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Homenaje al poeta, creador,
comunicador, militante de la vida,
Don Washington Benavides

El miércoles 4 de diciembre la Junta Departamental de Montevideo realizó un homenaje al poeta y escritor Washington  Benavides . 

Con los salones del deliberativo Departamental desbordantes de público y la presencia de los Intendentes de Montevideo Arq- Mariano Arana y  de Tacuarembo Eber Da Rosa, el presidente de la Junta edil Carlos Varela inició la sesión diciendo que el homenaje era “al poeta, creador, comunicador, militante de la vida, don Washington Benavides.” 

“Se trata de una sesión especial, muy sui géneris para lo que es el funcionamiento de la Junta Departamental de Montevideo, que hoy está llena de amigos y de quienes son los verdaderos dueños de la Junta: los vecinos del Departamento. Contamos además, con la presencia del Intendente Municipal de Montevideo, arquitecto Mariano Arana; del Intendente Municipal de Tacuarembó, doctor Eber Da Rosa Vázquez; del Presidente de la Junta Departamental de Tacuarembó, señor José ­Bruno; de amigos, Ediles y autoridades municipales del Departamento”. 

Estaban presentes Hebert Rabiolo, integrante de Ediciones Banda Oriental; el poeta tacuaremboense Walter Ortiz y Ayala ,Nancy Bacelo, poetisa y editora. Además de estos destacados intelectuales homenajearon a Washington  Benavides. los cantoautores:   Washington Carrasco, Cristina Fernández, Andrés Stagnaro, Enrique Rodríguez Viera, Esteban Grille, Eduardo Larbanois, Mario Carrero y Numa Moraes 

Subrayando que esta sesión iba a ser diferente. “Habitualmente lo hacemos otorgando el uso de la palabra a los señores Ediles, pero en este caso lo haremos otorgando el uso de la canción a Daniel Viglietti. 

Señor Viglietti.- Buenas tardes.

Creo que hoy las excepciones confirman la regla: todos los músicos que concurren aquí son del Norte, yo soy del Sur. ¿De dónde seremos? 

Un poema del hermano Washington Benavides a continuación
Interpreto las canciones "Yo no soy de por aquí" y "Dinugh juglar")
A continuación  entre las diversas adhesiones llegadas al acto se leyó la carta manuscrita enviada por la coterránea de W. Benavides la escritora Circe Maia. 

"Tacuarembó, 4 de diciembre de 2002. No pudiendo viajar en estos días, pido a los queridos amigos que se encuentran en este momento reunidos que me cuenten como alguien más presente; alguien que desde esta ciudad de Tacuarembó, quiere compartir el homenaje a nuestro poeta. Pensando en los lejanos años de la adolescencia se nos aparece el recuerdo nítido de aquellos dos amigos, uno, a quien llamábamos el Bocha, y el otro, Walter Ortiz y Ayala, a quienes ya la poesía se les había vuelto un destino vital ineludible. Lo que me viene a la memoria son fragmentos sueltos de poemas escritos por aquel joven, y que creo que nunca se publicaron, pero que no se borraron de mi memoria. A veces es sólo un par de líneas sueltas. Recuerdo entonces las palabras de un gran poeta griego contemporáneo, Giannis Ritsos, en su poema "Adelfostni", es decir "Hermandad", en el que nos dice que los poetas se reconocen unos a otros no por grandes palabras, sino por algo pequeño, una imagen, la inesperada unión de dos palabras... Una hermandad, entonces, de poetas, una especie de "ciudad invisible" como aquella de la cual hablan algunos filósofos, también habitada por poetas como el que aquí homenajeamos, aquellos que oponen su creación a la insensibilidad y a la apatía”. 

Homenajear al Bocha es renovar
la esperanza de que hay futuro

Gabriel Weiss  

“Señor Presidente, señor Intendente Municipal de Montevideo, señor Intendente Municipal de Tacuarembó, señor Presidente de la Junta Departamental de Tacuarembó, autoridades departamentales de Montevideo y de Tacuarembó aunados en este hermoso homenaje, mujeres y hombres de la cultura y el periodismo, vecinos y vecinas: 

Nos hemos reunido hoy aquí con el objeto de celebrar, de reconocer, de homenajear al poeta Washington Benavides, al profesor, al maestro, al hombre generoso en su creatividad y en su capacidad de promover la continuidad de esa "carrera de postas" que es la creación en todos sus términos. 

Homenajear al Bocha es renovar la esperanza de que hay futuro para el Uruguay; hay futuro porque hay creadores y maestros de la talla de Benavides, y esta buena nueva permítaseme el término bíblico hay que proclamarla por todas partes. 

Muchos creen que la cultura es accesoria o de utilidad para fines menores e inmediatistas, y no comprenden que la cultura es el alma de un pueblo, es la huella indeleble que dejan las colectividades, lo que trasciende, lo que permanece; es más: es lo que merece trascender, lo que merece permanecer. 

A los inquisidores y a los verdugos que queman libros no olvidemos que ya lo dijo Adorno: quien comienza quemando libros más tarde o más temprano terminará quemando hombres, a los mediocres que algún día quemaron un libro en una plaza de Tacuarembó, humildemente les decimos desde aquí que al paso del poeta y al de los creadores no puede detenerlo ni la hoguera más grande.” 

En el poema "Del Fiscal al reo", de su libro "Hokusai", su intuición es profecía que ya se está cumpliendo: "Algo me dice / que mis versos darán un resplandor / un día". 

Nos parece importante esa concepción que sostienen muchos creadores -y también Benavides- en torno a que la poesía es tradición y originalidad, porque si bien escribir implica conservar, junto a esa dimensión está la de la renovación que también viene de la mano de la escritura y que es en cierto sentido inevitable.  

Escuchemos lo que el poeta tiene para decirnos al respecto: Definición del fragmento. "No es a ti a quien te incumbe terminar la tarea; sin embargo no te está permitido ser un espectador ocioso". Rabi Tarfon del "Pirkei Abot". "El poema no empieza / donde empieza, / ni acaba donde acaba. / Sus comienzos, como esos/ ríos que son fuentes, / regatos mínimos, / coalición de aguas,/ están ahí: en una palabra, / un hecho no identificado, / que sirve de referente; / una sombra que cierra / la puerta, la cortinilla / que se agita, levemente, / un rostro duro, astroso, / una conversación de café. / Sugiero algunas cosas / que podrían ser regatos. / Pero el poema comenzó antes / (cuando entramos, la función/ ya había comenzado) / Y será bueno si podemos / dar testimonio del fragmento / que vimos. Nada más / Y algo trasvasaremos al lector, / si éste retoma el hilo / y se00 remonta al regato, la fuente, / etcétera. / Y no acaba donde acaba / (el poema) / no es un cohete (sonda) lanzado / en el espacio blanco, / que llega al fin y cesa. / Como una inercia pura del lenguaje, / el poema no acaba, / continúa, / como un río que esconde su caudal / bajo tierra / (está y no está) y fluye subterráneo, / y acaso reaparezca en otro texto / (tuyo o ajeno) / en la red arterial de las palabras; / sobre el muro de Humpty Dumpty / o un muro con madreselvas de tu pueblo, / En el depósito común: / mete mano presto, / a ver qué sacas. / Pero recuerda: ese tejido no lo empezaste tú / y no será tuya la puntada final".

Hay otra dimensión de Benavides que queremos rescatar en el día de hoy, y es su faceta de docente. Dice el Bocha que el poeta mira de reojo al docente; pero el docente está allí por derecho propio, y no es posible desalojarlo, porque sería negar la esencia del hombre. 

Para referirnos a su labor docente hemos escogido un breve fragmento del libro "Los espejos y los mitos", que es un reportaje de Tabaré Couto al músico Eduardo Darnauchans, alumno de Benavides (como tantos) en el Liceo de Tacuarembó. Discúlpenme, pero el Bocha es como el gol de Piendibene, que lo vio todo el mundo: todos fueron alumnos de Washington Benavides; es impresionante. 

Dice así: "A mí en el liceo me tocó de profesor el Bocha Benavides, y eso implicaba que uno nunca se aburría en clase, porque era un apasionado de lo que enseñaba y hasta el más desorejado armador de guerras de tiza se quedaba benévolamente en paz. Al Bocha lo conocí en tercero y ahí comencé la relación... El Bocha nos hacía ver que era más o menos lo mismo 'Lady Jane', 'Yesterday' y la música de la época de Shakespeare. Si vos lo ves de esa manera empezás a ver el mundo distinto. O, por ejemplo, tenías que estudiar a Dostoiewsky y sus 'Noches blancas' -yo hice un recital llamado así porque adoré ese libro- y podías topearte casi un siglo porque el profesor de literatura ponía en el pasadiscos del liceo 'I'm a rock'de Simon & Garfunkel, porque era la misma temática: un hombre que vive solo, rodeado de gente, puede ser en San Petersburgo, puede ser en Nueva York. 

"Lo que se lograba era que la gente que iba a clase sólo a romper las bolas se quedara en silencio. Era algo muy fascinante. De esa época me quedó la enseñanza de que no hay compartimientos en el arte. Que perfectamente se puede comprender una actitud de Lou Reed o una de Leonardo da Vinci, enmarcándolas en sus tiempos y en sus espacios. En aquella época, para mí, hubo como una explosión, el mundo tuvo sentido...". 

Este homenaje merecidísimo que estamos realizando hoy en esta Junta Departamental es, permítame, señor Presidente, una declaración de amor de este ámbito a la poesía, a la música y a la creación en todas sus formas. Este homenaje, por lo mismo, es un gesto de amor y agradecimiento hacia Washington Benavides. 

Finalmente, Bocha, como decía Paul Eluard, estamos aquí para "festejar lo esencial, para festejar tu presencia".  

Aquí estamos homenajeando
a un hombre prolífico

Edil Linzo. 

-En primer lugar voy a pedir disculpas, porque nuestro Partido (Colorado) tiene una Convención departamental a las 19:30; vamos a hablar ahora con mucho gusto, pero luego nos tendremos que retirar. 

Yo no tenía el gusto ni el honor de conocer personalmente al profesor Benavides. Lo conocía a través de su obra y por todo lo que ha significado en el arte y en la cultura del Uruguay a través de tantos años. En ese sentido, hemos estado hurgando un poco en sus comienzos. Hoy hablábamos con el señor Edil Weiss, quien nos comentaba que Benavides es tan conocido que una vez fue a Canal 4 a hablar con un productor y que éste había sido su alumno. Y lo mismo le ocurrió una vez en el Ministerio de Cultura. Por lo tanto, está bien la comparación que se hizo con el gol de Piendibene, porque todos fueron sus alumnos. Yo no fui alumno suyo; de eso estoy muy seguro. 

Este país es muy pequeño pero se ha sabido destacar en muchísimos ámbitos, y la cultura ha sido uno de ellos. Yo no sé si en ese plano se ha destacado tanta gente y se ha hecho tan conocida como para ser homenajeada como usted. Y considero espléndido que se lo homenajee en este momento, porque entiendo que los homenajes hay que tratar de realizarlos en vida. Usted seguramente tiene una larga vida por delante. De todos modos, creo que es bueno que quienes de alguna manera representamos la voluntad popular homenajeemos a la gente cuando está en la plenitud de sus facultades. 

El profesor Benavides nació en 1930, en Tacuarembó. Fue profesor de Literatura de la enseñanza media y universitaria. Fue profesor de Arte y Comunicación. 

El señor Edil Weiss hacía referencia a la quema de un ejemplar de un libro en la Plaza 19 de Abril de Tacuarembó; parece ser que fue de su primer libro, "Tata Vizcacha", editado en 1955. Todavía no hemos averiguado por qué razón ocurrió esto, pero el hecho es que ya en aquella época algunas fuerzas del oscurantismo provocaron la quema de un libro, como ha sucedido en otras partes del mundo cuando alguien piensa diferente a los editores o autores. 

Todos los alumnos de Benavides coinciden en que los ha sabido motivar, no sólo en la literatura sino también en el teatro, la música, el cine. Por otro lado, alguien describió al departamento de Tacuarembó como "la central poética" creo que fue Coriún Aharonian, por los tantos personajes destacados que provenían de ahí, además de Gardel, que puede ser un poco discutible. No es uno de los departamentos más poblados del país, pero ha dado figuras por cierto muy importantes. 

 El profesor Benavides ya escribía en la revista "Asir" desde antes de la década del '50. Después publica "El Poeta", una selección de obras escritas entre 1952 y 1958, que ya en aquella época fue premiada por el entonces Ministerio de Instrucción Pública. 

Su obra poética y acá hemos tenido a uno de sus mentores, ha sido recogida por músicos importantes de este país: Zitarrosa, Washington Carrasco, Los Olimareños, Numa Moraes, Larbanois Carrero, Viglietti y algunos otros más. 

Ha sido también traductor de obras muy importantes de autores portugueses: Guimaraens Rosa, Oswald de Andrade, Carlos Drumond de Andrade, Affonso Romano, Gregorio de Mattos, etcétera. 

Y hoy, siendo una persona nacida el 3 de marzo de 1930, todavía está en actividad en la Facultad de Humanidades y en la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura. Quiere decir que aquí estamos homenajeando a un hombre prolífico, que se ha destacado en la mejor época de la cultura uruguaya, que algunos sitúan en la década del '40 y posteriormente, y que todavía se destaca. 

Para mí, en representación del Partido Colorado, realmente es un honor decir estas breves palabras (porque tenemos que retirarnos) sobre su trayectoria que, naturalmente, estamos seguros de que va a continuar con el mismo brillo que ha tenido hasta el momento.

Quienes de esto no entienden nada
tomaron una medida tan poco feliz
como quemar en la plaza su creación

Marcelo Maute Saravia 

- En primer lugar, quiero saludar al Intendente Municipal de Montevideo, arquitecto Arana; al Intendente de Tacuarembó, nuestro compañero Eber Da Rosa; al Presidente de la Junta de Tacuarembó, y a nuestro homenajeado. Seguramente habrá venido con él una cantidad de gente amiga, compañeros, familiares y aquellos a quienes a él no le gusta llamar lo sabemos por lo que hemos leído, por cierto; en este tiempo hemos tratado de saber algo sobre Washington Benavides alumnos o discípulos; por lo que sabemos, eran compañeros de reuniones en las que no había jerarquías y todos aprendían de todos. Seguramente, como hoy se decía, estén presentes muchos de ellos; algunos diciendo ser alumnos suyos porque realmente lo han sido, y otros que, sin serlo, se consideran alumnos de quien hoy merece que la Junta Departamental de Montevideo le rinda homenaje. y nuestro Partido está orgulloso de participar en  él. 

Hemos tratado, como decíamos, de recoger algunos elementos, que no dejan de ser datos biográficos fríos, pero a veces, cuando uno intenta ser claro al definir a ciertas personas que merecen reconocimiento, más vale repetir lo que otros han dicho mejor que lo que podemos hacerlo nosotros. Por supuesto que nuestra cuota de cariño y afecto va a ir impregnada en esas palabras que otros han creado en nuestro lugar y también en los comentarios que podamos hacer al comienzo, durante y al final de nuestra intervención. 

Más allá de que es obvio que esto es conocido por muchos, Washington Benavides nació el 3 de marzo de no importa cuándo, allá por el Departamento de Tacuarembó. 

Ha sido poeta y profesor de Literatura de Enseñanza Secundaria en su ciudad natal. 

Fue destituido por motivos políticos por la dictadura y restituido en el año '85, volviendo a ejercer su docencia en Secundaria y en al Facultad de Humanidades integrado al Departamento de Literatura Hispanoamericana. 

Como en casi todas las casas y estos son datos de quienes han analizado la vida de Washington Benavides, datos que nos gusta destacar, alguien de la familia había participado en las guerras civiles. El coronel Marcelino Benavides, abuelo de Washington, fue uno de los vencedores de Masoller. Por estar en el Ejército peleó con las fuerzas del Gobierno siendo nacionalista, y su hijo Héctor, colorado. 

"Mucha gente" decía Washington Benavides "acompañaba a mi padre, que estuvo en Masoller en el bando colorado; eran blancos pero iban porque allí iba Héctor, mi padre. La divisa quedaba a un lado: era por razones de amistad..." 

Fue un precoz lector, dibujante, pintor autodidacta, empujado a un cuarto buena parte del año por una afección de asma que lo atormentaba; su vida se dividía en dos estaciones, como él definía, en vez de cuatro, como la mayoría de los niños de su época y de todas las épocas: el fútbol y los amigos en primavera y verano, el encierro y la soledad en otoño, y en invierno, con la enfermedad. Vivía rodeado de libros; los padres lo tapaban de libros y revistas; a los cuatro años ya leía, y a los seis, cuando entró a la escuela, ya había leído varios clásicos. La lectura precoz no fue una ventaja a la hora de entrar a la escuela, a la maestra se le hacía poco tolerable un alumno que ya sabía leer y escribir, y que se aburría. Entonces, el director, el maestro Mansilla, que entendió mejor la situación del niño, lo sacó de la tortura de tener que aprender lo que ya sabía, y le permitió organizar su biblioteca y la proyección de películas en la escuela. 

Desde muy joven Washington Benavides compuso canciones. También entiende desde temprano que el poeta es el gran asimilador, el masticador, el "antropófago", según metáfora de Oswald de Andrade, poeta a quien admira. 

Benavides ha descreído de los géneros literarios y ha hecho de la lectura uno de los ejes de su creación. Como buen poeta, prefiere el romanticismo al realismo o al naturalismo. 

En los años 1954 y 1955 se desempeñó como profesor de arte en el Instituto Magisterial de Tacuarembó. 

Amante de los libros y de la música, publicó su primer libro, "Tata Vizcacha", en Tacuarembó, en el año 1955, lo que motivó, como se hacía referencia, que quienes de esto no entienden nada tomaran una medida tan poco feliz como quemar en la plaza su creación. En su momento significó un audaz cambio de lenguaje en la formulación y el objeto perseguido, que necesariamente tenía que chocar, revelándose ante las fórmulas vigentes, plagadas de imágenes transitadas desde anteriores décadas, en general carentes de originalidad. Para Benavides el poeta es el arquetipo perfecto del romántico, y casi un ideal de conducta. 

Benavides está ligado al primer gran empuje del canto popular, floreciente durante el gobierno de Pacheco Areco, y al que vino después como forma de resistencia durante la dictadura militar. No podía subir al escenario en esas épocas, así que otros musicalizaron sus poemas; a algunos hacía referencia el compañero Mario Linzo, y podemos decir que Alfredo Zitarrosa grabó veintitres temas con su poesía. 

Poeta que no teme develar sus sentimientos y hablar de sus experiencias y sus circunstancias, ha conseguido el extraño prodigio de que sus intuiciones se conecten de inmediato con quien lee, porque uno se pregunta cómo consigue esa lozanía y ese deleite intelectual, con una voz que jamás pierde inmediatez y diafanidad, condiciones esenciales que suelen delatar con una mirada al poeta verdadero. 

Comprobamos que Benavides es poeta de todo tiempo: todo lo toca, todo lo roza, y al hacerlo lo deja nimbado de una luz nueva. 

En Benavides, el profesor de sonrisa alegre, de aire tristón, vive con el carismático, el violento imprecador, el desconcertante humorista del absurdo. La superposición de rasgos hace la línea, el trazo definitorio o iluminador. Lo que está siempre, desde los orígenes hasta hoy, es la creación, el hombre que transforma su vida en palabras y canto. 

Muchas anécdotas y cantos particulares las dejamos en el camino, entre ellas, su admiración por su padre. Cuando una vez le preguntaron a Benavides a quién querría parecerse si pudiera elegir quién ser, dijo a su padre, por su integridad, su lealtad y por la hombría de bien. Para nosotros, por nuestra juventud y por pertenecer a un partido que tiene recuerdos desde que la patria nació, rasgos como estos son los que nos llamaron la atención. 

Es un orgullo poder homenajear hoy a Washington Benavides. Quiero recordarle que el Partido Nacional en algunas cosas de la historia no comulga con él; lo sabemos porque hemos leído parte de su vida política e ideológica, que también es importante destacar como mejor demostración de lo que son las posibilidades que da la democracia, entre ellas tributar un homenaje no sólo a quienes comulgan en ideas políticas. 

Creo que es un buen momento para destacar que para el Partido Nacional, y particularmente para quien habla, que lleva la sangre del gran caudillo Aparicio Saravia, ha sido muy importante, como para todos, haber podido contar con este documento de la cultura popular y folclórica, con este disco. A través de su pluma usted homenajeó al general Aparicio Saravia en lo que es "La gesta de Aparicio", que en épocas de dictadura supo, con esta calcomanía desde los parabrisas de los autos y este disco, defender lo que ya sin banderas políticas todos queríamos, que era volver a la democracia y volver a las instituciones. En este documento viviente, desde su pluma, supo homenajear de la manera más linda, que nos ha llenado los ojos de lágrimas a todos los que escuchamos estas canciones y recordamos lo que fue la figura de Aparicio Saravia en aquella época de 1897-1904. 

Nuestro agradecimiento eterno por poder decirle todas estas cosas en vida  esperemos que por mucho tiempo más y, a través de las autoridades electas de su Departamento que hoy lo acompañan, el orgullo de su Departamento de haber dado un hijo tan pródigo. 

Hoy no corresponde señalar las ínfimas diferencias que tenemos; estamos muy orgullosos de poder descubrir, junto a nuestros compañeros de la Junta Departamental, los puntos de coincidencia, que son mucho más numerosos y mucho más importantes que otras menores intenciones. 

Vaya el sentido homenaje de este Partido viejo que hoy le homenajea junto a los compañeros del Partido Colorado y del Frente Amplio; usted se lo merece. Seguramente, cuando vemos que hay tantos y tantos que quieren ser alumnos suyos, simplemente podemos decir que si tantos son los frutos, eso habla bien del árbol. 

Para muchos de nosotros Washington
Benavides es un padre

Atilio Duncan Pérez. (Macunaíma).- 

- Señor Presidente, señor Intendente de Montevideo, señor Intendente de Tacuarembó: al citar a mi maestro, mi corazón late muy fuerte. Hace treinta y tantos años casi los mismos protagonistas (faltan algunos) en el Cerro de Montevideo teníamos menos canas, menos años, pero, probablemente las mismas convicciones que tenemos hoy y que sostenemos muchos de nosotros amparados en la figura de don Washington Benavides. 

Hace pocos días, el excelentísimo Presidente electo de la República Federativa del Brasil decía que no siempre un hermano es un buen compañero, pero inevitablemente un buen compañero es un hermano. Para muchos de nosotros Washington Benavides es un padre. 

Agradezco que me hayan designado como una suerte de llave o maestro de ceremonias, porque estas personas que están aquí, hombres y mujeres superiores, que quieren tanto como nosotros a Benavides, pueden dar con mayor autoridad testimonio de quién es este poeta que homenajeamos. 

Yo no he sido directamente alumno de Washington Benavides, cosa que lamento, pero, como dice Viglietti, uno puede estudiar con un maestro sin estar en su clase. Sí he sido alumno de don Walter Ortiz y Ayala. Por lo tanto, puedo tomarme la libertad, como él, de romper el protocolo y pedirle a los Intendentes de Montevideo y Tacuarembó que hagan uso de la palabra. 

Hombre de gran bonhomía y tenacidad,
con su forma indoblegable de ser

Arquitecto Mariano Arana
Intendente Municipal de Montevideo
 

- “Me alegra haber podido estar aquí con ustedes. Mi estadía va a terminar en este mismo momento. No sé qué pasa, pero cuando se aproxima el 31 de diciembre sucede todo, y pretendemos concretar todas las actividades que no fuimos capaces de ir ordenando con más racionalidad. 

Realmente me siento muy a gusto de estar aquí con todos ustedes, de poder homenajear al Bocha Benavides, a quien conozco desde hace muchos años, y de compartir este momento con tantos creadores. 

Tuve la suerte de conocer al Bocha Benavides, entre otras cosas, gracias a algunas personas que están sentadas en este recinto, con las que participé de la primera locura colectiva no sé cuántos éramos, si diez, doce, o quince, inventando Banda Oriental. Había que ir a buscar a los autores desesperadamente y ver si alguno quería escribir para una editorial nueva; teníamos que corregir o mal corregir los libros, colocarlos en las librerías e ir a cobrar, que era una tarea difícil. Y gracias a Banda Oriental y a la tenacidad de Rabiolo que, a pesar de su "pasta", como corresponde,... tiene un empuje de maravilla, conocimos a mucha gente. Junto con él, participamos con Villa y con Alcides, dos grandes puntales, otras de las tantas personas que contribuyeron a generar no diría un cenáculo, porque no tendría ningún sentido si hay algo que era ajeno a Banda Oriental era la palabra cenáculo, pero sí una peña, donde a verso y grapa y a veces algún mate nos dábamos estímulo en las horas lindas y también en las horas malas, complicadas, duras, que a todos nos ha tocado vivir no hace tanto tiempo. 

Quiero decir que allí pudimos conocer a gente que, para mí al menos, fue un estímulo extraordinario; no solamente volvimos a encontrar a muchos amigos que conocimos al ingresar a la Universidad, sino también a poetas, escritores, músicos... Recuerdo, desde luego, más allá de Benavides, a Ortiz y Ayala, al vate, a Víctor Cunha y al Coco González Chiesa, que debe haber vendido más libros que nadie en el mundo, o los regalaba no sé, porque a todos les decía: "Pagame cuando quieras"; espero que haya pagado a Banda Oriental. 

Gracias a Banda Oriental mucha gente pudo pasarla un poco mejor en los momentos duros. Fue mucha la gente que perdió el empleo y pudo sobrevivir gracias a algún libro que pudo vender... Ahora me estoy acordando de Hugo Alfaro. ¡Qué vergüenza que Hugo Alfaro estuviera tratando de sobrevivir dignísimamente vendiendo libros! ¿Quién no le iba a comprar libros a Alfaro? Sobre todo, porque no eran tan malos, ¿no? 

Realmente, fue la posibilidad de conocer a muchos creadores: narradores, poetas, ensayistas... Y allí, en esa Banda Oriental que fue cambiando de locales (siempre más o menos desarreglados, más o menos amables y sin vueltas), pudimos conocer a Víctor Cunha, a Darnauchans, a Larbanois, a Carrero, a Obaldía, a Real de Azúa, a Tomás de Mattos, a Da Rosa, a Bordolli... Este último tiene mucho que ver, me parece, con la bonhomía de esta gente, y también con el talento. Bordolli fue capaz de cantar el Himno con ritmo de tango. Yo no he visto cosa igual; no me animo a reproducirlo porque puede parecer una falta de respeto. Realmente, lo recuerdo en algunas de esas manifestaciones que acompañamos con dolor, con desgarramiento, en las peores situaciones de la predictadura que también tuvimos que soportar, cantando el Himno -como única forma de expresar nuestra voluntad colectiva de decir que no a lo que había que decir que no- con su propio ritmo y modalidad. 

Nosotros no tuvimos la suerte de ser tacuaremboenses y contar con semejantes docentes, como este hombre que inspiró, seguramente, a mucha gente. Este hombre de gran bonhomía y tenacidad, con su forma indoblegable de ser "el Bocha", de no rehuir su propia personalidad, fue siempre fiel a su modo de ser, a sus creencias, y nunca forzó por razones ideológicas, ahí están, a fin de cuentas, los grandes creadores el ser auténticamente poeta, ser auténticamente creador, más allá de que comparto lo que aquí mismo se ha afirmado en el sentido de que eso es muy difícil, porque no se puede escindir pensamiento, acción, vida y creación. 

Creo que corresponde homenajear a todos los amigos que acabo de nombrar, particularmente a quien hoy nos convoca para festejarnos todos, en esta Sala que es producto de la voluntad soberana, en este caso, de la ciudadanía de Montevideo, e incluyo acá a la voluntad soberana del pueblo de Tacuarembó, que en esta Junta tiene presente a su Intendente, nuestro amigo Da Rosa, y al Presidente de la Junta Departamental de Tacuarembó. Debemos brindar un homenaje a todos los que, como el Bocha, contribuyeron a ensanchar los espacios de libertad y a mantener viva la esperanza en un país, en el ser humano, en la dignidad de la persona, y en la apuesta a aspectos sustanciales y trascendentes que sólo mediante la creatividad hondamente sentida es capaz de comunicar quien tiene, por cierto, talento para hacerlo. 

Gracias, Bocha, y gracias a todos quienes como él nos brindaron tantas esperanzas en medio de tantos bajones. 

El Bocha es uno de los arquitectos
de la cultura tacuaremboense,
del pensamiento tacuaremboense

Eber Da Rosa
Intendente de Tacuarembó
 

- “Señor Intendente de Montevideo, estimado amigo, colega, arquitecto Mariano Arana; Presidente de la Junta Departamental de Montevideo; señores Ediles departamentales; estimadas amigas y amigos; querido Bocha: 

En primer lugar, quiero agradecer profundamente, no sólo como Intendente del departamento de Tacuarembó, sino como hijo de dicho departamento, la invitación de que fuimos objeto, conjuntamente con el señor Presidente de la Junta Departamental de Tacuarembó, José Felipe Bruno, y la señora Directora General de Cultura de la Intendencia de Tacuarembó, la maestra Teresita Pérez, a los efectos de hacernos presentes hoy en este acto tan justo, tan merecido de homenaje a la obra, a la figura, a la vida del Bocha Benavides. 

Nosotros, que como tacuaremboenses tenemos un sano orgullo hasta con un poquito de egoísmo, podemos decir, nos sentimos especialmente complacidos porque un hijo de Tacuarembó sea reconocido a nivel nacional y a nivel de los órganos de gobierno de la capital de la República por su obra, por su acción y por ser el mismo Bocha que fue siempre. 

Yo tuve a diferencia de otros oradores que han hablado anteriormente el orgullo y la satisfacción de ser su alumno. 

Recuerdo que al Bocha lo conocí primero por la prensa. Yo oía hablar de un tal Washington Benavides que era jurado de unos festivales que se hacían en la ciudad de Tacuarembó: los festivales de la Canción Joven. Estos festivales eran muy difundidos en aquella época a través de la radio Zorrilla de San Martín. Cuando nos tocó cursar preparatorios de Derecho en lo que llamábamos el liceo departamental de Tacuarembó hoy el liceo Nº 1, tuvimos el privilegio de ser alumnos del Bocha en literatura en primero y en segundo año. 

Quiero contar una anécdota que ya la he relatado en otras oportunidades. En los años 1973 y 1974 yo nací en 1956; así que me enteré del episodio de la quema del libro por referencias históricas, emergió o surgió la realidad de la dictadura. Nosotros, que éramos muchachos que recién estábamos cursando preparatorios, sentíamos una natural rebeldía frente a las cosas que se abalanzaban sobre el país. Y una de las cosas que tal vez nos tocó más profundamente a los alumnos fue el día que nos enteramos de que al Bocha lo habían llevado al cuartel, y no encontrábamos explicación, porque lo conocíamos de la vida diaria, porque lo veíamos llegar con su melena al viento y su carpeta bajo el brazo a dar clases todos los días, y porque era una persona con la que teníamos una relación amena, esa misma relación que tantos tacuaremboenses, y no sólo tacuaremboenses, han tenido con él. 

Recuerdo que estábamos en 2º año, y teníamos que dar el examen de Literatura, pero el profesor de todo el año, que era el titular de la mesa examinadora, no estaba presente porque estaba preso. En esa oportunidad llamaron a una profesora de Rivera para que nos tomara el examen. Con sano orgullo puedo decir que había terminado el año con sobresaliente. Confieso que yo tenía un susto muy grande porque tenía que dar el examen y porque no estaba en la mesa el profesor de todo el año. Esta profesora se sentó frente a mí, me miró y me dijo: "Vamos a ver cómo justifica ese sobresaliente". 

Yo interpreté, o capté claramente, que quería decir que a lo mejor tenía esa nota debido a algún tipo de identidad ideológica o algo por el estilo con el Bocha. Felizmente para él, para mí y para todos, pude mantener la nota y aprobar el examen. Ese hecho nos marcó profundamente en nuestra vida personal. 

Recuerdo haber encontrado al Bocha ya en Montevideo, precisamente debido a esos episodios. Yo me había venido a estudiar a la capital en 1975, año de silencio total. En más de una oportunidad nos encontramos en algún boliche de 18 o en la ONDA cuando íbamos a viajar o a retirar alguna encomienda. Esas eran las oportunidades que teníamos de hablar de las cosas que nos afligían, de las nostalgias del pago, de nuestro departamento, de nuestro Tacuarembó, de los últimos chismes, de los últimos datos que teníamos del pueblo, y también de la realidad que nos tocaba vivir tan duramente. 

Recuerdo también la audición que él tenía en CX 30, La Radio, si la memoria no me falla con Elías Turubich, de difusión del canto popular, que de alguna manera era una forma de asociar la nostalgia, el sentimiento, el recuerdo del pago y el recuerdo y el cariño hacia la figura y la persona que tanto había influido sobre nuestras vidas, porque el Bocha no sólo era el profesor de Literatura, sino alguien que nos ayudaba a abrir los ojos a la vida, a entenderla, a entender las riquezas y las miserias de la vida humana. 

Han sido sus alumnos el Numa, Eduardo Darnauchans, Eduardo Larbanois, etcétera, embajadores del departamento, no sólo a nivel nacional e internacional y motivo de orgullo para nuestra gente y para nuestro departamento. 

Recuerdo que en aquella época, una de las pocas canciones que permitía el régimen que se difundieran era "Como un jazmín del país", con letra del Bocha y cantada por Carlitos Benavides. Ahí también surgía en nosotros una mezcla de sentimientos nostálgicos, de recuerdos y cariños al pago; el recuerdo al Bocha cuando, pese al silencio y pese a la dictadura, había formas a través de las cuales, con inteligencia, se podía seguir transmitiendo mensajes, y también, permítaseme decir, un cierto sentimiento de orgullo, porque esa canción se identificaba con mi Partido, o con la historia del Partido en el que yo siempre he militado. 

Todo ese cúmulo de recuerdos lo cerraría contando que cuando acabo de ser electo por segunda vez como Intendente Municipal de mi departamento, al otro día de los festejos y las celebraciones, el primer llamado de felicitaciones que recibo en mi casa en Tacuarembó, a las siete y media, ocho de la mañana yo todavía estaba durmiendo, fue del Bocha Benavides. 

Creo que no puede haber mejor homenaje de parte nuestra que transmitir ese conjunto de sensaciones y experiencias personales que nos ha tocado vivir a lo largo de nuestras vidas, y decir que quienes hoy andamos en los 40, 40 y algo, sin duda sentimos en Tacuarembó la influencia y la acción del Bocha Benavides. Yo siempre digo que hay gente que pasa por la vida simplemente mirándola, y que otros pasan por la vida haciéndola. Y no tengo dudas de que, desde el punto de vista egoísta de nuestro departamento y también de la literatura nacional, por supuesto, el Bocha es uno de los arquitectos de la cultura tacuaremboense, del pensamiento tacuaremboense. Porque si a través de esas clases y de su obra se transmitían valores, vivencias y conceptos, muchas de las generaciones de esos años para acá hemos sido de alguna manera tocados por esa influencia, por esa acción, por ese pensamiento, por esa enseñanza de vida. 

Quiero decir que nos enorgullece mucho, que es motivo de especial satisfacción, estar aquí presentes. Y tomando las palabras de ese otro gran poeta y escritor tacuaremboense que es don Walter Ortiz y Ayala, cuando hablaba de los agravios que en el pasado se habían cometido contra una obra literaria, quiero decirle que en 1995, cuando asumí por primera vez la Intendencia Municipal, sentí que una de mis primeras obligaciones como autoridad electa por el pueblo de Tacuarembó era hacer un reconocimiento profundo a todos los escritores, poetas y músicos tacuaremboenses que tanto han dado a la cultura nacional, que tanto han aportado al pensamiento nacional, y que tanto han representado a nuestro departamento. Y digo también con orgullo que fue un hijo de un productor rural de Tacuarembó quien abrió las puertas de la Intendencia para que ese homenaje se realizara.

Muchas gracias. 

Yo me he alimentado no con la
sangre de esos presuntos discípulos,
sino de sus maravillosos sueños

Escritor Washington Benavides 

- Los que se dicen mis discípulos saben perfectamente que siempre he señalado que, en realidad, yo he sido un especie de vampiro. Si a los 72 años sigo con ganas de sacar a relucir el yatagán de Sandokan, o de algún otro ante algunos problemas es porque yo me he alimentado no con la sangre de esos presuntos discípulos, sino de sus maravillosos sueños. Yo he aprendido a soñar, y más de una vez he dicho que el discípulo soy yo. 

Agradezco la presencia de esta gran cantidad de colegas, de amigos, de músicos, de políticos. Estuvo Mariano; están Felipe, Eber y todos ustedes. 

Yo me voy a tomar el trabajo de leerles un poema.  

Siempre señalé -y lo recordarán mis amigos-, que ante determinadas cosas la única respuesta que uno tenía era crear, que la única respuesta válida era crear y seguir creando. 

Este poema es inédito, pero a través de Internet...se ha difundido y ha sido conocido en toda Latinoamérica. 

El poema se llama "Carta abierta" y abajo tiene una especie de epígrafe: "A Nené". Pero el poeta brasileño Anibal Bessa, cuando lo tradujo, puso de un tirón "Carta abierta a Nené". 

Dice así: "Si yo pudiera, con las / palabras más / sencillas, / diseñar, como un / arquitecto sobre un / plano azul / hasta el último / pormenor de un bello / edificio, / tu boca, edificada para / decir ternuras y / pastorear besos; / tu cuello, firme como / una ley estatuída por / el pueblo; / tus pequeños senos, / que han creado la proa / más firme / en medio de las / dificultades que / vivimos, y donde / anidó / la cabeza de nuestro / hijo y las cabecitas de nuestras nietas. / Tu cintura de pilón, / como dicen las / canciones de / Venezuela / y del Brasil, y que yo / lo repito como un / credo; / tu pubis, / afortunadamente no / angélico y sí muy / humano, / delta de las delicias, / sésamo ábrete de mis / buenos pensamientos / y mis mejores deseos; / tus piernas delicadas y / fuertes, / que, sin gimnasias ni / adiestramientos, / caminaron las calles / con limoneros de / Santa Isabel del Paso / de los Toros, / los campos de / Tambores y Laureles, / las sierras de / Carumbé; / navegaron los / arroyitos norteños / (con alguna tararira / clueca y agresiva); / tus pies niños, para / los cuales casi no hay / calzado, ni siquiera / el zapatico de cristal / de Cenicienta, ni el / sueco de madera / de abeto de una niñita / holandesa, ni una / alpargata blanca / de Santa Ana do / Livramento. Y las / palabras (ya lo ves) / que utilizo no son las / más sencillas. Son / inventos, son frascos / azules de botica de / poeta viejo, que / recurre a su oficio, a la / memoria, / a su amiga bliblioteca, / a su‑madre-la-música, / a la pintura / de todo tiempo. Pero / las sencillas. Las que / mostrarían el amor / de un hombre sencillo / por una mujer / sencilla, ésas no están / en mis mochilas, esos / paraísos no marcan en / mi agenda. Hecha / de sueños. Siempre / vagabundos, siempre / por caminos o calles / de ciudades / desconocidas. Alto. / Esto no me sirve de / defensa. / Me equivoqué en la / tabla de multiplicar / del 9. Debo / recomenzar, / pero no encuentro / esas palabras y / manoteo como / alguien / que se ahoga en el río / y desearía que la / superficie se volviera / hielo para afirmarse y / escapar a su suerte. Si / yo pudiera / con las palabras más / sencillas (pero no / puedo) juntar / a todos tus valores. / Todos. Y cantarlos / como un solista / que se adelantara para / ofrecer la historia de / Juditha Triumphans, / y el aire explotara / silenciosamente para / elogiar a la mujer / valerosa que se atreve / a la espada y la / violencia, siendo / como una violeta de / jardín tenebroso, / humilde como una / bica / de Rivera, sin vuelta / como una hermosa / estación terminal, / como la vida como la / muerte como la poesía / (ese juego peligroso)."

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