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Cobrar
o no cobrar, esa es la cuestión
Aunque hasta hoy no se sepa quién debe pagar ni cómo hacerlo, existan diversas fórmulas que no logran el mínimo consenso y la respuesta obvia: que lo haga el usuario, sea muy difícil de articular, porque este no quiere hacerlo. Pues el internauta ha descubierto las dulces pasturas gratis de libertad y democracia informativas en Internet y degüella toda tentativa de que le cobren, se va a donde no paga un peso. Una historia con moraleja, no se sabe cuál. Entre las pinzas del cobro o no cobro, de libertad y democracia informativas, ha quedado apretado el viejo oficio del periodismo y su tradicional función en diarios, radios y televisión. Para numerosos pesimistas es un oficio y una función moribundos en la computadora y fuera de ella, los optimistas hablan de un posible renacer en forma de mutación. Sea lo uno o lo otro, existen no pocos problemas a dilucidar antes de cobrar, morirse o renacer. PROBLEMAS, PROBLEMAS, PROBLEMAS Hay un aspecto esencial y muy olvidado o ignorado: el exceso de información. Un hartazgo de datos que hace que ella pierda sentido y utilidad. Hasta hace poco el periodista tenía el privilegio de ser perito en información, sin rivales a la vista, cuyo principal problema era dar a conocer aquello que las autoridades públicas y privadas querían ocultar. Hoy, todavía hay datos secretos y esperanzas periodísticas de descubrirlos. Pero sucede que las autoridades públicas y privadas ( Pentágono, Coca Cola, General Motors, etc. ) tienen su sitio en Internet y el usuario puede enterarse directamente. De la versión oficial, claro. Así, se ha pasado de una sociedad carente o escasa de información a sociedades conectadas en las que la información sobra. Existen cada vez más fuentes de ella que exceden el diario, la radio y la televisión de un lugar, hasta llegar a decenas y centenas de medios de un país o del resto del mundo. Por si fuera poco, sucede que todos los internautas son fuente de información, provocan un crecimiento geométrico del flujo de la misma. Otro problema para el periodismo, cibernético o no, proviene de las ONGs ( Organizaciones no gubernamentales ) que ofrecen información de fuentes no tradicionales, pueden realizar un trabajo serio en áreas conocidas por ellas - seguimiento de las crisis del mundo, el tema del sida, el medio ambiente, etc. También se agrega el problema de que la actividad preferida de los internautas es comunicarse entre sí. Demasiada competencia para el periodista, se presume que gratis. Su vieja arrogancia y su sentido exclusivista de ser el único capaz de informar y de escribir de modo creíble, está recibiendo un duro golpe, acaso de exterminio. Ya no es el único. Pero, si el mundo sigue su marcha con grandes y pequeños problemas globales, regionales y nacionales, cómo se hace para ir más allá de los círculos de interés inmediato de comunidades y usuarios, e interesarlos en esos temas de lo que sucede en el mundo, región y país. Se necesita alguien que articule, que dé sentido, claridad y precisión a ese océano de información. El periodista, claro. Es su profesión. Amén de los ilustrados internautas que debe haber o llegar a existir, nadie está libre de ser un informador veraz y eficiente, además de cibernético. Y cobrar por ello. PASAR POR LA CAJA Las ONGs pueden tenerla fácil en materia de cobrar por su información, en la medida que su clientela ( usuario ) suele ser militante por tener intereses comunes o afines con el área de la organización - medio ambiente, sida, defensa del consumidor, etc. - y estar dispuesto a pagar. Para los periodistas y sus empresas que viven de informar, la cosa no es nada fácil. Por las complejidades que entraña la red como nuevo medio, es preciso encontrar o inventar un nuevo modelo económico para que los que publican contenido en ella puedan sobrevivir y prosperar. Existe la variante tradicional del periodista de plantilla o pago por nota en la empresa editora en Internet. Pero muchos no le ven futuro a esa modalidad. El cambio radical que plantea la red es que las ganancias pueden depender en el futuro no del paquete de información - periódico, revista o sitio que sea - sino de las notas individuales. Si así ocurre, y las notas se venden una por una - el mecanismo ya visto del micro o mano pago, pasible de escalar centavo a centavo el Himalaya de millones de usuarios -, suceder que quien no venda una nota ser eliminado y quien venda bien, no solo gozará de una excelente posición de fuerza en la empresa o redacción, sino que en algún caso llegará a millonario. Este fenómeno se percibe con nitidez en las publicaciones internacionales que sólo existen en la web. Entonces, si la unidad de venta es la nota, los periodistas, por lo menos algunos de ellos, se verán tentados a establecerse por su cuenta. Esto plantea una posibilidad evidente para el periodista: crear su propio sitio en Internet, modesto desde luego, pero rentable, con contenidos originales que interesen a un grupo reducido pero fiel de usuarios, capaz de financiar su actividad. No es fácil, pero es. Tal parecería que en el futuro los zapallos terminarán por acomodarse en el viaje - con todos los respetos debidos, es una licencia o metáfora periodística -. Pero no, la cosa recién empieza. Está el multimedia. Que representa para Internet como medio de comunicación, su capacidad de integrar imágenes, sonido y texto en un mismo espacio virtual. Lo que significa para el periodismo no sólo inéditos problemas de formación y técnicas profesionales, sino y quizás una verdadera mutación del oficio. Todo un tema. LA ONDA® DIGITAL |
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