Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

No somos lo que hacemos
"Cuando la vida se degrada y la esperanza
se escapa del corazón de los hombres,
sólo queda la revolución".

por Cristina Iriarte

El Arq. Oscar Niemeyer, a sus 95 años, conserva aún la inquebrantable esperanza de un mundo mejor. Se le asocia fundamentalmente con Brasilia, capital que diseñó con un estilo ultra vanguardista (para su época) a instancias del entonces presidente del Brasil, Juscelino Kubistchek, más recientemente por el Sambódromo de Río de Janeiro (escenario del carnaval más famoso del mundo) y por muchísimas obras más en Europa y otros continentes.  Pero “un hombre no es solamente lo que hace” y éste es un ejemplo de tal afirmación. 

Cuando hablamos de patrimonio, pensamos en forma inmediata en edificios, monumentos, obras (grandes o pequeñas) que dan identidad a una ciudad, un país, una región.  Pocas veces vinculamos el término “patrimonio” a una conducta, un estilo de vida, una trayectoria que fue capaz de alcanzar el éxito profesional sin perder de vista lo social. Me estoy refiriendo al Arq. Oscar Niemeyer quien, a pesar de sus 95 años, conserva la inquebrantable esperanza de un mundo mejor. 

Teniendo como pretexto el lanzamiento de su libro “Conversa de Amigos” de la editorial Revan, se nos reveló más como un ser humano sensible a las injusticias sociales, que como un exitoso profesional al que todos conocen por sus obras realizadas en Brasil y en el mundo. 

Niemeyer es, por encima de su profesión, un hombre preocupado por el mundo que lo rodea, por el sufrimiento de su gente, por la injusticia social, por la ceguera de los ricos frente a los pobres, en definitiva, por la búsqueda de un mundo mejor.  En su escritorio del 10ª piso en el edificio Ypiranga en la zona sur de Río de Janeiro, despojado de lujos y trabajando (a sus 95 años) de las 09:30 a las 20:00 hs., entre anécdotas y expresiones de deseos, se puede ir descubriendo un ser absolutamente comprometido con el momento que le toca vivir. 

En una entrevista brindada a Eliane Lobato para la revista ISTOÉ, se manifiesta como un hombre profundamente comprometido con la filosofía marxista, orgulloso de ser comunista, de ser amigo personal de Fidel Castro y esperanzado en que Rusia retome la postura anterior al fin de la Guerra Fría, pero fundamentalmente, preocupado por las diferencias sociales y por el sufrimiento de la gente más indefensa. 

En el plano político-partidario se declara simpatizante de Leonel Brizola y Ciro Gómes, pero no percibió a las recientes elecciones en el Brasil con demasiado entusiasmo, ya que parte de la base que lo realmente importante es cambiar el régimen capitalista por un régimen socialista, a pesar de ser consciente que es difícil concretizar una sociedad igualitaria.  Pero sostiene que la certeza de una guerra a instancias de “un buitre” como George W. Bush, reafirma que “es necesaria la noche para que surja el día”. 

En una reciente conferencia brindada por Niemeyer en San Pablo, culminó su exposición diciendo que “cuando la vida se degrada y la esperanza se escapa del corazón de los hombres, sólo queda la revolución”.  Y tan fuerte es su convicción, y tanta importancia tiene en su vida esta prédica, que sólo está dispuesto a ser homenajeado en el próximo carnaval carioca, siempre y cuando la escola do samba “Vila Isabel” destaque al Movimiento Sin Tierra, la reforma agraria, la lucha política contra el ALCA, el FMI y todos los intereses norteamericanos que amenazan a América Latina.  Y es bastante escéptico con respecto a esto, ya que sostiene que las escolas do samba acaban descendiendo del morro para divertir a la burguesía que aplaude y olvida todo al día siguiente.

Se entusiasma cuando tiene la oportunidad de disertar frente a futuros arquitectos y puede ayudarlos a pensar más en la vida, en la miseria inmensa que nos rodea, en las luchas sociales, que en alcanzar los éxitos profesionales. Y lamenta el tiempo que le va a faltar para contribuir al  crecimiento de sus más de 20 descendientes. 

Y su consecuencia no es sólo a nivel político, filosófico o profesional, ya que día tras día finje que está dormido (como lo ha hecho durante los últimos 70 años), para poder tener el placer de escuchar a su mujer diciéndole cada mañana al oído: “Oscarcito, son las 8:30”

Vista de alguna de las principales obras del Arquitecto Osacar Nemeyer

** Oscar Niemeyer nació en Río de Janeiro, Brasil, en 1907. Se graduó en la Escola Nacional de Belas Artas en Rio de Janeiro en 1934, cuando se unió a un grupo de arquitectos brasileros que colaboraba con el francés Le Corbusier en la construcción del nuevo Ministerio de Educación de Río de Janeiro. Esta experiencia fue muy formativa para el joven arquitecto y lo marcaría durante toda su vida. 

En 1942, Niemeyer creó una serie de edificios que tomaron prestado elementos del estilo barroco brasilero. De esta etapa es el Palacio Itamaraty de Brasilia (1943). En 1956 fue nombrado consejero de Nova Cap, la entidad encargada de llevar a cabo el proyecto de Luis Costa de dar una nueva capital a Brasil. El año siguiente se convirtió en el arquitecto jefe, diseñando los más importantes edificios públicos de la nueva ciudad. Esos edificios marcaron un período de especial creatividad para Oscar Niemeyer y la piedra fundamental del estilo que lo ha hecho tan relevante para la historia de la arquitectura. Son de este período sus obras más célebres; el Palacio del Alvorada (1957), la capilla de Nuestra Señora de Fátima (1958), el Teatro Nacional (1958), el Congreso Nacional (1958) o su Catedral Metropolitana (1958).

Niemeyer continuó trabajando en Brasilia hasta mediados de los sesenta, cuando su militancia en el Partido Comunista brasileño lo forzó a exiliarse en Francia ante el advenimiento de la dictadura militar en su país. Durante esos años fuera de Brasil proyectó obras de gran importancia, como la Universidad de Constantine en Argelia (1969), la sede del Partido Comunista francés (1965-1980) o el Centro Cultural de Le Havre (1972), también en Francia. Retomó su carrera en Brasil enseñando en la Universidad de Río de Janeiro y trabajando en forma privada. En 1970 fue galardonado con la Medalla de Oro del American Institute of Architecture y en 1988 recibió el Pritzker Prize. Entre sus obras más recientes destacan el Museu de Arte Contemporânea de Niteroi, Brasil (1991).

En la actualidad, divergen las opiniones sobre la concepción arquitectónica de la capital federal de Brasil. Pero, para su creador, el arquitecto Oscar Niemeyer, lo importante es que la construcción de Brasilia demostró que el pueblo brasileño era capaz de hacer sus sueños realidad. LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Inicio

Un portal para y por uruguayos
URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital