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El movimiento
("micro-clima") musical uruguayo

por Jorge Rocha*

El universo musical uruguayo es sin dudas muy importante si, por movimiento, entendemos el interés que su consumo y práctica genera en nuestra gente, a todo nivel. Podemos decir sin exagerar que el nuestro es un pueblo muy musical. Bastaría con realizar una simple observación para darse cuenta que, en proporción, tomando a Montevideo como ejemplo, ésta tiene más sitios dedicados al comercio de instrumentos musicales que otras urbes o capitales de América que hasta le triplican en población. Podríamos compararlo con la realidad del deporte, el fútbol y establecer un paralelo similar, hay mucho talento y calidad distribuidos en un porcentaje mínimo de habitantes. Hay salas de ensayo, pequeños estudios de grabación, diseminados por toda la ciudad. Ni hablar de la cantidad de grupos, bandas que reúnen a una gran cantidad de aficionados, novatos y profesionales que encuentran en la ejecución musical su razón de ser. Basta con ver el despliegue de variedad, diversidad, talento y cuando no muy buenas intenciones, que se pudo ver en la pasada edición de un concurso de bandas jóvenes, donde se presentaron más de 800, la Sala Zitarrosa, como epicentro, que no tiene descanso. Algo parecido sucede con las propuestas que se presentan en nuestra ciudad y otras,  noche a noche ó, más bien dicho, todos los días. 

Nuestra música es indudablemente muy percutiva, y no solo por tradición e historia, con el Candombe como emblema, los tamboriles, la murga. Eso se ha visto aumentado con creces en los últimos años, en parte por una toma de conciencia “casi”  de identidad que no solo se le puede adjudicar a nuestros descendientes africanos, al mestizaje, sino también como a un sentimiento nacional, además claro está, de su utilización como identificación con lo popular, con “lo nuestro” y, asociándolo con otras grandes pasiones masivas, dándole un claro matiz de “barrio” a esta expresión, en parte como manifestación de división y a veces – infelizmente – como color político además, de la innegable influencia que en este resultado han tenido los persistentes problemas sociopolíticos. 

Efecto Maracaná: Pero, en todo nuestro universo musical damos vueltas en círculo. Nos quedamos encerrados en nuestras propias y supuestas glorias tanto como limitaciones, si bien hay excelentes excepciones, en términos generales seguimos viviendo casi de espaldas a la realidad del mundo contemporáneo, prenda la radio y recorra el dial, vaya a la tienda de discos y revise con calma sus anaqueles, verá lo que quiero decir. Esto es tan complicado o tan sencillo como que, queramos admitirlo o no, discutirlo, analizarlo o achacárselo a nuestra proverbial “idiosincrasia”, melancolía o bucólica y “grisácea” personalidad, que en definitiva, no es más que una imagen, ya desdibujada que, al parecer aceptamos mantener.  A veces pareciera que quienes “manejan” el mercado optan por no hacer mayor difusión y promoción de otras tendencias en la, finalmente incomprensible creencia, de asegurarse así los beneficios. Por otro lado los medios, igualmente presionados por esta absurda mecánica, tampoco difunden otros géneros, no divulgan, no se “abren” a otras corrientes que les signifique llegar a segmentos del público o audiencia, de igual o mayor importancia pero por ellos descuidados y poco tenidos en cuenta, cayendo así en un círculo vicioso, “clásico”, por ende repetitivo cual estigma de un “lo nuestro” de valores desteñidos. O donde – increíblemente – lo popular, en tanto popular, es llevado a caer en la mediocridad. Se subestima obscenamente a toda la audiencia, porque el público dicen – quienes manejan el negocio, los medios, la difusión masiva – eso es lo que quiere!!!. 

Encerrados en este “micro-clima”, no nos damos cuenta de que en realidad, nuestras expresiones y manifestaciones musicales, poco trascienden fronteras, poco son conocidas en otros mercados, poco es el intercambio. A modo de anécdota, se han dado casos en que a nuestra popular cuerda de tambores de candombe, en otros países de Latinoamérica, se le han atribuido tendencias tribales, demoníacas. Así, aun rendimos pleitesía a unos cuantos artistas a los cuales los rodeamos de una aureola de majestuosidad (los bueyes sagrados) que obviamente no tienen y, me atrevo a asegurar, que esto lejos de favorecerlos finalmente los perjudica, ya que son emblemáticos por lo que hicieron, por lo que fueron, en vez de darle la importancia que pudieran tener por lo que ahora hacen y por lo que puedan hacer como guías de las nuevas generaciones, con la mirada puesta en la realidad total, de las nuevas tendencias. Esto demuestra sin lugar a dudas, una fuerte y evidente dificultad para aceptar y adaptarse a los cambios, globalización incluida. 

La revolución necesaria: Solo unos pocos artistas han considerado la necesidad y tenido la honestidad de escuchar otras músicas y asimilarlas, no para dejar lo suyo, sino para revalorizarlo a través de amplios conocimientos y de aprovechar ese trabajo de asimilación, comprensión y estudio para crecer como músicos, como artistas y como personas. Para poder trascender, competir y aspirar mayores logros con posibilidades de ampliar los horizontes, para no perder el ómnibus de lo contemporáneo y actual, lo que no quiere decir, perder de vista sus raíces, no, pero conscientes de la universalidad de los nuevos tiempos, lo que exige “romper paradigmas” que absurda e inconscientemente puedan atarlos a vicios de actitud, falsos y malentendidos nacionalismos o trascendentales pero hoy románticas revoluciones. Artistas que son reconocidos por sus propuestas musicales, por sus proyectos en todo el mundo, que comparten el escenarios y los estudios con los grandes exponentes de distintos géneros pero, también en casa, los hay en buena cantidad que trabajan, luchan y tienen igualmente interesantísimas propuestas, actuales y de vanguardia. Juntos forman parte de las nuevas tendencias, opacadas aun, pero que están para quedarse. 

Ellos, nunca se comprometieron tampoco con el equivocadísimo nacionalismo que se abroquela en lo propio y se circunscribe al aldeanismo de las fronteras. Y con una mejor difusión y divulgación podemos hacer que la revolución, sea el trascender nuestras propias fronteras (no solo las de la mente) y dar a conocer nuestros valores, pero conscientes de que la forma de hacerlo, pasa por no “cerrarnos” a la universalidad de la música, a la que le pondremos sí, nuestro autóctono sentir. Tenemos con que, la materia prima existe, variada y de excelente calidad. 

No debemos olvidar, para no repetirlo. Lo que no es igual a, repetirlo y repetirlo para no olvidarlo. Si el mundo es en colores: porque insistir en verlo en blanco y negro. Podemos hacer de estos tropiezos una oportunidad. Un País mejor para todos. 

Ciertamente son momentos difíciles, pero no recientes y ya nos hemos demostrado que podemos superarlos. Pero también es cierto que ahora más que nunca es un problema de todos, de actitud y de compromiso, que en la medida en que participemos, desde el puesto más humilde, hasta el más encumbrado, trabajando con mística y entrega, cuando nos involucremos en las decisiones, en los resultados cuando exijamos la verdad y calidad, la cosecha será nuestra, mucha y gratificante sin duda.

* Jorge Rocha:
TSU en Diseño de Comunicación, Imagen e Identidad Corporativa. Director y Editor del Web Magazine Jazzeandito dedicado a la divulgación, desde Uruguay, del Jazz Contemporáneo, el Latin Jazz y Fusión. Dedicado, además, al Diseño y Organización de Eventos, Representación, Difusión de Información y Asesoría de Artistas. Analista y colaborador en varios Sites, Foros y Grupos Internacionales de música, especialmente latina. Percusionista (batería), produce y conduce Jazzeandito” en Radio, (proyecto que busca estar pronto en el aire), Productor del espacio En Clave de Jazz un recinto donde se pueden encontrar distintas opciones, alternativas, estilos y propuestas del genero del Jazz. Estuvo radicado en Venezuela por más de 20 años de donde regresó a fines del año 2000.

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