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En este mundo vale más la vida del
hombre que la de la mujer, la realidad del
terrorismo de género

por Xavier Caño Tamayo

xavicata@wanadoo.es

La Comisión de Equidad y Género de la Cámara de Diputados Federales de México ha hecho público que más de diez millones de mujeres son maltratadas a diario física, psicológica o sexualmente en ese país americano. Y en Ciudad Juárez (Chihuahua), desde 1993 hasta el verano de 2002, han sido asesinadas más de 280 mujeres trabajadoras y han desaparecido otras 500. No se ha esclarecido un solo crimen ni asegurado protección a las mujeres. En julio de 2002 desaparecieron tres mujeres más.

En la República Dominicana en lo que va de año han sido asesinadas 48 mujeres. En Costa Rica las mujeres asesinadas por hombres en la década de los noventa lo han sido a razón de 24 por año: el 40% asesinadas por sus maridos o parejas, y otro 26% por padres, primos o familiares varones. En Santiago de Chile, los servicios de emergencia atendieron en un año a más de 2.600 mujeres con lesiones que habían sido causadas en más de 1.900 casos por varones de la familia (frecuentemente marido o pareja de hecho).

En España, desde 1996 se da una media de 60 mujeres muertas violentamente al año por maridos o parejas. El 98% de esas mujeres habían denunciado malos tratos y amenazas. En EE.UU. más de la mitad de las mujeres han sido maltratadas por su marido o compañero alguna vez y más de un tercio son agredidas y golpeadas repetidamente cada año; el 80% de los asesinatos de mujeres se ejecutan en el hogar y la cuarta parte de violaciones las cometen maridos o novios, según datos del Departamento de Justicia. Etcétera. Inacabable etcétera.

Más de 60 millones de mujeres han muerto en el siglo XX a causa de la violencia brutal del hombre contra la mujer. Esas muertes han sido definidas por la ONU como "el crimen encubierto más frecuente en el mundo".

Pero eso no sucede porque sí. La muerte violenta de millones de mujeres tiene raíces profundas en una estructura social desigual entre géneros; una desigualdad que genera una cultura masculinista que reduce a la mujer a reproductora, objeto de placer sexual, trabajadora a destajo y propiedad del hombre. Unos datos muestran esa desigualdad aberrante.

En la mayoría de países, las mujeres son tratadas como ciudadanas de segunda, discriminadas por la ley o por motivos religiosos y culturales. Fruto de esa marginación es que las mujeres sólo poseen el 1% de las tierras del planeta, pero trabajan el 70% de las horas totales de labores agrarias, aunque sólo reciben el 10% de los ingresos generados. Según el Banco Mundial, de los 4.500 millones de habitantes de la Tierra que viven con menos de 2 dólares diarios, el 70% son mujeres, niñas y niños.

Sólo en 6 países del mundo hay igualdad entre hombres y mujeres: igualdad en matriculación en educación secundaria; mujeres ocupando al menos un 30% de escaños parlamentarios, y mujeres en la mitad de empleos razonablemente remunerados (que no sean agrícolas).

La ejecutiva del Fondo Monetario Internacional está compuesta enteramente por hombres. En el caso del Banco Mundial, el 92% de los órganos directivos lo compone el sexo masculino. Las mujeres sólo son la décima parte de los parlamentarios del mundo.

Entre los 27 millones de refugiados censados por Naciones Unidas, el 80% son mujeres y, de los 300 millones de niños sin escolarizar y sin acceso a la educación, 200 millones son niñas. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), de los 854 millones de adultos analfabetos, 665 millones son mujeres. Por otra parte, las mujeres producen el 80% de los alimentos consumidos en los países más pobres del mundo aunque, según PNUD 2002, ganan un 25% menos que los hombres por el mismo trabajo.

Este mundo es clara y decididamente machista. Este mundo, dirigido y gobernado mayoritariamente por hombres, no muestra una voluntad clara y activa de acabar con el problema que, con toda justicia semántica, denominamos "terrorismo de género"; es decir, malos tratos sistemáticos, lesiones frecuentes y muerte violenta de millones de mujeres a manos de hombres.

Las mujeres vejadas, violadas, maltratadas, lesionadas y asesinadas, en la mayoría de países apenas cuentan con protección ni de la administración de justicia ni del gobierno. Véase el caso de Ciudad Juárez. En España, por ejemplo, la amenaza de los terroristas de ETA a concejales y otros ciudadanos ha movido al gobierno a proporcionar escoltas a los amenazados; el Ministerio del Interior ha dedicado 4.300 agentes de policía a tareas de guardaespaldas de amenazados por ETA; un gasto anual de 16 millones de dólares. El número de mujeres asesinadas, víctimas del terrorismo de género, dobla el de víctimas del terrorismo de ETA. Pero el gobierno de Aznar se niega a tramitar una ley integral contra la violencia de género que podría ser un instrumento del Estado adecuado para luchar contra esa lacra.

En este mundo desigual vale más la vida del hombre que la de la mujer.

Xavier Caño Tamayo Periodista Agencia – AIS-

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