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La
nueva cara del mundo
Los
Estados-Unidos dominan el mundo como ningún otro imperio lo ha
hecho jamás. Poseen una aplastante supremacía en los cinco
pilares tradicionales del poder : política, economía,
militar, tecnología y cultura. « Los Estados-Unidos son, de
alguna manera, el primer Estado protomundial - aventura un
analista americano -. Tienen capacidad suficiente para emular una
versión moderna del Imperio universal, un imperio espontáneo
cuyos miembros se someten a su autoridad voluntariamente (1)
. » Por
primera vez en la historia de la humanidad, el mundo está
dominado por una hiperpotencia. Que acaba de exhibir, en Afganistán,
su imperial hegemonía de tres maneras: arrasando bajo sus bombas
en pocas semanas al régimen talaban y las redes armadas de Al-Qaeda
que lo sostenían; montando una impresionante coalición diplomática
de apoyo a sus acciones de represalia (apoyos destacados de Rusia
y de China) mientras se reducía a la mínima expresión cualquier
referencia a la Organización de las Naciones Unidas (ONU);
alistando por fin, como simples fuerzas suplentes, las otrora
orgullosas fuerzas inglesas y manteniendo a distancia los aliados
precipitados considerados molestos como Francia, Alemania, Italia
o Japón. En
esta nueva era no obstante, semejante alarde de potencia militar y
diplomática es engañoso. A pesar de su inmensa superioridad, los
Estados Unidos no podrían, evidentemente, plantearse ocupar y
conquistar militarmente Afganistán (como ya intentaron hacerlo
Inglaterra en el siglo XIX y la Unión Soviética en el XX), bien
que no presentase para ellos ninguna dificultad técnica (2)
. ¿ Por qué? Porque la supremacía militar no se mide ya,
como en el siglo XIX y durante la primera mitad del XX, por las
conquistas territoriales. Estas se tornan, a largo plazo, políticamente
imposibles de gestionar, costosas económicamente y desastrosas en
lo mediático. Destacándose los medias como un actor estratégico
de primer orden (3). La
dinámica de la mundialización Otro
fenómeno central: todos los estados son arrastrados por la dinámica
de la mundialización. Se trata de alguna manera de una segunda
revolución capitalista. La mundialización económica alcanza
hasta el más recóndito lugar del planeta, ignorando tanto la
independencia de los pueblos como la diversidad de los regímenes
políticos. La
Tierra vive de este modo una nueva era de conquista, como cuando
las colonizaciones. Pero si los actores principales de la anterior
expansión conquistadora eran los Estados, en ésta ocasión son
las empresas y amalgamas diversos, grupos industriales y
financieros privados los que pretenden dominar el mundo. Nunca con
anterioridad los amos de la Tierra han sido tan numerosos ni tan
potentes. Estos grupos provienen mayoritariamente de la tríada
Estados-Unidos-Europa-Japón. La mitad de los cuales tienen su
origen y sede en los Estados Unidos. Esta
concentración de capital y de poder se ha expandido de manera
inaudita durante los últimos veinte años, con el aprovechamiento
de las revoluciones de las tecnologías de la información. Un
nuevo salto hacia delante está previsto en estos inicios del
milenio, con las nuevas técnicas genéticas de manipulación de
la vida. La privatización del genoma humano y las patentes
generalizadas de todo lo vivo abren nuevas perspectivas de expansión
al capitalismo. Una gran oleada de privatizaciones de todo lo
relacionado con la vida y la naturaleza se está preparando,
favoreciendo la aparición del poder probablemente más
absolutista de todos los que la historia nos ha permitido conocer
hasta ahora. La
mundialización no persigue tanto la conquista de los países,
como el control de los mercados. Las preocupaciones de éste poder
moderno no indican, en efecto, su interés por la conquista de
territorios como en las épocas de las grandes invasiones o en los
periodos coloniales, sino el interés exclusivo por la posesión
de las riquezas existentes. Esta
conquista se caracteriza por destrucciones impresionantes. Zonas
industriales son brutalmente derruidas por completo, en todas las
regiones. Con el impacto y el sufrimiento social resultante: paro
masivo, subempleo, precariedad, exclusión. 18 millones de parados
en la Unión Europa, 1.000 millones de parados y subempleados en
el mundo... sobre-explotación de los hombres, las mujeres y -más
escandaloso todavía- de los niños: 300 millones de estos se
encuentran sometidos a condiciones de gran violencia, de
inadmisible brutalidad. La
mundialización, es también el pillaje planetario. Los grandes
grupos saquean el entorno con procedimientos exagerados; sacan
provecho de las riquezas de la naturaleza que son el bien común
de la humanidad; y lo hacen sin escrúpulos y sin freno. Esto va
acompañado de una criminalidad financiera vinculada a los centros
de negocio y a los grandes bancos que reciclan sumas por encima de
los 1.000 millones de euro al año, es decir más que el producto
nacional bruto (PNB) de un tercio de la humanidad. Pillaje
planetario La
mercantilización generalizada provoca un insoportable incremento
de las desigualdades. Mientras que la producción planetaria de
los productos alimentarios básicos representa más del 110% de
las necesidades mundiales, 30 millones de personas siguen muriendo
de hambre cada año, y más de 800 millones se encuentran infla
alimentadas. En
1960, el 20 % de los más ricos de la población mundial
alcanzaban unos ingresos treinta veces mayor que el de los 20% más
pobres. Ya entonces era un escándalo. Pero, en vez de mejorar, ha
ido empeorando. En la actualidad, los ingresos de los ricos en
relación a los de los pobres, ya no es de treinta, sino de
ochenta y dos veces mayor! De los 6.000 millones de habitantes del
planeta, apenas 500 millones viven confortablemente, mientras
5.500 millones siguen en la penuria. Este mundo va del revés. Las
estructuras estatales, al igual que las estructuras sociales
tradicionales, son eliminadas de manera injustificada. En
cualquier lugar, en los países del Sur o del Este, el Estado se
derrumba. Las autoridades huyen o son expulsadas de los
territorios periféricos que se convierten entonces en zonas sin
derechos. En cualquier sitio, en Pakistán, en Algeria, en
Somalia, en el Congo, en Colombia, en Filipinas o en Sri-Lanka,
instituciones caóticas, ingobernables aparecen, lejos de toda
legalidad, favoreciendo un estado de barbarie. La fuerza se impone
al derecho y los grupos especializados en el pillaje están en
disposición de imponer sus leyes de extorsión sobre las
poblaciones. Nuevos
tipos de peligros hacen su aparición: hiperterrorismo, fanatismos
religiosos o étnicos, proliferación de lo nuclear, crimen
organizado, redes mafiosas, especulación financiera, corrupción
a gran escala, extensión de las pan-epidemias (sida, virus del ébola,
enfermedad de Creutzfeldt-Jacob, etc.), contaminaciones de gran
intensidad, efectos dientes de sierra, desertización, etc. Cuando
aparentemente triunfa la democracia y la libertad en un planeta
que ha eliminado los peores regímenes autoritarios, las censuras
y las manipulaciones reaparecen masiva y sorprendentemente tras
aspectos insospechados. Nuevos y atractivos « opios de masas »
parecen proponer « el mejor de los mundos posibles »,
desconcertando a los ciudadanos y pretendiendo alejarles de la
acción cívica y reivindicativa. En la nueva era de la alienación,
en la era de internet, de la World Cultura, de la « cultura
global » y de la comunicación planetaria, las tecnologías
de la información tienen más que nunca un cometido decisivo para
amordazar los pensamientos, las ideas. El
estallido del mundo Todas
estas transformaciones estructurales y conceptuales, en obras
desde hace una década han generado un auténtico estallido del
mundo. Los conceptos geopolíticos -como Estado, poder, soberanía,
democracia, fronteras- ya no tienen el mismo significado. Hasta
tal punto es ello cierto que si observamos el funcionamiento real
de la vida internacional, podemos comprobar que todos sus actores
han cambiado. A
escala planetaria, los tres principales protagonistas (eran, bajo
el Antiguo Régimen: la nobleza, la iglesia y el pueblo) son
actualmente: 1) las asociaciones de Estados - Alena
(Estados-Unidos, Canadá, México), Unión europea, Mercosur,
Asean, etc. ; 2) las empresas globales y los grandes grupos
mediáticos o financieros; 3) las organizaciones no-gobernamentales
(ONG) de estructura mundial (Greenpeace, Amnesty International,
Attac, Humans Rights Watch, World Wild Life, etc.). Estos
tres nuevos grandes grupos de actores proyectan su influencia
planetaria en un escenario cada vez menos definido por la
Organización de Naciones Unidas y más controlado, signo de los
tiempos, por la Organización mundial del comercio (OMC), nuevo
arbitro del panorama global. El
voto democrático tiene cada vez menos influencia en el
funcionamiento interno de estos tres nuevos grupos de
protagonistas. Esta gran mutación del mundo, que vacía de
significado lo que considerábamos como democracia, se ha
entronado sin que nos diéramos cuenta y sin que los responsables
políticos sean conscientes de lo que está sucediendo. Actuar
contra la mundialización liberal Todos
estos cambios, rápidos y brutales desestabilizan, en efecto, a
los dirigentes políticos. En su mayoría se sienten desbordados
por una mundialización que está modificando las reglas de juego
y les deja parcialmente fuera de juego. Porque los verdaderos dueños
del mundo no son aquellos que ostentan el espejismo del poder político.
Por
este motivo los ciudadanos multiplican las acciones y las
movilizaciones contra los nuevos poderes, como estamos viendo
desde diciembre de 1999 coincidiendo con la cumbre de la OMC en
Seattle, posteriormente en Praga, en Davos, en Niza, en Quebec y
en Génova. Los participantes están convencidos que en el fondo,
el objetivo de la mundialización liberal, persigue la destrucción
de lo colectivo, la apropiación por el mercado y los sectores
privados de los ámbitos públicos y sociales. Y están decididos
a oponerse ella para impedirlo. Otra
constatación: la supremacía geopolítica y el ejercicio de la
hiperpotencia, en la era del neoliberalismo, no aseguran, en modo
alguno a todos los ciudadanos unos mínimos de desarrollo humano
satisfactorio. Por ejemplo, entre los habitantes de un país tan
rico como los Estados-Unidos, hay 32 millones de personas cuya
esperanza de vida es inferior a 60 años, 40 millones sin
asistencia médica, 45 millones viviendo bajo el umbral de la
pobreza y 52 millones de analfabetos... Del mismo modo, en la Unión
europea, en el momento de la puesta en circulación del euro hay
50 millones de pobres y 18 millones de parados... A
escala mundial la pobreza es la regla imperante y el bienestar la
excepción. Las desigualdades se han convertido en una de las
características estructurales de nuestro tiempo. Y por lo demás
empeoran alejando cada vez más las riquezas de los pobres. Las
doscientas veinte y cinco fortunas más grandes del mundo
representan un total de más de 1.000 millones de euros, o sea, el
equivalente a la renta anual del 47% de las personas más pobres
de la población mundial ( 2.500 millones de personas!).
Hemos contribuido a que haya personas que son más ricas que los
Estados: el patrimonio de las quince fortunas más ricas del
planeta sobrepasa el producto interior bruto (PIB (4))
total del conjunto de países de Africa subsahariana… Dominantes
y dominados Desde
principios del siglo XX, el número de Estados en el mundo no ha
cesado de aumentar, pasando de una cuarentena a cerca de
doscientos en la actualidad. Pero en el plano geopolítico, el
mundo sigue dominado por el pequeño grupo de Estados
(Reino-Unido, Francia, Alemania, Japón, Estados-Unidos, Rusia)
que ya lo dirigía a finales del siglo XIX… Entre la decena de
países nacidos del desmantelamiento de los grandes imperios
coloniales británico, francés, español, neerlandés, portugués
o belga, apenas tres (Corea del Sur, Singapur y Taiwán) han
alcanzado niveles de progreso que les permiten ser considerados países
desarrollados. Los demás permanecen anclados en un
sub.-desarrollo crónico y en una pobreza endémica. Y
les resultará imposible salir ya que las materias primas
(incluidos los hidrocarburos) sobre las que reposan básicamente
sus economías, experimentan una caída imparable de sus precios
en el mercado internacional, consecuencia de que muchos de los
productos básicos (metales, fibras, alimentos) son cada vez menos
utilizados por los grandes países desarrollados o han sido
sustituidos por productos de síntesis. En Japón, en relación a
1973, cada centro de producción industrial ha reducido el uso de
materias primas en aproximadamente 40 %! La
nueva fuente de riqueza de las naciones, en este siglo XXI,
provendrá de la materia gris, el saber, la investigación, la
capacidad de innovar y no ya de la producción de materias primas.
Podemos incluso asegurar, a éste respecto, que los tres factores
tradicionales de una potencia económica -extensión del
territorio, importancia demográfica, riqueza de materias primas-
ya no son referentes envidiables e incluso en muchos casos se han
convertido paradójicamente, en pesados obstáculos para afrontar
la era post-industrial. Los
Estados muy extensos, muy poblados y muy ricos en materias primas
-Rusia, India, China, Brasil, Nigeria, Indonesia, Pakistán, México-
se encuentran entre los más pobres del planeta. La excepción de
los Estados-Unidos confirma la regla. Sin
embargo, en la hora de la mundialización financiera, los
micro-Estados con pequeños territorios, sin grandes cantidades de
habitantes y sin ninguna materia prima - Mónaco, Liechtenstein,
Islas Caimán, Singapur- poseen rentas por habitante entre las más
altas del mundo… Caos
generalizado El
área del caos generalizado no cesa de extenderse, englobando y
absorbiendo cada vez a más Estados con la economía
definitivamente estancada y a más países con violencia endémica.
Desde 1989, al final de la guerra fría, han habido más de
sesenta conflictos armados con centenares de miles de muertos y más
de 17 millones de refugiados! En muchos lugares de la Tierra, la
vida cotidiana, se ha convertido sencillamente en un infierno.
Hasta el punto que cada vez más personas, en particular las más
jóvenes, buscan huir del caos y la violencia que les rodea y
desean emigrar a toda costa hacia las regiones desarrolladas y
pacificadas. Incluso
hemos visto habitantes de ciertos países renegar de la lucha de
sus mayores por la independencia y reclamar el retorno de la
potencia colonialista (en las Comores), o la absorción pura y
simple por parte de la metrópolis dominante (en Puerto-Rico)…
El tercer-mundo en cuanto entidad política a dejado de existir. Todo
esto atestigua de la crisis del Estado-nación y de la política
en el momento que la segunda revolución capitalista, la
mundialización de la economía y las mutaciones tecnológicas,
transforman el entorno geopolítico. En estos momentos se están
multiplicando también, como consecuencia de las fusiones y las
concertaciones, el número de compañías gigantescas cuyo peso
es, a veces, más grande que el de los Estados. La cifra de
negocio de General Motors sobrepasa el PIB de Austria. Cada una de
las cien empresas globales vende más que lo que exporta cada uno
de los ciento veinte países más pobres. Estas empresas
gigantescas y globales controlan el 70% del comercio mundial… Sus
dirigentes, y los de los grandes grupos financieros y mediáticos,
ostentan la realidad del poder y mediante el sesgo de sus potentes
obvies, presionan con todas sus fuerzas sobre las decisiones políticas
de los gobiernos legítimos y de los representantes electos. De
este modo atenazan en provecho propio a la democracia. Contra-poderes
necesarios Más
necesarios que nunca, los contra-poderes tradicionales (partidos,
sindicatos, prensa libre) parecen poco operativos. Y los
ciudadanos se preguntan que iniciativas audaces serán capaces de
restablecer, para el siglo XXI el contrato social frente al
contrato privado. (1)
International Herald Tribune, 7 janvier 2002. (2)
Podemos prever que los Estados-Unidos mantendrán sus fuerzas en
Afganistán durante mucho tiempo. Jorge W. Bush ha asegurado, a
finales de diciembre 2001, que las tropas americanas comprometidas
en las operaciones contra la red Al-Qaeda y su jefe Oussama Ben
Laden se quedarían por un " período bastante grande "
y que no serían retiradas hasta que el comandante de las
operaciones, el general Tom Franks, le hubiera asegurado que la
misión se había terminado. « No sé cuando nos iremos, ha
dicho M. Bush, pero no será antes que la misión haya
terminado » (Le Monde, 30 diciembre 2001). (3)
La antigua secretaria de Estado del presidente Clinton, Madeleine
Albright, llegó a afirmar que « la cadena CNN es el
decimosexto miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas . (4)
Valor de la producción global (bienes y servicios) de un país. LA ONDA® DIGITAL |
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