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El
rumor: un virus que "El
rumor aparece como una alternativa creíble de lo que podría
pasar; Ser uruguayo se ha transformado en una de las profesiones más difíciles. Nos pasamos todo el año esperando que llegue el verano y cuando llega nos regala sensaciones térmicas de más de 40 grados. Cuando creemos que comenzamos a salir de una crisis bancaria, la mayor de los todos los tiempos- nos dijeron los abuelos-, llega otra montada sobre un rumor. A mediados de enero el país parecía entrar en una etapa distinta en lo financiero, aunque del punto de vista social estábamos peor de lo que creíamos. Desde el ángulo de la conducción de la crisis financiera, nadie pensaba que estaba todo controlado, pero tampoco se entendía que el nuevo equipo económico hubiera perdido los controles. Por el contrario: el país había logrado, en medio de un relativo consenso contradictorio, una salida modosita a la uruguaya, donde se creía en la reapertura de los bancos suspendidos, con más de mil trabajadores bancarios en la calle, que podía traer cierta tranquilidad en el sistema y una posible y lenta liberalización de los ahorros. Incluso la banca comenzaba a recuperar su credibilidad, al grado que los dineros del "Banck-Colchón" se pasaban, otra vez, al sistema regular de los ahorros. Y en eso llegó el FMI y mandó a parar. Los jóvenes técnicos del Fondo Monetario Internacional le dijeron reservadamente al equipo de gobierno que los préstamos anunciados el año pasado estaban en duda, porque no confiaban en los números uruguayos que decían que era posible cubrir los servicios de la deuda externa. Parece que también se dijo por parte de los "boys" que no aceptan el nuevo rol que jugará el Banco Central en el control del Nuevo Banco Comercial. De inmediato el Presidente de la República, que sintió el golpe de FMI, anunció que el asunto lo arreglaba con su amigo George W. Bush y para ello recurrió como mensajero al embajador de Estados Unidos en nuestro país. Todo parecía que solo se estaba ante un problema de tiempo y que después de que Bush atendiera su compleja agenda, el problema tendría una solución política. En forma paralela se desarrollaba un paro de la Federación Rural - un paro con fecha de finalización-, que implicaba no remitir cabezas de ganado a los frigoríficos. Un paro que no repercutió en la economía, pero sí en el sistema político. Gonzalo Gaggero, presidente de la Federación Rural, y sus "gauchos" de todo el país, sensibilizaron al EP-FA y al grupo nacionalista del senador Jorge Larrañaga, más los legisladores herreristas Garat y González Alvarez, para que presentaran una ley que permitiera una salida para los productores deudores de hasta 350 mil dólares. Cuando los votos parecían que estaban, no estuvieron, entre otras cosas porque el senador socialista José Korzeniak "se durmió" (sic) y no se presentó a la sesión de la Cámara Alta, como tampoco lo hizo el senador del Nuevo Espacio, Rafael Michelini que en ese momento estaba en Paris, en la casa de su hermano Zelmar. El proyecto de ley pasó a comisión, que en Uruguay es una forma elegante de matar una iniciativa. Pero a pesar de ello la presión ganadera tuvo su pequeño triunfo: el Presidente de la República ordenó al directorio del Banco República flexibilizar su postura ante los deudores agropecuarios, aceptando refinanciar deudas de hasta 350 mil dólares, pero pagando intereses mayores a los que proponía la "ley Larrañaga". Esta salida nació herida porque anteriormente los directores del Banco República habían dicho que el banco no soportaría la incorporación de esos medianos deudores al plan de refinanciación. La idea que trasmitían era de que si se salvaba a los ganaderos, no se podría atender a los ahorrista del banco. Con estos dos grandes temas, la mesa para los rumores ya estaba servida. Los ahorristas se asustaron, una vez más, porque comenzaron a oler que si el país no podía pagar los servicios de la deuda, pero que sí podía ser generoso con los ganaderos, sus ahorros estaban en peligro. De esta manera la sensación térmica marcó que el Estado sufría una fiebre muy alta. Nuevos ingredientes se sumaron a las conversaciones diarias de los uruguayos: Salud Pública no tenía fondos, a los funcionarios públicos se les pagaría con tikets-lunch y boletos porque en el bolsillo del Estado ya no hay más dinero; las tarifas públicas se disparaban con la intención de capitalizar al Estado. En buen romance: "no hay un mango en el Estado", fue lo que más se escuchó en todo el territorio nacional. Fue así que el rumor corrió como un reguero de pólvora: "el gobierno se dispone a pesificar la economía". Los deudores comenzaron a saltar en una pata, aunque no lo demostraran en público, y los ahorristas a temblar, aunque sí lo demostraran en público. En dos días, los dos últimos de enero, nuevamente los uruguayos y algunos extranjeros se llevaron 80 millones de dólares, 62 de ellos del Banco República, sin que nadie pudiera pararlos y convencerlos de que estaban preparando el suicidio colectivo de toda la sociedad. El "Sálvese quien pueda" pareció ser el santo y seña de todo un pueblo que tiene como mayor desafío el de ejercer la profesión de ser uruguayo. "Si dejo los ahorros en el banco, los dólares me los transforman en pesos", "si me llevo los ahorros, los bancos entrarán en crisis y los ahorros a plazo fijo quedarán librados a la mano de Dios o mejor dicho en los bolsillos de algún banquero", fue la gran interrogante nacional. Primó el miedo: la gente se llevó los ahorros. El rumor había ganado la primer batalla, en un campo minado por los errores sistemáticos de un gobierno que no da pie en bola y al que muy pocos le creen. Un gobierno que se expone a diario y que se equivoca y una oposición de izquierda que no se expone por temor a equivocarse: así los uruguayos se quedaron sin referentes. ¿Quién lanzó el rumor de la pesificación? Seguramente no lo sabremos nuca, aunque el Presidente si, porque solo se limitó a señalar: "A nadie se le pasó por la cabeza las locuras que andan desparramando por la City", en la Ciudad Vieja que concentra a las casas matrices de los grandes bancos. Si no sabemos quién fue el que lanzó el rumor, ¿podemos saber a quién le sirve el caos?. En primer lugar le sirve al FMI que no quiere largar la plata así como así y que pone condiciones como la no reapertura del nuevo banco bajo control del Banco Central y que hayan ajustes de las tarifas públicas todos los meses. A los grandes deudores en dólares en nuestro país, del agro, de la industria y del comercio. A los que tozudamente se pasan diciendo que el país entró en default. Afirmación que no es parte de esa patología izquierdista de que cuanto peor mejor, sino que es parte de aquellos que quieren hacer saltar en pedazos al Estado, para darle paso definitivamente a quienes quieren privatizar todo. Y que lo quieren hacer antes del plebiscito contra la ley de asociación de Ancap con trasnacionales del petróleo. La incertidumbre es grande, en cuanto a la actitud que tendrán los uruguayos y algunos extranjeros durante toda esta semana, cuando llegue la hora de resolver su retiran a no sus depósitos. De lo que no hay duda es que el rumor se construyó sobre la falsedad de que el Poder Ejecutivo iba a pesificar, porque eso es resorte exclusivo del parlamento y los legisladores de todos los partidos aseguran que ese no es su propósito. Como dice el sociólogo Antonio Pérez García: "De alguna manera el rumor ocupa el lugar de la información que no está". Pero lo que sigue no es un rumor: el Banco República fue el gran perjudicado. LA ONDA® DIGITAL |
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