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COLOMBIA (ll):
De la droga al petróleo

por Luiz Alberto Moniz Bandeira*
Cientísta PolíticoAutor

En los días siguientes al lanzamiento del Plan Colombia, 1° y 2 de setiembre, doce jefes de estado de América del Sur, por primera vez, se reunieron en Brasilia, invitados por el presidente Fernando Henrique Cardoso, y emitieron una declaración, en la cual afirmaban que “América del Sur quiere afianzarse como un espacio común de prosperidad”, anunciaron el establecimiento, a partir de enero de 2002, de un área de libre comercio entre el Mercosur ampliado y la Comunidad Andina, la inclusión de Guayana y de Suriname en este proceso, y prometieron luchar por una “globalización más simétrica”, que eliminase las distorciones resultantes del proteccionismo en los mercados desarrollados y de la inestabilidad del sistema financiero internacional33.  No hubo deliberadamente ninguna mención al Plan Colombia, aunque los jefes de estado emitiesen una declaración de apoyo al proceso de paz en Colombia y al presidente Andrés Pastrana.  No obstante, la cuestión del narcotráfico y de las guerrillas en Colombia estuvo en la pauta de las conversaciones y se constituyó en uno de los principales temas de debate, al generar una enorme preocupación debido a la posibilidad de que viniese a promover la vietnamización del conflicto, que ya duraba cuatro décadas y podría desbordarse para los países fronterizos.  El presidente Fernando Henrique Cardoso y otros jefes de gobierno invocaron el espectro de la Guerra de Vietnam, temiendo la participación cada vez mayor de los EE.UU. y de otros países de América del Sur por no poder librarse del conflicto.  “Nosotros tenemos que estar alerta para evitar la vietnamización de la región” – declaró el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a la prensa.  Este temor también lo manifestó Henry Kissinger, ex secretario de Estado en la Administración Nixon.  Aunque viese en Colombia el desafío de política exterior que más amenazaba los EE.UU. en América Latina, él percibió la similitud de la situación de Colombia con la de Vietnam, que llevó a los EE.UU., primero, a un callejón sin salida y, en seguida, a la frustración34.  A su entender, el Plan Colombia, al dar énfasis casi exclusivamente a una solución militar, resultaría virtualmente un fracaso, pues el combate al narcotráfico requería no sólo helicópteros y batallones del ejército, sino una política ambiciosa y generosa de desarrollo rural alternativo35.  La Guerra de Vietnam – recordó Kissinger – “begun as an effort to use American technology to defeat indigenous guerrillas”36.

El anuncio del Plan Colombia por el presidente Clinton, ubicando en el centro de los desafíos estratégicos de la región el combate a la llamada narco-guerrilla, y la reunión de los 12 jefes de estado de América del Sur, (convocada por el presidente Fernando Henrique Cardoso), dos acontecimientos casi simultáneos, reflejaron, en realidad, la contradicción de intereses económicos, políticos y geopolíticos, que desgajaba el relacionamiento y estimulaba la rivalidad entre el Brasil y los EE.UU.  Dentro de un mismo paquete junto con proyectos de desarrollo económico y social, el Plan Colombia, concebido de acuerdo a una lógica militar, enfocaba el conflicto exclusivamente en su dimensión armada, destinando más de US$ 1,2 millones – cerca del 80% de los US$ 1,3 billones prometidos por los EE.UU. – a la compra de material bélico, inclusive aviones, 30 helicópteros tipo Black Hawk y 33 tipo Huey37, por el Ejército colombiano, y apenas US$ 238 millones a la promoción de los derechos humanos y al refuerzo de la democracia y del sistema judicial.  En realidad, encubría una estrategia de guerra, de la cual la red de FOLs, o sea, de las bases instaladas en Manta (Ecuador), en Beatrix (Aruba) y Hato (Curação), constituía uno de los componentes esenciales, y todo indicaba que los EE.UU. repetirían la experiencia de Kosovo, dado que una intervención por tierra en las provincias de Caquetá, Putumayo y en la Amazonia colombiana, costaría muchas pérdidas de vida.  Moverían, por lo tanto, la guerra a través de un intenso bombardeo de las regiones dominadas por las FARC y el ELN, complementándolo con el esparcimiento de agentes biológicos sobre los cultivos de coca.  Y querían la participación de las fuerzas armadas de los países de la región, en los teatros de combate, para evitar el aislamiento de los EE.UU., razón por la cual el Departamento de Estado y el Pentágono, recorrieron la retórica antidroga y se empeñaron en presentar el conflicto en Colombia como problema hemisférico, tal como lo hicieran con Cuba en los años 60.

La promoción del Plan Colombia, en Cartagena de Indias, no tendió, mientras tanto, a combatir sólo el narcotráfico y las guerrillas de las FARC.  Involucró además intereses económicos que se entrelazaban con objetivos políticos y estratégicos.  La estabilización de Colombia, obviamente, interesaba a los EE.UU.  El Departamento de Estado siempre evaluaba la importancia de ese país, debido, en gran medida, a su posición estratégica, dominando los dos océanos – el Atlántico y el Pacífico – en las proximidades del Canal de Panamá38.  Colombia, mientras tanto, había también emergido, en años recientes, como uno de los mayores productores de petróleo del hemisferio occidental.  De acuerdo con el Departamento de Energía norteamericano, su producción saltó de apenas 100.000 barriles por día a comienzos de 1980, para aproximadamente 844.000 barriles en 1999, lo que significó un aumento de 750%.  Colombia pasó así a ocupar la séptima posición como uno de los mayores exportadores de petróleo, cuyas más grandes reservas, así como de gas natural, aún no habían sido totalmente explotadas, según los especialistas.

 La participación de Colombia en el suministro de petróleo a los EE.UU. aún no era crítica a fines de 1999.  Había otros proveedores – sobretodo los países ubicados en el Golfo Pérsico – que eran más grandes.  Pero a los EE.UU. no le convenía depender demasiado del petróleo proveniente de aquella región, pues los diversos conflictos que allí se daban podían amenazar su abastecimiento.  Y la perspectiva era de que, en el caso de que otros yacimientos fuesen descubiertos y su producción continuase aumentando, Colombia se convirtiese en el mayor proveedor de los EE.UU., que necesita de todo el petróleo que pueda importar, por lo que se preveía que su propia producción cayese de 9,5 millones de barriles por día en 1997, a 8,7 millones en 2020 y que su consumo saltase de 18 a 25 millones de barriles por día, en el mismo período.  Por esto, desde que asumió el gobierno en 1993, Bill Clinton trató de diversificar las fuentes de suplemento de los EE.UU. como un objetivo estratégico, dando un énfasis creciente a África, del Mar Caspio y, especialmente, de América Latina, con prioridad para Colombia y a Venezuela.

Además de ricos yacimientos de petróleo, en Putumayo, frontera con el Ecuador, existía en la Amazonia colombiana, cuya biodiversidad solo era inferior a la de Brasil39, abundancia de recursos hídricos y forestales, que atraían inversiones internacionales y constituían recursos estratégicos para el país.  Y lo que Clinton pretendió en Cartagena de Indias fue legitimar la presencia militar de los EE.UU. en América del Sur.  Colombia se convertiría en su tercer mayor beneficiario de asistencia militar, por debajo de Israel y de Egipto, desde que en noviembre de 1998 el Congreso acordara triplicar a US$289 millones los recursos que le destinaban.   Los EE.UU. habían también duplicado la asistencia militar a Ecuador, de US$3,8 millones en 1997, a casi U4$7,4 millones en e1999 y obtuvieron facilidades logísticas en el aeropuerto de Manta.  Y ese país, con la economía dolarizada y el aeropuerto de Manta elevado a la condición de importante base militar, se convirtieron en el centro de operaciones de sus operaciones, como lo fuera Honduras durante las guerras en América Central en los años 80.  Los EE.UU. iban en tales circunstancias a distender su virtual dominio, desde el Caribe y Panamá, pasando por Cuyana, hasta Colombia, Ecudor y Perú, cuyo gobierno también se desestabilizó, en medio de escándalos con Vladimiro Montesinos, jefe del SIN40, involucrando al presidente Alberto Fujimori, que el Congreso destituyó por “incapacidad moral”, en noviembre de 2000, cerca de cinco meses después de que él se reeligiera fraudulentamente para un tercer mandato (22 de mayo de 2000) 41.

 La crisis en Perú y la falta de apoyo de los países más grandes de la región, entre otros factores, contribuyeron, aparentemente, para que la intervención militar en Colombia no se concretase.  Sin la participación de Brasil y de Venezuela, con solamente tropas de la Argentina, Perú y Ecuador, esa intervención militar repercutiría mal en todo el mundo.  Entretanto, según constó en los EE.UU., la industria bélica, descontenta con la Administración Clinton que sólo amenazaba mandar tropas para el Oriente Medio, pero siempre prorrogaba los planes, y no promovía la intervención armada en Colombia, resolvió apoyar al candidato del Partido Republicano, en las elecciones de 2000.  George W. Bush fue electo por medio de un golpe, con el respaldo del Poder Judicial, para asumir la presidencia de los EE.UU.  Y el ataque a las Torres Gemelas del World Trade Center, el 11 de setiembre de 2001, como la cuestión con Irak, desviaron las atenciones para el Mar Caspio y el Golfo Pérsico, cuyos inmensos yacimientos de petróleo y gas natural hacía mucho tiempo que los EE.UU. deseaban controlar y donde el teatro de guerra se presentaba más fácil que en las selvas de la Amazonia colombiana.

Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte

Colombia primera parte: http://www.uruguay.com/laonda/LaOnda/115/B3.htm

* Luiz Alberto de Vianna Moniz Bandeira es doctor em ciencia políticca, profesor titular (retirado) de Historia de la Política Exterior de Brasil en la Universidad de Brasília y autor de varias obras sobre las relaciones de los EUA con el Brasil y los demás países de América Latina, entre los cuales Presença dos EUA no Brasil, De Marti a Fidel e Da Guerra do Paraguai ao Mercosul, esta a ser lanzada en marzo de 2003.

33 Declaração, Brasília, 1° de setembro de 2000. AA.
34 Kissinger, 2001, pp. 140-141.
35 Id., ibid., pp. 140.
36 Id., ibid., p. 145.
37 A United Technologies produzia o poderoso helicóptero UH-60L Black Hawk, o Falcão Negro, e a Bell Textron procurava vender helicóptero UH-1H Huey. Ambas corporações investiram nas campanhas eleitorais dos EUA. Constava que, nas campanhas de 1996 e 1998, a Bell Textron deu uma contribuição de US$ 551,816 ao Partido Republicano e US$ 364,420 ao Partido Democrata; a United Technologies contribuiu com US$ 362,340 para o Partido Republicano e US$ 347,200 dólares para o Partido Democrata

38) Schoultz, Lars - National Security and the United States Policy toward Latin America. New Jersey: Princenton University Press, 1987, p. 215 39 A superfície da Amazônia colombiana era da ordem de aproximadamente 400.000 km2 , quase uma nona parte da que o Brasil possuía na mesma região. Compreendia os Departamentos dos Amazonas, Caquetá, Guinia, Putumayo e Vaupes. Em comparação com o território total da Colômbia, a região amazônica representava 35% e sua densidade populacional atingia um nível de escassez ainda mais dramático do que no Brasil, situando-se em torno de 0,2 habitantes por km2. A região, porém, era rica em petróleo, madeiras raras, plantas medicinais e borracha. 40 O governo de Fujimori foi acusado de violações dos direitos humanos, de malversação financeira e de constantes perseguições à imprensa e a jornalistas. Montesinos, , filho de um comunista que lhe deu o nome de Vladimiro Illich em homenagem a Lenin, estivera preso do regime do general Juan Velasco Alvadaro (1968-1974) porque vendera segredos militares à CIA e por esta razão fora expulso do Exército como traidor. Trabalhou como advogado de altos oficiais das Forças Armadas e da policía, acusados de graves delitos - negócio de drogas e contrabando. Em 1996, o narcotraficante Demetrio Chávez, conhecido como "Vaticano", declarou ante os juizes que pagava suborno mensal de US$ 50.000 a Montesinos para que lhe deixasse operar na selva. Segundo se revelou em Lima, contas secretas de Montesinos mostravam renda mensal de unos US$ 250.000 dólares. 41 O escândalo do tráfico de armas, compradas à Jordânia e desviadas para FARC, em princípios de setembro de 2000, a fim de armar uma provocação para justificar a intervenção militar na Colômbia, abalou ainda mais a posição de Fujimori. Sarkis Soghanalian Kopelian, membro de uma família armênia de traficantes de armas, com nacionalidade turca, e antigo colaborador da CIA, também conhecido como "O Mercador da Morte", confirmou publicamente que vendeu ao governo do Peru as armas compradas na Jordânia e das quais ele foi intermediário. Esse escândalo comprometeu Fujimori e desencadeou a instabilidade política, o que levou a secretaria de Estado, Madeleine Albright, a demandar que ele convocasse novas eleições, ao mesmo tempo em e a pressionar o Panamá para dar asilo a Montesinos, a pretexto de que a sua saída do Peru facilitaria o processo democrático. Em outubro de 2000, cerca 1.100 km ao sul de Lima, perto da fronteira com o Chile e a Bolívia, ocorreu levante militar, liderado por um oficial chamado Ollanta Humala Tasso, exigindo a renuncia de Fujimori e a prisão e o julgamento de Vladimiro Montesinos. Após a queda Vladimiro Montesinos, Fujimori viu-se obrigado a convocar novas eleições para 8 de abril de 2001, mas essa iniciativa não evitou que a crise institucional se aprofundasse e ele viajou para o Japão, onde se homiziou e posteriormente enviou carta de renúncia à presidência, que o Congresso não reconheceu, preferindo destituí-lo.

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