|
En
pos de los papeles perdidos del periodismo, La
predominancia de lo formal sobre lo sustancial que le distingue en
la práctica, está reclamando una redefinición del periodismo El
conflicto, factor consubstancial de la vida social y referente
primordial de la información, la opinión y la interpretación
noticiosas, ha visto modificarse su naturaleza y
expresiones en la democracia. En este cuadro, el
periodismo, especialmente el latinoamericano, está afectado por
la erosión de sus mapas cognitivos. De
lo que se trata ahora es de reinventar los papeles que
tradicionalmente se asignaba a los medios y a los informadores
tomando en consideración las
peculiaridades de la conflictividad democrática y el desafío
central de la región consistente en construir democracia con
desarrollo. Abstract Conflict is not only a basic component of social life but a
central referent of journalistic activity too. In democracy, the
nature of conflict and its expressions have changed.
In that context, specially the Latin-American journalism
has lost its cognitive maps. The most important now is to invent once more the traditional
concept and role of information media and journalists. It is
absolutely necessary to think of democracy with economic and
social development for this. Hasta
hace muy pocos años el periodismo se desenvolvía en un marco de
certezas. Dependiendo de la perspectiva en que se inspirara,
estaba dedicado a "informar, educar y entretener", se
inscribía como parte de la "lucha de clases" o buscaba
aportar a la consecución del "bien común"[1]. Así, los medios informativos y los periodistas seguían,
conscientemente o no, unos principios de orden que les permitían
desempeñarse dentro de ciertas líneas de coherencia y, a la vez,
quienes fungían como fuentes noticiosas al igual que aquellos
ubicados en el lugar de la recepción mantenían expectativas
concretas respecto del comportamiento esperado y deseable de
aquellos. Sin
embargo, todo empezó a cambiar —en lo que concierne
especialmente a Latinoamérica— a partir de la recuperación de
la forma democrática de gobierno, la posterior aplicación de los
llamados Programas de Ajuste Estructural (PAE), la progresiva
descomposición del sistema socialista realmente existente con todas las consecuencias
que ello trajo para la arena internacional y, en último término,
de la rápida difusión del proceso globalizador. De
ese modo, de un largo tiempo en que cada quien sabía con más o
menos precisión cuál era su posición y papel en el mundo,
incluidos los medios y los periodistas, se ha pasado a un período
transicional en que esas antiguas seguridades han dejado de
ser tales. La naturaleza y la realidad de los conflictos,
referente fundamental para la actividad periodística, se han
modificado, por lo que ya no es dable continuar concibiendo la
profesión del periodismo desde los parámetros considerados
tradicionales. El
retorno a la forma democrática en la región no sólo que no ha
sido fácil sino que en varios casos (el paraguayo, por ejemplo)
todavía aparece como un objetivo por alcanzar; pero, además, en
un buen número de países la inestabilidad política se ha
manifestado como un dato inconfundible de la redemocratización[2] y en la gran mayoría de ellos el descrédito de las
instituciones políticas ha crecido a la par del desencanto
ciudadano[3].
Éste se relaciona ante todo con los preocupantes índices de
corrupción —con la relativa excepción de Chile y Uruguay, el
resto de América Latina está clasificada entre los países más
corruptos del mundo[4]—
registrados en los poderes públicos (legislativo y judicial,
especialmente) y con un sentimiento mayoritario sobre la
ineficiencia demostrada hasta ahora por la democracia para atender
y resolver las urgencias cotidianas. La
puesta en vigencia de las recomendaciones neoliberales ortodoxas,
organizadas en el denominado "Consenso de Washington" de
1989[5],
condujo por su parte a un
estado de cosas que diez años después, por su explosividad
potencial, empezó a convertirse en preocupación central de
organismos multilaterales y gobiernos: el aumento de la pobreza,
el desempleo y la concentración del ingreso[6].
Esto ha sido claramente reflejado en la "Cumbre del
Milenio" celebrada en septiembre de 2000 que fijó un
conjunto de metas internacionales de desarrollo —centradas en (i)
bienestar económico, (ii) desarrollo social y (iii)
sostenibilidad y regeneración ambiental— y reapareció con
fuerza contenida en la Conferencia Internacional sobre la
Financiación para el Desarrollo efectuada en Monterrey en marzo
de 2002. Se
sumó a ello, como contexto general, la rearticulación del
escenario mundial propiciada por la extinción de la Unión Soviética
y el bloque de la Europa socialista así como por el afianzamiento
de las finanzas, los mercados y los productos culturales globales
asentado en la creciente utilización de las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación resultantes de
la convergencia entre microelectrónica, informática y
telecomunicaciones. Frente
a ese panorama, cada vez más complejo y en permanente mutación,
no solamente los mapas
cognitivos de la política han sido erosionados[7]
sino también aquellos de
que disponía el periodismo. De ahí que emerja la pertinencia
actual de las preguntas en torno a lo que medios de información y
periodistas deben (o pueden) hacer en un cuadro de intensa y
multifacética conflictividad social. El
conflicto, contexto y matriz Asumidos
estos supuestos iniciales, es igualmente factible señalar al
conflicto como el marco general en que trabaja el periodismo y,
por tanto, como la matriz de las diferentes materias de que se
ocupa y de los modos en que las formaliza, es decir, en que lleva
a cabo su selección, jerarquización y codificación para
informar (describir), opinar (juzgar) o interpretar (analizar,
explicar y proyectar). Pero
es indispensable dejar establecido, asimismo, que la actividad
periodística
—con sus organizaciones y operadores— no sólo es un locus
para la observación y valoración "imparciales" de los
conflictos, sino al propio tiempo un espacio para la intervención
activa en la conflictividad social. En
síntesis, y aunque se pueda pecar por simplificación, no hay
periodismo sin conflicto y a la inversa, en la época actual, casi
no existe conflicto al margen del periodismo (la visibilización
del conflicto es un factor sine
qua non de su gestión). El
conflicto en democracia La
transición hacia el sistema democrático y la ejecución de los
PAE provocaron un importante desplazamiento de la conflictividad
de la dimensión política a la socioeconómica, ya que los
sectores sociales, que se fragmentaron o aumentaron sus divisiones
luego de alcanzada la apertura constitucional, comenzaron a
exteriorizar sus demandas de empleo, salariales, educación, salud
u obras de infraestructura o saneamiento básico por separado sin
llegar a articular movimientos unitarios fuertes y de larga duración
en ningún caso. Como
se sabe, esta dinámica —vista por algunos como un efecto
perverso de la democracia— fue estimulada por el debilitamiento
de las izquierdas tanto como por la "despolitización" y
el individualismo pragmático de que vino aparejada la distensión
ideológica democrática. Paralelamente, el ambientalismo y los
temas de género y generación, de innegable carácter
transversal, aportaron nuevas fuentes de conflicto al igual que lo
hicieron las revitalizadas cuestiones étnico-culturales. En
el plano internacional la conflictividad quedó estructurada en
base a dos ejes: uno, concerniente particularmente a las
relaciones América Latina-Estados Unidos de Norteamérica, está
compuesto por la identificación de tres "enemigos"
sustitutos del comunismo que son las migraciones ilegales, el tráfico
de drogas y el terrorismo[8],
y otro, referido a intereses de escala planetaria, tiene que ver
con cinco "problemas" reconocidos en el control de los
mercados globales, la pobreza, el daño ecológico, la corrupción
y los riesgos que afronta la democracia. De
esta forma, la (re)democratización ha modificado la composición
de los conflictos y los ha diversificado —al menos dentro de los
países— en sus orígenes y agentes. No obstante, y siempre para
el caso latinoamericano, se
podría sostener que las dificultades comunes se vinculan con la
inestabilidad política, la debilidad institucional, el deterioro
económico, la exclusión social y la desatención de las
urgencias poblacionales básicas. Lo
que hay en democracia,
por ende, son conflictos (en plural), la mayoría de los cuales se
manifiesta, por el momento, sin conexión evidente entre sí. El
periodismo en democracia Las
estructuras mediáticas tradicionales de América Latina
respondieron, casi sin excepción, al modelo generado por la
"guerra fría" y surgieron variadas como restringidas
experiencias de periodismo alternativo y popular, pero más tarde,
mientras aquéllas se acomodaron a las nuevas condiciones que
generó el régimen democrático, los últimos ingresaron en una
evidente fase de declinación. La
reposición o conquista de las libertades constitucionales, que
pronto se vinculó con la liberalización económica, facilitó la
multiplicación de los medios empresariales (radioemisoras en
frecuencia modulada y televisoras locales, fundamentalmente) y la
consolidación financiero-económica de las empresas
comunicacionales y periodísticas más grandes. A propósito, es
sintomático el consenso que existe en torno a que el decenio de
1980, "perdido" para Latinoamérica en términos de
crecimiento económico por la crisis de la deuda exterior, fue más
bien "ganado" en lo relativo a la expansión de la
infraestructura y los
negocios mediáticos. Igualmente,
la democracia halló en los mass-media otro espacio
para el ejercicio de la ciudadanía, hecho que potenció de modo
notable a los medios audiovisuales a medida que aumentaba el descrédito
de las instituciones del sistema político y sus protagonistas.
Gracias a eso, en no pocos casos la radio y la televisión se han
convertido en mediadores efectivos y hasta en gestores de demandas
ciudadanas[9]
así como en reemplazantes de los parlamentos en materia de
fiscalización del desempeño estatal, razones que junto a su
priorización por los
partidos en lucha electoral los han erigido como verdaderos
actores estratégicos. Con
todo ello, el periodismo ha ingresado, de facto, en una lógica distinta sin haberse preparado lo
suficiente e inclusive sin percatarse en serio de lo acontecido y
sus consecuencias. Como
le viene ocurriendo a las Ciencias Sociales, todavía
incapacitadas para comprender las transformaciones de su objeto de
estudio convencional, el periodismo tampoco da muestras de haber
encontrado opciones claras para enrumbar su ser y su quehacer. Periodismo
y nueva conflictividad El
mayor desafío que tiene América Latina hoy es construir
democracia con desarrollo, esto es, afianzar un sistema
igualitario de derechos y deberes ciudadanos de forma simultánea
a posibilitar el crecimiento económico con redistribución
equitativa. Lo primordial de la nueva conflictividad social gira
alrededor de este núcleo y es ahí donde el periodismo tendría
que buscar su nuevo horizonte de sentido sin desvincularse, por
supuesto, de las cuestiones que plantea el mundo globalizado. Esto
significa que el periodismo, como servicio de interés público
que es, no puede (¿no
debe?) rehuir la necesidad de un compromiso concreto. Obviamente,
aún es posible que los que así lo prefieran se refugien en las fórmulas
conservadora-objetivista, sensacionalista o simplemente light,
mas en ninguna de tales versiones un medio ni un informador habrán
abandonado la condición de engranajes en maquinarias deliberada
o ingenuamente incomprendidas. Las
actuaciones del periodismo Aun sin proponérselo, y debido a que opera en el ámbito de
la simbolización, el periodismo produce representaciones sobre
las manifestaciones de la conflictividad social y, por esa vía,
interviene en esa dinámica de fuerzas. Todos sus contenidos, sea que aspiren a reproducir lo real,
que se pronuncien al respecto o que busquen explicarlo desde
alguna lógica, traducen inevitablemente un trabajo de construcción
simbólica que remite a los conflictos, hablando de ellos,
participando en su proceso e incluso propiciándolos. Se
trata, por tanto, de que además de hacerse cargo de los
"conflictos noticiables" (Borrat) para alimentar sus
flujos discursivos, el periodismo es un actor de las relaciones
sociales conflictivas que se guía por estrategias tanto propias
como concertadas y que recurre a diversas tácticas de formalización
de la realidad parcelada y de producción de verosimilitud. La inserción de la actividad periodística en el contexto de
la conflictividad social, la aceptación de que ésta constituye
su referente primordial y el reconocimiento de su intervención
activa en la trama de conflictos implican una comprensión de
mayor pertinencia de esta profesión, sus medios y operadores, que
aquella ofrecida por los convencionalismos que suelen reducirla a
una práctica de naturaleza quijotesca y hasta mesiánica o que
aquella otra más bien fundada en la sospecha de la conspiración
constante. Periodismo
para la ciudadanía La
gran contribución que está al alcance del periodismo en
beneficio de una democracia
comunicada y una ciudadanía
informada y participante, y por ende del proceso de desarrollo
humano, consiste en que abra canales equilibrados para la
interacción de los actores de la sociedad, ayude responsablemente
a transparentar la gestión pública, desarrolle su agenda sin
desvincularse de los
temas de interés colectivo y aliente la intervención activa y
documentada de los ciudadanos en la deliberación sobre los
asuntos de afectación generalizada. El
periodismo, como condición previa para la consideración singular
de los hechos, requiere tener una visión de los procesos y un
proyecto societal democrático que le permitan administrar la
incertidumbre y actuar coherentemente en la trama de conflictos de
que se nutre y en la que habita. Los papeles de los medios periodísticos y los informadores, en este tiempo de desconcierto y volatilidad, no son algo que haya que recuperar sino el objeto de una reinvención indispensable y, por si acaso, inaplazable. 1
Bibliografía
consultada Borrat,
Héctor, El periódico,
actor político, Edit. G. Gili, S.A., Barcelona, 1989. Calderón,
Fernando y Lechner, Norberto, Más allá del Estado, más allá del mercado: la democracia, Edit.
Plural, La Paz, 1998. Calderón,
Fernando et at. Esa esquiva
modernidad. Desarrollo, ciudadanía y cultura en América Latina y
el Caribe, Edit.
Nueva Sociedad, Caracas, 1996 CEPAL,
Panorama Social de América
Latina 2000-2001, CEPAL, Santiago de Chile, 2001. Garretón,
Manuel, "Democracia, ciudadanía y medios de comunicación.
(Un marco general)", en Varios autores, Los medios, nuevas plazas para la democracia, Calandria, Lima, 1995,
pp. 97-108. Muraro,
Heriberto, Políticos,
periodistas y ciudadanos, Fondo de Cultura Económica, Buenos
Aires, 1998, 1ª reimp. Torrico,
Erick, Periodismo, apuntes
teórico-técnicos, Imp. Andina, La Paz, 1989. Torrico,
Erick, La comunicación
desde la democracia, Artes Gráficas Latina, La Paz, 1995. 2
Estas orientaciones remiten respectivamente al modo clásico
estadounidense (funcionalista), a la crítica marxista y a las
propuestas de la iglesia católica acerca de los propósitos
asignables al periodismo. 3
En los últimos diez años, sin tomar en cuenta otras expresiones
menores de esta situación, se han registrado la destitución de
Fernando Collor de Mello (Brasil, 1992), la suspensión y
posterior apresamiento de Carlos Andrés Pérez (Venezuela, 1993),
la destitución de Abdalá Bucaram (Ecuador, 1997), la caída y
asilo de Raúl Cubas (Paraguay, 1998), el "derrocamiento
constitucional" de Jamil Mahuad (Ecuador, 2000), la
"fuga" de Alberto Fujimori (Perú, 2001), el
procesamiento por corrupción de Carlos Saúl Menem (Argentina,
2001), la oportuna renuncia por enfermedad del ex dictador Hugo
Banzer Suárez (Bolivia, 2001), la dimisión por incapacidad de
Fernando de la Rúa (Argentina, 2001) y el derrocamiento y
posterior "contragolpe constitucional" de Hugo Chávez
(Venezuela, 2002). 4
La encuesta anual hecha por Latinobarómetro entre julio y
agosto de 2001 en 17 naciones latinoamericanas estableció un
descenso de 10.4 puntos en la adhesión ciudadana a la democracia
y una subida, del 17.2 al 19.1, en la disposición a preferir, "en ciertas
circunstancias", un gobierno autoritario. Cfr "The
Latinobarometro poll. An alarm call for Latin America's democrats",
en http://www.economist.com/displayStory.cfm?story
5
Cfr. "Transparency
International 2001 Corruption Perceptions Index" en www.globalcorruptionreport.org 6
Este conjunto de políticas sistematizado bajo este nombre por
John Williamson implica, entre otras "sugerencias", la
eliminación de los subsidios, la reestructuración del gasto público
con disminución de la inversión social, la liberalización
amplia de las finanzas y el comercio, la privatización y la
desregulación. 7
Cfr. CEPAL (2001). 8
Una exposición muy rica a este respecto se encuentra en
Calderón y Lechner (1998). 9
Desde el 11 de septiembre de 2001, cuando tres aviones
civiles desviados presumiblemente
por fundamentalistas musulmanes hicieron impacto en Nueva York y
Washington provocando miles de muertos y millonarias pérdidas
materiales, la Casa Blanca ha encontrado en el terrorismo al mejor
argumento para su política exterior de fuerza y está empeñada
en etiquetar como terroristas a quienes se oponen a la continuación
de sus intentos hegemónicos en el mundo. 10
Una situación límite a este respecto se registró en
Bolivia el 8 de abril de 2000, cuando dos redes nacionales de TV y
ante el vacío de autoridad estatal que se presentó tras las
movilizaciones sociales que exigían agua para la ciudad de
Cochabamba, la atención a un pliego petitorio campesino e
incrementos salariales para los profesores de la educación pública
y para los policías de baja graduación en la ciudad de La Paz
tomaron a su cargo la organización y la conducción de las
negociaciones entre los sectores en conflicto, representantes de
la iglesia católica y autoridades locales o jefes militares y
policiales, con lo que contribuyeron a bajar los ánimos, evitar
el estallido de violencia que se presentía (de todos modos hubo
un muerto y más de 40 heridos) y abrir canales para la comunicación.
El gobierno del entonces presidente Banzer sólo atinó a decretar
un estado de excepción que nadie acató y tuvo que ser suspendido
una semana después. 11 "El mapa
es una representación similar de la realidad mediante la cual
estructuramos una trama espacio-temporal. Los mapas nos ayudan a
delimitar el espacio, trazar límites, medir distancias,
establecer jerarquías, relevas obstáculos y discernir
condiciones favorables. Conociendo el marco espacial, podemos
hacer mejor uso del tiempo. Los mapas nos permiten visualizar
prioridades, fijar metas y diseñar trayectos adecuados al
terreno. En fin, contribuyen a enfocar las cosas en sus debidas
proporciones" (Calderón y Lechner, 1998:52). 12
La propuesta inicial a este respecto proviene del
estadounidense Robert Park, que en la década de 1940 se refirió
a las limitaciones sincrónicas de la noticia (Cfr. Genro, 1989),
y otras pretensiones teorizantes recientes insisten en esta falsa
apreciación. 13 Por tanto, hablar del periodismo como mediación —salvo que cumpla circunstancialmente una función mediadora en la negociación de otros actores como la reseñada en la nota 9— no equivale a decir que "esté al medio", es decir, en el justo medio entre dos posiciones opuestas. LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |