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Nuevo mapa político en Israel
por el Dr. Gerardo Stuczynski

Se llevaron a cabo la semana pasada en Israel, una verdadera democracia bajo fuego, las elecciones generales para renovar el parlamento (kneset) de 120 miembros, que a su vez elegirá un nuevo Ejecutivo.

Como era previsible y así lo indicaban todas las encuestas, el Likud, el Partido Nacional del Primer Ministro Sharón se alzó con una contundente victoria (tenía 19 bancas y obtuvo 38).

Como analizamos al romperse el gobierno de unidad nacional, el Partido Laborista (Avodá) de centro izquierda, salió del gobierno para llamar a elecciones anticipadas, con la intención de obtener réditos políticos al distanciarse de un gobierno que enfrentaba con lógicas dificultades una fuerte crisis en el plano de la seguridad, una grave crisis económica y social (consecuencia de la primera), denuncias de corrupción y como si esto fuera poco, la amenaza iraquí.

Lo que algunos líderes laboristas no tuvieron en cuenta, es que en esta coyuntura, también les iba a ser muy difícil a ellos mismos presentarse como una verdadera alternativa y seducir al electorado con una propuesta que fuera visualizada con el potencial para modificar efectivamente esta angustiante realidad.

Me refiero a algunos líderes laboristas, porque existen disímiles concepciones ideológicas en el seno del partido y fuertes divisiones internas (que se van a ir incrementando en el transcurso de los próximos días), respecto a la conveniencia o no de integrar un gobierno de unidad nacional.

Personalidades de la talla internacional de Shimon Peres y el ex Ministro de Defensa Ben Eliezer, están a favor de asumir esas responsabilidades, porque consideran que el dramático momento así lo reclama.

El actual líder del laborismo Amram Mitzna, de meteórica carrera, que obtuvo un resonante triunfo en las internas llevadas a cabo hace pocas semanas, ha declarado que bajo su conducción, Avodá no va a colaborar con Sharón. Mitzna, abanderado de la postura de romper la coalición y anticipar las elecciones, fue el gran perdedor de esta instancia, pues guió a su Partido a una derrota histórica, al obtener el menor número de bancas en el parlamento, desde que se fundó el moderno Estado de Israel (pasó de 26 a 19 escaños).

No debemos olvidar que fue un Primer Ministro de su Partido, Barak, quien fracasó estrepitosamente en julio de 2000 en Camp David, cuando Arafat lo humilló ante el mundo, al rechazar todas sus propuestas de paz que contenían las más generosas concesiones y la creación de un Estado Palestino como culminación del Proceso de Paz iniciado en Oslo por sus también correligionarios Rabin y Peres.

Arafat sin haber presentado ninguna contrapropuesta, desató la actual ola de violencia y terrorismo que hizo desbarrancar el Proceso de Paz y dio por tierra con las esperanzas de lograr la paz en esa zona del mundo.

Estos hechos, dejaron en claro al público israelí, que la política de concesiones unilaterales, sin compromisos serios de la otra parte, no es un camino viable, por más bien intencionado que esté.

El error de Mitzna fue insistir y aún profundizar en ese tipo de fórmula que ya probó fehacientemente su fracaso.

El perfil que adopte el futuro gobierno depende en gran medida de cómo dirima la oposición el papel que debe jugar. Si el laborismo decidiera entrar al gobierno, eso posibilitaría que el tercer partido Shinui (Cambio), de características secular y centrista (tenía 6 bancas y obtuvo 15), pudiera integrarse también a un gobierno que sería, en este caso, el primero en la historia de Israel que prescindiría de los partidos religiosos.

En caso que el laborismo decidiera no integrar el gobierno y que Shinui no estuviera dispuesto a sumarse a una coalición compuesta también por partidos religiosos, la alternativa de Sharón sería establecer alianzas con los partidos religiosos y de la derecha.

Este no es el escenario que prefiere Sharón, fundamentalmente por una cuestión de imagen hacia el exterior. Una coalición, de estas características, sería más vulnerable, desde el punto de vista mediático, a las críticas, la propaganda negativa y la prensa tendenciosa, que juegan un papel vital en la guerra paralela que se libra en el campo de los medios masivos de comunicación.

Desde el punto de vista interno, dada la situación de beligerancia y terrorismo desenfrenado, sin que exista un interlocutor válido por parte de los palestinos que esté verdaderamente interesado en cambiar esa situación, no es amplio el margen de maniobra que cualquier gobierno, integrado de la manera que sea, pueda tener.

Esto lo saben bien los israelíes y es lo que explica el alto porcentaje de abstenciones que se verificó en relación a elecciones anteriores.

Se trata tan sólo de defenderse y repeler las agresiones, mientras se espera expectante a que se produzca un cambio en la otra parte.

A diferencia del sionismo, la ideología del movimiento nacional palestino que adopta su actual liderazgo, se basa en la negación del otro. No busca una conciliación, sino corregir la injusticia que a sus ojos representa la existencia misma de Israel y más que un Estado propio, quiere socavar las bases del Estado Judío.

Sólo cuando emerjan nuevos líderes, que representen los verdaderos intereses de su pueblo, que estén dispuestos a dejar el camino del terror y a recorrer la senda de las negociaciones civilizadas y las concesiones mutuas en aras de un interés superior, podrá lograrse la tan anhelada paz.

El pueblo y el gobierno de Israel están prontos para ello, prescindiendo de la combinación de partidos que compongan la coalición gubernamental de turno. LA ONDA® DIGITAL


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