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Volodia
Teitelboim: premio literatura en Chile Este reportaje a
el destacado escritor y ensayista chileno Volodia Teitelboim fue
realizado pocos dias antes que se le otorgara el Premio Nacional
de Literatura 2002 por
parte del Ministerio de Educación de su país. Volodia, Poeta,
abogado, Premio Municipal de Ensayo en 1970 y triunfador en el
Altazor 2001, autor de varias novelas entre ellas “Hijo del
salitre (1952), La semilla en la arena (1957) y El oficio
ciudadano (1973), la crítica ha una
biográficos sobre Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente
Huidobro y Jorge Luis Borges. Oriundo de Chillán y fundador del
diario El Siglo, a los 15 años
empezó a participar en las luchas sociales de su país ingresando
al Partido Comunista, colectividad de
la que llegó a ser senador,
y presidente. Recientemente la
Fundación Pablo Neruda señaló que: "resulta innegable que
Teitelboim es uno de los autores vivos más relevantes de las
letras chilenas y americanas del siglo XXI. Escritor múltiple,
creador de una obra consistente, diversa e
inmensa, que va desde la novela, pasa por la crónica, las
memorias y la investigación biográfica, el ensayo, género en el
cual despliega lucidez, penetración, estilo y capacidad analítica,
al servicio de los ideales humanistas". A sus 86 años
mantiene una lucidez que muchos envidiarían. Volodia Teitelboim,
un muchacho del siglo XX que reniega de su protagónico papel en
ese largo período, vive una prolífica etapa literaria que se ha
visto enriquecida por diversas reediciones y recopilaciones de su
vasta obra. Al parecer, don Volodia está lejos de retirarse a sus
cuarteles de invierno. Hace menos de un
mes, Lom Ediciones volvió a publicar uno de sus trabajos más
emblemáticos, "Pisagua, la semilla en la arena", novela
testimonial que recrea las vivencias de un grupo de relegados políticos
durante el período de vigencia de la "ley maldita", que
proscribió al Partido Comunista, durante el gobierno de González
Videla. El autor de
"Hijo del salitre" (1952) considera absolutamente
pertinente esta reedición, "porque Pisagua es algo más que
un puerto en decadencia, una caleta solitaria en la historia política
de Chile. Porque al fin y al cabo ha sido el lugar que simboliza
mejor y más duramente la persistencia de una tendencia de la
historia de Chile: el afán represivo que se reedita a través de
los tiempos". -
Durante su intervención en el lanzamiento del libro, usted se
refirió a la importancia de este texto como gesto recuperador de
la memoria, especialmente para las nuevas generaciones. - Sí, porque no es
simplemente un tema retrospectivo. Es la instalación natural para
que algún día exista un cuarto o un quinto campo de concentración
ahí. Espero que no. Fue patentado como tal durante la segunda
mitad del siglo XX y lo cubrió durante distintos momentos, entre
los años '47 y '52 , y luego en el año '73. En el libro, uno de
los personajes dice 'Adiós al campo de concentración de Pisagua',
cuando termina su exilio. Entonces uno de los relegados escépticos
agrega: 'Hasta la próxima' y ese es el gran temor. Temor muy
fundado porque es una interrogante muy presente, ¿el siglo XXI
será la repetición de éste? Yo creo que ninguna época se
repite mecánicamente, pero sí ciertas instituciones, sobre todo
sin son lugares geográficos que tienen la configuración de una cárcel
natural. Creo que el gran símbolo de la recuperación de la
democracia chilena, del respeto por los Derechos Humanos, sería
que nunca más existiera un lugar como Pisagua o con otro nombre. Yo digo que en
Chile puede evitarse eso. Pero no estoy seguro de que haya una póliza
que no garantice totalmente un nuevo Pisagua. - ¿Por qué cree que podría repetirse un nuevo Pisagua, por las tendencias políticas nacionales, por el escenario internacional? - Yo creo que
pueden ser muchas las causas y espero que no sean fatales y que no
confluyan en un cuadro que haga posible esto. Pero ahora yo me
preocuparía más por el cuadro internacional, porque el mundo ha
entrado al siglo XXI con el pie equivocado, con mucha violencia.
Creo que ese episodio de las dos torres y la respuesta que ha dado
el gobierno de EEUU, eso de la guerra a muerte contra el
terrorismo, es una alerta muy seria. Yo estoy muy en desacuerdo
con el terrorismo, en cualquiera de sus formas. Porque si el
terrorismo lo hacen las víctimas que quieren venganza, castigar
crímenes, la respuesta será cien veces peor porque será el
terrorismo de Estado el que actúe. Ese es el gran
terrorismo que amenaza al mundo, empezando porque el Estado más
poderoso de la tierra, EEUU, tiene un presidente que es campeón
en convertir el terrorismo como verdad, como un pretexto extensivo
que puede aplicar para justificar cualquier cosa que en el fondo
no tenga nada que ver con el terrorismo, pero sí con los
intereses imperiales. Entonces puede
desatar guerras, atacar Estados, comprometer a otros porque es una
especie de pretexto que no tiene ningún límite. Depende sólo de
los límites que le pongan aquellos que lo manejan o aquellos que
se opongan. Por lo tanto, si en América Latina surgen problemas
-y acá estamos cruzados por problemas-, de nuevo se asoma la
tentación de la fuerza para reprimir los descontentos que
aparecen en todas partes. No estaríamos lejos de que produjeran
nuevos golpes militares o presidentes civiles que sean "palos
blancos" de las fuerzas represivas. Lo importante es
que la gente tenga conciencia, y no sólo dentro de las fuerzas
progresistas, sino que también en las fuerzas racionales de la
derecha, se tenga conciencia que ese precio no se puede pagar. NO
SÓLO DE PREMIO NACIONAL VIVE EL HOMBRE El nombre de Volodia Teitelboim ha sonado fuerte este año -nuevamente- como posible ganador del Premio Nacional de Literatura. Para muchos una deuda imperdonable con este ensayista, escritor, crítico literario e incluso reportero en sus tiempos más noveles. De ahí tanta reedición, recopilación y homenaje -el 23 de agosto recibe el grado de Doctor Honoris Causa en la UTEM-, dicen otros. Pero lo cierto es que su nombre podría ser el pronunciado a fines de mes por la ministra de Educación, a no ser que Isabel Allende le arrebate el esquivo galardón al emblemático dirigente comunista. Teitelboim no niega
que le agradaría recibir la mentada distinción, "y lo he
dicho antes. Si le preguntan a cualquier escritor chileno si
quiere ganarse el premio, él diría que sí, a menos que simule
un desprendimiento olímpico de cuya sinceridad habría que
dudar". "Pero yo no
vivo en función del premio -agrega el escritor-. Mi vida no ha
estado dictaminada por recompensas de este tipo porque si fuera
por eso, no habría escrito nada." "Pero el
premio me interesa en un aspecto: porque ese enemigo número uno
del país, este traidor a Chile (como fue catalogado en su momento
por el régimen militar), tendría un reconocimiento por parte del
país, y sería uno noble, a través de un ejercicio que no es
formar un gran holding para ganar millones de dólares, sino que
simplemente por contar algo de la vida de Chile en el siglo
XX", continúa. - Al observar su trabajo literario, su figura como autor parece adoptar la actitud de testigo del acontecer social e histórico, tanto a nivel narrativo como ensayista, ¿usted se percibe a sí mismo como un observador, o más bien como un protagonista? - Sinceramente, la
pura y santa verdad, yo nunca me he sentido personaje. Yo desde niño
me he sentido como de la calle. Siempre, los cargos que he tenido
me han sido impuestos, por necesidades o por convicciones. Cuando me proponen
ser parlamentario, yo no quería, porque mi sueño siempre ha sido
ser escritor. O sea, tenía que entregar mi vida a algo que yo
considero súper respetable y que comparto plenamente, pero mi
interés fundamental, mi sueño, mi placer, mi goce es escribir.
Pero no, tuvo que ser así, porque cuando uno es militante tiene
que responder. Y siempre ha sido así. Todavía me piden asumir
determinados cargos, pero ahora ya no quiero asumir ninguno, sólo
quiero escribir. Pero no escribir
por el sentido de que aquí voy a dar alguna línea; es una
necesidad interior que fluye por sí misma y que no se puede
detener. Quiero contar las cosas que he visto, si no las cuento,
tal vez lo haría otro, pero me interesa contarlas porque me
sucedieron a mí, pero sin ningún afán profético, ni por
instituirme en la persona que dice cosas importantes. También porque yo
me siento muy cercano a esta realidad es que toda mi obra es muy
chilena, siendo que yo me considero un universalista por formación
literaria y curiosidad. Poseo un gran interés por todos los
movimientos vanguardistas, me interesa y me he sentido incluido a
nuevas formas de mirar la literatura. Cuando yo acompañaba
a (Vicente) Huidobro junto con (Eduardo) Anguita como escuderos
era sin ningún afán ni pretensión de nada. Creo que nunca nos
fotografíamos con él porque no nos interesaba. Era por el placer
de vivir, sin la necesidad de reconocimiento. Con el tiempo, con
la acumulación de mi obra, aparezco como actor secundario, por no
decir de tercer orden. -
Pero la fuerza de los hechos demuestran lo contrario. Y luego eso se
transforma en un programa de 15 años. Eso me lo impuso la
contingencia, y yo lo asumí como un deber moral. En el fondo era
salvar vidas, denunciar ante el mundo lo que estaba pasando allí
para promover solidaridad. Después llegaron muchos expulsados, y
la tarea tomó un rol humanitario enorme. Bueno, eso luego permitió
que yo fuera catalogado como traidor a la patria y enemigo número
uno por parte del régimen dictatorial. Pero las cosas han sido así.
Ha sido una cosa
buena no sentirse personaje. ¿LAS
NUEVAS UTOPÍAS? - Es un hecho concreto la opción por el libre mercado de las socialdemocracias actuales, pero también la rearticulización de la sociedad civil por diversas causas, principalmente en Europa, ¿ve alguna relación entre los reclamos de la "cuestión obrera" a principios del siglo pasado con los movimientos que se aúnan contra la globalización? - Sustancialmente
la historia nunca se repite igual, pero hereda los problemas y da
respuestas diversas. Creo que a principios del siglo XX y ahora,
en algún sentido, aunque parezca todo muy diferente, el problema
esencial es el mismo: el control del mundo por una minoría, la
minoría del dinero. - Dentro de ese contexto, ¿le adjudica alguna posibilidad a estos movimientos que bajo diversos nombres se han estructurado como contrarios a diversos aspectos del sistema? - En ese sentido yo
soy muy optimista pero no a corto plazo. En relación con la
pregunta anterior, cada problema que se plantea en la sociedad
-sobre todo si es de identidad profunda- genera una reacción. La
gente está reaccionando en el mundo entero a los efectos de esta
sociedad que pone a la humanidad en manos de unos pocos. Nunca
fueron tan pocos y nunca tan poderosos. Y los pueblos nunca fueron
tan pobres. Y las diferencias entre los pobres y ricos son
abismantes, en todos los países. - Al parecer, el libre mercado triunfó con todas sus letras. -Triunfó hace doce
años, sobre todo cuando sucumbió la ex Unión Soviética y
proclamó su triunfo por la eternidad. Entonces surgieron teóricos
precipitados -y muy interesados en que fuera así- que proclamaron
en fin de la historia: que nunca más habría cambios sociales. Lo
que sería un poco aburrido porque nadie plantearía proyectos
distintos. Pero esto no se cumplió, y lo demuestra de manera gráfica
cada reunión del Fondo Monetario Internacional (FMI) o del Banco
Mundial. Los dueños del mundo se tienen que reunir en verdaderos
bunkers, están rodeados de manifestaciones que a veces alcanzan a
100 mil personas. Ahora, este movimiento es muy diverso. Yo creo que los
partidos jugarán un papel, pero no el decisivo y casi exclusivo
que tuvieron en el siglo XX. Porque han surgido multitud de
movimientos, diversos por el momento, pero vienen de abajo y
responden a un común denominador, aunque no se den cuenta. Estas
cosas van haciendo crisis mucho más rápido de lo que se suponía. Porque 12 años
transcurridos, desde un punto de vista histórico, es un plazo
brevísimo. Sin embargo, ya se han experimentado cambios. - ¿Qué opción social y/o económica existiría si sucede esta gran crisis, tomando en cuenta que no hay ningún proyecto político que se presente como alternativa viable al sistema actual? -Yo creo que los
grandes lenguajes del siglo XX deberían ser revisados. No va a
haber un socialismo a la soviética, pero la idea del socialismo
va a estar ahí. ¿Este socialismo será tan estatista como lo fue
en los llamados países socialistas europeos o será abierto, que
incluso conciba y acepte que el mercado existe, pero no como rey
del mundo, sino que sujeto a los controles que lo conviertan en un
servidor de la sociedad y no que la sociedad sea un sirviente del
mercado? Creo que los
partidos políticos seguirán subsistiendo -los que merezcan
subsistir- pero no serán las únicas formas de expresión social.
Se juntarán muchos otros elementos, muchas otras agrupaciones que
propongan otras plataformas con una condición que puede ser
desarrollada por un interés común frente a aquello que es la
causa principal de nuestras desdichas. Ahora, no para ser la
revolución social como la indicaba Marx, aunque él sigue
teniendo razón en cuanto a la anatomía del capitalismo, a lo que
lleva en sí, pese a que naturalmente las formas son siempre
cambiantes. Creo que hay que aceptar la decadencia de ciertos
nombres y formas de asociación. No creo que hayan partidos hegemónicos.
No creo tampoco que sea posible establecer dictaduras del
proletariado porque la sociedad ha cambiado y, entonces, hay que
buscar formas que vendrán desde abajo, determinadas por las
necesidades y el acuerdo mayoritario de la gente. MIRADA AL CHILE ACTUAL - Usted ha realizado fuertes críticas a los medios de comunicación actuales, ¿cómo recuerda la vida republicana pre golpe y cuánta diferencia existe con la vida política actual, tan determinada por los medios? - No quiero
idealizar la política del pasado, porque este país nació con el
signo de la desigualdad y de una minoría poseedora que controlaba
el poder a través de la propiedad de la tierra. Bueno, el mundo
entero era así, pero esta sociedad era un mundo donde el gran
medio de comunicación era la palabra hablada, era la relación
directa. Y tenía como expresión impersonal a la prensa. Nada más
que la prensa escrita. Por lo tanto, el contacto entre la gente y
los políticos era muy distinto, podría decirse que entre
patrones e inquilinos. Que no tenían ninguna relación, salvo la
de dependencia. Era un política
marcada por el signo de la desigualdad y el cohecho, pero era a la
vez una relación más directa. Pero después también
existió la posibilidad de que la gente que no tenía dinero
pudiera ser candidato y tener votación. Eso dependía de la
organización de los trabajadores. Pero eso comenzó más bien a
desarrollarse en las primeras décadas del siglo XX, sobre todo
con Recabarren, después se constituyó como una fuerza muy
grande, sola e independiente por sí misma, ese antecedente hay
que tomarlo en cuenta. Esto produjo un encuentro social-político
muy fuerte en este siglo entre distintos sectores sociales:
obreros, profesionales, estudiantes, capas medias. Así se
desarrolló una izquierda distinta que venía con orígenes históricos
muy diferentes: el partido Radical que venía del siglo pasado, el
Democrático, luego el partido Comunista que había nacido en
1912, con el Socialista, que luego forman el Frente Popular en
1935. Ganan la presidencia de la República el '38. Después de
muchas alternativas y cambios, flujos y reflujos, este bloque
desemboca en la Unidad Popular. Es evidente que el
golpe de 1973 corta la historia de Chile. No es cosa de repetir la
misma trayectoria en forma circular, pero aquellas esencias en
cuanto a la necesidad de ponerse de acuerdo, de responder a
secciones sociales determinados que querían mejorar su vida,
participar, ser sujetos y no objetos de la historia, eso,
sobrevivió. Las formas serán diferentes, el lenguaje distinto,
pero tendrán también un handicap muy grande. - ¿Cree en la posibilidad de modificaciones al sistema político social actual trabajando desde adentro de las instituciones? - Yo creo que sí,
pero no creo que el cambio surja desde una izquierda que arrió
sus banderas y se puso al servicio de una política que no es la
suya, enajenándose en un principio en nombre de una necesidad,
por ejemplo: salir de la dictadura. Porque ¿cómo se
salió de la dictadura? De la peor manera en comparación a todos
los países donde hubo dictaduras militares, porque fue un
consenso con el dictador, con sus fuerzas, que ahora son más
fuertes que él y que permanecen, estableciendo la inalterabilidad
y la inmutabilidad del sistema con la Constitución del 80. Y de
la cual en estos últimos años no se ha cambiado ni una coma. Y
es muy difícil cambiarla, tomaron todas las medidas para que
cualquier modificación requiriera de un quorum imposible en medio
de este sistema electoral que hace que en el peor de los casos se
produzca un empate. Se necesita una voluntad política de cambio
real para cambiar el sistema electoral binominal y la institución
de los senadores designados. - ¿Usted ve esa voluntad política por parte de los políticos actuales, puntualmente del sector concertacionista? - Yo no la veo
porque han hecho muchos intentos que desde su planteamiento
inicial estaban destinados al fracaso porque, en el mejor de los
casos, eran utópicos, por no decir "voladores de
luces". - Y por ejemplo, esta moción presentada por los diputados PS Juan Bustos e Isabel Allende a la Contraloría para investigar el origen de los bienes del general (r) Augusto Pinochet, ¿lo ve como una propuesta con fondo o un "volador de luces"? - Lo veo como un
gesto, digamos de rechazo al hecho de que Pinochet goce de
impunidad, lo que ha dejado al país en una situación irrisoria
ante el mundo entero. Porque cuando estuvo en Londres se dijo que
se debía devolver por un principio de soberanía y porque en
Chile podía ser juzgado. Hemos llegado al fin de la comedia
porque se declaró que por razones de salud mental, él no estaba
en situación de afrontar un juicio y por lo tanto, se sobresee. Bueno, ahora el
tipo se pasea en forma ostentosa, se ríe de todos y el país hace
el ridículo frente al mundo, porque esas escenas se proyectan en
todas partes. Los que salvan un poco la dignidad son aquellos grupos de Derechos Humanos, en lo demás no se hace nada, es la impunidad. Publicado inicialmente en
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