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Que
Lula devuelva parte del territorio El
diputado herrerista por el departamento de Rivera, Fernando
Araujo, quien fuera vice ministro de Deportes, reclamó en la Cámara
de Diputados que Brasil devuelva a nuestro país el Rincón de
Artigas y la Isla Brasileña. Lo que sigue es la intervención del
legislador nacionalista ante sus pares en la cámara baja.
Como
es notorio, Brasil acaba de finalizar su elección presidencial.
Bajo la consigna "Por un Brasil decente", luego de
perder tres elecciones seguidas, Luiz Inácio "Lula" da
Silva fue electo Presidente de esa poderosa nación. Como
nacionalistas que somos, no salimos a festejar dicha victoria ni
alentamos fantasmas de eventuales fracasos: es un tema de los
brasileños y punto. Entonces, saludamos la libre expresión del
pueblo hermano, alegrándonos, además, de que la práctica libre
y el pacífico tránsito de distintos partidos en el poder pase a
ser casi una constante; esperemos que se mantenga en nuestra América
Latina. En
los automóviles de muchos uruguayos en la zona de frontera -y,
para mi sorpresa, también aquí en Montevideo- vimos ese adhesivo
con la fotografía del Presidente electo, que decía:
"Votemos por un país decente" o "Quiero un país
decente", haciendo referencia al candidato Luiz Inácio
"Lula" da Silva. Es obvio que algunos de nuestros
compatriotas tienen la sincera esperanza de que ese mensaje de
honestidad sea sincero y que realmente se confirme en los hechos.
Nosotros también. Por otra parte, es alentador que un Presidente
electo bajo esa consigna haya tenido el apoyo mayoritario de
tantos millones de habitantes de su país. La
palabra "decencia" es sinónimo de buenas costumbres, de
honradez, de dignidad, de integridad, de virtud, de vergüenza.
Ser decente es un estilo de vida. No se puede ser decente a
medias. Saludamos, entonces, que un Presidente haya sido electo
bajo esa consigna. ¿Por qué decimos esto? Lo decimos como
nacionalistas, como orientales, porque hemos visto que sucesivos
Gobiernos del Brasil se han negado siquiera a tratar el reclamo
que nuestro país ha hecho acerca de la soberanía del Uruguay en
el mal denominado Rincón de Artigas. Se trata de una franja del
territorio nacional, de aproximadamente 25.000 hectáreas que
pertenecen a nuestro país. No
es un mero reclamo que pueda ameritar dos interpretaciones. Se
trata simplemente de hacer cumplir los tratados con el Brasil. Ni
siquiera se trata de poner en duda los tratados del año 1851,
verdadera vergüenza nacional que realmente todos aborrecemos. No
es que los estemos cuestionando; estamos pidiendo que se analice
nuevamente lo que fue un error en la etapa de demarcación en
cumplimiento de un tratado. Que se corrija y se devuelva esa parte
del territorio nacional, que es oriental, que es nuestro, que por
legítimo derecho nos corresponde. Lo mismo ocurre con la llamada
Isla Brasileña, que también es parte del territorio nacional. Frente
a los graves problemas que aquejan al país, muchos se preguntarán
si será oportuno tratar este asunto. Yo me permito abusar por
unos instantes del tiempo de que dispongo, para recordar una célebre
sesión en la Cámara de Representantes en la que Héctor Martín
Sturla, en el año 1988, instalaba este tema en el Parlamento.
Sturla citaba a Wilson en el año 1972, quien expresaba: "Hay
cosas que es preciso defender, simplemente, porque son la dimensión
física de la patria y no está en nuestras manos, ni aunque lo
quisiéramos, ceder parcela de nuestro territorio. Naturalmente
que ni por ley, el Uruguay puede disminuir su magnitud física,
porque el suelo es de la patria eterna, ni siquiera es de los de
antes, ni de los de ahora ni de los de después. Eso es lo que
tiene que durar y que desaparece el día que una comunidad pierde
la conciencia fervorosa de que es, meramente, depositaria de algo
que le pertenece y que tiene que custodiar como cosa
sagrada". Y
continuaba Sturla: "Algunas personas nos han preguntado"
-lo mismo que ahora- "qué sentido tiene esta preocupación",
cuando el Uruguay tiene problemas de bajos salarios, de desocupación
o de otras grandes tragedias que animan al país. "¿Qué
sentido tiene" -decía Sturla- "que nos preocupemos por
veinticinco mil hectáreas?". "¡Qué me importa!",
decía Sturla, "que sean veinticinco mil, doscientas
cincuenta o dos hectáreas y media. Lo importante es que la nación
deja de ser tal cuando estas cosas le dejan de interesar, cuando
le da lo mismo.- Nuestro partido -y asumo aquí no su representación,
pero sí el sentimiento que estoy seguro anima a toda la bancada
de legisladores que aquí estamos presentes- nació por eso. Tal
vez esta sea una de sus principales razones de existir. Desde
estas bancas, nosotros, quienes nos han precedido y quienes nos
sucedan siempre dijeron y dirán lo mismo, porque eso es el
Partido Nacional". Las
palabras de Sturla nos eximen de mayor comentario. Pido a los señores
legisladores que recurran a los Diarios de Sesiones de la Cámara
de Representantes de mayo de 1988. Pero pido que se tenga en
cuenta que la realidad puede haber cambiado. El Presidente brasileño
fue electo bajo la consigna de "un país decente". Creámosle
a "Lula", y reclamémosle todos los orientales lo que
nos pertenece. Seguramente la decencia del mandatario norteño será
ahora el principal aliado que todos los orientales tendremos. En las próximas horas la bancada de Diputados del Partido Nacional seguramente estará presentando una minuta de comunicación al Poder Ejecutivo, pero de cualquier manera solicitamos que la versión taquigráfica de nuestras palabras sea enviada a la Cancillería, a efectos de que se sepa que a partir del 1º de enero próximo será nuevamente una bandera del Partido Nacional que seguiremos impulsando hasta que se nos devuelvan esos territorios que pertenecen a nuestro país. LA ONDA® DIGITAL |
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