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BRASIL,
ESPECIAL PARA LA ONDA Rubens Ricúpero fue nombrado quinto Secretario General de la UNCTAD en septiembre de 1995 y, por recomendación del Secretario General de las Naciones Unidas, volvió a ser nombrado para el mismo puesto por la Asamblea General por otros cuatro años en 1999. Anteriormente, durante una prolongada carrera en el Gobierno del Brasil, fue Ministro del Medio Ambiente y Asuntos Amazónicos, antes de pasar a ser en 1994 Ministro de Finanzas, cargo desde el que supervisó la puesta en marcha del programa de estabilización económica del Brasil.
No es casual que esos dos sectores son, combinados, los mayores responsables por el déficit que se acumuló en la balanza comercial. Tres décadas atrás, era ya claro para nuestros economistas industriales que la electrónica y la química fina constituían el esencial de la frontera tecnológica. Áreas dinámicas por excelencia, ellas eran quienes irían a decidir si un país sería capaz de incorporar constantemente valor agregado a sus productos o permanecería condenado a suministrar mercaderías de demanda estancada y precios en baja. Algunos países que, en aquella época, partieron de una base industrial inferior a la brasileña, tuvieron éxito: Taiwan y Corea del Sur, inicialmente en tecnología electrónica, luego la India, en "software". Antes que el acuerdo TRIPS sobre propiedad intelectual trajese dificultades nuevas, mediante el refuerzo de las patentes para procesos y productos farmacéuticos, la India había creado laboratorios capaces de fabricar moléculas complejas y la industria sur coreana abastecía el 90% del consumo de remedios en Corea. El Brasil perdió el tren en los dos casos. La desmantelada ley de informática dejó un costo alto y una herencia negativa. En 1989, antes del endurecimiento del régimen de patentes, los laboratorios nacionales sólo representaban el 15% del mercado brasileño: el 85% ya estaba en manos de las transnacionales, aún con patentes débiles. ¿Cómo se llegó a ese fiasco? Por el efecto desorganizador y desnacionalizador de una inflación crónica elevada, sumado a los defectos en el diseño y en la aplicación de políticas. La lección de la experiencia brasileña es que la cualidad de las políticas públicas - macro y micro - son las que hacen la diferencia entre el éxito y el fracaso. Perdimos el tren pero no la esperanza. En el momento en que se reavivan las esperanzas con la renovación del gobierno, es bueno que se refresquen las lecciones de pasados equívocos. En función de esto, es preciso edificar sobre política macroeconómica de estabilidad y crecimiento un esfuerzo de desarrollar una capacidad nacional innovadora en tecnología. En esta oportunidad, no estarán disponibles algunas posibilidades que existían antes, como la "contra-ingeniería" la facilidad de copiar e imitar, la flojedad de las patentes. Es una pena, porque no podremos recorrer las políticas largamente usadas en el pasado por los EE.UU., los europeos, el Japón, Corea del Sur, la India. No sirve llorar sobre la leche derramada. Lo importante es evitar que nuevas restricciones se vengan a sumar a la impuestas por la Ronda Uruguay. Ese es el peligro inmediato de la negociaciones, tanto de Ginebra, como del ALCA, en cuestiones, no de acceso al mercado, sino de adopción de normas regulatorias. Llorar no sirve, pero no está demás conocer las buenas razones que tenemos para derramar lágrimas. El Brasil y la India fueron los líderes de la resistencia a negociar en el GATT reglas de propiedad intelectual. Pensábamos que el asunto tenía relación directa con el comercio, existiendo por lo tanto un foro adecuado, la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI). Era responsabilidad de la OMPI cuidar de la Convención de París sobre patentes y la de Berna, sobre derechos de autor. Además, los americanos fueron, durante el siglo 19, grandes violadores del "copyright". Charles Dickens quedó tan desesperado con las ediciones piratas de sus libros en los EE.UU. que, a mediados de aquel siglo, realizó una extensa "tournée" por el país, intentando persuadir a los yanquis de proteger sus derechos. Perdió la batalla pues sólo casi 50 años después, los americanos adhirieron al sistema, aún con restricciones. Eso no les impidió que, en la Ronda Uruguay, impusieran el acuerdo TRIPS, a pesar de la oposición brasileño-indiana. Es ese desafortunado acuerdo que se encuentra en el origen del problema de las patentes como causa del alto costo del tratamiento del SIDA. Hoy, un gurú de la liberalización comercial, el profesor de Columbia, Jagdish Bagwhati, afirma categóricamente que TRIPS nunca debería haber sido incorporado a la Organización Mundial de Comercio (OMT) y que ya es hora de corregir el error. Otro de los grandes economistas del comercio, J. Michael Finger, antes del Banco Mundial y ahora en el conservador American Enterprise Institute, va más lejos. Sostiene con datos que las patentes de TRIPS le dieron a los EE.UU. ganancias 13 veces mayores que las provenientes de la reducción de tarifas industriales. En el extremo opuesto, para los tres países en desarrollo sobre los cuales hay estadísticas completas, las estimaciones de pagos de "royalties" a las que pasarán a estar obligados, superan varias veces sus posibles ganancias en las tarifas industriales de los productos que exportan. El caso más impresionante es Corea del Sur, cuyas obligaciones derivadas de TRIPS son 18 veces superiores a sus ganancias. Los otros ejemplos son México (7 veces más) y China Popular (4,7). Se calcula que el Brasil tendrá que pagar U$S 530 millones más. Finger estima los pagos totales de los subdesarrollados, debido al TRIPS, en u$s 60 billones por año! Es una transferencia firme de renta de los más pobres a los más ricos. Suscribo la conclusión de Finger: nunca aceptar cambiar naranjas por manzanas, esto es, ofrecer concesiones en normas a cambio de acceso de mercado para productos industriales y agrícolas. Es casi imposible establecer una comparación entre elementos tan disímiles. Lo mejor, por lo tanto, en la OMC y en el ALCA, es concentrarse en lo tangible: agricultura, tarifas industriales, servicios. Si fuese difícil anular el TRIPS, evitemos al menos agravar la situación. O entonces, sólo resta tocar un tango argentino, lo que sería apropiado pues, según el estudio citado, la Argentina fue uno de los grandes perdedores líquidos en propiedad intelectual. LA ONDA® DIGITAL |
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