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Nuevos rasgos de un festival de cine
"Un cine de Punta VI",
a la uruguaya

Oribe Irigoyen

Fue una patriada uruguaya. No siempre tienen éxito esas arremetidas de David contra Goliath y el mundo hostil de vallas infranqueables. Esta vez resultó. Y Un cine de Punta VI, festival anual del balneario puntaesteño, llegó a feliz término. Superó los obstáculos adicionales de un enero con sopor inusitado y elevada competencia de sol y "se fueron a la playa", nada proclives a encerrarse en una sala de cine. Pero el festival pudo. Y, lo más importante, ofreció una cierta mutación respecto a anteriores muestras y rasgos destacados en lo que concierne a una ajustada concepción del turismo cultural, sin perder lo cortes del ocio vacacional y visitante.

Porque, a la osadía, sacrificio, sudor y lágrimas de toda patriada, sumó el saber hacer - know how - y la comprobada experiencia de gente idónea en materia de muestras y festivales de cine.

HISTORIA DE UNA RENOVACION
En un 2003, con el Uruguay sumido en el no hagan olas de su peor crisis, y el propio festival jaqueado por problemas internos, producto de anteriores muestras de dispendioso presupuesto - tiempos en que el argentino Carlos Morelli era su organizador -, voces agoreras daban por imposible una nueva muestra y auguraban su extinción. La decisión de la Intendencia de Maldonado y del Ministerio de Turismo de mantener el festival en su sexto año de existencia, tuvo su momento clave cuando se resolvió hacerlo sólo con uruguayos y se apeló a Cinemateca Uruguaya y a su director Manuel Martínez Carril para organizarlo. Fructífera lógica de una concepción cabal de turismo cultural y primer rasgo destacado de esta muestra cinematográfica.

Enseguida, la patriada: A partir del 20 de diciembre, en escasos 20 días de trabajo, récord Guinness en la materia, se salvaron los obstáculos de Navidad y Año Nuevo, con los jerarcas de todo el mundo cinematográfico dedicados a menesteres familiares y regalos, se organizó, trajo y programó un festival de una semana de duración con 25 títulos de 12 países. La mitad de los estrenos fueron latinoamericanos - Argentina, Brasil, Chile, México, Uruguay y Venezuela - y la otra mitad de España, Francia, Italia, una representación europea algo débil a diferencia de su peso decisivo en anteriores muestras, junto con una producción de India y Estados Unidos ( La boda ) y dos fuertes productos de Hollywood: Chicago y 25 horas, que cerraron la muestra. Esa apertura al cada vez más pujante cine de América Latina, incluyendo la película uruguaya La espera de Aldo Garay, es otro rasgo a destacar de Un cine de Punta VI, por lo que implica de apertura a un mayor abanico de opciones y de acceso del público puntaesteño a cinematografías poco o nada conocidas.

También rasgo destacado lo constituyó la calidad cierta y armónica de las imágenes ofrecidas a lo largo de la semana. Sin la cima de alguna obra maestra y con las irregularidades del caso - de películas malas, inlogradas o fiascos no se salva ni la familia real de Cannes.

EL SELLO DE CINEMATECA
El festival tuvo el inconfundible sello de Cinemateca Uruguaya en calidad, número de títulos y régimen de cuatro exhibiciones diarias, duro para el aficionado veraniego y para el crítico presente, con funciones a las 17.00 y las 19.00 horas, ayunas de público con todos "panza al sol" y casi nada de lluvia auspiciosa, a las 21.00 y 23.00 horas, en las que la asistencia fue buena, incluso en alguna oportunidad llenó las instalaciones del cine Cantegrill, sede de la muestra, operando una sala de Hoyts Cinema Punta Shopping como sala alternativa en ciertos estrenos.

Fue en oportunidad de uno de esos llenos, exhibición de la película uruguaya La espera, con la presencia de su director Aldo Garay y una numerosa delegación de actores y t‚énicos, que se rompió el proyector del cine, se trastocó la programación, hubo que apelar un par de días a la sala alternativa de Hoyts Cinema y ofrecer diversos títulos despuús del cierre del festival.

"UN OSO ROJO", MEJOR PELICULA
La crítica uruguaya, junto con el especialista de la revista argentina "El Amante", presente en la muestra resolvió instituir el premio a la mejor película, resultando ganador Un oso rojo, producción argentina dirigida por el uruguayo Adrián Caetano ( "Pizza, birra y faso", "Bolivia" ), en un fallo que debió dejar de lado diversos filmes no vistos, por razones técnicas ( el proyector roto ), de tiempo y programación.

Un oso rojo es un fuerte, sólido y lacónico homenaje al género western y al policial negro, que se abre al profundo retrato humano de un ex-convicto, sus problemas familiares, ajuste de cuentas con el pasado y contexto del Buenos Aires actual.

Aparte de este filme premiado con toda justicia, se pueden destacar, en forma somera y estrecho espacio, las siguientes películas: Chicago ( EEUU ) de Rob Marshall sobre coreografía de Bob Fosse, un avasallante retorno al cine de la comedia musical; El bonaerense ( Argentina ) de Pablo Trapero ( "Mundo Grúa" ), formidable fresco semi-documental de la vida cotidiana de la provincia de Buenos Aires, centrado en una comisaría; La virgen de la lujuria ( México ) de Arturo Ripstein, deslumbrante tratamiento visual y abrumador por larga y repetitiva ficción ambientada en el México de los años 1940, acerca de la obsesión humana; Lugares comunes ( Argentina ), en la que el gran oficio de Adolfo Aristarain queda en deuda con el espectador, por el exceso de editoriales y proclamas socio-políticas, en la historia del gran amor de un profesor veterano forzado a jubilarse. La espera ( Uruguay ) de Aldo Garay resulta una dignísima adaptación libre de una novela de Henry Trujillo, acerca de la vida gris, sórdida con algún sesgo policial, de gente humilde y común. También tuvieron valores plausibles El casamiento de Estefanía y Tomás ( Italia ) de Alessandro Dïalatri, comedia fantasiosa y moderna acerca de las vicisitudes de un matrimonio reciente y las acechanzas del futuro; Una onda en el aire ( Brasil ) de Helvecio Ratton que narra la historia en los años 80 de la Radio Favela, barrial, pirata y comunitaria, que conquistó la ciudad de Belo Horizonte; Madame Sat ( Brasil ) de Karim Ainouz, describe bien la vida real de un negro, pobre y homosexual que en los años 30 se convirtió en esa Madame Sat , mitológica figura del carnaval de Río de Janeiro.

Párrafo aparte gana El pianista ( Francia ) de Roman Polanski, porque, pese al gran premio en el Festival de Cannes, se convirtió en un fiasco de historia maquillada, convencional y poblada de lugares comunes o mejor vistos en otros filmes, cuando relata la peripecia real del famoso pianista polaco Wladyslaw Szpillman, perseguido por los nazis desde el geto de Varsovia hasta el final de la guerra. LA ONDA® DIGITAL


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