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La vivienda popular, la reactivación
productiva y otro Uruguay posible

por la Arq- Charna Furman, investigadora de la
Unidad Permanente de Vivienda de la Facultad de Arquitectura.

Plantear soluciones para estos temas hoy, parece una misión imposible, pero si reinara, aunque sólo fuera el sentido común, tendríamos, por lo menos, inicios de soluciones.

No son fáciles, pero juntando recursos de distinta índole se puede hacer muchas cosas.

Cuando hablamos de recursos, inmediatamente se piensa en los financieros, que son importantes, pero no los únicos.

La "ausencia" de recursos financieros, o la no disponibilidad de ellos, es una de las contradicciones, existen varias que podemos encontrar en las erráticas políticas de vivienda popular.

Recursos también son: los humanos, ya sea la mano de obra (paga o no paga) y la gestión adecuada, los materiales de construcción, los técnicos comprometidos con los problemas de la sociedad, el conocimiento generado en la academia y en las ONGs que trabajan asesorando en vivienda, los recursos sociales, o sea las organizaciones cooperativas, comisiones barriales, sindicales y las redes sociales solidarias que crecen y se multiplican en medio de la crisis y que muestran que hay un país, hay un pueblo que no ha perdido su historia y su cultura. (En los años del " sálvese quien pueda" llegamos a sospechar que los habíamos perdido.)

¿DÓNDE ESTÁ EL DINERO? Los recursos financieros existen y no me refiero a los préstamos del BID ni del FMI, sino a los que nos sacan desde hace muchos años de salarios y jubilaciones bajo el casi olvidado pretexto: crear y mantener el Fondo de Vivienda.

Que uruguayo iba a oponerse a un descuento de su sueldo, no significativo individualmente, pero muy importante en el conjunto de salarios y jubilaciones, si su objetivo era solucionar la vivienda para quienes no la tienen.

Tan importante es en su conjunto, que cuando se escuchan las cifras, una se asombra de la cantidad de millones de dólares que, con este justo pretexto sacan de nuestros bolsillos, seamos trabajadores o jubilados.

El dinero existe, ¿dónde está que no se ven las viviendas construidas con él? Por los misteriosos caminos creados en organismos gubernamentales nacionales, el dinero va a Rentas Generales (en el caso del impuesto a los salarios) o a una cuenta en el BROU a nombre del Ministerio de Vivienda (en el caso de las jubilaciones y pensiones).

REACTIVACIÓN POSIBLE DE LA INDUSTRIA DE LA CONSTRUCCIÓN Si se usara en construir viviendas, no habría gente sin techo, no habría miles de trabajadores de la construcción sin trabajo, no habría empresas constructoras fundidas.

Siempre se habla del poder de generar trabajo de la industria de la construcción, es un primer engranaje que comienza a moverse e inmediatamente múltiples ramas de la industria y el comercio sienten el impacto.

En estos días parece un cuento de hadas, pero es que lo que ocurriría si con el dinero que supuestamente es para construir viviendas el Estado no pagara otras cosas: la eterna y creciente deuda externa, los contratos, comisiones y otras formas misteriosas de gastar miles de millones de dólares que se generan en este modelo de sociedad.

UN EJEMPLO CLARO DE CONTRADICCIÓN Hemos visto en Montevideo algunos edificios muy buenos para jubilados y pensionistas.

Esto fue una forma de mostrar que algo de los millones de dólares se invierten en vivienda. También en otras partes del país han surgido conjuntos dignos de vivienda para este sector.

Esto no fue espontáneo, contribuyó al hecho la constante pelea de la Organización Nacional de Jubilados, potenciada en los últimos años por el SUNCA, la Cámara de la Construcción, y otras organizaciones.

Por unos cuantos años el fondo no producía ni una vivienda, y los jubilados organizados hacían cuentas de sus millones de pesos uruguayos depositados en el BROU, que se desvalorizaban pues no podían depositarse en dólares ni ser reajustados como hubiera sucedido en el BHU.

La primer respuesta fueron algunos NBE - núcleos básicos evolutivos - en la periferia de Montevideo, que generó el enojo justificado.

Parecía una burla, darle viviendas evolutivas a un sector que lo que menos hace es evolucionar, o sea ampliar el núcleo familiar, una contradicción más. También los indignó la ubicación periférica, una exclusión de personas adultas mayores de la ciudad con todos sus servicios y tejidos sociales. Además estaba la bajísima calidad constructiva y de confort.. Una señora mayor decía en el propio BPS con razón: "nos tiraron como chanchos a un chiquero".

Después vinieron las torres de diez plantas, lujosos guetos de personas mayores, a un costo promedio de U$S40 000 por cada vivienda de 40m2. Los aspirantes a vivienda de este programa, son los más pobres, los que tienen jubilaciones y pensiones que sólo le da para comer, o ni eso. Surgieron múltiples problemas de administración, conflictos de convivencia, aún no resueltos.

Y ahora hablemos de una gran contradicción: mientras el dinero del BPS se sigue ¿acumulando? en pesos uruguayos en el BROU, largas colas de obreros de la construcción cobran por otra puerta del mismo BPS su seguro de paro. Esto parecería un chiste, si no fuera tan dramático.

Tengo otras perlas para este collar de contradicciones sobre políticas y programas de hábitat popular, pero no hay más espacio que la gente de La Onda Digital me proporciona hoy.

Si hay otras oportunidades, mucho se puede hablar de soluciones de vivienda popular, de la consecuente reactivación de la industria y de la economía del país, y fundamentalmente de sus resultados sociales, que integradas a otras políticas sociales, aportaría significativos avances a la construcción de otro Uruguay posible. LA ONDA® DIGITAL


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