|
China:
un nuevo obstáculo Un
año después de que Argentina saliera a la calle para mostrar su
indignación ante el “corralito” financiero impuesto por el
gobierno de De la Rúa; mientras la clase media venezolana
paraliza la economía del único país exportador de petróleo no
árabe para derribar a Hugo Chávez; y al tiempo que México se
afana por recortar las trabas comerciales con Estados Unidos,
principal mercado del país, China celebra su primer aniversario
en la Organización Mundial del Comercio (OMC) como primer país
receptor de inversión extranjera, muy por encima de la media
Latinoamericana, y cuarta potencia económica mundial, sólo
superada por Estados Unidos, Japón y Alemania. ¿Por
qué se ha convertido China en el país que más atrae la inversión
extranjera, rebasando incluso a Estados Unidos? Hace tan sólo un
año y a pesar de las reticencias de países como México, que veían
en el gigante asiático un futuro competidor, la OMC abría sus
puertas a un mercado de casi 1.300 millones de nuevos
consumidores. A través de su representante ante la OMC, Luis De
la Calle, México impuso entre sus condiciones a la adhesión
china la reducción de aranceles en el comercio entre ambos países
y el control de las prácticas desleales (antidumping) con los
productos mexicanos. Los analistas del Banco Mundial dicen que
China no sólo ha cumplido como nuevo miembro de pleno derecho del
mercado mundial, sino que es y debe ser un ejemplo a seguir. Las
claves: reducción de aranceles a la importación, liberalización
de la economía estatal, libre participación de capital
extranjero en el control de la exportación y entrada en vigor de
los reglamentos AntiDumping y AntiSubvención. Lo
que no explica el Banco Mundial o la OMC es que el régimen
autoritario chino hace lo que sea para a los países desarrollados
les sea nueve veces más barato producir en China que en cualquier
país latinoamericano. Un obrero mexicano gana en una maquiladora
un dólar y medio a la hora, mientras que en China el mismo
trabajo se paga con cincuenta centavos de dólar. Mano de obra muy
barata, falta de protección social, trabajo intensivo y todo tipo
de facilidades y desregulaciones para atraer la implantación de
nuevas empresas en el país asiático, convierten a China en el
mercado más atractivo para el comercio de los países de la OMC.
Las reticencias que parecía mostrar este organismo ante el
ingreso de países con condiciones laborales inferiores a las que
ofrecen los países desarrollados se disipan ahora ante el gran
negocio para los países desarrollados que puede ser el tigre asiático.
El
último informe elaborado por la Comisión Económica Para América
Latina y Caribe (CEPAL) confirma los temores del representante
mexicano De la Calle ante el ingreso de China en la OMC. Latinoamérica
ha dejado de ser un paraíso para la inversión extranjera
directa. Sin menospreciar el leve respiro del último trimestre de
2002, la CEPAL confirma una caída de más de 25.000 millones de dólares
en 2001. Si la
inversión extranjera abandona el barco en medio de una de las
mayores crisis del subcontinente americano desde la recesión de
los 80, la reestructuración económica que debe afrontar Latinoamérica
ante el reto tecnológico, que empuja a China, Taiwan, Hong Kong,
Singapur o Corea del Sur a ocupar el 40% de las transacciones
comerciales con los
países desarrollados, será inviable. A
la amenaza china se une además, una recesión económica más
prolongada de lo previsto en Estados Unidos y un panorama no
demasiado esperanzador en Europa y Japón. La caída de estos tres
actores económicos no hace más que prolongar el agotamiento de
un modelo aperturista en América Latina que, a través de la
privatización y las excelentes condiciones de compra de productos
manufacturados había conseguido llamar la atención del comercio
exterior. El modelo latinoamericano se agota mientras las
inversiones de I + D (Investigación y Desarrollo) ponen sus miras
en el nuevo mercado asiático. Sin
inversiones directas que permitan un cambio de rumbo en América
Latina hacia la industria de nueva tecnología, el reclamo del
comercio del subcontinente con el resto del mundo va a seguir los
pasos de la industria maquiladora mexicana. Más de 500 empresas
de este sector, exento de las restricciones a las importaciones de
Estados Unidos, han trasladado sus plantas a otros países,
principalmente China. Y junto a las plantas no viajan los miles de
desempleados que deja atrás este modelo de libre competencia
patrocinada, en esta ocasión sí, por un nuevo miembro de la OMC.
Sin
embargo, no sólo crece el número de desempleados en América
Latina, un 9% en 2002 según el balance preliminar de la CEPAL,
sino que también lo hace en China con índices de hasta el 10%.
Si el gigante asiático mantiene la política de reestructuración
económica a los niveles que exige la pronta adaptación a la OMC,
en los próximos cinco años, más de 40 millones de empleados
chinos tendrán que buscarse un nuevo trabajo. El
"efecto tango", la recesión económica, la
inestabilidad política y, en fin, el agotamiento de un modelo de
producción demasiado dependiente de los recursos naturales, han
situado a China como un nuevo obstáculo para el crecimiento de la
economía latinoamericana. Mientras el “milagro chino” sigue
aceptando el reto de la OMC, la pretendida “mano invisible” de
Adam Smith continúa abofeteando las llamadas de atención de América
Latina para salir del pozo. LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |