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China: un nuevo obstáculo
para América Latina

por Oscar Gutiérrez
(AIS)

Un año después de que Argentina saliera a la calle para mostrar su indignación ante el “corralito” financiero impuesto por el gobierno de De la Rúa; mientras la clase media venezolana paraliza la economía del único país exportador de petróleo no árabe para derribar a Hugo Chávez; y al tiempo que México se afana por recortar las trabas comerciales con Estados Unidos, principal mercado del país, China celebra su primer aniversario en la Organización Mundial del Comercio (OMC) como primer país receptor de inversión extranjera, muy por encima de la media Latinoamericana, y cuarta potencia económica mundial, sólo superada por Estados Unidos, Japón y Alemania.

¿Por qué se ha convertido China en el país que más atrae la inversión extranjera, rebasando incluso a Estados Unidos? Hace tan sólo un año y a pesar de las reticencias de países como México, que veían en el gigante asiático un futuro competidor, la OMC abría sus puertas a un mercado de casi 1.300 millones de nuevos consumidores. A través de su representante ante la OMC, Luis De la Calle, México impuso entre sus condiciones a la adhesión china la reducción de aranceles en el comercio entre ambos países y el control de las prácticas desleales (antidumping) con los productos mexicanos. Los analistas del Banco Mundial dicen que China no sólo ha cumplido como nuevo miembro de pleno derecho del mercado mundial, sino que es y debe ser un ejemplo a seguir. Las claves: reducción de aranceles a la importación, liberalización de la economía estatal, libre participación de capital extranjero en el control de la exportación y entrada en vigor de los reglamentos AntiDumping y AntiSubvención.

Lo que no explica el Banco Mundial o la OMC es que el régimen autoritario chino hace lo que sea para a los países desarrollados les sea nueve veces más barato producir en China que en cualquier país latinoamericano. Un obrero mexicano gana en una maquiladora un dólar y medio a la hora, mientras que en China el mismo trabajo se paga con cincuenta centavos de dólar. Mano de obra muy barata, falta de protección social, trabajo intensivo y todo tipo de facilidades y desregulaciones para atraer la implantación de nuevas empresas en el país asiático, convierten a China en el mercado más atractivo para el comercio de los países de la OMC. Las reticencias que parecía mostrar este organismo ante el ingreso de países con condiciones laborales inferiores a las que ofrecen los países desarrollados se disipan ahora ante el gran negocio para los países desarrollados que puede ser el tigre asiático.

El último informe elaborado por la Comisión Económica Para América Latina y Caribe (CEPAL) confirma los temores del representante mexicano De la Calle ante el ingreso de China en la OMC. Latinoamérica ha dejado de ser un paraíso para la inversión extranjera directa. Sin menospreciar el leve respiro del último trimestre de 2002, la CEPAL confirma una caída de más de 25.000 millones de dólares en 2001.  Si la inversión extranjera abandona el barco en medio de una de las mayores crisis del subcontinente americano desde la recesión de los 80, la reestructuración económica que debe afrontar Latinoamérica ante el reto tecnológico, que empuja a China, Taiwan, Hong Kong, Singapur o Corea del Sur a ocupar el 40% de las transacciones comerciales  con los países desarrollados, será inviable.

A la amenaza china se une además, una recesión económica más prolongada de lo previsto en Estados Unidos y un panorama no demasiado esperanzador en Europa y Japón. La caída de estos tres actores económicos no hace más que prolongar el agotamiento de un modelo aperturista en América Latina que, a través de la privatización y las excelentes condiciones de compra de productos manufacturados había conseguido llamar la atención del comercio exterior. El modelo latinoamericano se agota mientras las inversiones de I + D (Investigación y Desarrollo) ponen sus miras en el nuevo mercado asiático.

Sin inversiones directas que permitan un cambio de rumbo en América Latina hacia la industria de nueva tecnología, el reclamo del comercio del subcontinente con el resto del mundo va a seguir los pasos de la industria maquiladora mexicana. Más de 500 empresas de este sector, exento de las restricciones a las importaciones de Estados Unidos, han trasladado sus plantas a otros países, principalmente China. Y junto a las plantas no viajan los miles de desempleados que deja atrás este modelo de libre competencia patrocinada, en esta ocasión sí, por un nuevo miembro de la OMC.

Sin embargo, no sólo crece el número de desempleados en América Latina, un 9% en 2002 según el balance preliminar de la CEPAL, sino que también lo hace en China con índices de hasta el 10%. Si el gigante asiático mantiene la política de reestructuración económica a los niveles que exige la pronta adaptación a la OMC, en los próximos cinco años, más de 40 millones de empleados chinos tendrán que buscarse un nuevo trabajo.

El "efecto tango", la recesión económica, la inestabilidad política y, en fin, el agotamiento de un modelo de producción demasiado dependiente de los recursos naturales, han situado a China como un nuevo obstáculo para el crecimiento de la economía latinoamericana. Mientras el “milagro chino” sigue aceptando el reto de la OMC, la pretendida “mano invisible” de Adam Smith continúa abofeteando las llamadas de atención de América Latina para salir del pozo.

oskiguti@hotmail.com

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