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La
teoría de la atribución
Determinar
por qué ocurren las
cosas es fundamental para la eficacia de las personas, los grupos
y las sociedades y es fundamental para realizar diagnósticos. Muchos
de nosotros tratamos consciente o inconscientemente de determinar
por qué ocurren las cosas al atribuir causas a los sucesos. Por
tanto, la atribución se refiere a cómo especificamos las causas
que percibimos de las circunstancias. No es raro pues que
diferentes personas atribuyan distintas causas a un mismo hecho. Las
investigaciones sugieren que cuando las personas tratan de
entender los motivos de sus comportamientos o el de otras
personas, se fijan en factores personales,
como los hábitos, las necesidades, las aptitudes o los intereses
y las tradiciones, o en factores situacionales,
como aumento de la competencia, escasez de recursos o mal
gobierno.
Se
pueden atribuir correctamente o no,
los motivos de un comportamiento a ambos tipos de factores. La
atribución y los errores de atribución se presentan de manera
pronosticable. Hay tres factores que influyen en las atribuciones
sobre la causa del comportamiento: el
consenso: cuántos
otros se comportaron de la misma manera que el individuo; por lo
general asignamos causas personales a comportamientos singulares
y causas de la situación a comportamientos asumidos por
muchos otros; las
diferencias:
qué tan consistente (o inusual) es el comportamiento de una
persona en muchas situaciones; por lo general asignamos causas
personales a un comportamiento consistente y causas situacionales
a un comportamiento inusual. la
consistencia:
qué tan consistente es el comportamiento de una persona en
diferentes situaciones y con el transcurso del tiempo; por lo
general asignamos el comportamiento consistente de una persona
a causas personales y los comportamientos que representan a
casos aislados a causas situacionales Atribuir
la causa de una situación a factores personales o situacionales
también depende del punto de vista de la persona, de la idoneidad
y el impacto del comportamiento, de la naturaleza de los
resultados, de la tendencia de la persona a tener una respuesta y
del concepto que tenga de si misma. El
punto de vista personal Una
persona puede participar en una situación en calidad de actor
o de observador. Las investigaciones respecto a estas atribuciones
indican que tratándose de un comportamiento , el actor de una
situación concede importancia a las causas situacionales y resta
importancia a los factores personales, como forma de proteger su
ego y la imagen de si mismo, mientras que el observador hace lo
contrario. Teniendo
en consideración todo este marco teórico extraido de J.
Gordon
(Gordon, Judith R. 1997. Comportamiento
Organizacional.
5ª ed.; México. Prentice Hall.) observemos la realidad nacional. La
profunda crisis que se vive en el país nos tiene a “todos
de espectadores”. La crisis es causada por el contagio
argentino, o la deshonestidad de algunos banqueros o la política
económica. (el Modelo Neoliberal), o por todas ellas o por una
combinación de ellas. Que
el mundo ha cambiado y nosotros no, no es tenido en cuenta. Que países
como Nueva Zelandia,
país con
el
que siempre nos hemos comparado por las semejanzas de superficie ,
latitud y producción básica, que a
partir del año 1995, en cuatro
años pasaron de 88 mil funcionarios que había en 1994, a 32 mil,
no se tiene en cuenta (Hunn, Donald “Dirección y Gerencia Pública, Gestión para el
cambio” Diciembre de 1998, Santiago de Chile, Dolmen Ediciones).
¿Cuántos empleados públicos tenemos en Uruguay? Dicen
que en Uruguay hay muchos empleados publicos, porque se incluyen
los maestros, ¿tántos maestros tenemos? Parte
de esta reducción que se produjo en Nueva Zelandia se dio no sólo
por la necesidad de reducir costos, sino también a raíz
que toda una generación de servidores públicos –de
edades que fluctuaban entre 45 y 60 años -, se jubiló. En
efecto, el perfil de sus funcionarios ha cambiado drásticamente.
Antes era normal llegar a los 60 años en el servicio público.
Eso desapareció, ahora los trabajadores y los gerentes son más jóvenes,
“se vive en un mundo
nuevo que tal vez no sea del gusto de todos, pero si queremos
triunfar en él debemos aceptarlo y asumir las nuevas formas de
mirar y hacer las cosas” (Hunn,
Donald, Ibídem). Este
autor, ex Director de la Comisión de Servicios Estatales del
gobierno Laborista de Nueva Zelandia, también expresa con
respecto a la velocidad del cambio: yo antes era un gradualista,
por lo que mi primera reacción ante los cambios realizados en mi
país en los años 1994 – 1995 fue pensar que eran una locura,
que el gobierno no podía esperar que los sectores públicos
cambiaran con tal rapidez dada la magnitud y extensión de las
reformas que proponía. Pero yo estaba equivocado; después de un
año hicimos una encuesta y, para mi sorpresa, los funcionarios
opinaron que debía acelerarse más el proceso. Existe una
poderosa razón para no dilatar los cambios más allá de lo
indispensable: éstos generan incertidumbre y es necesario
entregar certidumbre lo más luego posible. Además, todo cambio debe enfrentar resistencias, debe vencer
la inercia y la oposición con la que siempre se enfrenta; esto
constituye otra poderosa razón para acelerar el proceso,
especialmente en la primera etapa, en el momento de crear nuevas
estructuras”. Para
concluir, Donald Hunn,
expresa: “Normalmente las políticas de reducción del tamaño
del Estado implican reducción de personal; éste es uno de los
aspectos más difíciles del proceso de cambios y requiere de una
especial atención. Desde luego, se deben considerar los aspectos
legales del empleo y la relación con los sindicatos, diferentes
en cada país. Sin embargo, por muy duros que resulten estos ajustes a veces son necesarios para el
bien futuro del país y de la ciudadanía”. En
Nueva Zelandia, según el citado autor, “tratamos de atenuar
todo lo posible las medidas de reducción del personal mediante
jubilaciones anticipadas, pagos extraordinarios – de hasta un año
de sueldo -, cursos de capacitación, consejerías, ayuda para
encontrar otros trabajos y otra iniciativas. Estas medidas son
caras, nos costaron un billón y medio de dólares, suma muy alta
para nosotros; pero el gobierno consideró este desembolso como
una inversión, tanto
para el futuro del país como para preservar un buen ambiente
dentro de la organización pues como también los funcionarios
que se quedan se sienten mal, se producen sentimientos de culpa al
pensar por qué le tocó perder el trabajo a tal o cual compañero,
un buen funcionario que llevaba tantos años trabajando en la
organización”. Nueva
Zelandia para evitar la crisis, hizo los cambios a mediados de la
década del 90. El pueblo fue el actor de su destino. Hoy en Uruguay seguimos echándole la culpa a otros, somos un país de simples observadores. LA ONDA® DIGITAL |
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