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China: tan cerca del capital, tan
lejos de los derechos humanos

por Miguel Jiménez, AIS

Los más de dos mil delegados asistentes al Congreso, sólo han ratificado las decisiones del Buró Político del férreo Partido Comunista para abrir China a la economía de mercado y cumplir las exigencias de la OMC. Una vez más las graves violaciones de los derechos humanos han sido silenciadas, aunque la represión y la falta de libertades sean prácticas habituales en China.

"China está atrasada y necesita un socialismo avanzado apoyado en alta tecnología para construir una sociedad acomodada". Así concluía el presidente chino, Jiang Zemin, el XVI Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, clausurado el pasado 14 de noviembre. La Constitución de la República Popular China establece que este Congreso Nacional es el máximo órgano de decisión del partido, pero, en la práctica, sus más de dos mil delegados se limitan a ratificar las decisiones tomadas por el Buró Político y los miembros más veteranos del partido. A pesar de ello, cada Congreso Nacional genera una enorme expectación, ya que en un régimen tan opaco como el chino no sólo sirve para hacer pública la línea política oficial, sino que permite entrever el reparto del poder. Nada más, porque está muy lejos de ser un parlamento democrático.

Se conoció quien es el sucesor de Jiang Zemin: su delfín, Hu Jintao; y también se han expuesto las nuevas líneas de política económica. El tema de los Derechos Humanos ha sido nuevamente silenciado.

En primer lugar, en el plano político hemos asistido, una vez más, a una transición sin elecciones tan opaca y antidemocrática como las anteriores. Los más de dos mil delegados reunidos en Pekín para santificar el relevo son convidados de piedra. El hombre llamado a sustituir a Zemin, el joven vicepresidente Hu Jintao, no ha dejado aún ninguna huella política relevante antes de convertirse en el próximo jefe del Estado. De hecho, muchos señalan que Jiang Zemin se mantendrá como poder en la sombra con un nuevo cargo en el Buró Político.

En el plano económico, el más tratado en el Congreso, se ha hecho evidente el compromiso para cumplir los preceptos exigidos por la Organización Mundial del Comercio (OMC), de la que China es miembro desde diciembre de 2001. La creciente participación de China en la economía mundial implicará cambios internos de gran envergadura, especialmente en los sectores hasta ahora protegidos por el Estado (telecomunicaciones, agricultura, automóvil, seguros y banca). La paulatina apertura a la inversión extranjera y el consecuente aumento de la competencia significarán el cierre de las empresas nacionales menos productivas, una redistribución laboral y un consecuente aumento del desempleo, que ahora ronda el 3,1%, según fuentes oficiales. La tensión social puede agudizarse.

No obstante, Jiang Zemin ha abogado por esta línea de "marxismo neoliberal": "El desarrollo de la economía de mercado bajo las condiciones del socialismo ha sido una hazaña sin paralelo en la historia; ha sido una contribución histórica que los comunistas chinos han hecho al desarrollo del marxismo".

En este XVI Congreso no se ha hablado, sin embargo, de un tema tan importante como es el deterioro de los Derechos Humanos en el país. Ha vuelto a triunfar el silencio gubernamental. Un ejemplo de la falta de libertades fueron las fuertes medidas de seguridad que se desplegaron durante el Congreso, pero que no impidieron algunas protestas en la plaza de Tiananmen. Pero hay ejemplos más sangrantes:

- China es el país del mundo que más veces ha empleado la pena de muerte. Dentro de sus fronteras se fusiló o se aplicó una inyección letal a más de 2.400 reos en 2001. Se llevan a cabo ejecuciones por delitos no violentos como soborno, proxenetismo, malversación, fraude fiscal, venta de alimentos nocivos y delitos de narcotráfico. Muchas ejecuciones se realizan tras actos públicos de imposición de sentencias ante grandes multitudes.

- China tampoco ha ratificado el nuevo protocolo del Convenio Internacional Contra la Tortura que entró en vigor en 1987.

- En los últimos años, las protestas de los trabajadores han crecido de manera notable. Denuncian las condiciones de empleo, los ínfimos salarios (que a veces ni siquiera se perciben), la corrupción administrativa y otras cuestiones. Estas protestas son ilegales, como también lo son los sindicatos independientes. Se ha detenido, acosado y encarcelado a trabajadores, activistas y dirigentes sindicales por fomentar estas protestas.

- El Centro Tibetano de Derechos Humanos considera que más de 45.000 tibetanos han llegado hasta la India desde el Tíbet en los últimos 10 años en busca de asilo. Alrededor de 254 presos políticos siguen encarcelados en el Tíbet y 10 murieron el año pasado como consecuencia directa de torturas y malos tratos.

- Ha habido represión de grupos espirituales y religiosos. Unos 200 seguidores de Falun Gong murieron bajo custodia como resultado de tortura, mientras centenares de monjas y monjes continúan encarcelados en el Tíbet. El gobierno chino utilizó el pretexto de la "guerra contra el terrorismo" para justificar la represión contra los "separatistas" de la etnia uigur, alegando que estaban vinculados al "terrorismo internacional". Se detuvo a muchos presuntos separatistas y algunos fueron ejecutados.

Mientras los dirigentes del Partido Comunista Chino silencien este problema y hagan oídos sordos a la tenue crítica de la Comunidad Internacional, China estará lejos de ser el país "moderno" que tanto anhelan.

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