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Una
polémica para barbas en remojo
UNA
POLEMICA PARA TODOS - Una reciente polémica, allí lejos,
en España, invita a poner las barbas en remojo en todos los
andurriales del mundo. Involucrando al diario El País de Madrid,
que gozó de 4.457.578 visitas y 31.645.032 páginas vistas en su
sitio de Internet en enero del 2001, y al diario El Mundo, con
5.087.270 visitas y 49.637.191 páginas vistas en el mismo tiempo.
Por un lado estos diarios y por el otro, la mayoría de la prensa
digital. Los
dos primeros pasaron del todo gratis al todo pago, El País empezó
a cobrar 80 euros por
acceder a su información en web y El Mundo dio marcha atrás
después de haber anunciado que
iba a cobrar la
información electrónica, abriendo a la gratuidad buena parte de
sus contenidos. En
la vereda opuesta se sitúa casi la totalidad de la prensa electrónica
española, entre ellos el Periodista Digital que seguirá
siendo gratuito subrayando que lo hace en defensa del derecho de
los ciudadanos a estar informados. Se apoya en el derecho de cita,
una de las más antigua tradiciones periodísticas, en la
legislación vigente de España, Naciones Unidas y la Comunidad
Europea. Un sostén jurídico que sirve al Periodista Digital
y otros periódicos electrónicos, para poner al alcance del
lector, gratis, los artículos, reportajes, columnas de opinión y
editoriales publicados en la prensa mundial que merezcan su
reproducción y a la vez, citar, analizar, comentar, hacer juicio
crítico de todo material informativo de los medios. De esta
manera si se entra en El Periodista Digital se pueden leer
las paginas del País.
La
polémica anuda múltiples planos de análisis acerca de la
libertad de información, de los costos de ésta, de quién y cómo
se paga, del rol jugado por los periodistas, de la interacción
del usuario, etc. No es polémica caída del cielo, fue traída
por algún bemol de gran tamaño: dinero.
PAGAR
O NO PAGAR, COBRAR O NO COBRAR - Con ese talismán
que todo lo mueve en el mundo capitalista, algo pasó
camino del foro de Internet. Comenzó
ya en el 2000, se evidenció en el 2001 y tuvo este estallido en
el 2002, una grave crisis de los recursos de la publicidad -
anunciantes, sponsors, etc. - como sostén económico de Internet
y su graté rola. Según el especialista mexicano Francis Pisani
para Internet han quedado 3 cosas claras: 1) el primer modelo de
contenido gratis, pagado por la publicidad, ha fracasado. 2) Los
medios están n buscando y ya practican alguna fórmula de
cobro para el contenido en línea. 3) Pronto, una buena parte del
contenido dejará de ser gratis, aunque la mayoría de los
sitios usan formulas mixtas. Pisani hace hincapié‚ en la
gran pregunta formulada por el norteamericano Richard Kaser,
ejecutivo de la National Federation for Abstracting and
Information Services, madre de todas las preguntas y título de su
ensayo: If information wants to be free... then who is going to
pay for it? -"Si la información quiere ser libre / gratis...
¨ entonces quién va a pagar por ella?", en español el
vocablo free equivale a libre y gratis, a la vez, sugestivo Es
claro que nadie paga por un contenido que se puede obtener
gratis apretando una o dos teclas y tampoco es fácil publicar un
contenido que despierte el interés de pagar en un universo donde
sobra la información. Menudo
dilema, que no tienen el Wall Street Journal de Nueva York y
Consumer Reports. El primero por razones obvias del valor económico
inmediato que ofrecen sus datos a usuarios pudientes. El segundo,
que no acepta publicidad para mantener su independencia
informativa, tiene éxito por esta misma. HISTORIA
DE MICROPAGOS Y NANOPAGOS - Entre las numerosas propuestas para
financiar la publicación en línea, existen tres modalidades:
reunir unidades baratas para venderlas en paquete - un diario es
una colección de artículos -; Ofrecer una tarifa fija de
suscripción, saber cuanto paga cada cual y establecer un
calendario preciso; o subsidiar haciendo que alguien más - un
anunciante - pague por un producto que no es muy caro. De
estas fórmulas se destaca la idea del estadounidense Ted Nelson,
del micro pago por paquete de información. A partir del hecho que
la red permite alcanzar a auditorios considerables, y que en ella
el costo de reproducción es casi cero, Nelson propone que el
contenido - artículos, anuncios, etc. - se vendan por unos
centavos. Nunca funciona el micro pago, sostiene Clay Shirky
de la Universidad de Nueva York, porque los usuarios no quieren
saber nada de ellos, su misma pequeñez y complicada contabilidad
conspiran contra su uso. Si
eso ocurre con el micro pago, denominado así para pagos de hasta
10 dólares - los diarios venden un artículo por 3 dólares -,
entonces se pensó en el nanopago, todavía más pequeño. Con lo
que los obstáculos se multiplican en la misma dirección. La
firma estadounidense Plastic. com, para sobrevivir, propuso el
shareware ( mercancía compartida, de to share, compartir en
ingles ), que algunos califican de limosna electrónica. Consiste
en poner programas en la red y pedir a los usuarios que paguen si
les gustan o los usan, a veces forzándolos en ciertos casos.
Considerado solución de compromiso, este modelo se ubica entre el
regalar y el exigir el pago de una suscripción. Así las cosas en el Norte rico e hipertecnológico, el tema de cobrar y no cobrar sigue su danza experimental, todos esperan que se regularice algún flujo importante de dinero en alguna modalidad. Quedan dos grandes temas: qué pasa con los periodistas, la venta por unidad o paquete de notas y artículos, la posibilidad de independizarse. También, qué ocurre con los sitios web modestos y personales que tienen usuarios adictos y proclives a pagar por comunidad de intereses. Paginas
vinculantes : http://www.uruguay.com/laonda/LaOnda/115/B1.htm LA ONDA® DIGITAL |
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