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Foro de Porto Alegre: la diferencia es la esperanza; la expansión de la gran Torre de Babel
por Paul Walder

La gran Torre de Babel que se erigió durante una semana en Porto Alegre, Brasil, se desmantela, pero no desaparece. Su próxima edificación se hará el 2004 en la India, para regresar el 2005 a la ciudad latinoamericana. Esta torre, compuesta no sólo por decenas de lenguas sino por centenares de culturas y etnias, vuelve a expandirse por todos los rincones del globo. Dispersas, empero más unidas que nunca desde el inicio del Foro Social Mundial hace tres años atrás.

Desde el 2001 los movimientos sociales que se enfrentan contra el establishment representado hoy por la globalización económica neoliberal no se habían hallado tan fortalecidos y, por consiguiente, tan esperanzados.

El cierre del FSM fue una síntesis del sentimiento que ha cruzado todos los paneles y seminarios -cientos de ellos- en los que participaron 20 mil delegados de casi seis mil organizaciones sociales de 156 países, una percepción que más que apoyarse en la fuerte lucha que mantienen en contra del sistema económico, se yergue sobre el optimismo: por el auge de la izquierda en Latinoamérica, por la movilización social en todo el mundo, por la confusión y los obstáculos que hoy encuentra el capitalismo globalizado en todo el planeta.

La figura clave en esta versión del FSM ha sido el presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva. Tras participar en el inicio del evento, donde anunció el discurso que haría en Davos, Lula viajó a la ciudad suiza al World Economic Forum, panel en el cual brilló con su discurso de igualdad social. Una pantalla gigante se instaló durante el Foro Social, frente a la cual los participantes pudieron confirmar cada una de las promesas que Lula había hecho en esta ciudad antes de viajar a Europa. Demandas por la paz mundial, el fin de la miseria, el acceso a salud y educación, una mejor redistribución de la riqueza, sonaron tanto en Suiza como en Porto Alegre. Es posible que este mismo discurso lo hayan elevado en otras oportunidad muchos otros líderes -como lo hizo el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso-, pero hoy la diferencia es la esperanza. Los 52 millones de personas que votaron por Lula le creen hoy en día. Las expectativas en su gobierno son enormes.

Es éste el clima del Foro, el que ha cruzado fronteras y llegó a instalarse en Davos. Lula, que repitió en Suiza sus orígenes humildes, su condición de tornero mecánico, recordó que estaba en el país europeo para poner en oídos de los grandes empresarios la voz de los excluidos del mundo. Estableció -como interpretó gran parte de la prensa brasileña, incluso la ligada a los conglomerados mediáticos- "un puente entre los dos mundos".

El FSM ha sido durante una semana el foco de atracción mundial. La presencia de más de cuatro mil periodistas representando a medios de 52 países atrajo al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien apareció el domingo pasado en Porto Alegre para obtener un apoyo de los cien mil activistas que colmaban la ciudad. ¿Qué duda cabe? Chávez, que pasa por una extremadamente difícil situación en su país, obtuvo el ferviente apoyo de las cien mil voces.

Discurso El discurso del FSM es de una simpleza extrema. Conceptos básicos para nuestra cultura republicana como la libertad, la igualdad, la justicia, el fin de las miserias y las guerras han sonado en todas partes. Los repiten voces como el presidente Lula, el ex primer ministro de Portugal Mario Soares, el lingüista norteamericano Noam Chomsky, el economista Samir Amin, el dirigente cocalero boliviano Evo Morales o el teólogo brasileño Leonardo Boff, entre decenas de otros. La historia de la emancipación ya ha escrito sus demandas, por lo cual no hace falta explicarlas.

El obstáculo a estas demandas salta a la vista. Un sistema que por lo bajo es denominado de injusto, pero generalmente de perverso. El capitalismo globalizado se erige como la fuente de todas las miserias que hoy aquejan al mundo. El diagnóstico, por tanto, no puede exhibirse con mayor claridad. Los casi 20 mil delegados de las casi seis mil organizaciones sociales han demostrado con estadísticas en mano -siniestras y dolorosas, por cierto- los efectos que ha dejado el neoliberalismo globalizado en esta última década.

Ya no hace falta, por tanto, mayores reflexiones para comprobar el fracaso social de las actuales políticas económicas. El propio modelo se ha ocupado de confirmarlo. A partir de aquí, lo que se enfrenta es la acción, la movilización social como si fuera un enjambre, una infinita caravana de voraces hormigas. Así lo percibe Chomsky, así también la pensadora francesa Susan George. Y así también el presidente Lula.

Es el momento de la acción. "La lucha continúa", la misma vieja consigna de los años sesenta se mantiene inalterada. Una lucha que para los dirigentes sociales tiene hoy más posibilidades de triunfo -aun cuando reconocen el gran poder del capital- que nunca. "No me había sentido tan optimista desde los años de Vietnam" confiesa la activista francesa George, quien, en ningún caso, menosprecia el actual poder económico de las transnacionales.

El FSM es una Babel de lenguas, etnias y movimientos sociales, los cuales son variados también en sus ideologías, formación y estrategias. Nada de ello, sin embargo, importa mucho hoy.

Mientras más diversidad, pareciera ser mejor. "Somos una red de redes", repite Susan George, un entramado que va desde el movimiento para igualdad de los negros hasta, por ejemplo, las aspiraciones de los agricultores organizados en cooperativas contra los alimentos transgénicos.

Así como se observa al establishment económico como la bestia negra, el político tiene sin duda la misma apariencia. Existe un rechazo a participar en cualquier estructura partidaria formal, aun cuando en los movimientos hay militantes de partidos. Lo que se intenta evitar es volver a la política como estructura cupular, una de las causas del descrédito total que hoy tiene la democracia representativa.

¿Cómo se relaciona este rechazo en la política tradicional y en la democracia representativa con el acceso al poder de Lula y el Partido de Trabajadores (PT)? La respuesta no es fácil, no obstante el activista de la teología de la liberación, el ex sacerdote dominicano brasileño Frei Betto y asesor de Lula, tiene una buena explicación.

"El triunfo de Lula es un triunfo de los grupos sociales". El PT es un partido creado a partir de los movimientos populares, de los grupos de base, en el cual participan asociaciones de los más variados orígenes sociales. Este fue un proceso que tardó 20 años y que tuvo uno de sus momentos más importantes con el acceso al poder municipal y regional de integrantes del PT durante la década de los 90. Esta fue la plataforma que lanzó finalmente al PT a la jefatura del Estado, la que se sostiene, dice, por el apoyo del movimiento social. "El partido político es una herramienta más del movimiento social".
Fuente: PrimeraLínea

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