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En
este mundo vale más la vida del
En
la República Dominicana en lo que va de año han sido asesinadas
48 mujeres. En Costa Rica las mujeres asesinadas por hombres
en la década de los noventa lo han sido a razón de 24 por año:
el 40% asesinadas por sus maridos o parejas, y otro 26% por
padres, primos o familiares varones. En Santiago de Chile, los
servicios de emergencia atendieron en un año a más de 2.600
mujeres con lesiones que habían sido causadas en más de 1.900
casos por varones de la familia (frecuentemente marido o pareja de
hecho). En
España, desde 1996 se da una media de 60 mujeres muertas
violentamente al año por maridos o parejas. El 98% de esas
mujeres habían denunciado malos tratos y amenazas. En EE.UU. más
de la mitad de las mujeres han sido maltratadas por su marido o
compañero alguna vez y más de un tercio son agredidas y
golpeadas repetidamente cada año; el 80% de los asesinatos de
mujeres se ejecutan en el hogar y la cuarta parte de violaciones
las cometen maridos o novios, según datos del Departamento de
Justicia. Etcétera. Inacabable etcétera. Más
de 60 millones de mujeres han muerto en el siglo XX a causa
de la violencia brutal del hombre contra la mujer. Esas muertes
han sido definidas por la ONU como "el crimen encubierto más
frecuente en el mundo". Pero
eso no sucede porque sí. La muerte violenta de millones de
mujeres tiene raíces profundas en una estructura social desigual
entre géneros; una desigualdad que genera una cultura
masculinista que reduce a la mujer a reproductora, objeto de
placer sexual, trabajadora a destajo y propiedad del hombre. Unos
datos muestran esa desigualdad aberrante. En
la mayoría de países, las mujeres son tratadas como ciudadanas
de segunda, discriminadas por la ley o por motivos religiosos y
culturales. Fruto de esa marginación es que las mujeres sólo
poseen el 1% de las tierras del planeta, pero trabajan el 70% de
las horas totales de labores agrarias, aunque sólo reciben el 10%
de los ingresos generados. Según el Banco Mundial, de los 4.500
millones de habitantes de la Tierra que viven con menos de 2 dólares
diarios, el 70% son mujeres, niñas y niños. Sólo
en 6 países del mundo hay igualdad entre hombres y mujeres:
igualdad en matriculación en educación secundaria; mujeres
ocupando al menos un 30% de escaños parlamentarios, y mujeres en
la mitad de empleos razonablemente remunerados (que no sean agrícolas).
La
ejecutiva del Fondo Monetario Internacional está compuesta
enteramente por hombres. En el caso del Banco Mundial, el 92% de
los órganos directivos lo compone el sexo masculino. Las mujeres
sólo son la décima parte de los parlamentarios del mundo. Entre
los 27 millones de refugiados censados por Naciones Unidas, el 80%
son mujeres y, de los 300 millones de niños sin escolarizar y sin
acceso a la educación, 200 millones son niñas. Según el
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), de los 854
millones de adultos analfabetos, 665 millones son mujeres. Por
otra parte, las mujeres producen el 80% de los alimentos
consumidos en los países más pobres del mundo aunque, según
PNUD 2002, ganan un 25% menos que los hombres por el mismo
trabajo. Este
mundo es clara y decididamente machista. Este mundo, dirigido y
gobernado mayoritariamente por hombres, no muestra una voluntad
clara y activa de acabar con el problema que, con toda justicia
semántica, denominamos "terrorismo de género"; es
decir, malos tratos sistemáticos, lesiones frecuentes y muerte
violenta de millones de mujeres a manos de hombres. Las
mujeres vejadas, violadas, maltratadas, lesionadas y asesinadas,
en la mayoría de países apenas cuentan con protección ni de la
administración de justicia ni del gobierno. Véase el caso de
Ciudad Juárez. En España, por ejemplo, la amenaza de los
terroristas de ETA a concejales y otros ciudadanos ha movido al
gobierno a proporcionar escoltas a los amenazados; el Ministerio
del Interior ha dedicado 4.300 agentes de policía a tareas de
guardaespaldas de amenazados por ETA; un gasto anual de 16
millones de dólares. El número de mujeres asesinadas, víctimas
del terrorismo de género, dobla el de víctimas del terrorismo de
ETA. Pero el gobierno de Aznar se niega a tramitar una ley
integral contra la violencia de género que podría ser un
instrumento del Estado adecuado para luchar contra esa lacra. En este mundo desigual vale más la vida del hombre que la de la mujer. Xavier
Caño Tamayo
Periodista
Agencia
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