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Argentina:
necesita aceptar la hegemonía brasileña y adoptar una moneda
única anclada en el real
En
1991, el presidente de la Argentina, Carlos Menem, envió una
fragata a la Guerra del Golfo.
El gesto simbólico era parte de lo que el ex canciller
argentino, Guido Di Tella, denominó “relaciones carnales” con
los Estados Unidos. Detrás
de esa actitud, que contrariaba décadas de discrepancias con los
EE.UU., estaba el político científico Carlos Escudé y su
“realismo periférico”. Países sin importancia estratégica deberían alinearse a la
potencia hegemónica en todo lo que no fuese esencial, pregonaba
Escudé. La tesis
produjo frutos. De
paria internacional en lo que se había convertido al desafiar a
Inglaterra en la Guerra de las Malvinas en 1982, la Argentina
volvió a tener libre tránsito en los medios diplomáticos.
Resolvió las viejas querellas territoriales con Chile,
regresó al Banco Mundial y al FMI y normalizó las relaciones con
el gobierno británico. Nada
de eso ayudó cuando el país vio naufragar su economía, a fines
del año pasado. En
esta entrevista, Escudé revalúa sus ideas y vislumbra un nuevo
aliado preferencial – el Brasil. -
Usted dijo al periódico The
New York Times que
la Argentina debía dejar de soñar en ser una estrella de la
bandera americana y convertirse en una estrella de la bandera
brasileña. Si fue un
shock la aproximación a los EE.UU., con el Brasil no sería aún
peor? -
La Argentina nunca más podrá tener un proyecto de “grandeza”
y el imperativo para este país, que no consigue llamar la atención
de los EE.UU., es estabilizar su intercambio con el Brasil.
Para eso, necesita aceptar la hegemonía brasileña y
adoptar una moneda única anclada en el real.
Desde un punto de vista subjetivo, esa política tal vez
despierte oposición. Pero
ésta será menor que la provocada por el alineamiento con los
EE.UU., porque los argentinos percibieron una mayor afinidad con
los brasileños. -No
queda ningún camino autónomo para la Argentina y los demás países
latinoamericanos? -
Es obvio que América Latina no puede ser más autónoma que la
Unión Europea y, en materia de seguridad internacional, la UE es
un satélite americano, a través de la OTAN.
Europa no puede cambiar eso.
Crear una alternativa, exigiría inversiones tan
monstruosas que tendrían que sacrificar el bienestar que la
población exige. Si
esa es la dependencia europea en materia de seguridad, la
dependencia latinoamericana, con infinitamente menos poder económico,
no puede ser menor. Pero
debemos aprender con los europeos a defender nuestros intereses
comerciales frente a los de EE.UU., a pesar de ser una alianza con
el país, con vistas a la seguridad.
Eso es el realismo periférico, es el sentido común.
Los europeos son suficientemente inteligentes como para no
necesitar un teórico de sentido común como Carlos Escudé. -
El ALCA es una oportunidad para la Argentina? -
El
ALCA es un “caza-bobos”.
Si sumamos el proteccionismo crónico de los EE.UU. al
unilateralismo de la administración Bush, queda claro que difícilmente
podrá ser útil. La
Argentina debe llevar adelante las negociaciones subordinada al
Brasil. La clase política
argentina es tan corrupta que no hay mercado que no esté
dispuesto a la apertura si se le ofreciese una recompensa
adecuada, léase soborno. El
Brasil no es perfecto, pero, en el plano de los más altos
intereses nacionales, es un país mucho menos corrupto.
Los argentinos estarán mejor representados por Itamaraty
que por el canciller argentino Carlos Ruckauf. *
Tomado de la revista Epoca. LA ONDA® DIGITAL |
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