuerza
aérea con capacidad de penetrar profundamente en los territorios
de sus enemigos, principalmente Irán e Israel.
Y, en 1990, poseía cerca de 28 plataformas fijas, en la
parte occidental, amenazando a Israel, de acuerdo con el informe Conduct of the Persian Gulf War (1992), del Departamento de Defensa
norteamericano. Los
EE.UU., que hasta entonces (aunque con cierta desconfianza)
apoyaban a Saddam Hussein41, temieron que él,
desenfrenado, avanzase contra Arabia Saudita, lo que lo colocaría
en posición de controlar el precio del petróleo en Oriente
Medio, una vez que las reservas en esos tres países (Irán,
Kuwait y Arabia Saudita) representaban cerca del 60% de las
existentes en todo el mundo. El presidente George Bush movilizó entonces 100.000 soldados
para defender la monarquía en Arabia Saudita (Operation
Desert Shield) y, el 15 de enero de 1991, agotado el ultimatum de la ONU para que Saddam Hussein retirase sus fuerzas de
Kuwait, desencadenó la Operation
Desert Storm, con la participación de Gran Bretaña, Italia y
Francia y el asentimiento de la URSS y de la Liga Arabe42.
Saddam Hussein perdió la guerra, que duró cerca de seis semanas,
y tuvo que abandonar a Kuwait, pero continuó vivo y mantuvo el
poder en Irak. El
número de atentados terroristas, a pesar de recrudecer después
de la Guerra del Golfo (1990-1991), cayó de 665 en el 1987 a 296
en 1996, su nivel más bajo en 25 años43.
Con todo, el presupuesto del Pentágono, propuesto por el
presidente George Bush para el año fiscal de 1993 alcanzó los
u$s 281 billones, reducido por el Congreso para u$s 275 billones,
pero esa reducción significó apenas el retorno a los niveles
normales de gastos militares durante la Guerra Fría, a pesar de
la desintegración del Bloque Soviético, el principal enemigo de
los EE.UU. por más de cuatro décadas.
Según observó Jeffrey R. Gerlach, analista político
internacional del Cato Institute, “es
ridículo para los EE.UU., en la era post Guerra Fría, continuar
gastando significativamente más en defensa que todo el G-7
junto”44. La estrategia para mantener la
preeminencia de los EE.UU., propuesta por el presidente George
Bush, después de la Guerra del Golfo, implicaba gastos militares
del orden de los u$s 290 billones a u$s 300 billones (el
equivalente al 3,5% del PBI)45 y una fuerza con 1,6
millones de efectivos. Solamente
en las fuerzas de la OTAN, los EE.UU. deberían invertir entre 90
y 100 millones de dólares en 1993, alegando el compromiso de
defender a Europa. Pero
defenderla contra quien, si el comunismo había desaparecido y
Rusia no tenía siquiera condiciones de promover un ataque
convencional para restablecer el dominio sobre las repúblicas que
antes integraban la URSS? Bill
Clinton, que sucedió a George Bush en la presidencia, pretendió
reducir esos gastos con una nueva política de defensa (Bottom-Up
Review), de modo que los EE.UU. pudiesen disponer de una
fuerza militar menor y más barata, pero, sin embargo, capaz de
responder a las dos “principales
contingencias regionales” (MRCs), simultáneamente.
No lo consiguió. Los gastos de defensa permanecieron en niveles elevados.
Si en 1986 el presupuesto militar de los EE.UU. fue 2/3
partes mayor que la suma de los presupuestos de todos los estados
que le representaban una potencial amenaza, o sea, el Pacto de
Varsovia, China, Cuba, Irán, Irak, Corea del Norte, Libia, Siria
y Vietnam, en 1995 representaban cerca del 76% más46. Y Clinton inclusive propuso al Congreso un aumento de más de
u$s 12 billones para el año fiscal en 1999 y un total de u$s 110
billones a lo largo de los seis años siguientes, esto es, hasta
2005. Este aumento de
u$s 110 billones para los seis años siguientes, era mayor que la
suma de los presupuestos militares de Rusia y de China, que preveían
gastos de u$s 50 billones cada uno y, elevaría los gastos
militares de los EE.UU. a un monto de u$s 290,6 billones, el mayor
aumento desde 1984, auge del military
build-up que Reagan había promovido, superando la suma de los
presupuestos militares de los países de la OTAN, Rusia, China y
Japón. De
todas formas, el complejo industrial-militar no fue satisfecho.
Los lobbies (Munitions
Industrial Base Task Force, The Heritage Foundation y otros)
acusaron a Clinton de continuar es desmantelamiento sistemático
de la defensa nacional que Reagan reconstruyó en los años 80 y
que la fuerza militar por él propuesta, era muy pequeña para
defender los intereses de los EE.UU. Con todo, ya sea para justificar el alto nivel de consumo de
los gastos militares, ya sea para aumentarlos, después que el
anticomunismo en virtud de que el
desmoronamiento de la URSS se desvaneciera, el aparato de
seguridad de los EE.UU. trató de enfatizar aún más las llamadas
“nuevas amenazas”,
señaladas desde el gobierno de Reagan y los burócratas del Pentágono,
la CIA y otros órganos desarrollaron la nueva demoniología,
ensalsada por el concepto de “rogue
states”, o sea,
estados irresponsables, los nuevos entes malignos, y
comenzaron a producir una vasta literatura sobre el “terrorismo
internacional”. El
“peligro verde”, representado por el fundamentalismo islámico,
sustituyó al “peligro rojo”, el comunismo internacional, que
la URSS y el Bloque Socialista configuraban.
Los atentados contra la sede de la Embajada de Israel en
Buenos Aires (17.03.1992)47 y la Asociación Mutual
Israelita Argentina – AMIA (18.07.1994) por la Jihad Islámica,
uno de los brazos armados de Hizbollah, así como la explosión
que sacudió el edificio del World Trade Center (26.02.1993), por
el egipcio Sheik Omar Abdel Rahman en New York, sirvieron para
comprobar que el terrorismo constituía la mayor amenaza a la
seguridad nacional de los EE.UU.
Y la explosión en Oklahoma City del Alfred P. Murray
Federal Building, promovida por un norteamericano, Timothy McVeigh
(19.04.1995)48, posibilitó que Bill Clinton obtuviese
el apoyo bipartidario (Partido Demócrata y Partido Republicano)
necesario para la aprobación del Antiterrorism Amendments Act,
junto con el Onmibus Counterterrorism Act, presentado por los
senadores demócratas Tom Daschle, Joseph Biden, Herb Kohl, Dianne
Feinstein y Christopher Dodd el 5 de mayo de 1995.
Al año siguiente, el 13 de marzo de 1996, el presidente
Bill Clinton reunió, en Egipto, a 27 líderes mundiales para una
conferencia “anti-terror”, luego de una ola de explosiones de
bombas por suicidas palestinos que mataron a docenas de personas
en Israel. En dicha
ocasión declaró que debía dejar bien en claro que los EE.UU.
condenaban a todo aquel que recorría el terror y que en el
Oriente Medio no habría lugar para la violencia. Y el 4 de abril de 1996, sancionó el Antiterrorism and
Effective Death Penalty Act49, que los defensores de
los derechos civiles en el Congreso seguramente rechazarían, si
no fuese por la explosión del Alfred P. Murrah Federal Building
en Oklahoma, comparada por muchos americanos con el incendio del
Reichtag en Alemania (27.02.1933), posibilitando que Hitler
obtuviese poderes discrecionales, inclusive porque, según los
indicios, el gobierno federal tuvo conocimiento previo a su
ocurrencia50. No
obstante, Washington, en aquel momento, gastaba en Irak millones
de dólares con la organización Iraquí National Accord, que
usaba coches-bomba y promovía explosiones en Bagdag y en otras
ciudades, matando centenas de civiles51, con el fin de
desestabilizar al gobierno de Saddan Hussein52.
Y no aceptó la propuesta de una conferencia internacional
para combatir el terrorismo presentada por 119 estados del
Movimiento de los No Alineados, porque no le interesaba discutir
dos cuestiones, o sea, el terrorismo de estado (bombardeos
alcanzando poblaciones civiles) y la distinciòn entre terroristas
y combatientes de la libertad (freedom
fighters), concepto en el que se encuadraban el Hizbollah y el
Hamas por luchar contra el dominio de Israel53. Las
atenciones del gobierno norteamericano se concentraron en los
medios represivos, para impedir los ataques o tomar represalias,
sin pensar en las causas que se vinculaban fuertemente al
involucramiento de los EE.UU. en las crisis internacionales54
y su fuerte presencia, no solo económica sino política y militar
en las más diversas regiones del mundo.
En Europa, diez años después del colapso del Bloque Soviético,
los EE.UU. aún mantenían 100.000 soldados (un ejército más
poderoso que el de Alemania, de Francia y de Gran Bretaña) y
100.000 más en el Pacífico Oriental, además de centenas de
otras fuerzas diseminadas a través de varios países, incluyendo
stoks de armamentos y combustible.
El militarismo, bajo un aspecto meramente económico,
siempre constituyó una forma especial de plus-valía (Mehrwert),
un campo de acumulación, pero, como destacara Rosa Luxemburg,
desempeñó una función importante en la expansión del
capitalismo al permitirle asimilarse, a través de la política
colonial y mundial, a los medios de producción y a la fuerza de
trabajo de los países no capitalistas55. Los EE.UU., de la misma forma que la Alemania nazi durante
los años 30, encontraron en el militarismo desde la 2ª. Guerra
Mundial, un medio de permitir que el estado sustentase la
prosperidad de las empresas privadas y redujese el número de
desempleados, consignándoles pedidos de armamentos y otros
grandes proyectos militares.
El military buildup
que Ronald Reagan aceleró en los años 80, creó millares de
nuevos puestos de trabajo. A
mediados de la década, cerca de 7 millones de trabajadores
estaban empleados, directa o indirectamente, en la industria de
defensa, dedicada a la construcción de misiles, aviones de guerra
y otros armamentos. La
rivalidad con la URSS sirvió como telón de fondo de la política
americana en el Oriente Medio y de justificación para la
exportación de enormes cantidades de armamentos56,
bajo el pretexto de mantener al mundo “safe
for democracy”, pero en verdad, para defender un sistema de
estados clientes contra cualquier resistencia popular a los
intereses de las grandes corporaciones norteamericanas. El
problema, sin embargo, se tornó más complejo en el Oriente
Medio. La URSS, en
realidad, no representaba más la principal amenaza a los
intereses americanos, pero el fundamentalismo islámico, que
recrudeció desde la revolución chiita en Irán y podía afectar
el abastecimiento de petróleo de Occidente (especialmente de los
EE.UU). De esta
forma, empeñados en contener la influencia regional de Irán, los
EE.UU. juzgaron que sería más ventajoso que los talibanes, que
pertenecían a la corriente Sunni y tendían a no considerar a los
chiitas (Shi’ites) como verdaderos musulmanes (mataron 6.000 en
Mazar-i-Sharif en 1998), asumiesen el poder y controlasen a
Afganistán. Pero los
talibanes, a los que se aliaron los miembros de Al Qaeda, no eran
menos radicales y extremistas que los chiitas que representaban
apenas el 10% de los musulmanes.
Enseguida de tomar el poder en Afganistán, impusieron por
la fuerza la versión reaccionaria wahhabi
del Islam, adoptada
en la Arabia Saudita y de la cual bin-Ladin se tornó el más
radical intérprete. Esa doctrina, que surgiera en los meados del
siglo XIX, repelía la
civilización occidental, percibida como decadente, voraz y
externamente opresiva, y su objetivo constituía en imponer el
Islam purificado a los regimenes musulmanes, que se habían
corrompido. Y ello constituyó la esencia de la Islamic
Resurgence, que Samuel Huntington comparó con la reforma
protestante promovida en el siglo XVI, por Martin Luther y Jean
Calvin. Esos
movimientos – la Islamic
Resurgence y la reforma protestante – configuraron, según
Huntington reconoció, una reacción a la paralización y a la
corrupción existentes en las instituciones, intentando el retorno
a la más pura y exigente forma de su religión, con el trabajo de
prédica, orden y disciplina.
Más radicales, sin embargo, los talibanes pretendieron
recrear la situación existente en Arabia en el siglo VII,
mediante la implantación de un régimen similar al del califado
de los rashidun, los
cuatro sucesores del profeta Muhammad (570-632 CE57),
que eran considerados hombres piadosos58.
Esa restauración implicaba una serie de restricciones,
principalmente para las mujeres, prohibiéndoles estudiar o
trabajar, inclusive salir de su casa, salvo en condiciones
definidas y de modo muy estricto, así como escuchar música o
dedicarse a las actividades artísticas. El fundamentalismo, tanto Sunni como Shi’a, se volvió así
contrario a la civilización capitalista, en la medida en que se
contrapuso (por motivo religioso) a la introducción de hábitos
de Occidente y a la difusión de sus productos industriales, tales
como todo lo audiovisual, la moda, las bebidas y los servicios
financieros considerados profanos59.
Esa tendencia recrudeció en todo el mundo árabe islámico,
favorecida por el empobrecimiento y desesperación de las masas
populares que el desarrollo del capitalismo dejó fuera al
desintegrar la economía natural o la economía simples de mercado
en la que vivían anteriormente, sin brindarles, a cambio, mejores
condiciones de vida y marginalizándolos como sucedió en todo el
llamado Tercer Mundo. Y
asumió una dimensión esencialmente nacionalista, que se entroncó
con el pan-islamismo y recrudeció como movimiento político,
tendiendo al derrocamiento de los regímenes autocráticos y
corruptos, existentes en Egipto, Argelia, Arabia Saudita y Túnez,
entre otros. La
conquista del poder se tornó, por lo tanto, más importante que
la afirmación de la fe en el Islam60, pero, una vez
que no pudieron conseguirlo, los movimientos fundamentalistas,
desesperados, partieron para atacar directamente al enemigo, “el
gran Satanás”, o sea, los EE.UU. que pasaron a ejercer la
hegemonía mundial más absoluta que la ejercida por Gran Bretaña
y otras potencias capitalistas entre 1870 y 1914 y sustentaban regímenes
corruptos, despóticos y antipopulares en casi todos los países
musulmanes y se convirtieron en los únicos responsables del drama
de Palestina. El 7 de
agosto de 1998, una bomba explotó en la Embajada de los EE.UU. en
Nairobi (Kenya) matando a 12 americanos y 32 funcionarios locales,
además de herir cerca de 247 personas.
Casi simultáneamente otra bomba detonó en la Embajada de
los EE.UU. en Dar es Salaam (Tanzania), matando diez personas e
hiriendo a más de 70. Luego
de esos ataques que destruyeron esas dos embajadas en Africa
Oriental y dejaron un saldo de 224 muertos, el entonces presidente
Bill Clinton mandó que, en represalia, navíos y submarinos de la
Marina norteamericana en el mar Rojo y en el mar de Arabia,
bombardearan Afganistán y Sudán, a fin de liquidar a Osama bin-Ladin.
Cerca de ochenta misiles Tomahawk, teleguiados por satélite,
alcanzaron a los dos países en dos continentes, distantes uno del
otro cerca de 4.000 km, destruyendo algunos campos de
entrenamiento para guerrilleros terroristas que, supuestamente,
bin-Ladin mantenía en Khost y Lalalabad, en el este de Afganistán
y una industria farmacéutica en los suburbios de Cartum (Sudán),
como si fuese una planta de armas químicas, pero ninguno infligió
ni siquiera un rasguño a bin-Ladin.
En esa operación los EE.UU. gastaron “u$s
75 millones de dólares se perdieron en misiles volando contra los
dos países más pobres del mundo islámico, Afganistán y Sudán”
comentó Milton Bearden, ex jefe de la estación de la CIA en
Kartum en los años 8061.
Y, a través de una red de radio clandestina, bin-Ladin
conmemoró: “Gracias a Alá estoy vivo!”. Después de eso, una extraña letanía pareció apoderarse de
la agencia de información americana, la CIA y del FBI, la policía
federal de los EE.UU. En
cuanto a bin-Ladin, se internó aún más en las cavernas
excavadas en las montañas de Afganistán y el 12 de octubre de
2000, sobrevino la represalia contra los EE.UU. Un ataque terrorista contra el destructor USS Cole , en el puerto de Aden (Yemen), mató 17 marineros e hirió
cerca de 39. Y, casi
un año después, el 11 de setiembre de 2001, terroristas islámicos
secuestraron aviones de pasajeros que partieron de aeropuertos en
los EE.UU. y los convirtieron en misiles, con los que destruyeron
las dos torres gemelas del World Trade Center, en New York, así
como parte del Pentágono, en Washington, matando cerca de 4.000
personas. La
brutalidad de este acontecimiento estremeció al mundo.
Y el presidente George W. Bush, afirmando que los EE.UU.
habían sufrido una agresión, declaró inmediatamente la guerra y
la prensa – mediante la red de televisión CNN y The
Washington Post – pasó a dar noticias de los
acontecimientos siempre bajo el título de “América en Guerra”. En
efecto, el ataque múltiple y simultáneo a las torres gemelas del
World Trade Center y al Pentágono, símbolos del poderío económico
y militar de los EE.UU., no fue simplemente un crimen hediondo y
abominable. Fue una acción bélica, aunque no hubiese estado prevista en
la normativa internacional de guerra, pues no partió de ningún
otro estado nacional, como sucediera en Pearl Harbor (1941). Fue emprendida, con pericia, no por afganos, sino por árabes
sauditas y de otras nacionalidades, lo que demostró la existencia
de una vasta red multinacional con el más amplio alcance,
conectando diversos grupos radicales de los movimientos islámicos,
esparcidos en la actualidad por los más diversos países del
mundo. Pero esa
guerra, “sin campos de batallas o cabezas de playa”, como
reconoció el presidente George W. Bush, no era sólo disimétrica
como la Guerra del Golfo, era también asimétrica, en la medida
en que las diferencias entre los beligerantes no eran
cuantitativas, sino cualitativas, en los medios empleados, en los
estilos y en los valores del enemigo.
Se trataba de un enemigo difuso, disperso, que recorrió el
terrorismo aún a costa del suicidio, porque no disponía de
misiles u otras armas para atacar a los EE.UU.
Entretanto, el gobierno de los EE.UU. lo personificó en
bin-Ladin y le dio un ulltimatum a los talibanes para que lo
entregasen. Como
ellos no lo hicieron, Bush, el 6 de octubre, anunció una campaña
global contra el terror, declarando que los EE.UU. iban a
presentar a todas las naciones una opción clara - ´”O
se alinean con el mundo civilizado, o se alinean con los
terroristas” – amenazando a aquellas que no lo hiciesen
– lo que para él significaba estar con los terroristas – el
pagar “un alto precio”62-
Y, el día 7, los EE.UU. junto con Gran Bretaña,
comenzaron a bombardear los campos de entrenamiento y las
instalaciones de Al Qaeda en Afganistán63, donde se
suponía que bin-Ladin se refugiaba. Según
Bush, aquella era “una
guerra contra el terrorismo y el diablo, no contra el Islam”64.
Era lo que Bush denominó como “Operation
Enduring Freedom”. - Traducción para La ONDA digital de Cristina Iriarte * Luiz Alberto Moniz Bandeira é cientista político, professor titular da Universidade de Brasília (aposentado) e autor de várias obras, entre as quais De Marti a Fidel: a revolução cubana e a América Latina, Presença dos EUA no Brasil e Brasil-Estados Unidos: a rivalidade emergente. (a) En 1980 os chitas (Shi'ites) del Irak, inspirados por la revolución en Irán, tentaron asesinar miembros del gobierno. Saddam Hussein reaccionó, ordenando la deportación para Iran de miles de Shi'ites y mandando ejecutar el líder de la oposición President Dwight D. Eisenhower - Farewell Address, January 17, 1961. a Discurso do ex-presidente Getúlio Vargas, no Senado, em 3.7.1947, in Vargas, Getúlio. A política trabalhista no Brasil. Rio de Janeiro: Livraria José Olympio Editora, 1950, p. 281. 2- Guimarães, Samuel Pinheiro - "Esperanças e Ameaças: notas preliminares". 23.10.1995. Manuscrito. 3- Em 1978, as forças de oposição, sobretudo os muçulmanos tradicionalistas, insurgiram-se contra o governo do xá Mohammad Reza Pahlavi, que alternativa não teve senão fugir do país , em janeiro de 1979, transferindo o poder ao primeiro-ministro, Shapur Bakhtiar. As Forças Armadas, porém, aderiram aos insurgentes e o Aiatolah Ruhollah Khomeini, líder espiritual da revolução islâmica, regressou da França, onde estava exilado, e assumiu o poder, com a renúncia de Bakhtiar. Em 10 de abril de 1979, o Irã foi proclamado oficialmente uma república islâmica. Ruhollah al-Mousavi al-Khomeini 4- Uma das correntes do islamismo. 5- O presidente Jimmy Carter não conseguiu resolver, diplomaticamente, a crise com o Irã e autorizou a CIA, em 1980, a promover a Operation Eagle Claw, com o objetivo de resgatar os funcionários americanos, mantidos como reféns pelas milícias iranianas na embaixada dos EUA em Teerã. A missão envolvia oito USMC RH-53 helicópteros, 12 aeroplanos e contingentes transportados do golfo do Paquistão para algum lugar perto de Teerã, onde passariam a noite para executar, na manhã seguinte, a missão de resgate. A operação requeria o reabastecimento dos helicópteros no deserto iraniano, porém alguns apresentaram falhas mecânicas e um deles colidiu com um dos aeroplanos que o abastecia, matando cinco homens da Força Aérea, três marines e ferindo uma dúzia de outros. A missão então abortou no dia 25 de abril. Ronald Reagan, candidato do Partido Republicano à sucessão de Carter, negociou secretamente com o Irã para retardar a libertação dos reféns da Embaixada Americana em Teerã, até depois das eleições, o que lhe valeu a vitória. E o coronel Oliver North armou uma triangulação de vendas de armas, e peças de reposição ao Irã, que em troca libertaria os reféns e depositaria recursos em dólares em contas secretas, para financiar os "contras", a guerrilha anti-sandinista na Nicarágua. Foram finalmente soltos, após 444 dias cativos na Embaixada Americana. Mas a negociação foi totalmente ilegal, posto que não apenas o Congresso americano, assim como a ONU, havia determinado o embargo de contra o Irã como proibira o financiamento secreto de operações aos "contras". O escândalo estourou alguns anos depois, no segundo mandato de Reagan, que se livrou das acusações, alegando ignorância do fato e deixando a responsabilidade recair apenas sobre o coronel Oliver North. von Bülow, Andreas. Im Namen des Staates: CIA, BND und die kriminellen Manchenschaften der Geheimdienste. München: Piper, 2002, pp. 113-14 6- Id., ibid., 97-98. 7- Após a morte do profeta Muhammad, desenvolveu-se em Medina um movimento que dizia haver ele apontado Ali b Abi Talib, seu primo direto e genro (casado com sua filha Fátima), como sucessor e o melhor qualificado que qualquer outro, inclusive Abu Bakr, para o suceder. Esse movimento tornou-se conhecido como Shi'at Ali (partido de Ali) e depois simplesmente como Shi'a. Os shi'a acreditam que o imane de direito tem inspiração divina e autoridade de Alá para acrescentar à mensagem do Alcorão. Assim, o Islã xiita é dos dois ramos o mais radical. Não obstante a divergência, os primeiros quatro califas (al-Culafa'al-Rashidun, ou "califas guiados por direito") foram considerados os mantenedores ortodoxos de toda a regulamentação do Islã, conforme expressa no Corão. E essa corrente ortodoxa constituiu o Islã Suni, que considera o Corão a autoridade fundamental, sob o argumento de que não houve outra revelação depois das que fez Muhammad. O nome Islã vem do árabe e significa "submissão a Deus". O princípio fundamental do Islã é o tawhid (tomar um, unificar), a unidade absoluta com Deus, ou Alá, o criador universal, supremo e onipotente. Essa crença é expressa na shahadah, a profissão de fé mulçumana: "Não há outro Deus senão Alá e Muhammad é o seu profeta". Ao nível secular, a autoridade religiosa é atribuída a uma sucessão de profetas; os mais conhecidos são Noé, Abraão (o patriarca bíblico, também considerado pelos mulçumanos como "o pai do Islã"), Moisés e Jesus, com Muhammad culminando a série e a fechando. 8- Em 17 de Setembro de 1980, Saddan Hussein denunciou o Acordo de Argel, de 1975, que fizera a partilha das águas do Chatt-el-Arab, canal de acesso do petróleo iraquiano e, em 22 de Setembro, suas tropas iraquianas invadram o Irã vizinho. A disputa em torno do Chatt-el-Arab foi mero pretexto que encobriu diversos fatores, tais como, entre outros, o separatismo curdo, a preocupação de Saddam Hussein com a possibilidade de um levante dos xiitas no Iraque, a reconquista dos territórios tomados pelo Irã em 1975a tarefa voltou para o USS 9- Lebert, Stephan & Thomma, Norbert - "Da sind Spuren wie von einer trampelnden Elefantenherde Der erste Verdacht kam ihm, da saß er im Bundestag. Geheimdienste wurden sein Thema. Andreas von Bülow traut ihnen Schlimmstes zu: eine Verwicklung in die New Yorker Anschläge". Der Tagesspiegel - Sonntag, Berlin, 13.01.02 - Seit S1. 10- Entre 1983 e 1997 cerca 83.000 mujahidin foram treinados no Afeganistão . 11- Ele foi ferido a tiro de revólver, por John Hinckley, Jr , ao sair do Hilton Hotel. Foram também foram feridos o secretário de imprensa James Brady, o policial Thomas Delahanty e o agente do serviço secreto Timothy J. McCarthy. John Hinckley, Jr, preso em flagrante, foi considerado insano. 12- al-Qadhafi , Muammar. O Livro Verde. Trípoli (Líbia): Empresa Pública de Edição, s.d., p. 24. 13- Id., ibid., p. 12. 14- Id., ibid., p. 16. 15- Socialist People's Libyan Arab Jamahiriya. Commentary on the Green Book. Tripoli: World Center for Researches and Studies of the Green Book, vol. 1, p. 15. 16- O Brasil, em 1970/71, estendeu o mar territorial a 200 milhas. Os EUA e outras nações somente reconheciam 12 milhas. 17- Anwar Saddat, que sucedeu a Nasser no governo do Egito, viajou a Jerusalém, em 1977, com propostas de paz e o presidente Jimmy Carter intermediou os acordos de Camp David, celebrados em 1978, o que levou vários países muçulmanos, que não aceitavam o reconhecimento de Israel, a romper relações diplomáticas com o Egito. O atentado contra Saddat resultou na morte de mais sete pessoas, que o acompanhavam, e deixou 28 feridos. National Security Decision - Directive Number 30 - Managing Terrorist Incidents, a) Ronal Reagan - Federation of American Scientists - Intelligence Resource Program - http://www.fas.org/irp/threat/terror.htm 18- Em 16 de setembro de 1982, o exército de Israel, sob o comando de Ariel Sharon, isolou os acampamentos de Sabra e Chatila, disparou foguetes para iluminar o céu, durante a noite, e autorizou a entrada das milícias cristãs, que assassinaram mais do que 2.000 palestinos. Os EUA condenaram o massacre, mas não insistiram para que Israel se retirasse do Líbano. 19- Em 1958, o presidente Dwight D. Eisenhower despachou uma unidade de marines para respaldar o governo do presidente Camille Shamun (1952-1958), contra os muçulmanos, sobre o pretexto de que eles contavam com o auxílio da Síria e estavam a receber armas da URSS. Essa intervenção concorreu para acicatar os muçulmanos contra os EUA. 20- A palavra Jihad provém da raiz árabe - jahada - que significa luta, guerra. Ela foi celebrizada como Guerra Santa pelos guerrilheiros que combatem contra os governos, em vários países islâmicos. Mujahid, ou seja aquela que promove a Guerra Santa, significa que vai diretamente para o paraíso, se ele morre, e o inimigo para o inferno. E essa Jihad, ao que tudo indica, teve sua origem no Egito, após a derrota, na guerra contra Israel, em 1967. Seu principal teórico foi o egípcio Ayman al Zawahri, discípulo de Hasan al-Banna, mestre de escola e fundador da organização da fraternidade Irmãos Muçulmanos, que defendia o estabelecimento de um estado islâmico. Os membros dessa fraternidade, dissolvida, em 1948, foram perseguidos, pelo governo de Nasser, durante o qual tiveram de viver na clandestinidade. E atribuíram a derrota na guerra contra Israel, em 1967, ao abandono do Islam pelos governos árabes, que assim cometeram apostasia. Mas a cultura da Jihad e dos mártires ou shuhada envolve todos os países islâmicos. Na Palestina, os que morrem durante a Intifadah contra a ocupação Israel adquirem enorme prestígio. 21- Extract of NSDD 138, April 1984. National Security Archive 22- A preparação do golpe militar começou em 1970, por instrução direta do presidente Richard Nixon a Richard Helms, diretor da CIA, visando a impedir a posse de Salvador Allende na presidência do Chile, para a qual fora então eleito. 23-general René Schneider, comandante-em-chefe das Forças Armadas, opôs-se à conspiração e foi assassinado pela CIA. U.S. Senate - Alleged Assassination Plots Involving Foreign Leaders, pp. 225 a 254. 24- Em 1975, Castro entregou ao Senador George McGovern uma lista com 24 tentativas de assassiná-lo, nas quais a CIA esteve envolvida. A CIA negou envolvimento em quinze. Ibid., p. 71n. 25- Mayer, Arno - "Untimely Reflections" , in Theory & Event - Volume 5, Issue 4 - | © 2002 26- Drug Enforcment Agency. 27- Gerlach, Jeffrey R.- "Pentagon Myths And Global Realities: The 1993 Military Budget" - Policy Analysis No. 171 - May 24, 1992 - Cato Institute. 28- Military Spending Working Group - Military Spending Situation Assessment http://www.fas.org/pub/gen/mswg/situatn.htm 29- Três porta-aviões da Força Tarefa da Sexta Frota, com 225 aviões, já estavam estacionados ao largo da Líbia, para manobras, em março de 1986. Houve choques com navios da Líbia, contra os quais foram lançados cinco ataques no dia 26 de março. 30- Center for Data Analysis - The Heritage Foundation - http://www.heritage.org 31- 1996 Patterns of Global Terrorism Report - Archive Site for State Department information prior to January 20, 2001. http://www.state.gov/www/global/terrorism/1996Report/1996index.html. Segundo The New York Times, 774 incidentes terroristas ocorreram em 1986 e aumentaram para 832, em 1987, um aumento de 6% devido principalmente ao incremento das explosões de bomba no Paquistão, atribuídas à polícia secreta do Afeganistão. Johnson, Julie - "Abduction Renews Hostage Policy Debate in U.S." - The New York Times, 28.02.1989 32- Em março de 1999, a Corte de Justiça da França condenou agentes do governo da Líbia, inclusive cunhados de al-Qadhafi, acuados de terem promovido a explosão do avião UTA sobre a Nigéria. Quatro meses mais tarde, a Líbia pagou 211 milhões de francos franceses (US$ 33 milhões) à França como indenização para os parentes das vítimas, reconhecendo assim sua responsabilidade pelo atentado. 33- Em 1980 os xiitas (Shi'ites) do Iraque, inspirados pela revolução no Iran, tentaram assassinar membros do governo. 34- Em 1980 os xiitas (Shi'ites) do Iraque, inspirados pela revolução no Iran, tentaram assassinar membros do governo. Saddam Hussein reagiu, ordenando a deportação para o Iran de milhares de Shi'ites e mandando executar o líder da oposição. 35- Tyler, Patrick E. - "Officers Say U.S. Aided Iraq in War Despite Use of Gas", The New York Times, 18.08.2002. 36- Blum, William. Rogue State - A Guide to the World's Only Superpower. Londo: Zed Books, 2001, pp. 112-123. 37- Tirman, John. Spoils of War: the human cost of América's trade arms. New York: Free Press - Simon & Shuster, 1997, p. 111. 38- Id., ibid., p. 168. 39- Saddam Hussein formou-se na Inglaterra, como oficial da marinha britânica, e, segundo consta, e trabalhou como agente CIA, durante os anos que antecederam sua chegada ao poder 40- Shellum, Brian - "A Chronology of Defense Intelligence in the Gulf War: a Research Aid for Analyst". July !977. Defense Intelligence Agency History Office - National Security Archive 41- 1996 Patterns of Global Terrorism Report - 1996 - Archive Site for State Department information prior to January 20, 2001. http://www.state.gov/www/global/terrorism/1996Report/1996index.html 42- Gerlach, Jeffrey R. Pentagon Myths And Global Realities: The 1993 Military Budget. Policy Analysis No. 171 - May 24, 1992 Jeffrey R. Gerlach is a foreign policy analyst at the Cato Institute. 43- O declínio das despesas militares em relação ao PIB refletiu o imenso crescimento da economia Americana desde 1960. O PIB dos EUA, da ordem de US$ 1.655,3 blhões (dólar constante), em 1960, saltou para US $4.117,7 bilhões em 1989. Diante de tal crescimento, é natural que a percentagem dos gastos militares tenha caído. Conetta, Carl & Knight, Charles - "Inventing Threats", in Bullentin of Atomic Scientists March/April 1998 Vol. 54, No. 2. 44- O atentado contra a Embaixada de Israel em Buenos Aires foi represália por causa da morte do secretário general do Hizbollah, Abbas Al- Musawy, e sua família no sul do Líbano em 16 de fevereiro de 1992. 45- Timothy McVeigh era sargento do Exército norte-americano e foi honrado e condecorado por sua outstanding performance durante Operation Desert Storm, contra o Iarque (1990-91). Ele recebeu a Bronze Star e a Combat Infantry Badge. 46- A lei proposta por Bill Clinton violava a Constituição dos EUA ( Bill of Rights), ao conceder ao presidente dos EUA os mais amplos poderes, inclusive o de ter acesso às informações sobre as contas bancárias pessoais, sem ordem judicial, de designer certas organizações como "terroristas" e ter acesso aos seus ativos financeiros, bem como prender cidadãos norte-americanos e deportar estrangeiros, sem processo judicial. Ela ainda autorizava o governo a invocar a "secret evidence", que os estrangeiros e seus advogados não podiam examinar por causa da segurança nacional etc., e lhe dava outros poderes, atentando contra a 6ª Emenda, que garantia ao acusado, fosse americano ou estrangeiro, o direito de defesa. Timothy McVeigh foi executado em 11 junho de 2001, na prisão de Indiana, com uma injeção da gás letal. Seu cúmplice, Terry Nichols, foi condenado a prisão perpétua. 47- Final Report Reviews And Details - Current Review - World Net Daily Article - Final Report on the Bombing of the Alfred P. Murrah Building April 19, 1995. 48- Essas bombas, segundo as estimativas, mataram mais de 100 civis, apenas em Bagdá, no curso dos anos seguintes. 49- Blum, William. Rogue State: a Guide to the World's only Superpower. London: Zed Books, 2001, pp. 31-32. 50- Id., ibid., p. 32. 51- Defense Science Board. The Defense Science Board 1997 Summer Study Task Force on DoD Responses to Transnational Threats (Washington: U.S. Department of Defense, October 1997), vol. 1, Final Report, p. 15. Apud Ivan Eland - "Does U.S. Intervention Overseas Breed Terrorism: The Historical Record - The Historical Record" , Foreign Policy Briefing , Cato Institute, December 17, 1998. Cato Foreign Policy Briefing No. 50 52- Luxemburg, Rosa. Die Akkumulation des Kapitals, in Luxemburg, Rosa. Gesammelte Werke. Berlin: Dietz Verlag, Band 5 (Öconomische Schriften), 1990, pp. 398-411. 53- Tirman, John. Spoils of War: the human cost of America's arms trade. New York-London: The Free Press, 1997, p. 6. 54- Common Era 55- Quando o Muhammad faleceu em 632 C.E., a liderança da comunidade muçulmana passou para os quartos rashidun khulafaa, que mantiveram o poder em Mekka. 56- Guimarães, Samuel Pinheiro - "Esperanças e Ameaças: notas preliminares", outubro 23, 1995. Manuscrito. 57- Touraine, Alian - "La hegemonía de EE.UU y la guerra islamista", in El País, Madrid, 13.07.2001. 58- "Hunting bin-Ladin" - Frontline - PBS, 2001 http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/binladen/interviews/bearden.html 59- President Bush's Radio Address To The Nation, October 6, 2001 The White House - Office Of The Press Secretary - October 6, 2001. LA ONDA® DIGITAL |
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