Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

Irak:
¿hay espacio todavía para la paz?

por Fernando Montiel T

1. Introducción
Algunas personas protestan en las calles, otros critican solo en el plano intelectual y otros, más decididos, han resuelto heroicamente ofrendar su vida para proteger la de los demás funcionando como “escudos humanos”. Estos comportamientos son solo algunos de los que se presentan en el quehacer pacifísta ante la crisis actual. La explicación de esta variedad de actitudes se encuentra en las diferentes interpretaciones que se tienen sobre la agresión contra Irak: mientras los más pesimistas consideran la intervención bélica un hecho a priori, otros, menos duros pero no por ello más optimistas, hablan de la “eventualidad de una intervención; en otra región todavía iluminada por un optimismo lúgubre se describe la situación actual como “delicada y peligrosa”, pero todavía con un espacio abierto para la paz. No se necesita ser un genio para entender la escasez de grandes ánimos optimistas: la realidad es demasiado sombría como para intoxicarnos con visiones ilusas o sin fundamento que reflejan -más que una descripción amable de una realidad terrible en si misma- la necesidad sicológica de creer que en el futuro vamos a estar mejor. 

¿Es de verdad la guerra contra Bagdad una fatalidad que, como si de un designio bíblico se tratara, tiene carácter de inevitable?. La esperanza no debe perderse, eso esta muy claro pero ¿existen elementos sólidos que nos permitan tener algún grado de optimismo respecto a las posibilidades reales de prevenir el incremento de una matanza que lleva ya 10 años funcionando con el disfraz de “bombardeos periódicos” y de “sanciones económicas”?. Respuestas a preguntas como estas son fundamentales para definir con claridad los cursos de acción en las tareas de prevenir, mitigar y -si es posible- anular la atrocidad. 

El objetivo de esta reflexión es simple: arrojar luces en torno a diversos elementos claves, de orden estratégico y político internacional, que no deben ser soslayados al momento de evaluar las posibilidades reales de impedir la nueva excursión de Marte, dios romano de la guerra, al ya de por si atormentado oriente medio. 

2. El Petróleo y el juego geoestratégico mundial
Decir que la guerra es por petróleo es ya un lugar común. Curiosamente pese a que es el argumento más comentado también es uno de los peor entendidos. Y es que contra lo que muchos suponen a los Estados Unidos y al Reino Unido no les interesa el petróleo iraquí para su propio consumo (no obstante que, como ya también todo el mundo sabe, son dos de los principales consumidores), de hecho la importancia estratégica del petróleo iraquí para los Estados Unidos es la influencia que este ejerce en las tasas de crecimiento industrial de los países que, a diferencia de Washington, dependen en gran medida de los energéticos de la región como fuente de energía. Con Arabia Saudita, Venezuela (aunque ahora ya no tanto por supuesto), México y con sus propia explotación, los Estados Unidos no dependen “estratégicamente” de la producción petrolera iraquí.... como es el caso de Japón, que junto a sus vecinos-aliados geográficos –los llamados New Industrialized Countries (NIC´s)- importan de la región la mayor parte de los hidrocarburos con que respiran. Así, la importancia que tiene para los Estados Unidos el petróleo iraquí en lo particular -y el de todo el oriente medio en general- es su función como herramienta de presión sobre las dependientes economías del sureste asiático, que, como bloque, han sido una amenaza junto con la Unión Europea desde la segunda postguerra a la hegemonía global norteamericana,. Todo esto viene a colación porque para comprender mejor la dinámica del acontecer mundial, la teoría sigue siendo importante. No en vano el modelo de análisis tripolar de las relaciones internacionales es uno de los que más aceptación tienen en la Postguerra Fría: 1) Estados Unidos como eje del bloque Americano, 2) Alemania como motor económico de la Unión Europea, y Japón como centro de bloque Asia Pacífico. 

Desde hace 10 años Japón tiene un retraso en la carrera de bloques de poder político-económicos. El dato cobra una importancia sustancial y se explica en buena medida si a él agregamos el factor Irak: el nulo crecimiento económico japonés de la última década empata con los resultados de la Operación Tormenta del Desierto ¿coincidencia?, no debemos ser tan inocentes. Como ahora, en 1991 la guerra fue también por el petróleo. La tarea: dejar a la saga a uno de los tres competidores. El resultado: un éxito rotundo. Así como el carismático Talleyrand y su acérrimo enemigo, el duque de Otranto, el siniestro José Fouché, limaron transitoriamente sus diferencias en el siglo XVIII para conspirar contra el mismísimo Emperador, los británicos entendieron muy bien el juego estadounidense de finales del siglo XX y se prestaron a seguirlo. A diferencia de aquellos en la Francia napoleónica, los modernos conspiradores sí tuvieron éxito a principios de los noventa donde aquellos fracasaron: sacaron avante sus planes y dos son los resultados más evidentes: 1) el establecimiento de las llamadas “Zonas de exclusión de vuelos” al norte y al sur de Irak, de control conjunto británico-estadounidense y 2) el declive japonés como bloque de poder. Hoy, en la “inminente guerra” del principios de Siglo la tarea es diferente: geoestratégicamente no se trata ya solamente de mantener al Japón -como motor industrial de su bloque- al margen del mano a mano que se disputan Europa y Estados Unidos, sino de hacer lo posible por reventarlo ante la eventualidad de un drama económico-financiero en el corazón del “bloque fuerte”: Estados Unidos. En esto están de acuerdo Estados Unidos y Bruselas, aunque, por separado, esta nueva guerra contra Irak saca a relucir los intereses más mezquinos de ambos actores de la arena internacional. 

Por supuesto la nueva amenaza que se cierne sobre Irak tiene también sus repercusiones en las relaciones de bloque entre la Unión Europea y los Estados Unidos, entre quienes las cosas no son todo miel sobre ojuelas. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se expande a la Rep. Checa, Polonia y Hungría, (dato importante), aunque más significativo es que la Unión Europea en fechas recientes haya aprobado la candidatura para un ingreso eventual en el corto plazo de 10 nuevas naciones de Europa del Este y Central. ¿Por qué? Por la fractura política noroccidental europea: la fractura británica. Si alguien ha salido beneficiado de la desobediencia británica frente a las políticas que se dictan en Bruselas, en el marco de un enfrentamiento de bloquews, estos han sido los Estados Unidos. El distanciamiento de facto de Londres respecto a la Unión Europea, y el acercamiento paralelo de aquel con Washington ha hecho las veces de Caballo de Troya al interior de los órganos de gobierno del bloque en el viejo continente. En Bruselas la incertidumbre no podría ser mayor: es imposible expulsar a la Gran Bretaña y sin embargo esta es más parte del problema que de la solución al momento de definir la política exterior común: condena de origen la política exterior común a la esterilidad.  Así como en el cuerpo humano los objetos extraños nocivos que no pueden ser expulsados tienen a ser encapsulados, del mismo modo Bruselas parece querer encapsular y distanciar a Londres. Las baterías parecen estar enfocadas a suplir a la Corona de Occidente –hasta donde sea posible- con las “nuevas democracias” del Centro y Oriente europeo, y si no suplirla, al menos sí, mitigar el daño que causa su infidelidad. 

La amenaza contra Irak ha funcionado como caja de resonancia de la fractura noroccidental de la Unión Europea y de la debilidad estructural que tiene esta para traer al redil a la oveja descarriada. Como es natural el tiempo disponible para reaccionar se ha acortado para los países de la Unión que siguen respetando a sus órganos de gobierno; aunque la necesidad de acciones contundentes correctivas se ha incrementado exponencialmente: si ya Japón, sin dejar de ser potencia, está casi fuera del juego, y para los Estados Unidos Rusia tiene ahora el papel de “país del tercer mundo con armas nucleares”, en la Unión Europea se tiene el miedo de que la desunión británica de facto sea el principio del fin. Esto por supuesto implicaría la defunción del periodo de la “bipolaridad” (Bruselas-Washington) posterior a la Tripolaridad sistémica (Bruselas-Washington-Tokio) de la Postguerra Fría, para iniciar, ahora si, la tan temida unipolaridad del sistema internacional. 

3. La oposición oficial: Alemania, Francia, Rusia y China.
La respuesta europea se ha desplegado con algún vigor en la esfera diplomática. La primera embestida europea fue la propuesta franco-rusa (respaldada posteriormente por México) de negar el ataque automático a Irak de obstaculizarse el quehacer de los inspectores de las Naciones Unidas, esgrimiendo su preferencia por la emisión de dos resoluciones en el seno del Consejo de Seguridad. Con esta iniciativa ganaron, para Hussein, algo de tiempo y para sí mismos la oportunidad de valorar las mejores formas, no de defender lo que podrían ganar, sino de conservar lo que pueden perder: las grandes inversiones que han hecho en la industria petrolera iraquí en todos sus procesos y que podrían perderse de establecerse un régimen títere pro-estadounidense en un Irak post-Saddam. Efectivamente, las naciones que más fervientemente se oponen a una agresión bélica por parte de los Estados Unidos son las mismas que han invertido grandes cantidades de dinero en procesos de investigación y desarrollo de campos, tecnologías y procesos de conversión de los hidrocarburos en Irak. Estratégicamente, estas dan una lectura racional a la crisis actual. En un contexto de competencia entre bloques internacionales no se pueden dar el lujo de frotarse las manos pensando en ganancias inciertas, cuando frente a si tienen pérdidas potenciales; mientras las primeras son todavía, en buena medida, una incógnita, las segundas son mucho menos abstractas y mucho más concretas: ya se han invertido muchos miles de millones de dólares en dicha industria como para arriesgarse a perderlos, o peor aún, quedarse observando sin la posibilidad de hacer algo como un nuevo régimen pro-Washington no solo desconoce la legitimidad de dichos contratos, sino que procede a cederlos a empresas competidoras de sus dueños originales (como Texaco), empresas que con cinismo, cosecharían el fruto petrolero sembrado por capitales rusos, alemanes, chinos y franceses. 

Ante la amenaza común, primero Francia y Alemania y después China y Rusia han decidido emprender su segunda embestida: la creación de un bloque de facto que consiga erigirse como freno de la estrategia estadounidense de claros tintes “ladrones”. La defensa del dinero invertido fortalece la tesis de la crisis europea y su esfuerzos de reemplazo: fue más fácil conseguir dejar atrás la historia franco-alemana de la segunda guerra mundial que convencer a los británicos de unirse en un bloque pan-europeo occidental anti-Washington. Y que decir de Rusia, centro del otrora “Imperio del Mal”, ahora puede erigirse como un aliado estratégico del que en el pasado se presentaba como el centro Europeo del “mundo libre”. Así de crítica es la desconfianza hacia los británicos;  así de desesperada esta Bruselas por salvar su honor (y sus intereses), que en la coyuntura, teje pactos reactivos con quien sea, como sea. Aunque si se observa con cuidado, aunque desesperados, los esfuerzos de la Unión no tienen bases tan irreflexivas. En Bruselas se entiende por supuesto la importancia que tiene para Rusia un acuerdo político con ella. Moscú es, en el sentido estrictamente político, el espejo futuro de cómo la Unión no se quiere ver: asolada por conflictos internos, disminuida en la esfera internacional y necesitada de pactar de todas las formas posibles en todas la áreas imaginadas para, al menos formalmente, amarrar garantías que no compliquen más una situación crítica de por si. Aliarse con Rusia a la Unión Europea le puede salvar de un futuro tan poco alentador; a Rusia, acercarse a la Unión Europea le puede revitalizar políticamente y tal vez llenar de contenido algunos de los acuerdos que frecuentemente no pasan del papel (como el Acta Fundacional de 1997), y tal vez, porque no, apelando un poco al optimismo, en el mediano o largo plazo abrirle la puerta para recuperar el estatus de gran potencia que en el pasado levantaba la cabeza de los miembros del Ejercito Rojo. 

4. Conclusiones preliminares
La situación a considerar en nuestros días para responder a la pregunta que tiene por título este documento tiene una lógica ya un tanto más sencilla respecto al proceso que la mantiene -del cual dimos apenas un repaso- y esta lógica es costo-beneficio. Estados Unidos ha puesto en alerta a más de 100,000 soldados en el Golfo Pérsico, ha movilizado portaaviones y equipo pesado de ataque como tanques, bombarderos y aviones caza. Todo esto tiene un costo y es por supuesto mucho muy alto. ¿Después de una movilización de esta magnitud será tan sencillo para la clase dirigente estadounidense retirar las tropas y asumir el costo de transporte y operación de todo el proceso sin mayores aspavientos?. En términos financieros, antes que regresar a las tropas sin haber sostenido combate, les conviene invadir a Irak: los réditos económicos pueden ser muy tentadores y pueden cubrir sin ningún problema los insumos presupuestales de los preparativos de guerra gastados hasta el día de hoy. Sin dejar de ser una razón con un valor de varios miles de millones de dólares, esta no es la única justificación que existe para atacar Irak. Del mismo modo en que los preparativos y el desarrollo de la guerra en Afganistán funcionaron para pagar deudas de campaña al complejo militar industrial, la guerra de Irak puede servir para salvar, mediante una inyección directa de recursos federales, a los principales corporativos relacionados con la industria militar ante la inminencia del quiebre económico-financiero estadounidense. En su situación, Estados Unidos no puede darse el lujo de sacar a pasear a casi la totalidad de sus fuerzas armadas y regresarlas a sus cuarteles sin conseguir algún beneficio. Así también, Bush y Rumsfeld entre otros tampoco pueden darse el lujo de permitir que los corporativos a los que están íntimamente ligados corran el riesgo de ser afectados de forma importante si el sistema económico-financiero nacional se desbarata. Además, por lo que vimos, atacar Irak tiene también la ventaja de exhibir los límites reales de influencia de la política exterior común europea (que es su más cercana competidora), amen de ahondar su crisis interna (fractura nor-occidental) y mantener bajo la bota el crecimiento japonés. De todas estas razones la conclusión es que los Estados Unidos no pueden irse sin dar guerra pues sirve para someter a la competencia global, ahondar sus contradicciones internas (apostando a una sangría interna), garantizar la estabilidad de los principales grupos que rodean a la clase política al interior en Washington, pero sobre todo demostrar, como diría Zbigniew Brzezinski en su libro The Grand Chessboard, que Estados Unidos sigue siendo (como si de verdad lo hubiera sido) la “primera, única y última superpotencia mundial”.
 

5. ¿Hay espacio todavía para la paz?
Tras esta revisión general de las tendencias político-internacionales y estratégicas, ha llegado el momento de responder a nuestra pregunta inicial: ¿hay espacio todavía para la paz?. La respuesta dura es si. Hay un espacio pequeñito, difuso y complicado de alcanzar pues el sendero que lleva a él tiene muchos escollos, pero el espacio existe.

Si se consigue alcanzar ese espacio de paz al que nos referimos, sería esta la principal (y más importante) derrota que sufrirían los Estados Unidos: una derrota política al quedar en evidencia que sus alcances reales son mucho más limitados que sus discursos inflamados. Así, la paz se erigiría como un tiro por la culata de la política exterior estadounidense: si la guerra desnuda el alcance real de la Unión Europea (y de hecho del mundo entero) para poner un límite a la acción unilateral estadounidense, la paz exhibe exactamente lo mismo pero sobre la bandera de las barras y las estrellas. Para detener a los Estados Unidos una serie de factores tendrían que coincidir; factores que por supuesto, van mucho más allá del salir a las calles y levantar carteles frente a las embajadas (esta es tan solo una –de las más importantes como veremos a continuación- de las trincheras del combate por la paz). 

Primer factor: El cuadrilátero franco-sino-ruso-alemán tendría que consolidarse como alianza estratégica de amplio espectro, esto es, Francia, China, Rusia y Alemania tendrían que tener muy clara la ponderación de que los intereses que pueden defender como bloque son mucho más importantes, desde la perspectiva multilateral, que aquellos que unen a cada uno de ellos con los Estados Unidos de forma bilateral, solo de este modo se podrían resistir los embates que como grupo (y cada uno de ellos en particular) recibirán por parte de los Estados Unidos. En términos crudos, los Estados Unidos solamente respetan un binomio en las naciones: poder y decisión. Corea del Norte es prueba fiel de ello, de tal suerte que queda claro que el único lenguaje que entienden y respetan es el de la fuerza real, no solo formal, aunque sea de forma implícita (si no fuera así, también propondrían una solución “diplomática” con Irak y su actitud sería menos “valiente” –abusiva de hecho-). Los países del “cuadrilátero” deberán mostrar la solidez y fuerza necesaria para dejar clara su seriedad frente a Washington, de otro modo su alianza estará condenada a la esterilidad (como fue el caso del “Grupo de Contacto” europeo durante la negociación de los Acuerdos de Dayton para Bosnia). Aquí el riesgo es alto pues se corre siempre el peligro de caer en aquello que se pretende evitar; por supuesto, aunque necesaria, su realización no es nada sencilla. 

Segundo factor: Consolidado el frente político internacional, el respaldo sólido de las masas a nivel internacional jugaría un papel clave, dentro y fuera de los Estados Unidos[1], y es entonces que la tarea de la concientización y la oposición pública se hace vital: moviliza y respalda esfuerzos en el mismo sentido pero a otros niveles; los gobierno del “cuadrilátero” lo van a necesitar y mucho. La tendencia a la oposición a la guerra en el espacio público es creciente, mantenerla es clave. 

Tercer factor: Fracturar los esfuerzos belicistas de Washington también es importante. Si bien es cierto Estados Unidos ha presumido de la capacidad de participar (y ganar) de forma simultanea en dos conflictos convencionales, lo cierto es que haciendo una lectura política internacional, son muchos más los frentes que pueden estallar. En la inteligencia de que “el que mucho abarca, poco aprieta”, Washington puede verse obligado a retrazar, si no es que a cancelar, su proyecto bélico en Irak si diversos conflictos en diferentes partes del globo se agudizan, o si el escenario internacional se complica: esto último ocurrió de súbito con Corea del Norte. El conflicto árabe-israelí, el conflicto por Cachemira entre Pakistán e India, la insurgencia en Colombia o incluso factores de alto nivel de stress sico-social al interior de los propios Estados Unidos pueden dificultar enormemente la invasión en Irak (como fue el caso del francotirador). Esta por supuesto no es una invitación a la agudización del sufrimiento de unos para salvar a otros. La propuesta sería por demás estúpida pues equivaldría a prevenir una atrocidad practicando otra, sin embargo, es importante poner sobre la mesa todos los factores importantes, y estos no pueden dejar de estar presentes: en resumen, un incremento de la tensión internacional por fuentes no-estadounidenses podrían complicar los planes de acción bélica de Washington. 

Como se puede observar, mientras el segundo factor avanza a pasos agigantados (esperemos que con la suficiente magnitud y velocidad), el tercer factor se encuentra siempre latente, amenazando a justos y pecadores. Es en el primer factor donde parece encontrarse en este momento la clave de la paz. No obstante que se puede correr el riesgo de estar alimentando a un nuevo hegemón para que derrote al viejo, se tiene que superar esa lógica de “más vale malo por conocido que bueno por conocer”, además, del enfrentamiento de los grandes siempre existe la posibilidad de encontrar espacio para los pequeños (el grupo de los No Alienados es una clara muestra de ello en tiempos de la Guerra Fría). Como sea, si se consiguen cumplir las dos primeras condiciones las posibilidades de llevar la paz a buen puerto en Bagdad (y tal vez después, por contagio, también a Afganistán y Palestina) pueden ser prometedoras. El tiempo es corto y el costo de no aprovecharlo es muy alto, dejémonos de pre-ocupar: ocupémonos.
mafemoti@yahoo.com.mx

[1] Editor, analista y consultor en relaciones internacionales y resolución de conflictos. Coordinador de los libros Afganistán: Guerra, Terrorismo y Seguridad Internacional en el Siglo XXI y Geopolítica y Globalización en México y América Latina: Del ALCA a los Acuerdos de Sn. Andrés, ambos publicados por Editorial Quimera.

[2] Para revisar la importancia de la movilización social ver mi artículo Contra la guerra... Galletas, La ONDA digital .

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Inicio

Un portal para y por uruguayos
URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital