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Solo le pido a Dios...
por Carlos Lagos

Al comenzar la crisis financiera del Uruguay, voces airadas se levantaron muy prontamente.

Notorios católicos prácticos, militantes si se hablase desde un ángulo político, fueron los acusados como culpables del primer empujón a esa bola de nieve que envolvió a todo el país, y por ello fueron acusados hasta de asociación para delinquir, siendo detenidos, procesados y permaneciendo presos al escribir estas líneas, en Cárcel Central.

Algunos ahorristas de sus bancos consideren esto como muy injusto e insistan una y otra vez que, por ser delincuentes comunes, no deben recibir un trato preferencial y deberían irse a alojar a Libertad, ese edificio semiderruído que se pensó en 1985 hacer desaparecer para siempre por el oprobio que significó para otros miles de compatriotas, y en el cual la sociedad guarda a quienes le molestan, lejos de Montevideo y en condiciones que no son las de intento de rehabilitación de los mismos.

Que las cárceles deben ser para corregir y no para mortificar es una frase pasada de moda al despuntar el siglo.

De todos modos sirva esto como introducción a un par de ideas que queremos desarrollar en esta nota.

Los Peirano presos y los Peirano prófugos, son católicos. Por tanto se esperaba que la Iglesia abriera opinión sobre el tema. Que se escuchara su voz, y a su vez que ésta fuera condenatoria de las acciones que habían llevado a cabo estas personas.

Y la Iglesia Católica del Uruguay como tal no emitió opinión.

Muy poco pesa la Iglesia separada del Estado desde el siglo XIX, en los aconteceres políticos nacionales.

Su voz es escuchada y no seguida con mucho entusiasmo por la mayoría de los uruguayos, católicos si alguien les pregunta su definición religiosa, pero nada o muy poco practicantes.

En Uruguay ser católico es cuando mucho haber sido bautizado, recibido la Primera Comunión, en menor escala confirmado en la fe - es decir haber recibido el Sacramento de la Confirmación - y casado "por la Iglesia", que suele ser una ceremonia casi pagana que se efectúa solamente para mostrar un espléndido vestido por parte de la novia, y brindar una inolvidable fiesta a parientes y amigos, todo en un ambiente en el que el Sacramento y el "Cura", son lo que menos importa. Por supuesto, al igual que Dios y el no separe el hombre lo que Dios ha unido.

La Iglesia en el affaire Peirano no emitió opinión.

Muchos o pocos voceros oficiosos según se quiera ver, hablaron de la crisis y de los problemas del país.

Otros muchos fueron más prácticos y se dedicaron a ayudar al funcionamiento de merenderos o comedores para gente necesitada, aún recordando que es mejor enseñarle a alguien a pescar y no darle el pescado, pero el hambre es urgente y no acepta disquisiciones filosóficas.

Mas una voz se oyó. Lejana y como resonando en el desierto, que suele ser el corazón humano.

Una voz que al referirse desde el extranjero a Uruguay dijo que había que "asegurar un desarrollo integral para todos los miembros de la comunidad nacional, para que no falten a cada uruguayo los bienes necesarios para desarrollarse como persona y como ciudadano".

Pero dijo más. Expresó que una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto como demuestra la historia.

Y para rematar sus ideas manifestó que la Iglesia continuará colaborando con las instituciones civiles uruguayas en todos los campos que promuevan el bien de los ciudadanos, como la educación, la atención sanitaria o la asistencia a los marginados o desprotegidos.

La sociedad uruguaya debe "fomentar la honestidad, la austeridad, la responsabilidad por el bien común, la solidaridad, el espíritu de sacrificio y la cultura del trabajo". Y en cuanto a hechos y personas que causaron los problemas que sufre el país cree necesaria "una reflexión serena y realista sobre aquellas premisas que la han provocado o favorecido".

El Papa sostuvo que Uruguay no mejorará aplicando exclusivamente medidas técnicas y pidió que los gobernantes tengan especial atención para los más pobres porque no se puede seguir deteriorando su situación.

Es verdad pues. No habló la Iglesia Uruguaya.

Habló la Iglesia, a través del que sus fieles creen es el representante de Dios en la tierra, electo mediante mediación del Espíritu Santo.

Demasiado para quienes esperaban una condena "casera", que sembrara odios y rencillas internas en esa Iglesia embarcada en ver al mundo y la sociedad a su manera y con sus tiempos. Tiempos muchas veces propios de una organización que cuenta con casi 2000 años de historia. LA ONDA® DIGITAL


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